Autoras: Patricia Claudia Abuchedid, Alejandra L. Fernández y Erica Pfurr

Bibliografía Adler, A.: “Guiando al niño”

Winnicott, D.W.: “El niño y el mundo externo”

Hannoun, Hubert: “El niño conquista el medio”

Crespo, Susana: “Medios Didácticos Auxiliares”

¿Enriquecen las experiencias directas a los niños con necesidades educativas especiales?

El niño, a través del contacto directo con la realidad, incorpora diversidad y variedad de conocimientos y contenidos a partir de experiencias significativas para él.

Los niños, seres sociales, irán incorporando saberes a través de sus vivencias cotidianas, tanto en la escuela como fuera de ella. Siendo seres de futuras relaciones, irán logrando paulatinamente la capacidad de comunicarse y dialogar con los demás.

La escuela, como agente educador y socializador, es la que amplía y enriquece el conocimiento que los niños tienen de la realidad que los rodea, ofreciéndoles un espacio donde poder expresarse y crecer en su formación personal y social.

Considerando lo destacado anteriormente, es necesario tomar conciencia que ante la realidad en que nos encontramos inmersos, debe existir una participación no sólo del adulto sino también del niño. Ambos, simultáneamente, actúan conociendo, reconociendo, anticipando y reflexionando sobre la realidad en que nos encontramos inmersos. No sólo hay un productor y un producto social dado por el adulto, sino también por el niño quien, inspirado por sus saberes previos, irá aprendiendo gradualmente a conocer el medio que lo circunda.

Nuestra experiencia nos lleva a revalorizar la experiencia directa ubicándola en un lugar de relevancia dentro de la tarea pedagógica.

Las propuestas no son rígidas ni únicas; cada docente, de acuerdo a sus posibilidades y a la realidad escolar en que está inmersa, podrá seleccionar y ampliar las experiencias ofrecidas e incorporar otras recreando las que ya conoce.

Es el docente quien tiene la labor inicial de guiar al niño en el conocimiento del mundo real.

La experiencia directa es el contacto real del niño con algún aspecto del mundo circundante, situación favorecedora del aprendizaje en la que el sujeto - el niño - es hacedor, participando activamente con su cuerpo, sus sentidos, y su acción sobre los objetos. Realiza intercambios con el medio, recibe nuevos datos, reacciona ante los estímulos, modifica sus respuestas, y pone en juego todos sus mecanismos de acción. Y, específicamente, asimila, compara, relaciona, verifica y enriquece lo ya conocido.

Una misma experiencia puede ser objeto de estudio para variadas oportunidades siempre y cuando sepamos aprovechar y conceptualizar la situación en cuestión, capitalizando así nuevos logros en las metas a alcanzar con el grupo.

Cuando seleccionamos un recorte de la realidad para investigar y trabajar con los niños, tendremos presente en el actuar los contenidos conceptuales, sus procedimientos y el aspecto dado por la diversidad y desigualdad del mundo social.

A partir de estas actividades, el niño despierta su curiosidad y siente la necesidad interior de conocer-hacer; actuando investiga, satisface dudas y establece planteos que movilizan sus conocimientos previos.

La maestra seleccionará las experiencias de aprendizaje a partir de la realidad cercana al niño, tendrá en cuenta los intereses inmediatos y las vivencias ya adquiridas de manera tal que motiven, estimulen y satisfagan nuevas inquietudes. De aquí la importancia de realizar, a comienzo del año, un relevamiento barrial para tener un diagnóstico de los lugares a visitar.

El docente, alentando el interés, reforzando e introduciendo nuevas opciones, logrará continuamente movilizar la actitud de investigación que el niño naturalmente posee.

Experiencias elegidas de esta manera promueven a los alumnos a sugerir ideas. De acuerdo a ellas, la maestra organizará actividades que organizan e interrelacionan los intereses para un aprendizaje rico, completo y significativo.

Estas actividades se realizan tanto fuera de la escuela (en paseos, excursiones y visitas) como dentro del ámbito escolar (en actividades “de aula”). Es importante desterrar la idea generalizada de la experiencia directa como paseo organizado exclusivamente.

Las distintas actividades que se realicen se ajustarán a un ritmo propio, adquiriendo una fuerza pedagógica que será relevante en función de tener en cuenta y considerar los intereses de los niños.

Las experiencias directas brindan al niño la posibilidad de contactarse con los objetos y las acciones mediante exploraciones, relaciones con niños y adultos y comprensión de situaciones emergentes. Esto pone a la experiencia directa por encima de un verbalismo abstracto o de la imagen en la que el niño acciona a través de actividades con materiales estructurados o un enfoque simplista.

Las experiencias incentivadoras pueden organizarse en torno a un tema del que se desprenderán otros siempre vinculados al tema principal; o presentarse en unidades temáticas aisladas que si bien se suceden, pueden o no guardar relación entre sí.

Lo ideal sería presentar todas las situaciones reales, pero como esto no siempre es posible, se recurre al empleo hábil de los medios didácticos auxiliares, ya que es la forma más efectiva de unir la palabra con la realidad concreta.

El adecuado empleo del mismo contribuye a:

  1. Reducir el verbalismo.
  2. Fijar el aprendizaje.
  3. Aumentar el interés del educando.
  4. Estimular la actividad y la participación de los alumnos.
  5. Mejorar el vocabulario.
  6. Economizar esfuerzos y conducir a los alumnos a la comprensión de hechos y conceptos.
  7. Brindar oportunidades para que se manifiesten las aptitudes y el desarrollo de habilidades específicas.
  8. Enriquecer las experiencias sensoriales.

Estas ventajas señaladas para el niño con vista adquieren mayor relevancia aún en relación a la educación de niños disminuidos visuales, ya que éstos tienen menos posibilidades de lograr un conocimiento concreto del mundo que lo rodea, pues es sabido que la visión ejerce en este aspecto un papel muy importante.

El niño ciego, que carece de este sentido, puede también, a través de otras vías sensoriales y mediante una intensa ejercitación de las mismas, lograr el conocimiento del medio circundante, y ser sus experiencias y vivencias iguales o más ricas que las de otro que sólo emplea la vista. Por ejemplo, el niño con vista conocerá un conejo por su color, forma, tamaño, detalles, características generales, movimiento, costumbres, etc. El niño ciego percibirá ese animal, recordando de él forma, tamaño, peso, textura, temperatura, olor, etc., es decir, mediante sensaciones táctiles, olfativas, auditivas, gustativas.

Por lo tanto, el ciego no es un ser carente de imágenes.

Los docentes, al igual que los niños, vivenciamos experiencias dentro del entorno en el cual estamos inmersos. Éstas serán nutrientes de propuestas enriquecidas por los aportes de los niños, quienes descubriendo, explorando y anticipando abordarán el ambiente natural y social, ya que el contacto directo con la realidad es una de las fuentes valiosas que guiarán al niño en el conocimiento del mundo real.

La tarea pedagógica se organizará mediante un proceso de asimilación y acomodación entre la realidad y el enfoque que nos ofrece el Diseño Curricular.

No podemos limitar al niño sólo a su entorno más conocido y cercano, sino que es de fundamental importancia brindarle variedad y diversidad de oportunidades que favorezcan aprendizajes significativos para él, de este modo las visitas pueden realizarse tanto en los ámbitos cercanos como lejanos a la escuela.

La escuela, para algunos niños, es el único medio que llega a contactarlo con realidades diferentes a las de él. Porque la experiencia directa es la estrategia por medio de la cual se le brinda al niño la oportunidad de pensar la interacción con el medio y de poner en marcha lo planeado en el “antes” confrontando lo anticipado y buscando nuevas informaciones. Todo esto generará en el niño una actitud abierta y curiosa hacia la indagación sobre la realidad en todos sus aspectos.

En suma, las experiencias directas contribuyen al desarrollo integral de la personalidad del niño, favoreciendo innumerables aprendizajes como el lenguaje verbal y no verbal, la experiencia lógico-matemática, las relaciones interpersonales y dinámicas entre los adultos, entre los adultos y los niños, y entre los niños entre sí.

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