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Por: Wilson Pinzon Santamaria
   
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Se llama Wilson Pinzon SantamaríaEs de Cali (Colombia) Y no discapacitado pero quiere colaborar con nuestra página.

Una puerta cuál altar se abre, un blanco puro y su presencia que destella mis ojos. Mi mente imaginando navegar en aquél hermoso mar, de anchas olas, intentando descubrir los tesoros que se esconden en su profundidad.

Estaba allí aquella preciosa doncella, de cara angelical que me impedía pensar con maldad, porque porcelana tan hermosa podría romperse con el más mínimo intento de brusquedad.

Entonces como acercármele con palabra dulces si mis labios no las sabían pronunciar.

Aunque sería fácil a cualquier intento de seducción, algo bueno que aun queda en mi trataba de decirme que no tenia derecho a tal banquete de deliciosa carne tierna donde quizá el vino rojo sería el aperitivo para mi boca, boca que ansiaba besar no solo sus labios si no todo su cuerpo, en aquel pensar y pensar me regala una mirada que se proyecta en mi, y me atrae cual dos polos opuestos pues en realidad eso éramos, solo unos centímetros separaban a aquellos cuerpos que deseaban amarse, las palabras fueron reemplazadas por un mirar profundo con el cual trace la ruta que ha de seguir mi boca en aquel desierto para saciarse de pasión y luego beber en el oasis de vino que ha de calmar mi sed.

El aroma del deseo era el único aire que se respiraba en aquel lugar, tantas ansias no me dejaban pronunciar palabra alguna. Mi respiración se hacía más fuerte y rápida es como si algo dentro de mí quisiera salir y apoderarse de aquel hermoso cuerpo, mis manos que algún día no la supieron ganar la acercaron a mí sin dejar de mirar a aquellos hermosos ojos que me decían más de lo que ella podía pronunciar.

Sus labios comenzaron a consumir los míos como si fuera la leña que se convierte en ceniza en las fuertes llamas de una hoguera, sus firmes senos presionados contra mi pecho como si quisiera enterrarlos entre mis entrañas se movían de forma deleitosa en una armonía que poco a poco se apoderaba de todo su cuerpo.

Tanta hermosura podía ser dañada por mis torpes manos que ociosas quisieran cubrir toda su espalda y ayudar a clavar aquellos hermosos sables de cuyas vainas fueron mi boca.

Boca que no dejo parte sin recorrer desde aquel hermoso rostro hasta el entorno menos visible de su cuerpo.

Piel con deliciosa aroma que solo puede ser producida al destilarse los alcoholes de su ser, el cual  me embriagaban y me hacían adicto a ella y cada vez querer más, comencé a lamer alrededor de sus labios y sentí como su lengua jugaba con la mía recorriendo todo el interior de mi boca, su larga cabellera fue el camino que seguí con mis manos para llegar hasta esas bien pronunciadas curvas cuya pendiente era medida por mis dedos que quisieron rasgar aquél estuche donde era guardada tan preciosa joya a la cual no tenía derecho pero anhelaba descubrir.

Mis manos fueron detenidas pues por mi torpe ansiedad no merecía explorar en aquella fuente de vida sin dejar de causar daño, así que emprendí mi arduo pero delicioso camino con estos labios que ardían los cuales no recorrían apresurados pues cada parte de ella era excitante, por más que intentaba saciarme, no lo lograba, devoraba aquella piel adornada de blanco puro, sin dejar que mis sentidos fueran devorados por la ansiedad.

Aquel cuello perfectamente torneado en conjunto con aquellos hombros de piel canela estaban húmedos por mi lengua la cual tomaba energías de su boca, ya era demasiado tarde, no podía detenerme, era un ente móvil y un esclavo más del sexo.

No pensé en el exterior, ni en aquello que nos rodeaba, así que me deje sumergir en su piel, primero mi cara en aquel hermoso espacio que separaba sus senos, que podrían ser la inspiración de cualquier artista, mordía suavemente sus pezones que se endurecieron en mi boca, sus manos que me pedían que no me detuviera, que le robara su primera vez, hicieron que me deslizara por aquel suave abdomen cubierto por pequeños y finos bellos que acariciaban mis mejillas, ella se introducía poco a poco por mis poros, era tan sensual que solo bastaba con sentir su piel que ahora me pertenecía y que luego iba a perder, pues no podía ser dueño de aquello que siempre había deseado, solo podía vivir el momento que era como un regalo de Dios, así que seguí en aquel reconocimiento de aquella que jamás volvería a ver.

Sus muslos perfectos fueron mi siguiente paso así que sin hacer esperar más a aquella piel insaciable empecé a besar todos sus contornos sin dejar escapar el más mínimo detalle, no quería dejar sobras en aquella blanda cama que me servia de divino plato.

Besaba alrededor de aquella hermosa fuente y sentía como sus aguas se querían desbordar y llevarme hacia ella, solo me resistía para que el deseo se hiciera más grande hasta que mi sed y sus manos me llevaran a beber de aquel delicioso liquido que deleitaría mi paladar, a veces trataba de ahogarme en él, pues hubiera sido lo más deseado morir allí en tan hermosas aguas sin navegar.

Solo me embriague de aquel vino blanco que era producido por su cuerpo y por las acciones de mi boca.

No tenía derechos a irrumpir y robar el vino rojo que había sido guardado con tanto esmero para aquél que pronto seria su dueño.

Desperté, cuando los sentidos regresaron a mí y por un momento me quede mirando sus ojos de los cuales se escapaba una lagrima, pues sabía que se acercaba la hora en la cual por siempre la perdería.

Me senté y me quedé inmóvil con las manos sobre mi rostro, de nuevo el blanco puro se apodero de la habitación y aquella hermosa virgen se alejaba de aquí hacia el verdadero altar donde la esperaba aquel que con palabras dulces y manos suaves la supo conquistar.

 
 
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