Tatanka (El pintor que soñaba con pintar indios)

Ha llegado uno nuevo. Otro más. Pronto se le empezó a conocer como un chico raro, apenas hablaba con nadie, era muy selectivo y parco en sonrisas.

Un día, por casualidad, nos cruzamos por un pasillo y se encontraron nuestras miradas. Me salió la sonrisa de saludo y me presenté, esperando que él hiciera lo mismo. Tardó un poco, respiro y con gran dificultad emitió un sonido que se parecía a Pepe; yo le dije que encantada de conocerle. Creo que ese tiempo dedicado fue el pasaporte o la contraseña para dejarme entrar en su vida. Pepe me contó que llevaba toda su vida de centro en centro, que no esperaba nada de nadie. A su familia no la conocía, solo sabía que era gitana y no tenía ningún recuerdo de nadie. Había leído sobre la vida de los gitanos y no sabía cual era la razón de su afición a cambiar de residencia sin establecer lazos afectivos con nadie (le venia de su gente o de su empeño por conservar algo de sus descendientes, sus costumbres, sus estilos de vida……), pero era su lema “Yo soy un nómada”, decía con frecuencia.

Pasaron muchos días, y Pepe, medio perdido en las normas y horarios, se refugiaba en su habitación. Un día apareció por el Taller de Pintura y pidió permiso para entrar. Empezó a relajarse, a sentirse menos extraño y se fue empapando del ambiente que respiraba la gente que estaba allí. Había alegría, risas, música de fondo y canturreos espontáneos. El clima invitaba a participar.

Todos los días puntualmente asistía, se reía y se atrevía a opinar. Un día nos expresó un sueño, le gustaría pintar indios. Al momento, iban opinando todos, ¡anímate!, ¡empieza, a ver que pasa!, luego a lo mejor te apetecen otros temas. Pepe calló, se metió en sus pensamientos y al rato añadió, ¿Puedo yo hacerlo?. ¡Claro que sí! “de la misma manera que yo leo en la cama”. Se comprometió a empezar y nos pusimos manos a la obra.

El día acordado empezaron las pruebas . Aparecieron dificultades, a veces nos hacían reir, pero sus ganas y su cara de entusiasmo iban pudiendo con todo…

Probamos artilugios para que Pepe pudiera pintar: una mesa giratoria que permitía dar la vuelta en un giro de 180 º, es decir colocarla en la misma posición que el techo, luego un trozo de viga maciza que sujetaba la mesa para evitar el vuelco, además se podía elevar a distintas alturas, una tabla sujeta con cinchas de velcro donde se clavaba el soporte de pintura (papel, tabla de madera….) y más tarde, otro invento para poner los colores y por último adaptaciones para coger el pincel con la boca.

Con todo listo llego el día de hacer la primera prueba, los colores el lienzo todo esperaba. En el ambiente había tensión, silencio, respiraciones profundas, luchas con el miedo…..

El primer color que eligió fue el verde, más tarde plasmó tímidamente sobre el blanco del lienzo algo parecido a una nube pero de color verde. Me sorprendió y le pregunté ¿qué has pintado?, ¿Qué sensaciones has tenido? Pepe no encontraba las palabras, pero dijo: es un árbol. Ante mi cara de asombro Pepe, contundente, se reafirmaba: ¡es un árbol, ¡ ( decía seguro ) . Mientras yo pensaba: tal vez no conoce los colores, no ha ido a la escuela, o no les distingue…… Entonces clavé mis ojos en el cielo con gesto de desesperación y tuve una idea …. Ya más tranquila

probé a acostarme en una camilla y mirar al cielo y…….efectivamente, delante de mi apareció un árbol estilo Pepe: ¡él conoce así, su entorno es de otra manera ¡

Comenté esta impresionante experiencia con mis compañeros y entre todos decidieron investigar y observar de cerca.

Cada uno teníamos interrogantes diferentes: no se reconocerá en un espejo, -no nos conocera a nosotros en otra posición, -podemos preguntarle que opina si trabajamos un poco con él,- le enseñamos su imagen y la nuestra desde otra perspectiva,-…….. Muchas propuestas para Pepe y su respuesta fue más rápida con los ojos que con la boca: era un Siiiiii.

Cada uno estudió minuciosamente la mejor manera de proceder, valoró su fuerza, su altura, su impacto, su equilibrio, su aguante……A la hora de realizar la prueba todos estabamos muy nerviosos, menos Pepe. Sería una experiencia única y arriesgada. Se dirigieron a un lugar tranquilo sin ruidos sin interrupciones, la situación requería máxima concentración. Con sumo cuidado se iba elevando la camilla hasta ponerse totalmente vertical, cada poco tiempo le preguntábamos si se mareaba, se cansaba……Todos en silencio, esperando su respuesta, Acercamos un espejo grande y entonces Pepe, como alucinado dijo: “No soy tan pequeño” ,nos miramos todos, empezamos a reirnos cuando Pepe seguía con su descubrimientos. De repente añadió: no os conozco, solo reconozco vuestra voz…. ( como sólo os veo los agujeros de la nariz). Cada uno de nosotros nos fuimos con nuestros pensamientos y a todos nos cambió algo ese día, a todos nos llegó muy profundamente la experiencia.

En el taller seguía pintando, seguía probando y aprendiendo en todas las direcciones y poco a poco aparecían indios, También indios especiales.

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