Rosa Segrelles de
VALENCIA
nos remite para su publicación este hermoso texto de su autoría.

 

GUSTAVO

Ayer por la noche di un paseo por la Luna, caminé entre las rocas y por una ladera me deslicé... caí en una pequeña cascada de agua plateada de corales y luz... en ella me bañé, jugué con la brisa y con sus suaves caricias esta me secó... continué caminando y de pronto divisé una estrella.

Me acerqué hasta la orilla lunar... la estrella iluminaba lo espectacular del universo, maravillada  me senté.

En medio de tanta paz y tranquilidad escuché un llanto, me asusté y a la estrella me abracé...

Me asomé y me vi a mi misma... estaba llorando, acostada en mi cama, con la vista hacia el techo con la luz apagada, me lamentaba y derramaba lágrimas de soledad, me levante para asomarme a la ventana, desde mi silla de ruedas observaba el firmamento, tan hermoso... por un momento te fijaste en la estrella, el brillo lunar ilumino la estancia, te quedaste pensativa y luego sonreíste muy tierna mientras pronunciabas un nombre en tu mente... Gustavo.

Ya más tranquila regrese a la cama y cerré los ojos... me quede dormida, respiraba muy lentamente... pensaba en ti Gustavo, en todos los buenos momentos que pase contigo, nuestras conversaciones y que por fin te habías liberado, pese a mi egoísmo de que siguieras aquí... sé que ahora eres feliz...

Algo me distrajo y volví de nuevo a la Luna... camine sin descanso durante horas, (allí no necesito la silla de ruedas) recorrí cada parte y recoveco secreto, cansada me recosté y observe el fulgor estelar y escuche el silencio cósmico... cerré los ojos y cuando los abrí... me encontré con que nada de esto había sido verdad, todo fue irreal, todo fue un sueño... pero que más da, tu Gustavo fuiste mi sueño... y en mi corazón sabes que siempre estarás.

Rosa Segrelles

 

 

 

 

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