Miriam Ballesi es Diplomada en Artes Visuales con formación en Arte Terapia. Dinamizadora de Escritura Creativa, coordinadora de Talleres de Arteterapia, de Alfabetización y Creación Ceramista y educadora. Ha actuado como cuenta cuentos y en conducción y producción de Extra-Radio, programa de radio del Concell de persones amb descapacitat del Prat.

El artículo aquí reproducido fue publicado en el núm. 17 de la Revista "CON LA A"

DIVERSA Y FUNCIONAL por Miriam Ballesi

Lo diverso, lo flexible, lo azaroso, lo creativo, lo desnudo, lo no uniforme es lo intrínsecamente humano y ese otro modelo de "normalidad" que pretende legitimarse no es más que un concepto obsoleto.

Miriam BallesiHay temas que exigen una seria reflexión aún antes de ser abordados. En este caso, tanto el arte como la diversidad funcional representan uno de esos campos minados en los que no se puede entrar sin conocer bien el terreno o haber vivido la experiencia, muchas veces con el riesgo de pisar una de esas bombas.

En el caso del arte, por la banalización con la que muchas veces se trata y su consecuente "valor" dentro del mercado que todo lo cosifica y rentabiliza. Y en el caso de la diversidad funcional porque admitirla es romper con un pensamiento único, opresor, que hasta hoy ha castigado y difamado la diversidad en pos de una estandarización que nada tiene que ver con lo humano.

Quiero decir que lo diverso, lo flexible, lo azaroso, lo creativo, lo desnudo, lo no uniforme es lo intrínsecamente humano y ese otro modelo de "normalidad" que pretende legitimarse no es más que un concepto obsoleto, como la homofobia o el machismo, que aún hoy sigue dando sus coletazos.

Soy diversa y funcional. El arte, la expresión artística, es algo que me ha acompañado siempre, desde la infancia y que ha ido creciendo conmigo.

Ahora soy arteterapeuta y he trabajado con diferentes grupos de personas en riesgo de exclusión social por pobreza, género o discapacidad y, el hecho de poner a disposición de estas personas las herramientas para compartir el proceso creativo ha sido siempre sorprendente y positivo.

Es cierto que este proceso comenzó en mí desde mi experiencia personal como niña con discapacidad hasta mi madurez.

Todo reto creativo requiere de una capacidad para correr riesgos, algo que parece vedado para las personas con diversidad funcional, y sabemos que una de las mutilaciones más graves es la perenne infantilización, la sobreprotección castradora que hace perder todo atisbo de autoestima y responsabilidad. El desarrollo creativo, en este sentido, puede apuntalar la valentía de expresarse una misma desde su libertad y defender su obra, su forma de ver y sentir. Además, el espacio de creación no admite diferencias, ante la hoja en blanco todas las personas somos iguales, todas nos enfrentamos a nosotras mismas más allá de los estereotipos.

Tener este campo de creación a disposición es un entrenamiento para la vida que todos los seres humanos, sin excepción, deberíamos poder experimentar (por algo el sistema sigue menospreciando el lado derecho de cerebro) para aprender a conocernos, tener un pensamiento más independiente y valorar y defender nuestro derecho a ser y expresar.

Como anécdota, puedo contar que durante mi formación, en los diferentes cursos a los que he asistido, fui la única alumna en silla de ruedas, lo que obligaba muchas veces a "transformar" el espacio o las herramientas de trabajo correspondientes. Esto, lejos de entorpecer el curso o impedirme seguir las clases, nos ha enriquecido a todas y todos, tanto en el resultado plástico como en la convivencia. Con ese ánimo doy mis clases ahora como terapeuta, valorando la diversidad en lugar de ningunearla o menospreciarla, ya que es precisamente lo diverso lo que nos mantiene despiertos y activos.

Muchas veces me he preguntado si hubiera llegado a estas conclusiones de haber sido una niña más acorde a los patrones de normalidad impuestos. Quiero creer que sí, aunque tal vez hubiera tardado mucho más tiempo, y aquí el arte puede ser un buen catalizador que ponga en cuestión todos esos moldes que, a fuerza de repetirlos e implantarlos, se camuflan de "naturales". Todas las mujeres, sin excepción, hemos caído alguna vez en esa trampa, aún hoy se siguen justificando "torturas" estéticas para cumplir con los requisitos, para disimular aquello que pueda particularizarnos y expulsarnos del reino del consumo. Las mujeres con diversidad funcional, por desgracia o por suerte, ni siquiera podemos optar a ese sacrificio, seguiríamos sin encajar y es ahí en donde comienza la rotura, el chasquido que da a luz la duda: ¿Qué es lo normal? ¿Quién dicta las normas? ¿Para qué? ¿Para quién? Las dudas, la Duda siempre ha sido un buen comienzo para aprender y crear, el arte también necesita de estas preguntas para desarrollar nuevas formas y nuevas emociones, particularidades, diversidades que en esencia son comunes a todo ser vivo.

En definitiva, el miedo a admitir la diversidad es el miedo a enfrentarse con la hoja en blanco, sin comprender que es ni más ni menos que enfrentarse a todas las posibilidades.

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