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LAS ÚLCERAS POR PRESIÓN |
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REVISIONES BIBLIOGRAFICAS HOSPITAL GENERAL DOCENTE "DR. AGOSTINHO NETO" GUANTANAMO |
ÍNDICE:
El problema de las úlceras por presión es importante no sólo por sus factores causantes, sino también porque se ha constatado su influencia como agravante de otros procesos, aumentando la mortalidad y morbilidad, empeorando la calidad de vida, prolongando el tiempo de hospitalización de los enfermos y aumentando los costos de salud. Y sobre todo es un problema importante porque la prevención es altamente eficaz. Se entiende por "úlcera" una solución de continuidad con pérdida de sustancia de cualquier superficie epitelial (cutánea o mucosa) del organismo, que tiene escasa tendencia a curar de forma espontánea y con facilidad se extiende en superficie y profundidad. Las úlceras por presión o escaras son heridas que aparecen en la piel que cubre las prominencias óseas al soportar una presión externa, debidas a una presión continuada sobre estas prominencias que interfiere con la buena circulación sanguínea y nutrición de los tejidos, evolucionando hacia la necrosis y ulceración de los mismos. También puede ser debida a una presión interna, por extrema delgadez de la piel y sean las prominencias y relieves óseos los que motiven la solución de continuidad. Etapas del desarrollo de las escaras: Las etapas en la formación de úlceras por presión dependen del compromiso de las distintas capas de tejidos: 1º Etapa: Enrojecimiento de la piel que desaparece con la presión. 2º Etapa: Enrojecimiento, edema e induración de la piel y los tejidos subyacentes. En ocasiones vesículas epidérmicas y/o descamación. 3º Etapa: Necrosis de la piel con exposición de tejido graso. 4º Etapa: Necrosis de,la piel y grasa. 5º Etapa: La necrosis se extiende hasta el músculo. 6º Etapa: Destrucción ósea desde incipiente hasta avanzada. Posibilidad de osteomielitis, artritis séptica, fractura patológica y septicemia. Etiología: El problema aparece en pacientes que soportan presión continua de las prominencias óseas (sacro, isquion, trocánteres mayores, maléolos, talones, etc.. dependiendo de la posición del enfermo) sobre planos duros. La intensidad y duración de la presión ejercida son los factores desencadenantes principales, pero existe además otra serie de factores que favorecen la aparición del problema y que es útil conocer desde el punto de vista de la prevención, los cuidados del paciente mientras está inmovilizado y el tratamiento cuando el problema se ha presentado. Movilidad del paciente : Puesto que la causa de las úlceras por presión es el trauma prolongado sobre una misma zona, cuanta menor capacidad tenga el paciente para cambiar su posición, mayor probabilidad existe de que aparezca el problema. La atrofia muscular derivada de la inmovilidad reduce el almohadillado y predispone a la úlcera. Percepción de los estímulos dolorosos : Por la misma razón, la insensibilidad al dolor favorece la aparición de úlceras por no provocar una respuesta de cambio postural. Los enfermos con lesión en la vías nerviosas conductoras de la sensibilidad, o con características psicológicas particulares (ensimismados, deprimidos) tiene un mayor riesgo de presentar úlceras por presión. Obesidad: En principio, los tejidos del obeso dispersan el peso sobre una superficie mayor. Sin embargo, el riego sanguíneo de los tejidos y, en consecuencia, su nutrición y oxigenación son deficientes, lo que a su vez favorece la aparición del problema. Delgadez: Cuando el almohadillado de grasa y músculo entre las prominencias óseas y la piel es escaso, el peso del cuerpo se concentra sobre ellas provocando el problema. Además, una delgadez extrema suele denotar un déficit nutritivo importante; con los déficits proteicos el organismo pierde la materia prima para regenerar los tejidos dañados y el problema se acelera. Los déficits de vitaminas C y B y zinc también pueden ocasionar este tipo de problemas. Edemas : La acumulación de líquido en los tejidos intersticiales, tanto si es de origen nutricional (déficit proteico) como por otro tipo de patología, reduce la oxigenación y nutrición de los tejidos, favoreciendo la lesión. lasticidad y Compresibilidad de los tejidos : Los tejidos de los ancianos son poco elásticos y se comprimen con facilidad, suspendiendo el riego sanguíneo de la zona afectada por la presión. La deshidratación contribuye por este mecanismo a la aparición de úlceras. Riego Sanguíneo: Durante la ancianidad, los vasos capilares sufren unos cambios normales que reducen la irrigación sanguínea en la piel. El problema se agrava si existe patología vascular sobreañadida o procesos con alteraciones vasculares y de la microcirculación (diabetes por ejemplo), favorecen la aparición de úlceras por presión. Los trastornos sistémicos: Estos en general, y las infecciones en particular predisponen al trauma por presión al aumentar las necesidades nutritivas de las células y las pérdidas de líquidos, lesionar la circulación y, en ocasiones, reducir el ingreso nutricional. Duración de la presión: La microcirculación se ocluye con facilidad con presiones leves. Por ello, a la hora de producir lesión, tiene más importancia la duración de la presión que su intensidad: es menos perjudicial una presión importante de corta duración, que presiones leves mantenidas en el tiempo. Posición o postura inadecuada: El grado de presión sobre las prominencias óseas se modifica fácilmente con la posición. La presión sobre las tuberosidades del isquion es mayor al permanecer sentado con los pies sostenidos que cuando estos cuelgan libres, pues en esta última el peso se distribuye a lo largo de toda la cara posterior de los muslos. La presión sobre la zona sacra y las fuerzas de desgarramiento sobre los tejidos de esta zona son mayores cuanto mayor es la elevación de la cabecera de la cama. Vestidos y ropas de cama: Las ropas rasposas y arrugadas contribuyen a concentrar la presión en ciertas zonas. La posibilidad de que las ropas se arruguen es mayor a mayor número de capas. Los cuerpos extraños y partículas entre la ropa son igualmente perjudiciales. Humedad: La humedad contribuye a la maceración de la piel, más cuando proviene de líquidos irritantes como el sudor, la orina o las heces. Es primordial una adecuada higiene para la prevención y tratamiento de las úlceras por presión. Todos los pacientes que van a estar inmovilizados durante algún tiempo deben recibir una serie de cuidados cuyo objetivo principal es evitar la aparición y progresión de las úlceras por presión. Estos cuidados son:
CURACIONES DE LAS ESCARAS POR PRESIÓN A.- Colocar al paciente en la posición correcta para disponer de una posición cómoda y un buen campo para proceder. B.- Calzarse guantes estériles y disponer mesa de instrumental de curación estéril. C.- Limpiar la zona con solución salina, solución de ácido acético, solución de Dakin al 50%. D.- Lavado de la escara con abundante suero fisiológico y solución jabonosa antiséptica. E.- Desbridar y cortar a tijera o bisturí las zonas necróticas de la úlcera hasta que sus bordes sangren, lo que es señal de que se ha llegado a tejido vivo, no necrótico.
G.- Tomar cultivos para determinar el tipo de microorganismo. H.- Untar con soluciones antisépticas que no deberán ser nunca irritantes. El uso de medicamentos tópicos, por ejemplo la colagenasa, que disuelve los tejidos muertos y exudados purulentos sin afectar al tejido granuloso y que es eficaz cuando se emplea la hidroterapia. Si la herida está infectada se administra crema antibacteriana. I.- Acondicionar al paciente de modo que su posición evite la compresión de la zona ulcerada, realizado acciones que prevean la aparición en otros sectores de apoyo. J.- La intervención quirúrgica, es indispensable cuando los tejidos no cicatrizan espontáneamente, estén infectados interiormente o no drenen. Se utiliza tejido sano que es injertado. La intervención se lleva a cabo cuando el paciente presenta un buen estado general, comprobándose que esté libre de infección. Hay que hacer participar a la familia en el tratamiento de Enfermería: Educando en los cuidados. enseñarles acerca de la higiene, cambios posturales. Deben comprender la naturaleza (el porqué del deterioro de la piel), explicarles lo que ha pasado. Ayudarle (familia-enfermo) a adaptarse a la situación, animar a que comuniquen sus sentimientos y actitudes. El medio ambiente debe estar tranquilo y cómodo. Mantener una continuidad en los cuidados de Enfermería, intentando que sea el mismo personal, sin cambios. Fisioterapia Pasiva . Se realiza en enfermos inconscientes o paralizados para ayudar al mantenimiento de una buena irrigación de los tejidos. Espuma adhesiva (Reston) Funda Tubular (Precortada o guarnecida con espuma) Mullipel (piel de cordero o felpa) Colchón antiescaras A.- Aire B.- Agua C.- Espuma Ventajas de los colchones antiescaras: La alternancia en el inflado. La presión en los puntos de apoyo. Mejora el riego sanguíneo. Favorece la curación de las lesiones por presión. Proporciona comodidad al paciente. Se adaptan bien a la cama. Permiten realizar cambios posturales. INCONVENIENTES DE LOS COLCHONES ANTIESCARAS: Los obesos comprimen las celdas de aire inutilizando el colchón. Si las sábanas bajeras no son de tamaño adecuado se corre el riesgo de deslizamiento de las mismas. Los colchones de aire y de agua, al ser de material plástico, deben cuidarse especialmente del contacto con materiales puntiagudos y cigarrillos, pues existe el peligro de fugas, roturas, etc. Si no hay fluido eléctrico el compresor deja de funcionar. RECOMENDACIONES EN EL USO DE COLCHONES ANTIESCARAS: Control periódico del funcionamiento. Observar la flotación colocando la mano, sin aplicar presión, por debajo de la zona más pesada del paciente e intentando notar la base el colchón. El uso del colchón antiescaras no es un elemento sustitutivo de los cambios posturales, fisioterapia, etc.. Camas especiales: Medios Terapéuticos Físicos: Miel pura Harina de maíz Mercurocromo Oxígeno (a baja presión)
Apósitos Vasihesive, Confeel Avances en Estudio:
Dr. Roberto Atala Castellanos (Especalista de I Grado en Ortopedia y Traumatología) INTRODUCCION: Habitualmente se piensa que una úlcera de decúbito sólo debe aparecer en enfermos con trastornos tróficos muy intensos; sería perfectamente comprensible esta situación en las afecciones del sistema nervioso, tanto central como periférico, que afecten la información centrípeta, o que el enfermo tenga trastornada su conciencia, lo que impida su automovilización en el lecho o en su silla de ruedas; pero esto no siempre es así. ¿Por qué un paciente con fractura de cadera presenta úlceras de decúbito?, pues en este enfermo no tienen por qué coincidir lesiones del sistema nervioso; sinembargo, no es infrecuente que encontremos esta situación cuya solución resulta muy difícil, a veces imposible, y el paciente fallece poco tiempo después. Generalmente, las fracturas de cadera ocurren en ancianos cuyo deterioro intelectual los hace aceptar fácilmente su invalidez; habitualmente antes de la fractura ya estos ancianos presentan estigmas muy propios de la senectud, como la abulia, la tendencia a la inactividad, poca participación social, así como estancias prolongadas en un sillón en la cama donde dormitando pasan la mayor parte del tiempo, hasta que se acuerdan de él porque hay que comer o bañarse. ¿Qué sucede entonces cuando este anciano se fractura la cadera? Comienza el gran problema, pues resulta más cómodo que el viejo esté tranquilo en un lugar para que los demás puedan hacer sus quehaceres; esto lleva implícito que la otra extremidad inferior que no está fracturada, al no ser utilizada en forma adecuada, se debilite y se haga incompetente para sostener el cuerpo del anciano, lo que crea un círculo vicioso: "No se para, se debilita, se debilita, no se para"; por tanto, termina postrado, con rigideces articulares y, como resultado de lo prolongado de una posición, se comprimen las partes blandas que recubren la región sacra, trocánter mayor del fémur e isquion. El anciano, como parte de su proceso involutivo normal, presenta disminución del tono y trofismo de su sistema osteomioarticular, lo que explica que un tejido que hasta ese momento no era insensible comience a serlo por isquemia de decúbito prolongado, punto de partida para la futura escara, y luego úlcera de decúbito. La piel, como pared externa del organismo, defensora de alteraciones químicas, físicas y bacterianas mediante reacciones bioquímicas y fisiológicas, mantiene el medio interior del organismo, apoyada en sus tres capas constitutivas, una, superior externa, epidermis, otra, intermedia, la dermis y la interna o profunda, hipodermis; anexadas a ellas se hallan los folículos pilosos, las glándulas sudoríparas y cebáceas, los vasos sanguíneos, arterias y venas, linfáticos y terminaciones nerviosas, dadas por corpúsculos sensoriales, y las uñas. Su irrigación sanguínea depende de la existencia de dos arcos arteriales situados, el primero, en la unión dermoepidérmica, formada por arterias de mediano calibre provenientes de la circulación profunda con vasos rectos perpendiculares a la epidermis que forman el arco arterial superficial. De éste parten pequeñas arteriolas capilares que al nivel del vértice de la papila dérmica originan el sistema venoso de retorno, el cual desemboca finalmente en la circulación venosa profunda. El segundo arco se halla situado a nivel de la dermis. Su inervación se realiza por múltiples terminaciones nerviosas que penetran en el tejido celular subcutáneo y corren paralelas a la superficie cutánea, acompañado de receptores dérmicos. Cada persona nace con el tipo de piel que lo acompañará durante toda la vida, determinado por factores genéticos hereditarios familiares o raciales, que responden de determinada forma ante los diferentes estímulos a que se halla expuesta.
Como teoría de su surgimiento se plantean:
Como resultante de destrucciones nerviosas, Otros la relacionan en la existencia de presión y otras enfermedades asociadas. Aparecen en pacientes débiles que requieren de un encamamiento prolongado, durante el cual no se prevén todas estas ondicionales anteriormente expuestas. ¿Es posible la realización de la profilaxis?. En nuestras manos está la aplicación de un tratamiento general y local adecuado, la indicación de un tratamiento dietético rico en proteínas, la movilización precoz de todos los pacientes, independientemente de la edad y la enfermedad de base, así como el cumplimiento de las medidas higiénico-sanitarias. Partiendo de la presión sostenida sobre el tejido y la existencia de causas accesorias (isquemia local), provocan una pérdida de sustancia de los tegumentos, piel y tejido celular subcutáneo. Unido a ello está la inmovilidad de los pacientes en períodos prolongados sobre zonas anatómicas prominentes. Son las más frecuentes las trocantéricas, isquiá-ticas, sacras y calcáneas, con afectación de la sensibilidad cutánea, la fricción de las partes blandas, la hipoproteinemia. Son estos elementos los fundamentales como factores patogénicos más directamente responsables en el origen de las escaras y las úlceras de decúbito. Puede resumirse de la forma siguiente :
El surgimiento de la escara o la ulceración se manifiesta clínicamente en diferentes fases o etapas :
Los síntomas son muy escasos y relacionados con trastornos cutáneos, con sensibilidad muy afectada y con inhibición de las reacciones de defensa normales. Dolores siempre raros. Presencia de exudado o supuraciones. Olor desagradable. Hemorragia eventual a partir del tejido de granulación. Proceso inflamatorio agudo. Síntomas relacionados con el grado variable del deterioro del enfermo postrado. Son muchas y variadas, dadas unas por la propia pérdida de los tegumentos; otras, dependen de su localización; las más frecuentes son:
Cómo prevenir las úlceras de presión. Además de un equipo médico y de enfermeras permanentemente atentas y conscientes de sus responsabilidades, enfrascados en una lucha constante por evitar la presión continuada, se recomienda:
Existen dos tipos básicos de tratamiento: el conservador, basado en la aplicación de medicamentos y en la cicatrización espontánea, y el tratamiento quirúrgico, el cual persigue como objetivo:
Son varios los colgajos cutáneos a realizar, en dependencia de su extensión, localización y la calidad de la piel circundante a la úlcera:
COMPLICACIONES POSOPERATORIAS. Las más frecuentes son:
Formas especiales de úlceras de presión: Las que se ven con una evolución rápida en los pacientes que presentan coma tóxico y surgen en cualquier punto del revestimiento cutáneo aun sin relieve óseo, que desencadenan una necrosis masiva. Otras de las úlceras de presión son las provocadas por los aparatos enyesados a nivel de una prominencia ósea. Nuestra exposición no pretende abarcar todo lo existente actualmente acerca de la úlcera de decúbito, sino simplemente dar una idea general sobre ello; ahora bien, sí queremos destacar que las úlceras puedan prevenirse en la mayor parte de los casos y su verdadero tratamiento es el preventivo, pues una vez que aparezca, por la causa que sea, la cura de esta afección, aunque no imposible, es muy difícil y compleja, lo que entorpece la evolución de las enfermedades que concomiten con ella, y siempre ensombrece el pronóstico.
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