Trabajo realizado por Juan Carlos Rueda Rubio Terapeuta ocupacional en TEA para la revista AUTONOMÍA de julio 2014

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MANIPULACIÓN DE OBJETOS Y AUTISMO

Niņa se ata el cordon de los zapatos

Las manos son el medio por el que manipulamos/modificamos gran parte de nuestro mundo, en ocasiones tocándolo, otras Manipulándolo, otras señalando... y la mayoría de las veces no les prestamos la atención que se merecen, entrenando y trabajando muchas áreas sin centrarnos en el trabajo específico de pinza y presa.

El autor de este artículo propone a los profesionales que trabajan con personas con trastorno del espectro autista (TEA) que desarrollen programas de reentrenamiento en pinza, presa y tareas manipulativas, enfocando los objetivos en la corrección de patrones y no en la consecución de tareas, valorando y analizando no solo los fines sino los medios y el desarrollo de los mismos.

Las pinzas y presas son los patrones/maneras en que se relacionan la musculatura, articulaciones y sistema neurológico de la mano y la muñeca, para conseguir manipular y/o accionar un objeto.

Las presas y pinzas se clasifican en función del tipo de presión o del tipo de pinzas del pulgar:

Tipos de prensiones: prensión de tipo esférica, prensión cilíndrica, prensión de tipo gancho, prensión lateral o en tijeras.

Tipos de pinzas del pulgar: simples (pinza de potencia, pinza de aductor y pinza de precisión) o compuestas (pinza de zona curvas, pinza de zona plana y pinza alargada).

Existen más clasificaciones, y normalmente hacen referencia a las zonas de contacto de la pinza, como son las yemas o pulpejos...

Las pinzas y las presas van evolucionando a lo largo de la vida del niño adquiriendo especificidad y precisión en las mismas, progresando a la par que las demás habilidades por medio de la experimentación y el juego (desarrollo normal). En el trastorno de espectro autista (TEA), por lo pecu­liar de su trastorno y/o por motivos inherentes a estereotipias manuales, se observan muchos patrones de pinza y presa alterados y/o disfuncionales.

El desarrollo normal de la motricidad fina es parte crucial del aprendizaje de un niño para poder experimentar su entorno, con lo cual es parte fundamental de su desarrollo cognitivo y social, pasando de reflejos innatos del recién nacido, para su extinción y desarrollo normal.

La evolución normal parte de presas palmares a plena mano (una vez el pulgar ha salido de su prisión), pasando por las pinzas digitales para llegar a la pinzas centradas, que llevan a las pinzas instrumentales o específicas.

Desarrollo motriz de la mano. Etapa de 2 a 12 años

A los 2 años es capaz de jugar a los juegos de ensartar cuentas grandes en una cuerda. Comienza a usar las tijeras dando tijeretazos sin sentido. Utiliza la plastilina para hacer rollos con ella. Puede dibujar y copiar una línea horizontal. Pasa las páginas de un libro.

En la etapa de 3 a 4 años arma puzles simples de pocas piezas, pero grandes. Construye pequeñas torres. Se viste y se desviste, pero necesita ayuda para los botones. Confunde la orientación de las prendas y zapatos (derecho y revés). Come solo y se mancha poquito. Es capaz de coger el vaso para beber con una sola mano. Puede verter su propia bebi­da de una jarra si no es demasiado pesada. Ensarta cuentas pequeñas en una cuerda. Sostiene el lápiz con tres dedos, pulgar-índice y corazón.

Con 4-5 años es capaz de cortar líneas rectas y curvas con tijeras. Puede dibujar y copiar una cruz. Es capaz de manejar el tenedor sujetándolo con los dedos y no con toda la mano (presa o pinza centrada). Es capaz de comer sopa sin derramarla. Es capaz de introducir la llave en la cerradura y abrirla. Dibuja un hombre en tres partes. Empieza a usar la tijera.

Desde los 5 a los 6 años se puede vestir de manera independiente y, por lo general, atarse los cordones de los zapatos. Utiliza las tijeras para cortar imágenes de todo tipo de formas simples. Comienza a usar el cuchillo para untar y cortar alimentos. Es capaz de dibujar y copiar una línea diagonal. Usa la pinza trípode para la escritura. Es capaz de com­pletar rompecabezas complejos.

A los 6 años de edad las habilidades motoras finas del niño se han desarrollado para el juego, el uso de herramientas, la escritura, la alimen­tación y el vestido. Y con el uso/entrenamiento se irán haciendo cada vez más precisas. La lateralidad de 3 a 6 años es alternante. De 6 a 7 es definitiva y de 8 a 12 años tiene nociones de derecha e izquierda en espejo.

Ejercicios técnico-terapéuticos

Desarrollo motriz de la mano

Cuando trabajas manipulación fina en TEA, empiezas a observar patrones peculiares, y poco adaptativos en ocasiones, en la forma de coger los objetos y manipularlos. Viendo una limitación en la evolución normal de las pinzas, sobre todo las pinzas centradas e instrumentales. Y si bien son capaces de desarrollar las tareas que planteas como ejercicios técnico-terapéuticos (ETT), se observan anomalías del tipo:

Cuando manipulan objetos de tamaño medio-pequeño, en vez de utilizar la pinza bidigital índice-pulgar o la tridigital sapiens, utilizan las pinzas bidigital pulgar-corazón y bidigital lateral índice-corazón, perdiendo destreza y sensibilidad en las pinzas y consecuentemente una realización desajustada de las tareas programadas.

Al manipular objetos grandes, como prendas de ropa, en vez de utilizar las presas penta o tetradigitales, utilizan la pinza bidigital lateral índice-corazón, perdiendo fuerza y precisión de pinza y una consecución deficiente de la tarea. 

Al realizar tareas de señalar, en vez de utilizar el dedo índice utilizan el dedo corazón, lo cual resta precisión y sensibilidad a la tarea.

Estos son unos ejemplos de la forma en la que patrones normales se ven alterados en TEA y en ocasiones pasan desapercibidos y considerados como realización deficientes de las tareas por problemas de déficit cognitivo y no como aprendizajes erróneos de patrones motores.

Sesiones de pinza y presas

Tabla de dibujos indicando los distintos agarres

Desde la perspectiva de un terapeuta ocupacional y como trabajo en ETT encaminados a conseguir actividades ocupacionales terapéuticas, se nos plantea necesario intervenir en esos patrones motores, incluso reentrenar algunos de ellos de manera específica para una consecución de objetivos ren­table efectiva y eficientemente hablando, no olvidándonos del trabajo en sintomatología de procesamiento cognitivo específica en TEA, sino desde una orientación de rehabilitación de patro­nes motores alterados. Pues la mano y la terapia ocupacional están estrechamente relacionadas, y pudiendo constatar que trabajando sesiones de pinza y presas se consiguen avances en tareas en las cuales anteriormente solo se planteaban talleres de estimulación cognitiva, como son las actividades de la vida diaria (AVD), tanto básicas como ins­trumentales, del tipo de aseo personal, vestido y alimentación...

Es necesario también comprender que toda acción manipulativa junto al patrón motor lleva implícitos sentimientos y rasgos de personali­dad, siendo más o menos evidente dependiendo de la pericia observacional del terapeuta ocupacional u otro miembro del equipo de trabajo, dando mayor información para la intervención. Entre las acciones que podemos destacar en cuanto a expresión/espejo de uno mismo (destacando que hay múltiples maneras de llegar al fin y que ninguna es la correcta o incorrecta):

Todas estas acciones, debidamente analizadas en su desarrollo más que en la consecución de los fines que meramente se le otorgan, pueden ayudar en el proceso de intervención y ser tareas clave para conseguir objetivos mayores.

En definitiva, desde la terapia ocupacional incitamos a los profesionales que trabajan en TEA a desarrollar programas de reentrenamiento en pinza, presa y tareas manipulativas, enfocando los objetivos en la corrección de patrones y no en la consecución de tareas, valorando y analizando no solo los fines sino los medios y el desarrollo de los mismos.

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