María Claudia Pettinari es Profesora del Nivel Primario en la Escuela Nº 21 “Pedro de Vega” Santa Fe Argentina

DISCAPACIDAD SOCIAL, EDUCACIÓN Y DERECHOS HUMANOS

Por María Claudia Pettinari

INTRODUCCIÓN

La actual condición de pobreza extrema y consecuente marginalidad social y educativa del 60% de los niños y jóvenes en edad escolar de nuestro país implica una real y flagrante violación a los derechos humanos. La mayoría de los niños son pobres y la mayoría de los pobres son niños en edad escolar. Y aunque esta cuestión debería ser considerada en forma urgente es poco y nada lo que se hace realmente.

En un futuro cercano estos niños y jóvenes pobres están condenados a ser 'discapacitados sociales', hombres y mujeres incapaces de insertarse en el muno educativo, laboral y social; y no es por falta de legislación ni de recursos económicos, sino por la falta de capacidad técnico operativa del Poder Ejecutivo, quien no acierta en llegar hasta ellos con las acciones concretas que se necesitan para compensar las pésimas condiciones sociales, familiares, educativas y de salud en las que nacen y se desarrollan. Nuestros gobernantes no saben, no pueden o no quieren hacer algo.

Para estos niños y jóvenes nadie está preparado, ni docentes, ni sociólogos, ni psicólogos, ni asistentes sociales, nadie llega ó nadie acierta con lo que realmente se necesita para rescatar a ese niño y a ese adolescente en verdadero riesgo social.

La escuela, a pesar de que es la única institución que los recibe, no está preparada ni para contenernos, ni para orquestar mecanismos de reflexión pedagógica que le permitan salir de su estado de miseria y marginalidad extrema.

Mientras tanto mucho se dice pero poco se hace respecto al tratamiento de la problemática de niñez y de la adolescencia pobre de nuestra sociedad.

No podemos ignorar al respecto que si bien hay un discurso teórico de muy buen nivel, no se logra en la mayoría de las organizaciones e instituciones oficiales, ni de las ONG, establecer él o los cursos de acción que permitan ejecutar 'las brillantes formulaciones teóricas' que existen sobre el tema. Por ello es importante que los que de una manera u otra estamos involucrados en esta problemática comencemos por aceptar como propio el desafío de ir construyendo y reclamando, entre todos, los cambios que las políticas públicas necesitan para revertir en forma eficiente y efectiva la situación de miseria y marginalidad que afecta a más del 50 % de la población joven de nuestro país.

El actual sistema educativo, así como el de salud, tal como están planteados siguen ignorando increíblemente esta realidad y con ello condenan al fracaso escolar y social a miles de niños y adolescentes pobres. A este drama se suma que la gran mayoría de los docentes no estamos preparados para atenderlos y ofrecerles lo que verdaderamente necesitan. Esta fenomenal maquinaria, que a modo de círculo vicioso, recibe y reproduce 'discapacitados sociales' debe ser detenida y desmantelada.

Para ello debemos comenzar por preguntarnos: ¿Qué necesita este niño para no transformarse en un 'discapacitado social'?

El niño y el adolescente pobres como sujeto de derecho, como persona necesitan saber que existen para el resto de la sociedad, saber que alguien se preocupa y ocupa de ellos. Necesitan primordialmente ser atendidos, existir, ser fundamentalmente escuchados y respetados en su condición de tal. Es necesario llegar a ellos con políticas educativas, culturales y de salud compensatorias que le permitan 'tener una oportunidad' de ganarle a la miseria y a la marginalidad social a las que parecen condenados inevitablemente..

En este proceso de análisis lo primero es identificar el proceso perverso de causalidad de esta problemática, proceso íntimamente ligado con las políticas de estado y las 'aceptaciones' personales y sociales que hacemos de ellas, sin medir sus verdaderos fines y nefastas consecuencias.

Se trata de conocer y de reconocer las políticas neoliberales de neto corte mercantilista que condena a miles de compatriotas a la miseria no sólo económica, sino a la peor de las miserias, la humana, la que conlleva la indignidad, la falta de identidad, la falta de honor y respeto por el hombre. La desocupación no es un mal natural, sino una variable de ajuste económico indispensable para la rebaja de salario y la flexibilización de los derechos laborales. Estas cuestiones deben ser develadas y para ello tenemos que ser capaces de comprender cuales son las políticas que disparan estos malditos mecanismos para sí generar deliberadamente desocupación, exclusión y miseria. De esta manera podremos empezar a pensar distinto y por lo tanto intentar acertar en los mecanismos de acción que nos permitan pensar estas cuestiones.

Pero no se puede cambiar lo que no se comprende, no se puede comprender lo que no se conoce. De eso se trata este trabajo, de conocer o reconocer, para poder comprender la real magnitud del problema y entonces si ser capaces de ir pensando y ensayando posibles caminos de cambio.

Y como los verdaderos cambios se gestan desde abajo, nosotros deberemos ser la voz de los que ya no tienen voz, ser la voz de 'los desaparecidos' del tercer milenio, ser la voz de 'los discapacitados sociales'. Este es el desafío que tenemos como docentes y como ciudadanos responsables, construir una sociedad más justa con oportunidades para todos.

DESARROLLO

•  Discapacidad social y política de estado.

Los miles de niños y jóvenes que hoy no tienen acceso a vivienda y comida digna, a la educación y a la salud preventiva, los que en ese marco de miseria viven la violencia, el abuso y las adicciones, ya son, o serán en un futuro muy cercano, discapacitados sociales.

Son aquellos individuos que ajenos a sus derechos y a la posibilidad de un proyecto de vida, que les fuera robado, viven en un circulo perverso de marginalidad que los condena a “no ser”, a no tener identidad. Los marginados sociales en realidad 'no existen', no porque no estén, sino porque el estado, y gran parte de la sociedad, los ignora como sujetos de derecho.

Esta verdadera marginalidad supera ampliamente la pobreza. Se trata de aquellos que por una causa u otra 'están fuera' del mundo del consumo, del mundo del trabajo, 'no pertenecen'. En definitiva el discapacitado social es el 'no ciudadano', es la negación del derecho individual y social. Sin derechos, sin seguridad jurídica, sin justicia, sin pan, sin trabajo, sin honor, sin palabra, sin proyecto de vida, sin demanda posible, vive a la deriva y al mismo tiempo es también víctima de las políticas sociales, asistencialistas y clientelistas, que paradójicamente lo tienen como 'beneficiario'.

También en él la victima y el victimario del delito son una misma cosa. Violencia, abuso, prostitución, adicciones lo tienen como protagonista insalvable en una lucha de pobres contra pobres donde siempre son perdedores. Y no es que no haya ganadores, los hay y estos están siempre en el poder: en el poder político dueño del voto esclavo, en el poder del narcotráfico dueño de la vida y la muerte, en el poder de los que deberían velar por la ley y la violan permanentemente, obteniendo dinero y más poder por ello, y la lista podría seguir.

En este marco surge lo que muchos denominan la 'anomia social', concepto que representa la negación del derecho humano y social, la negación de los valores fundamentales y vitales de la sociedad; como son el derecho a la familia, al trabajo, al honor, a la dignidad. Las personas que son víctimas de esta 'anomia social' son aquellas que de una manera u otra ya no tienen nada que perder.

Las necesidades básicas no se satisfacen: comida, trabajo, vivienda digna, ropa y calzado, higiene; la vida se transforma en 'supervivencia' y se pierde la autoestima, se carece de proyecto de vida; y como en un perverso juego de espejos se desintegra la familia, se pierde la posibilidad de educación, etc. La discapacidad social surge y se reproduce en un circulo vicioso; como causa y consecuencia de si misma.

Estamos frente a una discapacidad de indiscutible origen social y político, que amenaza con desintegrar el entramado social si no somos capaces de tomar conciencia de sus procesos, de sus causas y de sus consecuencias.

Frente a esta realidad, los que todavía comemos y podemos medianamente pensar tenemos que reflexionar seriamente sobre las políticas públicas que de una manera directa o indirecta son las responsables de generar millones de discapacitados sociales en nuestro país y en el mundo.

Si bien nosotros no somos responsables directos de dichas políticas, ya que no las decidimos ni ponemos en práctica, al menos por omisión somos cómplices silenciosos de su aplicación. La desocupación, por ejemplo, no es una 'catástrofe natural' sino una fenomenal variable de ajuste de los salarios y principal detonante de las leyes de la flexibilización laboral que sufrimos los argentinos. La desocupación es, en pocas palabras, una variable de ajuste funcional al modelo neoliberal de mercado que busca en el mundo entero bajar los costos laborales y aumentar las ganancias de los grandes grupos económicos.

El estado de abandono de los hospitales públicos, la ausencia de políticas de prevención de enfermedades y de adicciones, no son ' olvidos', son políticas que buscan que cada uno se las arregle como pueda y que se salve quien pueda, mientas el estado, no solo 'se ahorra' millones de dólares en atención de la salud, sino que además después negocia favores políticos con los monopolios del mercado de la salud para que se ocupen de la enfermedad y no de la salud.

El fenómeno de la discapacidad social va en aumento y es el producto de políticas que no deben pasar desapercibidas. Es vital entonces generar los mecanismos democráticos para que este tema salga a la luz y se comience a generar un cambio de abajo hacia arriba.

•  Discapacidad social, Derechos Humanos y ciudadanía.

En este escenario no podemos negar la necesidad y el desafío de generar un viraje en la implementación de las llamadas 'políticas sociales', las que deberán estar orientadas hacia el ejercicio y el goce pleno de los Derechos Humanos –DH- .

Siendo la pobreza, la desocupación y la exclusión social reconocidas por la Cumbre Mundial de Desarrollo Social ( Copenhague, 1995), como los tres grandes problemas sociales que aquejan a la humanidad de este siglo, las políticas públicas con enfoque de DH deberían contemplar acciones concretas que destaquen:

Sería importante generar en este sentido un debate legislativo de manera de implementar una ley nacional que brinde posibilidades a los grupos humanos pobres y vulnerables en situación de riesgo, victimas de violaciones a los DH, a denunciar la falta de atención del Estado ante sus necesidades, y reclamar así la atención requerida.

Pero estas ideas solo se pueden comenzar a desarrollar en un marco de democracia participativa, por ello será muy importante comenzar por involucrar a los afectados en la defensa de sus derechos. Este trabajo deberá comenzar porque los discapacitados sociales 'recuperen' la palabra, le pongan voz a sus necesidades y preocupaciones. Esta forma de trabajo hace que no solo las acciones tengan sentido sino que al mismo tiempo se vuelvan creíbles, al ser efectivamente realizables.

El proceso de construcción de una conciencia del derecho personal y social es sin dudas el camino para que las decisiones de estos grupos afectados y su expresión pública concreta incida fuertemente en aquellos que toman las decisiones en el Estado.

Si tenemos en cuenta que al Estado y a la clase dominante – poder político y económico- no les conviene que se desarrolle esta conciencia participativa y demandante, será entonces la propia sociedad, los propios afectados los que originen los mecanismos para revertir el proceso de desintegración social al que nos llevan las políticas neoliberales que actualmente se aplican en materia salarial, laboral, educativa, de salud, etc.

Es en la plena conciencia del derecho humano y social donde se podrá ampliar el espacio de lo público, la democracia, la posibilidad de ejercer y disponer de nuestros derechos y quizás de una nueva utopía. Estos derechos y esta construcción no son garantizados por el mercado sino por la sociedad.

La promoción de derechos y la construcción de la ciudadanía no pertenece a las instancias 'asistencialistas' de las políticas sociales, sino que es un proceso de aprendizaje y descentralización de los servicios que lleva a la participación de los afectados en la implementación de las políticas que los tienen como beneficiarios.

•  Discapacidad social y educación.

Es sabido que la desnutrición en la gestación y en los tres primeros años de vida provocan deficiencias mentales irrecuperables y que los problemas sociales y emocionales, derivados de la pobreza y la marginalidad, hacen estragos en un niño en edad escolar y lo transforma en repitiente crónico que no tienen cabida en el actual sistema educativo básico. En el mejor de los casos estos niños terminan el 7ª año con una bajísima calidad educativa, que los excluye directa o indirectamente del 8ª y 9º año de la EGB, con lo cual después de incontables años de escolarización terminan sin siquiera un certificado que los habilite para realizar trabajos mal pagos.

Pero en la mayoría de los casos directamente ni siquiera llegan al 7º año y decimos abandonan la enseñanza general básica, cuando en realidad la educación los abandonó a ellos.

Las causas de este fracaso además tienen mucho que ver con la nula capacitación que reciben los docentes de estos niños y la ' ceguera' gubernamental en materia de políticas educativas adecuadas a su realidad.

Esta falta de respuesta de la política educativa oficial, nacional, provincial y /o municipal, para los miles de niños y jóvenes que fracasan en el desarrollo de sus procesos de enseñanza aprendizaje, y que a la vez genera problemas de conducta, es evidente.

Y si además tenemos en cuenta que como producto de las políticas económicas laborales, los discapacitados sociales son mayoría en las escuelas de los barrios marginales de nuestro país la problemática nos supera y se hace necesario un replanteo educativo revolucionario para las escuelas que reciben a este tipo de niño, ya que trabajando de manera tradicional y apegada a los formulismos sociales y educativos 'normales' que son ajenos al niño que provienen de un hogar pobre, la escuela de una manera u otra lo termina excluyendo, siendo de esta manera funcional al modelo de marginación social vigente. Sin las herramientas pedagógicas adecuadas a este niño y a su realidad de miseria los docentes no encontramos impotentes frente a la tragedia educativa de los miles de alumnos que fracasan una y otra vez y terminan abandonando las aulas, quizás para nunca más volver.

Por ello sería importante comenzar a tomar conciencia de la realidad y la problemática educativa del discapacitado social, considerado a este como el 'no ciudadano', y ver en la escuela la posibilidad de generar procesos de reflexión pedagógica que nos permitan trabajar contenidos y didácticas que revaloricen la identidad y la diferencia, así como las vías de construcción de modos de relaciones humanas más igualitarias e inclusivas.

Lamentablemente hoy la formación ética y política del alumno, futuro o frustrado ciudadano, no se desarrollan en al escuela, sino fuera de ella; en la familia, en los medios de comunicación y muchas veces en la calle. La propuesta de 'educar al soberano' para revertir la discapacidad social atraviesa el currículo y excede lo que tradicionalmente se enseña hoy en la escuela.

Se trata de ver al alumno como sujeto de derecho capaz de pensar y de reclamar, y para ello es necesario formar sujetos creativos, capaces de enfrentar y resolver problemas de manera éticas, priorizando el bien común.

La escuela que recibe a estos niños particularmente priorizará la formación de un sujeto social y participativo, que sea capaz de reconocer sus derechos y expresar adecuadamente sus demandas. Los docentes buscarán formar un sujeto que se comprometa con su realidad para, junto a los otros, poder revertirla.

Nos cabe a la escuela y a los docentes un rol importantísimo en el tratamiento y recuperación del discapacitado social; pero quizás nuestro principal rol, y también motivo de este trabajo es demandar con contundencia políticas educativas tendientes a proteger a estos niños y a darles todos los recursos humanos y materiales necesarios para que se eduquen con la mejor calidad en una escuela que está preparada para recibirlo siempre.

No hay injusticia mayor que dar a todos por igual, hoy los discapacitados sociales necesitan las mejores escuelas, el mejor equipamiento tecnológico, los mejores docentes y directivos, los mejores libros y materiales de estudio. Aquí no hay lugar para eufemismos esto debe cumplirse ya, porque se acabó el tiempo de los discursos.

CONCLUSIÓN

Nada de lo expresado en este trabajo es novedoso y menos desconocido para la mayoría de los ciudadanos de este país. Lo que si es desconocido para mi y para todos es qué vamos a hacer con los miles de niños y jóvenes que diariamente se suman a las filas de los llamados discapacitados sociales .

Como hordas sin destino que se mueven silenciosamente por la ciudad, sin presente y sin futuro, ponen en jaque los endebles sistemas educativo, de salud y de seguridad, representando una problemática sin solución a la vista.

Creo que es momento de que los que al menos todavía tenemos voz para reclamar nos pongamos a trabajar para demandar a las autoridades las políticas necesarias para recuperar a estos miles de compatriotas, desde la educación, desde la educación, etc., de manera que se trasformen en ciudadanos lúcidos, plenos de derechos, demandantes permanentes de un estado y de una clase dirigente que hoy, encandilada por el poder y la ambición económica, los ha abandonado a su suerte.

No se trata de 'asistirlos' sino de hacerlos ciudadanos plenos para que ellos recuperen su voz, su honor, su vida, y sean capaces de diseñar su propio proyecto de vida desde un trabajo digno, una vivienda, el pan y la familia a la mesa.

Se trata en definitiva de parar el perverso proceso de producción de discapacitados sociales que se ha puesto en marcha en nuestro país desde hace algo más de tres décadas y que nos está llevando a la desintegración como sociedad y como nación.

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