Mar Dalmau Caselles, mujer con diversidad funcional física, es Feminista y Componente de la Junta Directiva (Vocal) del Instituto de Paz, Derechos Humanos y Vida Independiente (IPADEVI). Colaboradora del Grupo de Trabajo sobre Discapacidad, de la FIIO de la UJI de Castellón. Participante en varias publicaciones sobre diversidad funcional.

El artículo aquí reproducido fue publicado en el núm. 17 de la Revista "CON LA A"

EL EMPLEO PARA LAS MUJERES CON DIVERSIDAD FUNCIONAL CONTINÚA SIENDO UNA UTOPÍA

De entre todo el grupo de mujeres con diversidad funcional, son las que necesitan apoyos humanos generalizados quienes mayores dificultades tienen para acceder a oportunidades laborales competentes.

Mar Dalmau CasellesEl empleo es un factor esencial para garantizar la igualdad de oportunidades y la plena inclusión de las mujeres y hombres y contribuye, de manera decisiva, a la plena participación de la ciudadanía en la vida económica, socio-política, educativa y cultural. Aún así, persisten numerosas situaciones de discriminación en el mercado de trabajo que afectan, principalmente, a todas aquellas personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad por distintos motivos, entre ellos, la condición de diversidad funcional o discapacidad.

En el caso de las mujeres, su lucha histórica y esfuerzo por incorporarse al mercado laboral en condiciones de igualdad ha provocado que se produzca, en las últimas décadas, una transformación importante en las estructuras de poder. España es un ejemplo claro de cómo se quieren desarrollar las nuevas relaciones en dichas estructuras. A modo de ejemplo, disponemos de la ley 39/2006, del 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia (LEPA), con la que se pretende regularizar la oportunidad laboral de las mujeres; y la ley orgánica 3/2007 de marzo, para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres (LOIMH), a través de la que se promueve, fundamentalmente en sus Títulos IV (El Derecho al Trabajo en Igualdad de Oportunidades) y V (El Principio de Igualdad en el Empleo Público), una promoción de la igualdad mediante la conciliación, la distribución del tiempo y de tareas.

Si esto sucede dentro de la población en general, también debiera de trasladarse al ámbito de las mujeres con diversidad funcional. El I Plan de Acción de la Mujer con Discapacidad del Gobierno de España (2007) nos explica que: "En España, el 58 por 100 de las personas con discapacidad son mujeres y en muchas ocasiones sufren una doble discriminación. La mayoría son viudas (el 39 por 100 del total de mujeres con discapacidad, frente al 9 por 100 de los hombres con discapacidad viudos) y sus tasas de actividad y de paro son muy superiores a las de los hombres con discapacidad".

Según los datos del INE, mediante la Encuesta de Discapacidad, Autonomía Personal y situaciones de Dependencia (EDAD, 2008), la tasa de actividad es menor entre los hombres y mujeres con diversidad funcional (40,3% y 31,2% respectivamente) que entre los hombres y mujeres sin diversidad funcional (84,7% y 65,3%, respectivamente); lo mismo ocurre con la tasa de empleo, los hombres y mujeres con diversidad funcional tienen una tasa de empleo inferior (33,4% y 23,7%, respectivamente) que los hombres y mujeres sin diversidad funcional (77,4% y 56,6%, respectivamente). Por el contrario, los hombres y mujeres con diversidad funcional presentan una tasa de paro (17,2% y 24%, respectivamente) superior a la tasa de paro de los hombres y mujeres sin diversidad funcional (8,6% y 13,4%, respectivamente). Más recientemente, el informe del INE, "El empleo de las personas con discapacidad", confirma esta situación: según los datos referidos al año 2010, las tasas de actividad de los hombres y mujeres con diversidad funcional (40,4% y 31%) siguen siendo menores que las de los hombres y mujeres sin diversidad funcional (83,6% y 68,1%); respecto a la tasa de empleo, los hombres y mujeres con diversidad funcional tienen también una tasa de empleo inferior (31,4% y 23,3%, respectivamente) que los hombres y mujeres sin diversidad funcional (67,1% y 54,1%, respectivamente); los hombres y mujeres con diversidad funcional presentan una tasa de paro (22,3% y 24,9%, respectivamente) superior a la tasa de paro de los hombres y mujeres sin diversidad funcional (19,8% y 20,5%, respectivamente).

El 2.º Manifiesto de los Derechos de las Mujeres y Niñas con Discapacidad de la Unión Europea, en su capítulo 12 dedicado al Trabajo y Empleo, nos recuerda que: "Tomando en consideración los altos índices de desempleo e inactividad laboral de esta población, es necesario desarrollar acciones, tanto transversales como positivas, dirigidas a las mujeres con discapacidad para impulsar la formación, la contratación, el acceso al empleo, la retención del empleo, la igualdad salarial con las mismas competencias, las adaptaciones al puesto de trabajo y el equilibrio entre la vida privada y laboral. Las mujeres con discapacidad deben tener derecho, en igualdad de condiciones con las demás personas, a condiciones laborales justas y favorables, incluyendo la igualdad de oportunidades y la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor, a condiciones laborales seguras y saludables, a protección del acoso, y a servicios de reparación en caso de quejas".

Al hilo de esto, es necesario recordar que, de entre todo el grupo de mujeres con diversidad funcional, son las que necesitan apoyos humanos generalizados quienes mayores dificultades tienen para acceder a oportunidades laborales competentes. Muchas de estas mujeres necesitan, en función de sus proyectos de vida, personas que trabajen para ellas: las y los Asistentes Personales. Mediante la LEPA, se sabe que se puede optar a una prestación económica de Asistencia Personal (Art. 19), pero dada la situación económica del país y, fundamentalmente, del gran desconocimiento que existe sobre la filosofía de Vida Independiente y del enfoque de Derechos Humanos de la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (ONU, 2006), esta figura laboral, imprescindible para llevar una vida activa, no está suficientemente desarrollada y, por tanto, las mujeres que tenemos diversidad funcional con necesidad de apoyos generalizados apenas accedemos a cualquier actividad. En ello es en lo que debería invertir el Estado, puesto que las mujeres con diversidad funcional podemos ser, si se nos dan las herramientas oportunas, una fuerza laboral muy potente, ya que podemos demostrar nuestra productividad y eficacia, así como somos generadoras de empleo para nuestros/as asistentes personales.

Siguiendo con el manifiesto Europeo, se estima que las políticas de la Unión Europea deben promover el apoyo a las mujeres con diversidad funcional a fin de que las organizaciones patronales, los sindicatos y las organizaciones no gubernamentales elaboren maneras más efectivas de promocionar el derecho al empleo de estas mujeres, así como medidas que favorezcan la conciliación entre la vida laboral y la vida privada. Los sindicatos deben incorporar a trabajadoras con diversidad funcional, en sus negociaciones colectivas, que puedan proponer y defender sus derechos en igualdad. Esto será posible si dejamos de institucionalizar a las mujeres con diversidad funcional (recordemos que el Parlamento Europeo, en el año 2004, manifestaba que el 68% de las mujeres sufría institucionalización sistemática, así como establecía una relación, de manera indirecta, sobre el alto porcentaje de mujeres con diversidad funcional que padecen  violencia de género en un 80% aproximadamente).

Pese a los movimientos que las mujeres han proyagonizado, a lo largo de estos últimos años, impulsando cambios en el acceso al empleo, incluso estando dispuestas a ocupar cargos directivos relevantes, esforzándose por empoderarse y prepararse para la lucha por la igualdad real y efectiva, no ha sucedido lo mismo con aquellas que tienen diversidad funcional. Tradicionalmente, las mujeres con diversidad funcional hemos sido excluidas de los movimientos feministas y, dentro del movimiento general de la "discapacidad", también hemos encontrado desinterés sobre nuestras realidades, que repercuten directa y negativamente en nuestra falta de inclusión laboral.

Las mujeres con diversidad funcional presentan tasas de actividad y de ocupación por debajo de los varones. Además,  las mujeres asalariadas tienen contratos temporales en una proporción superior (32%) a los hombres con diversidad funcional (22%). Ello, en definitiva, se traduce en una gran desestabilidad económica, personal, emocional y laboral en estas mujeres.

Miguel Ángel Verdugo, catedrático de Psicología de la Discapacidad de la universidad de Salamanca, en el mes de julio pasado, recalcó que los Centros Especiales de Empleo (CEE) concentran a personas con diversidad funcional, en servicios especializados, con una política que se aplicó en los años 60 y que se ha mantenido hasta hoy, y estima que debería desaparecer porque vulnera el derecho al trabajo en igualdad de términos. Esta demanda la conocemos desde los inicios de la comunidad virtual Foro de Vida Independiente, de 2001, en la que se pide que todas las estructuras educativas, laborales, económicas, culturales y políticas reconozcan los derechos humanos de este sector de la población, y que se construya un mundo para todas y todos, con y sin diversidad funcional, más igualitario y donde tengamos el mismo valor moral y social.

Este artículo ha pretendido dar a conocer, en resumen, la realidad de las mujeres con diversidad funcional cuando queremos acceder al mercado laboral, todas las dificultades que nos ponen y, cómo no, las barreras que existen que son, sobre todo, mentales ya que, en definitiva, las arquitectónicas son consecuencia de las primeras.    

En conclusión, las mujeres con diversidad funcional no queremos ser un subgrupo al que haya que construir una sociedad especial para nosotras, deseamos ser incluidas en la que hay pero para eso es fundamental que se apliquen como es debido las políticas de igualdad sobre "discapacidad", solo de esta manera habrá igualdad de oportunidades para todos y todas en todos los ámbitos de la sociedad.

Y para terminar una frase que lo resume todo: Nada Sobre Nosotras y Nosotros sin Nosotras y Nosotros.

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