LOGO   EL ORGULLO DE SER SORDO: DERECHO A LA DISCAPACIDAD
Autor: Anaya, René.01-MAY-2002
   
  minusval2000>Literatura > Artículos > EL ORGULLO DE SER SORDO: DERECHO A LA DISCAPACIDAD  
¿Quiere publicar sus escritos?

ENVÍELO

A mediados de la década pasada, la clonación de ovejas despertó de nuevo esos miedos ancestrales, pues se pensó que ya estaba cercana la posibilidad de obtener seres humanos a pedido, evidentemente con determinadas características deseables. Pero no ha sido así­. Al parecer, los avances biomédicos servirán primero para perpetuar anormalidades que grandes potencialidades en seres humanos.

Orgullo silencioso

A principios de abril se dio a conocer el caso de dos lesbianas sordas que tienen dos hijos, sordos también, que nacieron así a pedido. Sharon Duchesneau y Candance McCullough eligieron a un universitario sordo de quinta generación con el fin de que donara su semen para la inseminación artificial. Las probabilidades de que su descendencia naciera sorda era muy elevada, casi el cien por ciento, como se demostró cuando nacieron sus bebés.

Esta decisión de que sus hijos también fueran discapacitados, así como la difusión de otros casos en que comunidades de sordos prefieren a hijos con semejante deficiencia, ha desatado una serie de discusiones sobre el derecho de los padres sordos a decidir que su hijo también tenga esa deficiencia.

No se trata de las probabilidades hereditarias, sino de la búsqueda sistemática, avalada por las leyes de la genética, de óvulos o espermatozoides de personas sordas, que con mayor probabilidad podrán concebir a un niño incapaz de oír, que sólo así será bien aceptado por su comunidad. Al parecer esa deficiencia es vista como una característica deseable y la posibilidad de oír es un estigma terrible.

La Confederación Nacional de Sordos de España y otras asociaciones y comunidades con las mismas características han planteado que les resulta mejor relacionarse con las personas que no oyen o que saben el lenguaje de los sordos, que con la gente común. Por lo tanto, consideran una bendición el nacimiento de un bebé sordo, ya que se integrará perfectamente a su comunidad y disfrutará de los mismos placeres que ellos.

Esos silenciosos y orgullosos seres se sienten protagonistas de una gran cruzada para reivindicar su condición de discapacitados. Si fuera eso estrictamente, tendrían razón; ningún ser humano debe ser discriminado, menos aún por sus discapacidades, pero no se puede reivindicar la sordera como un orgullo Étnico o de comunidad, ya que sería como plantear que la gente pobre debe enorgullecerse de serlo.

Lo que sí­ es distintivo y debe respetarse es su forma de relacionarse; también deben brindárseles oportunidades para que puedan desarrollar sus otras capacidades y se integren o reintegren a la sociedad sin que sean mal vistos o poco tomados en cuenta.

Eufemismos que nos pierden

Sin embargo, comunidades de sordos han protestado airadamente porque algunas personas, entre ellas Nancy Rarus, de la Asociación Nacional de Sordos de Estados Unidos, consideran increíble que "alguien quiera traer al mundo a un niño con una minusvalía".

Ese es el principal problema, que se trata de una minusvalía o una discapacidad como la ceguera, la mudez o la anosmia (incapacidad para percibir olores) que impide a quien la sufre la percepción de estímulos sensoriales muy ricos y gratificantes.

El problema es que los compasivos o caritativos convencieron a los discapacitados de que eran más dichosos que los mortales normales porque podían desarrollar mejor otros sentidos. Y eso es cierto. Lo que no les dijeron es que nunca un ciego podrá comprender el Éxtasis de quien contempla un bello paisaje o la emoción extática de quien ve una pintura.

Asimismo, el sordo, por más lenguaje corporal que tenga, nunca podrá admirar y disfrutar las tonalidades de la música, no experimentará los sonidos del campo al atardecer o al amanecer; nunca sabrá de los acordes de La Heroica, ni se deleitará con la Sinfonía del Nuevo Mundo; tampoco admirará las virtudes del tenor y la soprano o de los pianistas y violinistas.

Tal vez se podría prescindir de eso, según los pragmáticos que prescinden de todo, menos de sus utilidades. Pero en un sentido práctico, los sordos están en desventaja con el resto de las personas que sí­ oyen. En fábricas u oficinas no pueden oír las sirenas de alerta o la alarma sísmica. En las calles no escuchan las bocinas de los automóviles ni las voces de prevención de quienes les avisan de algún peligro.

Vemos así que los eufemismos y el temor a herir susceptibilidades ha llevado a los discapacitados a creerse superiores a quienes tenemos todos los sentidos. Tal vez lo sean en cuanto a que aguzan otros sentidos, pero no lo son porque nunca pueden reemplazar el sentido que han perdido.

Por lo tanto, sus intenciones de engendrar hijos con sus deficiencias tienen graves implicaciones bioéticas, ya que impiden que el nuevo ser humano desarrolle todas sus potencialidades tanto físicas como mentales y culturales.

 
 
Principal | Relaciones | Literatura | Ocio | Investigación | Otros | Contacto