REFLEXIONES
por FERNANDO DE SILVA

Son las 8 de mañana del 26 de Julio de 2.003. Aunque hoy es sabado, me le levantado pronto para reflexionar (lo llevo haciendo varias horas en la cama), y expresar en palabras un pequeño bache moral que estoy sufriendo, y que estoy seguro lo superaré en no menos de 24 horas.

Vivo con una persona que padece una enfermedad incurable (salvo milagros de la ciencia, si es que se da prisa la investigación), sin tratamiento real, y progresiva; y estoy maravillado del coraje y fuerza moral y mental que tiene para afrontar la vida diaria con una entereza que muy pocos seres humanos tienen, y sabedora de que SIEMPRE me tendrá a mi a su lado.

Pero estoy preocupado, y no lo puedo evitar, ya que tengo la sensación de que poco a poco estamos sufriendo -y me expreso en plural porque formamos una equipo inseparable- un aislamiento físico y social que requiere una permanente adaptación a nuevas situaciones.

Y es que junto al aislamiento físico provocado por las barreras arquitectonicas y la limitación que impide acudir cada vez a menos sitios, tengo la sensación de qu el aislamiento social va en aumento; y lo que es peor, comienza a sentirse, cada vez con más evidencia, el aislamiento de los amigos, o mejor dicho de aquellos que pensabas que lo eran, que constatemente buscan disculpas para evitar un encuentro, o tienen demasiados compromisos en los que no tenemos cabida. Y es que una silla de ruedas y una persona impedida fisicamente se convierten en uno estorbo o incomodidad para muchos.

Pero todo se supera con una permanente adaptación a las nuevas situaciones, y Conchita y yo tenemos entereza moral, coraje, fuerza mental y orgullo para recolocarnos permanentemente en la sociedad.

Lo que no vamos a consentir de nadie son desprecios, y a cada persona en la que notemos un comportamiento incorrecto la vamos a dejar en su sitio, para hacerle ver -si su inteligencia se lo permite- que la peor limitación que puede sufrir un ser humano es la mental.

Pocas parejas han convivido con mayor intensidad y compartido todo. Nos pasamos las 24 horas del día juntos, porque queremos y nadie nos obliga a ello; y lo vamos a seguir haciendo. Y le digo a los demás, y en concreto a todos aquellos que creen alejarse de nosotros por su propia comodidad, que una convivencia tan intensa provoca una mutua fuerza moral que hace superables todas las situaciones adversas.

Son las 8,19 horas, tan solo han transcurrido 19 minutos, y ya me siento recuperado. Comenzamos un nuevo día.

Fernando De Silva

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