Ganadora 1ª concurso de Retrato de una Discapacidad
"CITA CON EL AMOR 2007"

 

FIN DE SEMANA ROMÁNTICO
Autora: KIKA

Pareja en actitud de amantesUna vez una amiga me comentó que no se explicaba como los discapacitados nos arreglábamos en la cama para hacer el amor. Yo no tenía ni idea porque nunca había tenido ninguna relación con una persona con discapacidad, me alcé de hombros y no dije nada.

Lo he recordado ahora porque estoy con el hombre que quiero, que va en silla de ruedas, en una habitación de un hotel maravilloso con vistas al mar. Los dos estamos nerviosos, tenemos la risa floja y por nada nos reímos. Ya hemos echado un ojo al baño y no hay problemas de adaptación. No sé si decirle que juntemos las camas pues están separadas por una mesita. Tal vez piense que voy demasiado deprisa. Sólo vamos a pasar un fin de semana y apenas he traído una bolsita con una muda por lo que no necesito deshacer ninguna maleta. Coloco mi bolsa de aseo en el baño y veo que mi hombre viene detrás de mí con la suya. Nos chocamos cada rato y nos reímos, no sabemos cómo actuar. Mi movilidad es reducida, llevo muletas y mi andar es torpe.

Nos asomamos al balcón a ver el mar y no paramos de decir tonterías. Los dos sabemos a lo que hemos venido pero estamos tan cortados que no sabemos cómo empezar. Antes de ahora ha habido besos, algún toquiteo, pero con apenas ratos de completa soledad. A mí, por lo menos, me arde el deseo de ser suya y de que él sea mío. Imagino el momento y me dan ganas de lanzarme sobre él y comérmelo vivo. Le paso la mano por los hombros y le acaricio la nuca mientras la brisa de la playa nos da en la cara. Él acaricia mi culo y deseo sentarme en sus rodillas pero no me atrevo no vaya a hacerle daño y no es que yo pese mucho. Como adivinando mis pensamientos me atrae hacia él y suavemente me siento sobre sus rodillas. Como la silla no es muy grande se me clava un hierro en una pierna y aunque quería centrarme en su boca que besaba mi boca y sus manos acariciaban mis pechos, el hierrecito de las narices me estaba privando de ese inmenso placer. Le digo que mejor nos ponemos cómodos, que si le parece que juntemos las camas. Me dice que sí y nos ponemos a ello. Cuando acabamos, mi chico se echó en la cama vestido y yo también. Tengo cierto pudor de que me vea desnuda y como es de día no vale el truco de que apagar la luz porque aún cerrándolo todo había mucha claridad.

Empezamos a hablar de la cama, que si es muy cómoda, que juntas las dos hace una cama muy ancha, que mejor así para que nos pusiéramos en el medio y así no nos caeríamos. Haciendo bromas para entrar en situación. Mi chico tiene poca fuerza en los brazos y en esos momentos pienso que tendré que ser yo la que me ponga encima y a ver qué numerito vamos a montar. Nuestras bromas dieron lugar a juegos y los juegos a la acción.

Continuamente rodábamos por la cama, uno encima del otro y nos reíamos hasta que se nos saltaban las lágrimas. Después de torpes besos y caricias le fui desabrochando los botones de la camisa mientras sentía sus manos suaves por todo mi cuerpo. Temblaba tanto de deseo que los botones se me hicieron interminables.

Cuando mi chico intentó quitarme el suéter, casi me quedo atrapada en él porque no salía ni a la de tres. Yo todavía llevaba puesto el sujetador y las braguitas. Quería que él me las quitara y le dije que lo hiciera con los dientes. Se rió y me dijo -acércate-, me puse de espaldas a él y con mucha habilidad en su boca me desabrochó el sujetador. Lo de las braguitas estaba un poco más difícil, me puse de pie al lado de la cama y él me las bajó con mucha delicadeza.

Me pidió que le ayudara a quitarse los pantalones, los calzoncillos...., Me acerqué a él poco a poco y le acaricie los pies, las piernas ........ no sabía donde mirar. Ante mi estaba su cuerpo desnudo, su sonrisa cautivadora, ¡¡¡es tan guapo!!! ¡¡¡le quiero tanto!!! Me daban ganas de saltar sobre él pero me contuve, entre otras cosas porque no puedo saltar, que sino hubiera sido yo la que hiciera el salto del tigre.

Nuestro deseo iba en aumento y también nuestra torpeza. Nos acariciamos y nos besamos como locos por todas partes de nuestro cuerpo. El fuego que ardía en mi interior era tan grande que ya no podía más. Me subí (o me tiré) sobre él para sentirlo ya dentro de mí con tanto ímpetu que no sé qué pasó. Me vi en el suelo, entre las dos camas abiertas, desnuda, con mi chico sobre mi, que también se había caído y sin podernos mover. Me había dado un golpe en la frente y en un codo.

Mi pareja estaba aparentemente bien. No sabíamos si reírnos o llorar. Intenté levantarme y no podía, me dolía el codo un montón y por otra parte estábamos desnudos y no podía llamar a nadie para que nos ayudaran sin ponernos algo encima. Después de varios intentos conseguí ponerme en pie y enrollarme con una sábana. Tapé a mi chico con una manta y llamé a recepción para que subieran a levantar a mi amorcito que estaba tirado en el suelo con cara de desconsuelo. Me llevaron a urgencia y me vendaron el brazo porque tenía un esguince en el codo y un gran chichón en la frente.

Estábamos muy doloridos pero no desanimados. El fin de semana no ha terminado como esperábamos, pero hemos reforzado nuestro amor y hemos perdido la vergüenza. Volveremos otro fin de semana y pediremos una suite con una cama enorme para que podamos movernos sin peligro y podamos consumar nuestro amor.

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