Publicado en el número 1171 de  XL SEMANAL

Devesa atendiendo a un paciente El doctor Devesa atiende a un paciente. Hay colegas alarmados con sus prácticas. Pero otros siguen su línea de investigación.

EL ¿MILAGRO? DEVESA

A diez minutos de Santiago de compostela hay una clínica donde llegan todos los enfermos sin esperanza. Lo dirige un endocrino con más de 40 años de experiencia: el catedrático Devesa. Mientras muchos colegas cuestionan sus métodos, otros lo valoran como un pionero. Entre sus pacientes, el príncipe Kardam de Bulgaria, que evoluciona favorablemente gracias a su polémico tratamiento.

Tetrapléjico, sordo, ciego, sin esperanza. «Te dicen: `Aquí tienes a tu hijo. Ahora es tu problema´, y te lo llevas a casa.» Recuerda con rabia el padre de Alejandro, un bebé de dos meses con trauma neonatal. «Al cuarto día lo bautizamos en la incubadora porque la perspectiva era ninguna perspectiva. Al séptimo día resucitó, pero nos dijeron que se movía por espasmos y que en menos de un mes sería un vegetal.» En el limbo del sufrimiento, alguien les habló de Foltra, llamaron y dos días más tarde su hijo entraba en el programa del doctor Devesa con resultados espectaculares: Alejandro oye, Alejandro ve, Alejandro se mueve, Alejandro sonríe. ¿Un milagro? «No, ciencia, sencillamente», responde el médico, que no es un iluminado, sino un endocrino con 40 años de experiencia, catedrático de Fisiología de la Universidad de Santiago y jefe del laboratorio de Bioquímica del Hospital Universitario de la misma ciudad.

Antón ha vuelto a sonreir ANTÓN HA VUELTO A SONREIR.- Sufrió una embolia amniótica en el parto y tuvo varios infartos cerebrales. «Nos dijeron que iba a ser un vegetal –cuenta su abuela–, que no iba a ver, ni iba a oír ni a tragar.» Lleva tres meses en Foltra. «A los 15 días de llegar aquí le quitamos la sonda nasogástrica y de un día para otro empezó a tragar. Antes del mes comenzó a ver, el 1 de enero lo vimos sonreír por primera vez y hoy ha conseguido arrastrarse solo.»

A las diez de la mañana comienzan a llegar los pacientes a Foltra, que no es un hospital, ni una clínica ni siquiera una consulta, sino una asociación sin ánimo de lucro con sede en un chalé de tres plantas donde se aprovecha cada habitación para hacer fisioterapia, logopedia, rehabilitación y estimulación. La casa perteneció a un jugador del Compostela y todavía conserva unos espantosos muebles de mármol. «No teníamos otros y eran tan pesados que allí se quedaron». En la sala de espera, el distribuidor de un pasillo, hay varios pósteres sobre la hormona de crecimiento pegados en la pared, y los nuevos pacientes (los aspirantes) que llegan de toda España esperan sentados en un polvoriento sofá.

Hay algo que no encaja en Foltra: el hecho de que una aparente revolución científica se esté llevando a cabo con medios tan precarios y sin apoyo de multinacionales farmacéuticas ni instituciones públicas. Alguien podría creer que Foltra es un timo o que vende humo, pero es un secreto a voces que el príncipe Kardam de Bulgaria –hijo del depuesto rey Simeón– acudió a Foltra para recibir tratamiento tras el accidente de coche que sufrió el año pasado. Su esposa, Miriam de Hungría, admitió en la revista ¡Hola! que se habían trasladado a Cacheiras para seguir el tratamiento en Foltra y que estaban muy satisfechos con la evolución. Devesa y su equipo ni confirman ni desmienten, pero una sonrisa condescendiente surge cada vez que se habla del «búlgaro».

La noticia ha tenido un efecto llamada tanto en España como en Bulgaria y hoy, entre los 70 pacientes de Foltra, hay cuatro búlgaros. Tres de ellos pagan, pero el cuarto, un joven parapléjico, es atendido gratuitamente porque no tiene nada. «No tenemos una tarifa fija y el que puede colaborar con mucho recibe el mismo trato que los demás. La enfermedad no discrimina; nosotros, tampoco», dice el doctor.

Gimnasio donde se practica rehabilitaciónEN EL GARAJE.- En el garaje hay un pequeño gimnasio sin calefacción que se usa para Ll rehabilitación. Foltra no puede permitirse una Locomat, una máquina puntera con tecnología robótica que cuesta más de 300.000 euros.

Carlos Morales, padre de Mariana, una chica de 26 años que fue atropellada y empieza a ver resultados en la memoria a corto plazo tras un mes de tratamiento, reconoce que están pagando 20 euros por cada sesión de fisioterapia, más 600 por la medicación y otros 600 en el alquiler de una casa, ya que la familia se ha desplazado desde Madrid; tanto él como su mujer han tenido que dejar el trabajo para luchar por su hija. Pero los tratamientos en Foltra no son largos y una de las cuestiones más sorprendentes de la `receta Devesa´ es la rapidez de los resultados. Y no lo dice él, sino sus pacientes: un prestigioso abogado pierde la memoria por un derrame cerebral y en un mes consigue reconocer a su esposa y recordar su número de teléfono; un chico al que atropelló un camión empieza a caminar con muletas después de 13 años en una silla de ruedas con sólo doce meses de tratamiento; una chica que lleva ocho años sin deglutir es capaz de tragarse un Pettisuise. Unas veces, los avances son espectaculares; otras, no, pero casi siempre hay una evolución favorable.

La clave está en la hormona de crecimiento (HC). Muchos de sus pacientes la toman, y el motivo es que, según el doctor, «la HC exógena acompañada de fisioterapia y estimulación tiene la capacidad de generar células madre neurales que pueden transformarse en neuronas y sustituir a las dañadas a nivel cerebral o medular, jugando un papel neuroprotector generalizado».

Devesa no habría llegado a esa conclusión si su hijo Pablo no se hubiera quedado en coma tras un accidente de tráfico a los 21 años. La madre, Ana Peleteiro, directora de Foltra, una mujer constantemente pegada al teléfono que recibe a cualquier hora del día o de la noche llamadas de personas que quieren entrar en el programa, es reacia a hablar de ello. «No me gusta tocar el tema de Pablo. Este tipo de iniciativas siempre parten de una experiencia personal y no somos excepcionales ni santos. ¿Qué más se puede decir?» Pero Devesa admite que el origen de Foltra es su hijo. «Yo me dedicaba al laboratorio, a las ratas, a las células y, cuando vi el estado en el que estaba mi hijo, cuando viví en mi carne la falta de soluciones, volqué mis conocimientos para tratar de recuperarlo.» En sólo un año, su hijo pasó de estar postrado en una silla incapaz de hablar a recuperar el cien por cien de sus capacidades físicas e intelectuales. Actualmente está especializado en biología molecular y trabaja en la Universidad de Coimbra, donde investiga la relación entre hormona de crecimiento y regeneración cerebral.

Ayudando a un paciente

SIN APOYOS.- Hay algo que no encaja en Foltra: el hecho de que una aparente revolución científica se esté llevando a cabo sin apoyo de farmacéuticas ni de instituciones públicas. Devesa es un pionero y eso significa que puede estar equivocado o ser un genio.

¿Es consciente Devesa de que sus historias de éxito pueden suscitar falsas esperanzas? «Aquí no damos garantías a nadie. Lo que decimos a los pacientes es `vamos a trabajar y lo que se consiga, bienvenido sea´. En cada paciente el tratamiento funciona de forma distinta y no podemos saber hasta dónde van a llegar, pero yo no voy a poner el límite.»

En estos momentos, Devesa es un pionero y eso significa que puede estar completamente equivocado o ser un genio. Los pacientes están profundamente agradecidos, pero muchos de sus colegas cuestionan tanto sus conclusiones como los métodos. El doctor Mayo Ferrer, vicepresidente de la Sociedad Gallega de Endocrinología, dice sobre Devesa «que investiga y habla con rigor, pero la regeneración neural está a niveles muy básicos de trabajo in vitro y la traslación de esas investigaciones a la clínica es éticamente controvertida: las personas no somos ratas». Además, su colega Mayo se muestra preocupado «porque las expectativas son difíciles de gestionar y todavía no estamos en una etapa de dar esperanzas a los enfermos del sistema nervioso». Según el doctor, hace unas semanas, un endocrino del hospital de Málaga se puso en contacto con él para mostrarle su alarma ante lo que está sucediendo en Foltra. «Le llegó un paciente de Devesa y tanto el endocrino como los neurólogos del hospital se quedaron alarmados: no hay estudios que corroboren la acción de la hormona sobre las neuronas.»

Hace un año, el profesor Devesa pidió permiso para hacer un ensayo clínico al comité ético de Galicia y se lo denegaron. «Si conseguimos sacar adelante a Alejandro, el bebé diagnosticado como tetrapléjico, va a ser una bomba a nivel científico, pero como no tenemos la autorización para el ensayo nunca se podrá publicar.» Con el resto de los casos no hay problema, porque la HC está indicada en el tratamiento sustitutorio del déficit de esta hormona en el adulto, y en la mayoría de los traumas craneoencefálicos y accidentes vasculares cerebrales se da. Aunque haya quien lo cuestione, el tratamiento de Devesa en adultos está cubierto legalmente, pero él sabe que las autoridades sanitarias no permiten suministrar HC antes de los cuatro años.

El doctor García-Mayor, miembro del Comité Ético de Investigación Clínica de Galicia y asesor del Comité de la Hormona del Crecimiento, recuerda que en España «la HC sólo está autorizada para niños con problemas de crecimiento a partir de los cuatro años siempre que lo apruebe un comité». Actualmente, la hormona está considerada una sustancia dopante y sólo se suministra legalmente en centros sanitarios. Con respecto a los trabajos del doctor Devesa, García Mayor dice que «para la ciencia no es suficiente con decir `a mi primo le ha ido bien´; hay que demostrarlo».

Carmen recuperándose de un infarto cerebral

PEQUEÑOS GRANDES CAMBIOS.- Carmen fue atropellada a los 18 años. Tuvo un derrame cerebral y cuatro minutos de parada que la dejaron en coma durante ocho meses. «Vinimos para tres meses y ya llevamos año y medio», cuenta Concha, su madre. «Son pequeños grandes cambios, pero Carmen no ha dejado de mejorar: reconoce las voces; tiene la mirada más fija, está menos espástica; se sigue alimentando por sonda, pero come por la boca de vez en cuando y si le dices `cierra los ojos´, lo intenta.»

A pesar de las críticas, el profesor Devesa no está solo y también hay colegas que lo apoyan y siguen su línea de investigación. El Hospital de Parapléjicos de Toledo está a punto de comenzar un estudio en colaboración con Foltra y el catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense, Fernández-Tresguerres, ha expresado a XLSemanal gran admiración hacia el médico gallego: «Es una persona extremadamente inteligente y humana, capaz de aplicar esas virtudes a la ciencia. Sus trabajos me parecen espectaculares, pero no me sorprenden porque llevamos décadas trabajando sobre los usos no convencionales de la HC. Es cierto que hay algunos colegas escépticos, pero en este país sólo se tienen en cuenta las novedades si vienen de Estados Unidos».

A las cuatro van llegando los primeros pacientes de la tarde a Foltra. Algunos entran por la puerta principal, pero la mayoría van directos al garaje, donde hay un pequeño gimnasio sin calefacción que se utiliza para hacer la rehabilitación. Foltra no puede permitirse una Locomat, la máquina puntera en rehabilitación que ayuda a caminar con tecnología robótica y cuesta más de 300.000 euros, pero se las apañan con una especie de grúa que levanta al paciente. Fidel Fernández tiene una tetraplejia incompleta y después de tres meses ha empezado a caminar con ayuda de la grúa. El profesor Devesa está convencido de que saldrá por la puerta con andador. De momento ha conseguido mover los brazos, darle una patada a un balón y acariciar a su nieto. «Le sigo encendiendo los cigarrillos –dice su mujer, feliz–, pero es la primera vez en 13 años que no necesito darle de comer.»

Le pregunto al doctor Devesa si él era consciente de dónde se estaba metiendo al acceder a hacer este reportaje: avalancha de pacientes, críticas de otros colegas o, incluso, de las autoridades sanitarias. «Yo asumo mi responsabilidad por cada una de las decisiones que he tomado. Mi trayectoria a nivel profesional ha sido siempre muy clara y quiero que lo siga siendo. La avalancha de pacientes ya la tenemos. Hay una lista de espera de 400 y ayer contesté 40 correos. Sabe Dios los cientos de pacientes que pasaron delante de mí en silla de ruedas antes del accidente de mi hijo y yo nunca reparé en ellos, era una situación que no me tocaba, pero cuando vi lo que podía conseguir con Pablo ya no pude quedarme al margen. No lo haré mientras me queden fuerzas.»

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