Adam y el abuelo
Autora: Silvia Mirta Valori

En lo alto de una colina estaba la hermosa y acogedora cabaña que pertenecía al abuelo de Adam; una caudalosa vertiente de aguas limpias corría a un costado, y en el fondo del inmenso terreno la frondosa vegetación otorgaba frescura al lugar. Las enredaderas, los helechos y las flores multicolores crecían enmarañadas, algunas enrollándose a los troncos de los añosos árboles, otras, diseminadas sobre el húmedo suelo.

Adam ayudaba desde la mañana hasta la noche a su abuelo. Los dos juntos sacaban arena del inmenso río, para luego venderla a los dueños de los camiones que llegaban de los pueblos y ciudades vecinas a buscarla. Todos los días, aun los domingos y feriados el desfile era incesante y continuo, ellos iban y venían incansablemente, con el bayo amarillo, un caballo joven y con el pequeño carrito construido con madera comprada de segunda mano, estropeada por el uso.

Depositaban con cuidado y esmero la blanca arena sobre los vehículos que la trasladarían; ya en la ciudad, sería empleada para levantar edificios y realizar construcciones de todo tipo.

Había días en los que el río, como si no quisiera que le despojaran de su querido tesoro, crecía y crecía, impidiendo con esa táctica que realizaran el trabajo. El agua, que se podía apreciar constantemente cristalina y limpia, se volvía turbulenta, opaca, sucia y bañaba los campos cercanos. Entonces debían retirarse a la parte más alta de la cabaña y esperar allí a que la violenta correntada les permitiera reanudar el trabajo.

El muchacho disfrutaba enormemente durante esos días porque el abuelo matizaba las largas horas que pasaban juntos narrándole fábulas y leyendas, anécdotas y cuentos, inculcándole de esa manera valiosas enseñanzas.

Adam se había convertido en un adolescente muy perspicaz, curioso, amante y admirador de la naturaleza y del universo entero.

Acostado en su camastro sobre el mullido colchón de paja y heno, observaba el pedacito de cielo que, recortado por los vidrios de la claraboya, se dejaba ver limpio, brillante y adornado de estrellas a veces; oscuro, amenazante y saturado de nubes, otras tantas.

Rodeado de ese inmenso silencio, de esa quietud infinita y profunda, mantenía con los astros un intercambio sutil de energía, algo así casi como un diálogo imaginario, plagado de efervescencia y emoción que lo llevaban a concebir las más variadas y delirantes aventuras en busca de un futuro esplendoroso.

Su abuelo, un hombre ya anciano pero aun fuerte, también alto, de cabellos canosos, nariz respingada y ojos de un azul inquietante, le habló un día de las Señales y de los Mensajes. En su relato destacó también a los Sueños y al Destino. Además razonó en voz alta acerca de la Gran Mano, el Alma que inspira al Universo entero y le hizo notar y darse cuenta de cómo Dios nos guía a través de pequeñas o grandes Coincidencias y le instó a que siempre prestara Especial Atención a los acontecimientos. "Nada en el mundo sucede porque sí -decía con su voz ronca y pausada-, debes abrir ojos y oídos al Mensaje del Supremo Hacedor".

Desde que el muchacho recordaba el abuelo terminaba sus relatos con esa frase. Adam pronto cumpliría diecisiete años. Alto y delgado, caminaba erguido luciendo su porte de atleta, el cabello moreno y lacio le caía sobre los hombros, sus grandes ojos negros le iluminaban el rostro tostado por el sol. Era un "pequeño muchacho" y tenía grandes sueños o más bien metas como decía el Abuelo, poniendo énfasis al definirlos y al hacerle notar las diferencias en las largas conversaciones que mantenían.

-"¿Sabes cómo se distingue un Sueño de una Meta?. Un sueño es todo aquello que deseamos que nos suceda o que nos ocurra, pero en el que no invertimos nada de nuestra parte, no trabajamos arduamente para que se realice; puede cumplirse hoy, mañana o nunca, poco importa porque forman parte de las ilusiones y la mayoría de las veces, están fuera de la realidad.

"Una meta, en cambio, es un sueño al que le ponemos una fecha concreta para convertirlo en realidad, tiene un plazo establecido de antemano, trabajamos para que se cumpla, en una palabra le ponemos acción, entonces deja de ser ilusión para materializarse. Ambos son muy importantes, pero serán las metas las que te conducirán hacia donde tú quieras llegar. Por lo que ¡atrévete a soñar!, pero también esfuérzate para concretar tus sueños, y cuando te pongas una meta difícil o creas que tienes un sueño imposible recuerda que el éxito es sólo la recompensa, pues lo que vale es el esfuerzo".

El muchacho asentía reflexivo, escudriñando con fijeza el ajado rostro de su querido abuelo, pensando que, si éste lo deseara en ese mismo momento podía dejar de trabajar y salir de viaje por el mundo a disfrutar, porque, según le habían contado a Adam, su antecesor era uno de los hombres más ricos de toda la región, nadie podía explicar con acierto porqué continuaba realizando el duro trabajo de sacar arena del río.

A las once de la noche, luego de haber degustado una suculenta cena, se dirigió a su cuarto, se acostó sobre su cama, y comenzó a mirar la redonda e inmensa luna que despedía destellos plateados; el cansancio se apoderó de su cuerpo y poco a poco se fue quedando dormido.

Adam: "-Luna, ya soy grande, deseo ir por el mundo, quiero hacer realidad mis sueños."

Luna: "-Si tu ambición es intensa y le pones mucha fuerza, el único impedimento que veo es la poca experiencia que tienes, dada tu corta edad. Pero irás adquiriéndola, conforme vayas andando, los viajes son nuestros mejores maestros, porque nos sirven para conocer otras culturas y para compartir lo mucho o poco que tenemos".

Estrella I: "Te acompañaremos durante todo tu camino, nunca olvides que somos tus confidentes, búscanos cuando nos necesites".

Estrella II: "Estaremos también aquí, junto al Abuelo, consolándolo porque al principio te extrañará, lo sabes, a todos los seres humanos les ocurre. Luego se irá acostumbrando y ya más adelante, estará feliz al pensar que has partido con la intención de concretar y cumplir tus metas".

Estrella III: "Verás que harás lo que sea necesario, inclusive sacrificios con tal de hacerlas realidad".

Adam: "Pero siento un poco de miedo, estoy tan seguro y protegido en esta cabaña, junto al Abuelo".

Luna: "El miedo será siempre tu mayor enemigo, será él quien te impedirá realizar o cumplir lo que te propongas. Debes tener especial cuidado con este sentimiento, recuerda siempre que La valentía es una virtud que debes perseguir con tenacidad, a fin de ser un digno ciudadano del mundo".

Estrella I: "Cuando el miedo aparece - y en el planeta Tierra lo encontrarás en todas partes, aun en las que menos imagines - debes aclarar tus pensamientos, detenerte y pedir al Universo que té de Audacia y Valentía, dos aliadas que te ayudarán a lograr tus propósitos".

Estrella II: "Hay una tercera aliada a la que deberás recurrir con frecuencia: se llama Voluntad. Te aseguro que sin ella lograrás muy poco. Ella es quien pone en marcha el motor del Esfuerzo Personal, indispensable para concretar tus deseos; además es el que te hará llegar realmente adonde tu quieras".

Estrella III: "Y no te olvides nunca de lo que todo el mundo llama "Buena Suerte", y es ni más, ni menos, que el deseo del Universo de que cumplas tu Misión".

Adam: "¿Todos tenemos una Misión que cumplir?"

Luna: "Así es. El Supremo Hacedor espera cuando tu naces que la lleves a cabo, tarde o temprano. Hay veces que se presenta como una buena oportunidad para ganar mucho dinero. Otras veces aparece como lo que llaman "vocación", un ansia que nace en lo más profundo de tu corazón de realizar ese trabajo y no otro. Hay otras en que la necesidad te obligará a cumplirla".

Adam: "¿Y cómo haré para darme cuenta que estoy llevando a cabo mi Misión, aquello para lo cual nací?".

Luna: "Porque cuando te encuentres cumpliendo con ella te sentirás completo, pleno, satisfecho, en perfecta sintonía con todo y con todos".

Estrella I: "El tiempo transcurrirá más deprisa que de costumbre, sin que siquiera te percates de ello. El día te parecerá corto y la noche demasiado larga".

Estrella II: "Y el Universo y el Supremo Hacedor te enviarán Señales".

Adam: "¿Señales? El Abuelo un día me habló de ellas".

Luna: "Así es. Él sabe de ellas porque tiene muchos años. Y al igual que tu ahora, un día sintió el deseo de cumplir con su Misión: comenzó a percibir las señales e intentó seguirlas. Ellas lo fueron acercando a las Coincidencias y pudo descifrar algunos Mensajes. Lamentablemente el Miedo hizo su aparición, junto a una gran cantidad de amigos tan viles como él. Ellos le impidieron realizarla. Afortunadamente todos tenemos asignada una segunda Misión y en estos momentos la está concretando, sintiéndose así satisfecho al ser útil a los demás, porque ya lo verás un día que "la vida sin servicio no es vida".

Adam: "¿Hay una segunda Misión?"

Luna: "También una tercera y una cuarta, si es necesario, el Universo no escatima recursos cuando se trata de ser generoso. Depende de la persona. Aunque la primera Misión es la más importante y será la que más satisfecho te hará sentir y, a veces sentirás felicidad... por momentos".

Adam: "¿Porqué sólo por momentos?"

Luna: "Porque la Felicidad es un estado de ánimo o sea del Alma, de tu Alma. No depende sólo de factores externos como son la Fama, el Poder, la Belleza, el Dinero o la Fuerza. Si tienes alguno o todos ellos, mejor, pero Tu Felicidad no será más grande ni más completa por ellos, porque es un Sentimiento y, por lo tanto, está en tu Interior..." "Cuando te encuentres cumpliendo con tu Misión te darás cuenta porque lo sentirás con frecuencia".

"Recuerda siempre que La Felicidad es una elección que puedes hacer en cualquier momento y lugar, tus pensamientos son los que te harán sentir feliz o desgraciado, no las circunstancias por las que atravieses, además no puedes tener a la Felicidad como meta, porque es un trayecto."

La luna y las estrellas se fueron acercando lentamente, formando en el cielo una gran rueda, Adam quedó ubicado en el centro de ella, una suave melodía empezó a escucharse y los astros comenzaron a moverse rítmicamente, el espectáculo era majestuoso, la coreografía perfecta, el lugar ideal.

Momentos más tarde y en el transcurso de la misma noche, el muchacho tuvo un segundo sueño, más inquietante y dorado que el primero.

El agua límpida y clara cubría la tierra completamente, hasta donde alcanzaba la mirada, hacia los cuatro puntos cardinales, sólo se apreciaba cielo y agua, parecía que el horizonte estaba perdido porque era casi imperceptible, se encontraba fundido el brillo del torrente, con el azul sereno del cielo, como si todo no fuera más que un gigantesco espejo, diáfano y limpio.

Caminaba despacio, muy despacio, casi flotando hacia una brillante luz que emanaba de una pequeñísima gruta, situada en el medio de esa inmensa vertiente cristalina. Conforme se iba acercando, los destellos y brillos que salían de las paredes de la gruta herían a sus ojos, poco acostumbrados a ese inusitado reflejo de luces. Escuchó que una voz lo llamaba muy dulcemente, con claridad y buen acento, acomodó la mirada y distinguió la figura de un anciano de larga barba y pelo blanco y ralo, muy delgado y bajito, que tenía en su mano un bastón de madera rústica y corva.

"Hola hijo, acércate, no temas, acércate más, quiero contarte algo. No dudes ni te intimides, debes saber..." El anciano pronunció estas palabras y, casi como por encanto el brillo y la luz se apartaron, dejando ver con nitidez el lugar en el que se encontraba.

Parecía salido de un cuento de hadas. La gruta, revestida por dentro y por fuera con láminas de oro resplandecía, el piso estaba completamente alfombrado con telas de finas hebras, mullidas y sedosas. Una suave y lejana melodía llenaba el lugar junto a un intenso aroma a incienso y mirra.

El muchacho sintió ganas de sentarse y permanecer durante mucho tiempo allí. ¡Era tan hermoso y acogedor ese sitio!

"Debes saber que he oído tu llamado interior -continuó diciendo el anciano -, sé que me necesitas porque estás a punto de partir de aquí para cumplir con la Misión de tu Vida, para tratar de concretar tus metas, cueste lo que cueste... Debes encarar lo que se te presente con denodado esfuerzo, no dejándote abatir jamás por las dificultades, de ése modo lo lograrás... Debes vencerte a ti mismo y, en cada vencimiento tiene que haber un nuevo renacer... Debes estar siempre atento a las Señales y a los Mensajes, se presentarán casi invariablemente en forma de personas y oportunidades, algunas te dirán Verdades, otras te dirán Mentiras... Tú elegirás... Debes saber que siempre estaré contigo, en cada ser existe un Anciano prudente y equilibrado, así como un Niño completamente ingenuo e inseguro... No dudes de las personas, hasta que te demuestren que no son de fiar, porque la duda corroe el alma".

"Soy tu Anciano y quiero revelarte que tu Misión está escrita en un viejo pergamino de papel que se encuentra adentro de un cofre repleto de joyas y monedas de oro. Pero debes llegar hasta la República de Yemen, cerca de Arabia Saudita, más precisamente a la ciudad vieja de Sana´a".

"Una vez allí, debes dirigirte a una de las casas torre que tiene siete pisos, posee siete ventanas, la iluminan siete faroles de bronce y viven allí siete personas. Se destaca de las demás porque está decorada con filigranas, arabescos y figuras de un color azul muy intenso y profundo. Es la única que posee estas características. Cuando llames a la puerta saldrá a recibirte una mujer delgadísima que tiene más de cien años. Te estará esperando".

"Si lo deseas, cuéntale al Abuelo lo que has soñado, pero evita decirlo a otros. Y ahora, pequeño y querido muchacho... Cumple tu Sueño, lleva a cabo tu Misión... Adiós".

Se despertó bruscamente, contempló el pedacito de cielo que se colaba por la claraboya y vio la claridad que anunciaba el amanecer.

Bajó rápidamente por la escalera y salió en dirección al patio de la cabaña. Los pajaritos iban y venían piando alegremente. Otras avecillas surcaban el cielo azul, dirigiéndose a lugares que sólo ellos conocían, en busca del alimento que necesitarían durante esa jornada. Los corderos, las ovejas y las vacas se trasladaban hacia donde crecían los pastos más tiernos, como si fueran guiados por un adalid invisible. Las aves de corral corrían y cacareaban alborozadas. La Creación entera despertaba y renacía dando la bienvenida al nuevo día con gozo y deleite.

Adam se apoyó sobre el tronco de un viejo roble y escrutó el horizonte, el sol enorme y brillante iba asomando lentamente, como pidiendo permiso a los densos nubarrones para acariciar la tierra con sus trémulos rayos.

El abuelo se aseaba tranquilamente junto al río, de pronto y como percibiendo la mirada del muchacho, giró y lo saludó con la mano, Adam sacudió su delgado y musculoso brazo, devolviéndole de esa forma el amable gesto.

"¿Cómo haré para irme de este lugar y no sentir deseos de volver?" -cavilaba - Quiero mucho al abuelo, él es todo lo que tengo, pero sé que aquí no seré feliz, ya que para cumplir mi Misión debo viajar a lugares remotos y desconocidos. Pero ¿qué estoy pensando?, ese sueño me ha perturbado, trataré de no pensar en él.

Intentaba cumplir con su propósito borrando de sus pensamientos la visión de la noche pasada, aunque no lograba consumar su cometido.

"Debo hablar con el Abuelo y contarle todo: lo que pienso, el sueño, mis deseos, - se dijo -. Ahora mismo lo haré". Decidido y resuelto caminó con paso firme hasta la ribera del ancho río.

Ambos hombres se reunieron y al estar juntos, una alegría especial los embargó, como si una química rara, única y extraña fusionara la energía que emanaba de uno y otro.

Adam comenzó su relato, el abuelo lo escuchaba con expresión seria e interesada. Sus ojos azules escudriñaban la cara del adolescente, como si de ese modo lograría descifrar lo que debía contestarle, consideraba que tenía que brindarle un consejo válido y firme, un consejo que no dejara lugar a dudas o especulaciones. Permanecieron conversando hasta bien entrada la mañana, y cuando el sol calentaba de tal forma la tierra que parecía querer derretirla con sus poderosos rayos, se encaminaron hacia la vivienda, tranquilos y sosegados. Adam ya había tomado la decisión; las amables y sinceras palabras que el abuelo pronunciara resonaban como un eco en su cabeza, las recordaría así transcurrieran cien años, porque se habían grabado en su mente.

"Las decisiones entran en la categoría de los Actos Difíciles de la Vida y debes aprender a tomarlas desde una edad temprana, tratando siempre de escoger las correctas. Porque tu Vida dependerá de las Decisiones que tomes, además de lo que Dios dispone para ti. Ellas serán las Llaves con las que irás abriendo tu Futuro, y, a veces elegimos bien, pero en otras nos equivocamos de cabo a rabo y debemos pagar las consecuencias. Además a veces las adoptamos protegidos por el Supremo Hacedor, pero en otras el Mal está presente, inevitablemente, porque el Orgullo nos gobierna. En tal caso será necesario, muy necesario para ti, distinguir de quien procede el impulso que te lleva a realizar un acto. Siempre evalúa el pro y los contras, antes de que sea demasiado tarde. Tampoco te excedas en el tiempo que te tomes, pues pasarás tu vida pensando y sopesando, sopesando y pensando. Recuerda siempre que "Todo tiene su tiempo bajo el sol", que no debes agilizar ni forzar ningún acontecimiento, todo acaecerá cuando Dios, el Supremo Hacedor, lo crea conveniente. Él siempre quiere y desea lo mejor para nosotros, así que, si tienes Paciencia, gozarás de sus frutos. La Paciencia hijo mío, es la Ciencia de la Paz, y, si todos los hombres del mundo hicieran uso más frecuentemente de ella, la Paz reinaría en todos los corazones y, si se instaurara la Paz en todos los corazones, el Mundo disfrutaría de las cosas bellas del Universo, los hombres serían diferentes porque siempre estarían dispuestos a ayudar a sus semejantes, viviríamos en un estado ideal y evolucionaríamos mejor, sin tanta amargura y sufrimiento. Algún día te darás cuenta, según el devenir de los acontecimientos y la experiencia que vayas adquiriendo sobre esto que te digo".

Habían llegado a la cabaña. El abuelo se dirigió hacia un cuarto y comenzó a revolver dentro de un viejo arcón donde conservaba toda clase de recuerdos, objetos que pertenecieron a sus antepasados y que él guardaba con especial recelo. Abrió una pequeña caja de plata labrada, recubierta por dentro con terciopelo rojo y extrajo una bonita cadena de la que colgaba una diminuta moneda que poseía un agujero en el centro. Mirándolo fijamente le dijo:

"Pequeño y querido muchacho, esto es para ti, llévalo siempre sobre tu pecho, perteneció a mi abuelo y ha sido hasta hoy mi protección durante los viajes. Ya no me hace falta, porque como tu bien lo sabes, casi nunca salgo de aquí, te la regalo. Será como permanecer de algún modo a tu lado. Ahora deseo que observes la moneda con atención: tiene una cara, ¿ves el sol, aquí?. Cuando te encuentres en un dilema, cuando no sepas que decisión es la correcta y desees obtener una repuesta "como si saliera de mis labios", un consejo sano y prudente, ponla entre tus manos, agítala un momento y lárgala sobre cualquier superficie. Si sale cara, significa que yo te respondería "sí". Si sale ceca sería "no". Deslizó la moneda en la cadena, las introdujo luego en una bolsita de tela y se las ofreció a Adam.

"Tómalas junto a este dinero, no es una gran cantidad pero te servirá. ¡Que Dios te bendiga, hijo mío y te acompañe durante todo el camino!"

Las lágrimas brotaron de los ojos de ambos espontáneas y limpias. Adam luchó por contenerlas, pero no lo logró. Se abrazaron con ternura y después de unos instantes, se separaron. El jovencito echó su ajada bolsa con ropas sobre los hombros y se dirigió, sin volver hacia atrás la mirada, al sendero que desembocaba en la ruta que pasaba cerca de la cabaña.

Una vida nueva y numerosas perspectivas se desplegaban ante el valiente muchacho. Comenzaba a tratar de hacer realidad un dorado Sueño. Lo estaba convirtiendo, casi sin darse cuenta, en una Meta hermosísima.

Silvia Mirta Valori

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