NO PODÍA IMAGINAR
Autor: ANA Mª DÍAZ de El Pedernoso (Cuenca)

No podía imaginar que caminar por la arena fuera tan placentero, ni que sentir chocar contra mis piernas las olas del mar, humedeciéndome, pudiera ser tan maravilloso, sigo caminando sola. Nadie hay, nadie por la playa a esas horas en las que el sol sé esta poniendo. Sujetándome el bajo del vestido para no mojarlo y así perdida en sensaciones que tan solo puedo tener a través de sueños, continuo ese deslizarme suavemente hundiendo los pies descalzos en la arena aun caliente por los rallos que el sol ha posado durante todo el dia, me agacho y uniendo mis manos como si de un cuenco se tratase, para coger el agua cristalina, espero que se me baya escapando entre los dedos desapareciendo, juegos, tan solo juegos, busco con la mirada algo con que pintar sobre la arena, no encuentro nada a mi alrededor, que tonta pienso, tengo los dedos de la mano, tengo los pies. Con uno de mis dedos, me arrodillo sobre la arena y dibujo un corazón, _jo Ana, estas mal veo,_ Me levanto y borro con el pie ese corazón, el que me avergonzaba a mi misma de alguna manera.

Levanto la mirada, sacudo la cabeza deseando borrar los pensamientos que amenazan en salir, debo olvidar, debo hacerlo, pero como dios mío. Vuelvo a mirar el horizonte, busco, ¿que busco? Decido no pensar, sonrío, un escalofrío me corre todo el cuerpo, tengo frío, la sensación del calor de la arena, y la de la humedad del mar, me hacen sentirme llena de paz, sigo sola, disfruto de esa soledad, me siento enfrente del mar en la mullida arena y así con las piernas entrecruzadas, cojo en mis pulmones todo el aire que se me ofrece e inspiro y una vez lo retengo aireando todo mi interior lo dejo libre de nuevo. Veo como las gaviotas vuelan graciosas, y como se acercan al mar de vez en cuando, otras bajan a tierra buscan algo que comer, dios mío y dicen algunos que la vida es una mierda, ¿no será que no la sabemos ver? Tengo de nuevo frío, me paso mis manos por las piernas, _que curioso, no sabía que se sentiría al contacto de mis manos sobre la piel de mis piernas, nunca lo había comprobado -son suaves, nunca pude darme cremas sobre ellas para tenerlas suaves, nunca acaricie mi cuerpo,- una sombra entristece mi rostro, otro escalofrío, una lagrima se escapa y yo sonrío.

Mirar el mar es la imagen más hermosa que mis ojos han podido contemplar, mirar como entrechocan las olas entre ellas para conseguir llegar a la orilla como meta entre su espuma adornandolas.

Esas gaviotas que sobre vuelan sobre sus aguas, llenas de libertad, ¿que sentirán ellas al hacerlo?

Mientras sigo absorta contempladolas, veo interrumpida mi soledad, llegan una pareja él en silla de ruedas ella lo acompaña, hablan unos segundos y se despiden con un beso, ella se marcha alejándose por el paseo y así él quedando solo dirigiendo su mirada al mar, quedando en aquel silencio tan solo roto por la brisa marina y el el entrechocar de las olas del mar, las gaviotas con su graznido ponen sonido a aquella sinfonía, creada por la naturaleza.

Me recuerda a alguien, su imagen me trae recuerdos.

Él sigue mirando esa mar sin darse cuenta ni por un momento que le estoy observando, que no esta solo como cree.

Quizás esté también soñando con sus pies descalzos agarrandose a la arena, mojándose con cada una de las olas que desembocan en la playa. Creo que los dos tenemos en estos momentos los mismos sentimientos de tristeza y anhelo de ser parte de aquel paisaje, tan lleno de vida.

Me siento plenamente feliz tan solo de soñar por unos momentos en ese paseo.

De repente él gira su cabeza, dándose cuenta de mi presencia, se da cuenta donde descanso, se da cuenta de que yo también estoy sentada como él en una silla de ruedas.

Parece absurdo, pero siento estar muy unida a aquel hombre del cual no se nada pero que noto está, en aquellos momentos, tan lleno de los mismos sentimientos, angustias y anhelos que yo.

De nuevo el recuerdo de otra persona viene a mí.

Me gustaría acercarme, ponerle mi mano sobre la suya y darle consuelo, hacerle sentir mejor, sin ninguna otra idea que pueda romper aquel momento, tan solo estar unidos de esta forma tan sencilla sin más, sin palabras, solo miradas y caricias, no es necesario nada más en esos momentos. Solo el mar o la mar, y ese volar de gaviotas.

De repente compruebo que alguien se le acerca, es la misma chica que lo acompaño allí, ella se inclina sobre sus labios y lo besa, yo siento un pinchazo dentro de mí, me siento de algún modo celosa, es ridículo, pero así lo siento. Ella se pone frente a él mirándolo, sonríe y se arrodilla en la arena, le coge la mano y así se pasan en silencio no sé cuanto tiempo. Una imagen verdaderamente bella pienso, mientras se humedecen de nuevo mis ojos

Y lloro...

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