Artículo publicado en
REIS (Revista Española de Investigaciones Sociológicas
UNA APROXIMACIÓN SOCIOLÓGICA A LA DISCAPACIDAD DESDE EL MODELO SOCIAL: APUNTES CARACTERIOLÓGICOS
La deconstrucción analítica de la discapacidad: las propuestas del modelo social
Partiendo de la premisa de que la discapacidad constituye hoy en día un fenómeno social de opresión (10), una interpretación teórica del mismo anclada en una perspectiva sociológica habrá de tener especial cuidado a la hora de especificar las diferencias y semejanzas que se dan entre la discapacidad y otras formas sociales de opresión. Así, un adecuado desarrollo de una teoría social de la discapacidad se encuentra con la ineludible tarea de incorporar la «insuficiencia » en su marco analítico, pues en última instancia ésta constituye el substrato material sobre el que se opera la construcción social de la definición de discapacidad y sobre el que se erigen las estructuras sociales opresoras que la delimitan.
La insuficiencia, en cuanto sustrato material objetivo de la definición y constitución del fenómeno social de la discapacidad, no puede ser simplemente entendida como «diferencia», que lo es, sino que debe ser objeto de un análisis que extraiga las conexiones entre este sustrato material y las estructuras sociales opresoras que se constituyen en torno al fenómeno de la discapacidad; para ello, y dada esa sensibilidad política respecto a la desigualdad anclada en criterios biológicos, una teoría social de la discapacidad, atendiendo al sustrato material de la deficiencia como hecho objetivo, debe llevar a cabo un análisis sistemático y riguroso de las diferencias y semejanzas entre discapacidad y otras formas sociales de opresión: «Una teoría de la discapacidad como opresión debe ofrcer lo que es esencialmente una teoría social de la insuficiencia» (Abberley, 1987: 3).
Desde esta perspectiva ha de evitarse la consideración de la insuficiencia como una categoría abstracta, tal cual se hace desde el punto de vista del modelo fisiológico: la insuficiencia se inscribe y cobra sentido en un contexto social e histórico que determina su naturaleza (11). Lo que una vez pudo haber sido el substrato de la discapacidad, esto es, la insuficiencia que la determina desde su fundamento material, biológico, en virtud de esta constitución socio-histórica, se ha deslizado hacia el plano de la superestructura, de las prácticas e intereses que definen su manifestación en términos de discapacidad y, consiguientemente, apunta hacia las formas sociales de opresión en las que la misma se inscribe.
Así, por ejemplo, la posibilidad «técnica» de la cura puede ser experimentada por la persona con discapacidad, no como tal, sino como un imperativo moral, ya que el sistema social en el que vive se organiza sobre el supuesto incuestionable de la bondad de la independencia, el trabajo y la normalidad física, un supuesto anclado en una visión del mundo que no admite excepciones: se supone que no se puede tolerar la insuficiencia si es evitable, y así, la posibilidad de cura conduce a la opresión ideológica de quienes, poseyendo tal insuficiencia, técnicamente evitable, no desean ser «rectificados».
Desde la perspectiva sociológica del modelo social, el análisis ha de enfatizar la falsedad de esa división entre lo natural y lo social –y/o cultural– propia del modelo fisiológico (una diferencia que, aunque matizada, mantiene la nueva clasificación internacional de la OMS); sobre esta evidencia, cualquier distinción entre insuficiencia y discapacidad requiere tener en consideración la compleja especificidad histórica que es fundamento de la misma (12): «Los humanos no son naturales por naturaleza. Ya no andamos “naturalmente” sobre las patas traseras, por ejemplo: males como los pies planos, el dolor de espalda y la hernia atestiguan que el cuerpo no se ha adaptado por completo a la postura erguida. (...) las estructuras creadas por el hombre y las fisiológicas han terminado por fundirse de forma tan compleja que resulta ingenuo hablar de un proyecto humano contrario a la biología humana: somos lo que nos hemos hecho, y debemos continuar haciéndonos mientras existamos.» (Dinnerstein, 1977: 21-22).
En definitiva, lo que se plantea es la deconstrucción sistemática del concepto«discapacidad»; una deconstrucción de cuyos resultados se pueda derivar una nueva consideración del fenómeno a la luz del entramado socio-históricocultura que sirve de arquitectura a su definición y al establecimiento de las estructuras y dinámicas que lo configuran como una forma de opresión.
Esta tarea de deconstrucción ya ha sido iniciada, y lo ha sido desde perspectivas sociológicas de orientación crítica, esencialmente planteamientos marxistas y feministas (Bynce, Oliver y Barnes, 1991; Liberty, 1994); pero una tarea permanece aún pendiente: si bien los estudios actuales del modelo social–y las teorías y prácticas políticas derivados de ellos– han iniciado ya la tarea de deconstrucción del concepto «discapacidad», queda por determinar qué futuro anuncian dichos sistemas de análisis críticos a las personas con insuficiencias, qué consecuencias se derivan de las utopías inscritas en dichos planteamientos críticos para las personas que, supuestamente, dejarían de ser objeto de la opresión una vez tales propuestas se llevasen efectivamente a la práctica. Se han de analizar con idéntico rigor crítico cuáles son nuestras «previsiones», y ello ha de ser así si queremos evitar la elevación de ciertos planteamientos y exigencias particulares, históricamente condicionados, —fruto, a la par, de nuestras preconcepciones analíticas y de la visión de un determinado grupo de personas con discapacidad (aquéllas, y sólo aquéllas, que hayamos tomado en consideración)— a la categoría de principios generales.
Para emprender este análisis se habrá de evaluar el conjunto de implicaciones que, para el fenómeno de la discapacidad, se derivan de las principales líneas teóricas que han tratado de afrontar su estudio desde una perspectiva crítica, fundada en la convicción de que se trata de una forma de opresión social. Dichas perspectivas incluyen, junto al grueso de estudios alineados en las concepciones marxista y feminista, algunos que hacen del trabajo el principal referente para la determinación del fenómeno y aquellos otros que ponen, por el contrario, el énfasis en la activación de un nuevo movimiento social propulsor de las demandas de las personas con discapacidad como medio más eficaz para la construcción de un futuro en el que sus intereses no sean marginados. Marxismo, feminismo, trabajo y movimientos sociales son los cuatro ejes teóricos, desde el campo de la sociología, que han de ser sometidos a análisis en esta segunda tarea de deconstrucción: en estos cuatro frentes se han desarrollado herramientas que permiten afianzar una compresión de la discapacidad, en tanto que fenómeno social, que remite a su ineludible sustrato material, la insuficiencia, al tiempo que de ellos se puede derivar la explicación, tanto de la opresión de las personas con insuficiencias como una categoría creada socialmente, como de su histórica exclusión del acceso al trabajo y a las principales modalidades de participación social.
No obstante, el desarrollo de esas líneas teóricas es un proyecto a medio largo plazo que sólo será posible emprender una vez que la sociología de la discapacidad haya cobrado la entidad suficiente como para abarcar contribuciones provenientes de dichos ámbitos. Una tarea previa es la de consolidar la presencia de la sociología de la discapacidad como ámbito de estudio reconocido. Por ello, nuestra labor presente es bastante más modesta. Únicamente trataremos mostrar la «entidad social-sociológica» de la discapacidad.