Publicado en ABC
el 31 de Enero de 2010

ENTREVISTA ‘ROVIRA-BELETA’

Arquitecto especializado en «accesibilidad desapercibida»

El arquitecto Rovira-Beleta-Cuando venía a esta cita, una señora en silla de ruedas no lograba superar el escalón de acceso a un bar. Varios viandantes hemos salido en su ayuda...

-Porque no llueve.

-¿Cómo?

-En la calle siempre hay mucha gente dispuesta a echar una mano, salvo cuando empieza a llover.

-¿Así de tajante?

-¡Somos humanos y un chaparrón empapa!

-¿Conciencias de secano?

-Falta formación y, sobre todo, visión de futuro. Lo ideal sería que a esa señora nadie la tuviera que ayudar, si todo fuera accesible. En diez o quince años, con la segunda mayor esperanza de vida del mundo y esa «cuarta edad» de gente de más de ochenta y cinco años, lo tendremos claro.

-Ya reparamos en esas dificultades cuando tenemos niños pequeños, con los carritos, o con nuestros padres o abuelos.

-Sí, pero se olvida rápido...

-Así que usted lucha por ensanchar las mentes... y las puertas.

-¡Los marcos tienen que tener un ancho de ochenta centímetros! Son sólo diez o veinte más que los que tienen las de tamaño estándar. Así caben las sillas de ruedas, pero además es más cómodo. Esto es lo que quiero poner por delante: que la accesibilidad y las facilidades son para todos. Un cartel de gran tamaño favorece a personas sordas o deficientes visuales e igualmente a los despistados.

-Dígamelo a mí...

-Es que un despistado es un discapacitado visual ocasional... ¿Y no crees que una pasarela de madera en la playa, aunque se haya instalado para las sillas, también la usarás tú para no quemarte los pies?

-No lo dude.

-E igual sucede con los ascensores del metro. Con esto quiero decir que una buena accesibilidad no llama la atención a nadie y la usan todos.

-¿Es la moda de los adosados un retroceso en accesibilidad?

-En Cataluña ya se obliga a que los nuevos proyectos incluyan hueco para un ascensor. Mientras no se necesita, puede usarse como trastero.

-Cunde la idea de que diseñar espacios habilitados encarece los proyectos.

-Falso. Es como lo de los baños para personas con discapacidad de los bares... Entras y allí a lo lejos, muy lejos, está el «monumento al váter». Yo doy clases de arquitectura en la Universidad Internacional de Cataluña y explico a los alumnos cómo resolver la accesibilidad de los servicios en cuatro metros cuadrados. Luego, está el problema de que te cataloguen como tercer sexo.

-¿?

-La cabina de hombres, la de mujeres, y otra para nosotros. ¿Por qué no hacer tanto la de ellos como la de ellas adaptadas? ¡Te aseguro que es más difícil convencer sobre cosas tan sencillas que llevarlas a cabo! Fíjate, por ejemplo, en los hoteles.

-Muchos ya ofrecen habitaciones especiales.

-Sí, tú lo has dicho. «Especiales». ¿Y si yo quiero visitar a un amigo alojado en otra habitación? No podré por falta de espacio. En muchas ocasiones, sólo dos centímetros.

-Ahora está trabajando en la Alhambra. ¡Hermoso reto!

-Hemos terminado un proyecto gracias al cual el 70 por ciento del recinto será visitable para cualquiera. Y eso sólo cuesta poco más de 1´2 millones de euros

-Para ejemplo de buen hacer, su asesoramiento en el diseño de la Villa Olímpica de 1992.

-¡Qué bien nos vinieron los Juegos! Barcelona es referente internacional de accesibilidad gracias a ellos. Hoy la gente me habla de la Villa Olímpica, y yo les corrijo: «Es la Paralímpica». Porque no hay diferencia. Así que un catalán te dice de corazón: ojalá hubiera ganado la candidatura de Madrid.

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