Joaquín Fernández es discapacitado físico y nos envía desde Barcelona este texto para que sea publicado.

 

ESCUCHADME, POR FAVOR....
Autor: Joaquín Fernández de Barcelona

Desde el comienzo de los tiempos, la enfermedad viene repartiendo dolor y dependencia entre las personas, y por mucho que la medicina avanza, aún no se consigue erradicarla por completo. Aun así, no se pierde la esperanza, y se está trabajando para conseguir tratamientos cada vez más eficaces, curas que alivien el padecimiento de los pobres enfermos... bla bla blá...

Escuchadme, por favor...

Hablaré claro:

Os habéis dejado enseñar a llamarme minusválido, disminuido o enfermo, y con semejantes apodos me habéis estado presentando a los demás y a mí mismo.

Decidme:

¿Menos que qué soy?

¿Menos que quién soy?

¿Menos que lo que os han obligado a creer que es o debería ser un ser humano?

¿Menos que lo que todavía sentís que debería ser yo?
¿En verdad soy menos para vosotros?

¿Es esto, el hecho de ser menos para vosotros, lo que justifica que intentéis mantenerme siempre calentito bajo vuestras alitas ...o que me rechacéis?

Vine y quebranté el mundo en el que sabíais vivir. Podéis por ello llamarme Quebrantador.

Soy el símbolo de todo aquello que es cambio.

La tradición, el saber popular y lo que por ahí se dice que Dios manda, me incomoda. Llamadme entonces Mutante, Trasgresor, incluso Raro, pero no minusválido, ni disminuido, ni enfermo.

¿No os dais cuenta que eso que llamáis minusválido, disminuido y, a veces, enfermo, es sólo producto de la colección de miedos, los miedos de la gran masa,  que heredasteis y que no habéis podido evitar proyectar en mí al imaginaros teniendo que vivir como a mí me ha tocado?

Lo que veis no es mi debilidad, ni lo que sentís es tampoco mi debilidad, sino la vuestra ante mi singularidad.

Donde a vosotros, de una u otra manera, os obligaron a ver imperfecciones, defectos, yo he desaprendido y ahora únicamente veo diferencias.

Y resulta que la diferencia mayor la marca esa parte de nosotros que llamamos mente; la forma y demás facultades corporales son simples apéndices, títeres de ella; eso he desaprendido yo también.

A los que decís amarme, hasta ahora os ha importado más mi seguridad que mi vitalidad.

Ser justo conmigo supone hacer borrón y cuenta nueva, y para eso hay que ser en verdad valiente.

¿Tendréis valor para amarme con justicia alguna vez?

¿Hasta cuándo seguiréis actuando como si no fuese suficiente
para enfrentarme a la entera realidad de las cosas?

Deseo placer, mas reclamo mi derecho al dolor.

Nada más necesito que libertad, Libertad para -si así lo entendéis aún- sufrir por entero la vida.

Cada uno tiene su máximo y su mínimo, dejadme consumar los míos, y no os pongáis a llorar porque no sean los mismos que los vuestros, ni los de nadie; ni porque en mí cambien día a día.

Vivir impresionado por lo que no se tiene o se tuvo pero perdió,  provoca ceguera frente lo que aún nos queda.

No viendo lo que aún se tiene, no se puede cultivar, ni desarrollar ni fortalecer en toda su medida en cada aquí y ahora de nuestras vidas.

Podemos dejar de vivir obsesionados por lo que no tenemos o vamos perdiendo, y comenzar a emplear la energía en lo que todavía es nuestro.

El hecho de tener limitada la movilidad no tendría porqué justificar el que sólo se cultive la mente, o ni siquiera eso.

Aquí y ahora todos tenemos múltiples capacidades.

Si confiamos en que no es que tengamos un cuerpo sino que somos un cuerpo, podemos llegar a entender que lo que cuenta es el equilibrio del conjunto de todas sus partes y que, a veces, un simple cambio de punto de vista, facilita en gran medida la satisfacción personal de todos y cada uno de los integrantes de cualquier grupo.

Una persona es mucho más que ninguna de sus características.

Hablando de manera ordinaria: la discapacidad no define al individuo.

Que una persona tenga una pierna más corta que la otra significa sólo eso, no implica que tenga que ser coja en nada más.

Y, si por lo que sea, esa persona aprendió a creerse coja donde no lo es, se le puede enseñar a sentir que no es así.

A veces descubrimos que podemos hacer cosas que anteriormente no podíamos, y no es porque esas cosas hayan cambiado sino porque cambió el concepto que teníamos de nosotros mismos.

Muchas limitaciones están en función de las condiciones ambientales.

Las barreras arquitectónicas y económicas influyen de manera evidente, pero son las barreras internas las que más limitan.

La normalidad no debería estar en ser como los demás, sino en ser uno mismo.

La satisfacción aumenta si en lugar de intentar ser como los demás
se intenta ser lo que se es.

El reto está en descubrir el propio ritmo...

Bailar consiste en seguir la música, aunque sea únicamente moviendo los ojos.

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