Deborah Kaplan es Directora Ejecutiva del Instituto Mundial sobre Discapacidad (World Institute on Disability in Oakland) y pertenece al Consejo Asesor de Trabajo para Estados Unidos (Advisory Council member of Get America Working).

Escribió este artículo que luego fue publicado en el Los Ángeles Times en forma editada)

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El Diseño Universal podría poner a la gente a trabajar
Por Deborah Kaplan

Nosotros en el movimiento de las personas con discapacidad tenemos un concepto conocido como diseño universal. Significa que, si un edificio, un aditamento, un servicio o cualquier otra cosa en una civilización, esta diseñada pensando en todos los usuarios, incluyendo a las 50.000.000 de personas con discapacidad, todos se benefician. Las rampas de acceso para usuarios con discapacidad son usadas con más frecuencia por transeúntes que por las sillas de ruedas, los teléfonos con parlante fueron originalmente diseñados para quienes no podían descolgar el auricular, ahora se usan de manera universal, la televisión con subtítulos para las personas sordas, ahora se encuentra en todos los bares y sitio públicos.

Hay muchos ejemplos y cada uso del diseño universal elimina las falsas distinciones entre las personas con discapacidad y los otros cuatro quintos de la población. Entonces, el diseño universal tiene un valor agregado, dentro del gran mercado, de los productos o servicios inteligentes. Las operaciones empresariales que ignoren un 20% del mercado potencial pueden fracasar, mientras que, los productos y servicios capaces de presentarse con el mayor número de adaptaciones, también llegarán a los mayores mercados y triunfarán por su capacidad de innovación.

La economía estadounidense está retrocediendo a una recesión, con cero crecimiento y un creciente desempleo, que ahora está en un 6%. Por otra parte, la seguridad social necesitará nuevos recursos para atender el cambio demográfico de un mayor número de población de edad avanzada y una reducción en la fuerza laboral.

Estas condiciones de la dinámica social también nos ofrecen una excelente oportunidad para usar las lecciones del diseño universal para mejorar la situación de la fuerza laboral. La Ley de Estadounidenses con Discapacidad de 1990, se elaboró con la perspectiva de incluir plenamente a las personas con discapacidad dentro de toda la fuerza laboral. Pero hoy, 13 años después, sólo un tercio de las personas con discapacidad en edad productiva, forman parte del sector laboral de Estados Unidos y esto contrasta con el hecho de que, 8 de cada 10 personas con discapacidad han manifestado que desean trabajar.

A pesar de los prometedores principios de la Ley de Estadounidenses con Discapacidad, el número de personas con discapacidad en la fuerza laboral sigue igual que en 1990. Así, las personas con discapacidad de Estados Unidos que desea trabajar sigue siendo marginadas del mundo productivo: Toda esta gente reciben un apoyo anual que la cuesta a la nación US $232 billones en pagos directos, además de US $ 195 billones en salarios y en impuestos sin pagar. El fracaso de la Ley de Estadounidenses con Discapacidad de lograr más trabajo para las personas con discapacidad, está en la manera en que se ha ejercido. La Corte Suprema de Estados Unidos sistemáticamente ha aprobado limitaciones en el campo de acción de esa ley. En los últimos seis casos que le han sido presentado relacionados con el empleo de personas con discapacidad, la Corte Suprema ha fallado negativamente. Por otra parte, recientemente anunció que le ha sido presentado un sétimo caso, donde se pretende proteger a los gobiernos estatales contra demandas presentadas para ofrecer o mejorar las condiciones de empleo para las personas con discapacidad.

Pero, más allá de las trifulcas legales, está el obstáculo de las actitudes mentales donde todavía se presentan conflictos entre segmentos de la población con y sin discapacidad, que también se manifiestan entre la fuerza laboral considerada regular y las personas con discapacidad que desean trabajar, todavía consideradas como marginadas. Ante esta situación, el diseño universal ofrece muchas oportunidades para abordar las posibilidades de las y los trabajadores potenciales y proponer innovaciones de inclusión para todos. Hoy, habría decenas de millones de personas con discapacidad sumándose a la fuerza laboral si se les permitiera.

El diseño universal es una estrategia para combatir el desempleo, y no sólo entre la gente con discapacidad, sino entre el 10,2% de afro americanos, que representan dos terceras partes de todos los americanos mayores de 55 años, y millones de otros que no están oficialmente reconocidos como desempleados. Una medida que están considerando las autoridades de Washington, es introducir medidas universales para incluirlas en el sistema de subsidios por desempleo pero con oportunidades de ingreso a puestos laborales.

Los impuestos por planilla, que pagan los empleadores y empleados públicos y privados para financiar el sistema de seguridad social y de asistencia médica en Estados Unidos, ya es universalmente malo en todo el sentido de la palabra: Son los impuestos más grandes que pagan 8 de cada 10 estadounidenses y significan más de un tercio de todos los impuestos del Gobierno Federal. Pero también se constituyen en formas de matar nuevos empleos. Se trata de un porcentaje muy alto que empleadores y trabajadores deben pagarle al gobierno, adicionalmente: 15% por concepto de salario y beneficios. Estas cantidades aumentan los costos de contratación laboral, producen inflación y terminan reduciendo las oportunidades de los trabajadores actuales y potenciales en una economía amenazada por la depresión.

Los recortes en los impuestos por planilla, las reducciones de impuestos, podrían tener el efecto de aumentar las posibilidades para aumentar el número de puestos laborales, que eventualmente podrían ser desempeñados por los desempleados. La eliminación de los impuestos actuales, o por lo menos una reducción significativa en ellos, podría interrumpir la tendencia actual que solo crea más y más impuestos, dinero que sólo aumenta las arcas del los gobiernos nacional y local, pero que no se convierten en medidas positivas para la población. Particularmente, en el caso de la clase media, se trata de devolver el poder adquisitivo, reactivar la economía a ese nivel, motivando la inversión y el consumo. Claro que los ingresos que necesita el gobierno federal deberán recaudarse por otros medios.

Se trata de eliminar los impuestos que desincentivan la creación del empleo. Se trata de activar una dinámica de crecimiento para las impresas y los consumidores y de que la gente ordinaria tenga más dinero disponible para contribuir a la recuperación económica y al presupuesto familiar. La idea es que estos cambios aumenten las posibilidades para los grupos usualmente más desfavorecidas, entre los cuales están las personas con discapacidad, la gente de la tercera edad y otras minorías que, al combinarse, son la mayoría, no sólo de problemas sino de soluciones y oportunidades. Se trata de un novedoso esquema donde se elimina uno de los principales obstáculos a la contratación laboral de todos. Entre más puestos laborales se puedan llenar, se tendrá más trabajadores pagando impuestos indirectos, más gente consumiendo e invirtiendo y menos gente en las filas del desempleo. De igual manera, las posibles reducciones en los ingresos totales para el sistema de seguridad social y asistencia médica, quedarían más que compensadas por una reducción en el número de pagos por desempleo; además, las gente con soluciones de empleo tiende a enfermarse menos, principalmente en condiciones asociadas a la depresión sin causalidad orgánica.

¿Recuerdan las trampas de acceso, los teléfonos con parlante y la televisión con subtítulos? Bueno, si todas esas innovaciones a pequeña escala, que no demandaron una transformación total del producto o servicio original, mejoraron la vida de todos, ¿Cuánto más se podrá beneficiar la economía mediante condiciones laborales establecidas considerando el diseño universal? Tenemos la posibilidad de incluir a decenas de millones de personas en la fuerza laboral. Ya no hay una razón válida para dejarlas afuera.

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