MAITE SEOANE SÁNCHEZ es Secretaria de Movimientos Sociales y relaciones con ONG'S del PSOE de La Rioja.

Artículo publicado en LA RIOJA.COM el 21/12/2008

DISCAPACIDAD Y G ÉNERO

por MAITE SEOANE SÁNCHEZ.

La discapacidad, igual que el género, es una construcción social alimentada a base de estereotipos de muy diversa naturaleza, también ideológica, que definen a los hombres y, aún en mayor medida a las mujeres, como seres débiles, vulnerables, objetos de protección y de proteccionismo.

Cuando género y discapacidad se unen en torno a una mujer se genera una situación de doble discriminación que pasa desapercibida ante los ojos de la sociedad. Esta situación real, pero invisible, sitúa, en muchas ocasiones, a las mujeres con discapacidad muy cerca de la marginalidad y la exclusión social, una situación de la que casi nunca se habla.
En nuestro país existen más de 3.800.000 personas con discapacidad, de las cuales, 2.300.000 son mujeres, casi el 60%.

Las mujeres con discapacidad sufren niveles superiores de desempleo, salarios inferiores, mayores carencias educativas, menor acceso a los servicios de salud, mayores carencias en prevención y atención a la violencia de género, escaso o nulo acceso a programas y servicios dirigidos a mujeres, y un mayor riesgo de padecer abuso sexual y físico. Todo esto además se une a las situaciones de discriminación no superadas que ya padecen las mujeres sin discapacidad: las dificultades de acceso a puestos de decisión en el mundo de la empresa y de la política, su escasa representación en el mundo del deporte, la invisibilidad de las mujeres en la ciencia, el escaso reconocimiento a su trabajo artístico, etc. Hasta aquí siempre en inferioridad de condiciones. Sin embargo, donde las mujeres están super representadas, y también las mujeres con discapacidad, es en la excesiva responsabilidad doméstica y familiar que recae sobre ellas: el cuidado y educación de los hijos e hijas, las tareas del hogar, el cuidado y acompañamiento de personas mayores y de otras personas con discapacidad.

Es curioso. A las mujeres sin discapacidad se les asigna, desde que la vida es vida, un papel limitado, pero imprescindible para el desarrollo y mantenimiento del Estado del Bienestar y de la sociedad patriarcal: un rol reproductor, que con mucho esfuerzo, y casi en solitario, las mujeres hemos conseguido superar alcanzando importantes cotas de participación en todos los ámbitos de la vida.

Sin embargo, esa superación no se las ha permitido a las mujeres con discapacidad, sencillamente porque a ellas ni siquiera se las ha atribuido el rol reproductor que las demás tenemos como etiqueta de fábrica. A las mujeres con discapacidad no se las ve como empresarias, diputadas o actrices. No se les reconoce su papel en el mundo del arte, ni su sensibilidad musical; no tienen presencia ni reconocimiento en el mundo del deporte, la cultura, la política o la economía. No, no lo tienen. Ni siquiera se les reconoce en su papel de madres ni se les atribuye la posibilidad de disfrutar de una sexualidad plena.

Por no hablar de un mayor índice de violencia de género, de sus dificultades de acceso a la educación, la formación y el empleo; de la imagen sesgada, estereotipada y deformada difundida a través de los medios de comunicación y de la publicidad. Ni salud, ni sexualidad, ni maternidad, ni empleo, ni recursos, ni participación, ni liderazgo. En el mundo femenino, discapacidad significa invisibilidad. Y lo que no se ve, parece no existir. Ojos que no ven , corazón que no siente.

Esta es la realidad de las mujeres con discapacidad. Una vida limitada no por la discapacidad; sino por los prejuicios y estereotipos de una sociedad discapacitada para ofrecer igualdad de oportunidades a las personas que tienen algún tipo de limitación. Y, ¿quién no la tiene en algún momento de su vida?

Por convencimiento, porque creemos en la igualdad de oportunidades y porque sí somos capaces de ver la discapacidad con una perspectiva de género, el PSOE quiere sumarse a la conmemoración, el que se celebró el pasado 3 de diciembre, Día Europeo e Internacional de las Personas con Discapacidad, reconociendo el trabajo que las personas con discapacidad, sus familias y las organizaciones que las representan vienen haciendo para conseguir una vida con plenos derechos de ciudadanía.

Hemos avanzado mucho, hemos sido capaces de reconocer la invisibilidad de las mujeres con discapacidad y de tomar medidas. Hemos sabido entender que su empoderamiento pasa por tener una vida independiente a través de la formación, el acceso al empleo, la participación y el liderazgo.

Queda mucho por hacer; pero, si ellas no se ponen límites, no seremos nosotros los que pongamos límites a nuestro compromiso.

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