Artículo publicado en GACETA.ES

EL DIAGNÓSTICO PRENATAL O LA CAZA DE LAS PERSONAS DISCAPACITADAS

por Margaret Somerville

Cada vez se usa más esta técnica para evitar que nazcan niños con carencias genéticas

El deseo de evitar que nazcan niños con discapacidad genética está llevando a una creciente utilización del diagnóstico prenatal, que en caso de ser adverso acaba a menudo en un aborto. Un ejemplo ha sido la información que publicó el lunes The Guardian. El rotativo británico dio a conocer los resultados de un estudio científico de la Universidad de Cambridge, en el que se analizó el comportamiento de 235 niños desde su nacimiento hasta los 8 años.

Los expertos han concluido que existe una relación directa entre altos niveles de testosterona del líquido amniótico en las madres y desarrollo del autismo en los fetos. Por lo que se podría abrir una puerta al uso de la amniocentesis para detectar el autismo y decidir sobre la futura vida del niño. Algunos ven estas pruebas como un refuerzo de la autonomía de la mujer embarazada. Otros se preguntan si no estamos empleando el diagnóstico prenatal como parte de una operación de búsqueda y destrucción de los discapacitados. Cuando no todos los valores pueden ser respetados, surgen problemas éticos. Debe, entonces, establecerse una prioridad entre los valores que entran en conflicto. ¿Qué valores son, por tanto, los que están en juego en el examen genético prenatal?

El examen prenatal habitual afecta a valores relacionados con el respeto de la vida humana, tanto individual como general; el respeto de las personas "discapacitadas", como individuos y como grupo; y el respeto de los derechos de autonomía y autodeterminación de las mujeres embarazadas.

En consecuencia, algunas personas interpretan el diagnóstico prenatal como un refuerzo de la autonomía en la toma de decisiones de cada mujer embarazada, y, por ese motivo lo consideran ético.

Buscar y eliminar

Pero un programa de diagnóstico prenatal generalizado, públicamente reconocido y financiado por la sociedad, puede también considerarse como un respaldo de valores contrarios a la ética y como el establecimiento de precedentes de este tipo en los niveles institucionales y sociales. Así que debemos examinar los aspectos éticos del apoyo de la sociedad al examen prenatal, así como su complicidad en el mismo.

Por duro que resulte el lenguaje, hemos de preguntarnos a nosotros mismos: "¿Nos hemos embarcado en una misión de búsqueda y destrucción que pretende el exterminio de determinados grupos de personas?". Un diagnóstico prenatal generalizado eliminará a grupos enteros de personas; por ejemplo, los afectados por el síndrome de Down, los que padecen enfermedades mentales que presentan vínculos genéticos, tales como el trastorno bipolar, los sordos y así sucesivamente. La inmensa mayoría de las personas se opone a la selección del sexo por inmoral, con la excepción de algunos, que lo permitirían para evitar enfermedades vinculadas con el sexo.

Si no queremos que nazcan niños genéticamente discapacitados, ¿cuáles son nuestras razones y justificaciones? ¿Son éticamente aceptables? ¿Qué principios y valores instauran y afirman en el nivel de la sociedad? Cuando no existen restricciones legales del aborto, también debemos considerar los exámenes prenatales habituales a la luz de esa situación. ¿Resulta éticamente aceptable, por ejemplo, provocar el aborto a los ocho meses de gestación de un niño que padezca síndrome de Down?

Otra cuestión importante es la de la denominada medicina defensiva "el miedo a la responsabilidad legal". De ahí que los médicos tiendan a pecar de pesimistas a la hora de predecir la repercusión sobre el niño de las anormalidades detectadas y, habitualmente, no vean que alumbrar a semejante criatura pueda acarrear ninguna ventaja.

La presión acecha a las mujeres que se nieguen a someterse al examen

Los médicos tienden a suponer que del examen prenatal sólo se derivan ventajas para las mujeres embarazadas. Sin embargo, van saliendo a la luz nuevas pruebas que demuestran que esto no es cierto, especialmente en lo relativo al daño psicológico. Pero surgen otras preguntas: ¿qué gama de pruebas se ofrecerá y con qué rapidez se incrementará? ¿Qué pasa con los médicos que tengan objeciones de conciencia al ofrecimiento de estas pruebas? ¿Cómo serán consideradas las mujeres que se nieguen a someterse al examen?

Las investigaciones revelan que a las mujeres les preocupa que los médicos tachen de irrazonable su decisión, y que esto hará que la relación médico-paciente se vea negativamente afectada. Porque resulta difícil, incluso para pacientes de excelente

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