LOGO   LA ACCESIBILIDAD AL PATRIMONIO CULTURAL: CINCO TÓPICOS, CINCO ESTRATEGIAS    
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Antonio Espinosa Ruiz es
Jefe del Área de Arqueología, Etnografía y Museos del Ayuntamiento de Villajoyosa

Profesor Asociado de Arqueología de la Universidad de Alicante

Artículo publicado en POLIBEA

El público mayoritario a los museos serán, a medio plazo, unos mayores que han tenido gran acceso a la educación y que desean acceder a la cultura, así que no es mala idea adaptar nuestras instalaciones a quienes serán nuestros principales clientes. Con los años todos tendremos alguna discapacidad: hacer museos accesibles es como invertir en un plan de pensiones para todos.

En los últimos veinte años se ha desarrollado la “Nueva Museología”, una corriente que busca la democratización de los valores y de los productos culturales. Los museos han cambiado su centro de interés del objeto al visitante: se han multiplicado las exposiciones temporales, los eventos culturales, la tecnología audiovisual ha invadido espacios donde antes reinaban frías vitrinas repletas de antigüedades... A pesar de sus logros, uno de los principales fracasos de esta corriente ha sido la falta integración del público con discapacidades. El interés pasó del objeto al visitante, pero no a todos los visitantes. La mayoría de las enormes inversiones que se están haciendo en museos no contemplan la accesibilidad integral como prioridad. Estos nuevos montajes difícilmente se adaptarán, una vez orgullosamente inaugurados, al público discapacitado. Es urgente, pues, identificar las causas de problema y posibles estrategias para concienciar a políticos, arquitectos y técnicos responsables de estas instituciones. En mi opinión, algunos tópicos entorpecen este necesario proceso.

El primer tópico es que no merece la pena adaptar para una minoría que, además, acude poco a estos lugares, pero se trata de una abrumadora minoría (más del 10% de la sociedad), y el envejecimiento progresivo de la población está contribuyendo a aumentarla. El público mayoritario a los museos serán, a medio plazo, unos mayores que han tenido gran acceso a la educación y que desean acceder a la cultura, así que no es mala idea adaptar nuestras instalaciones a quienes serán nuestros principales clientes. Con los años todos tendremos alguna discapacidad: hacer museos accesibles es como invertir en un plan de pensiones para todos. Por otra parte, el hecho de que los discapacitados vayan poco a los museos se debe a que esos espacios y sus contenidos les ofrecen con demasiada frecuencia serias dificultades de acceso físico e intelectual, de modo que es comprensible un cierto desánimo. De ahí la importancia de publicar guías actualizadas para visitantes con discapacidades.

El segundo tópico es que beneficiando a esta “minoría” estamos perjudicando a la mayoría. Pero si contamos también a quienes, de forma temporal o permanente, no poseen las mismas capacidades físicas que la media de los adultos —niños, embarazadas, personas accidentadas, de baja estatura y mayores— la minoría ya no lo es. Además, los equipamientos accesibles favorecen a todo el público, porque son cómodos, se adaptan a una gran variedad de visitantes, no perjudican al resto del público: le benefician. Lo que es bueno para los discapacitados es todavía mejor para quienes no lo son, incluyendo a los que, simplemente, están cansados.

El tercer tópico se refiere al coste de la accesibilidad. Y aquí hay que afirmar rotundamente que, en fase de diseño, la accesibilidad no es más cara (cuesta lo mismo una vitrina accesible que una que no lo es). Una vez entregada la obra, las reformas para adaptarla, de aceptarse por la institución titular —algo muy difícil a corto o medio plazo—, sí pueden suponer un coste adicional importante.

En cuarto lugar, la mayoría de la población —incluidos los técnicos y los arquitectos— reduce la cuestión a la presencia de rampas y ascensores, pero accesibilidad no es sólo ausencia de barreras arquitectónicas. Mientras los primeros museos intentaban asemejarse a templos clásicos, con alto podio y escalinatas, ahora las barreras se suelen evitar por norma legal, pero no sólo se trata de acceder al propio museo, sino también —en la medida de lo posible— a sus contenidos (vitrinas, textos, objetos, imágenes, maquetas) y a su entorno: comunicaciones urbanas, aparcamientos...

Por último , existe una tendencia a solucionar la cuestión con equipamientos especiales: algunos museos crean para los visitantes ciegos salas aparte (los “gabinetes tiflológicos”) que, a pesar de su buena intención, suponen un trato especial, que también es discriminación. Es mejor integrar. Una maqueta tocable no sólo la disfrutarán los ciegos: también el resto del público.

En este punto, vamos a proponer cinco estrategias que, creemos, podrían ayudar a desarrollar definitivamente la museografía accesible —incluyendo museos del territorio, como parques, rutas e itinerarios culturales—. La primera estrategia tiene que ver con la educación y la concienciación. La realización de cursos para técnicos, arquitectos e ingenieros (como los que cada año realiza la Generalitat Valenciana en universidades) contribuye a implantar en las nuevas generaciones de diseñadores de nuestros futuros equipamientos la concienciación necesaria para que, cuando se enfrenten a un nuevo proyecto, les resulte algo natural la búsqueda de la mayor accesibilidad.

La segunda estrategia consistiría en dar suficiente publicidad de los productos accesibles. Guías de turismo, páginas web y folletos deben ayudar al visitante con discapacidad a seleccionar sus visitas. Aquí hay que apelar a la acción de las Administraciones públicas, y a la constante actualización de estos recursos.

La tercera estrategia es premiar la excelencia. España es un país de pocos premios. Sería conveniente crear cuantos más reconocimientos públicos mejor a los proyectos y acciones de accesibilidad. Al fin y al cabo, el mundo de la cultura se mueve mucho por imitación o deseo de lo que otros han hecho o conseguido.

La cuarta estrategia consiste en seguir los principios del diseño universal. Este concepto, creado en 1985 por el arquitecto Ronald L. Mace supone “el diseño de productos y entornos de manera que puedan ser utilizados por el mayor número de personas, sin necesidad de adaptación o diseño especializado”. Su objetivo “es simplificar la vida de todos, haciendo que entornos, productos y comunicaciones sean más útiles para un mayor número de personas con un coste adicional bajo o nulo”. Sus principios (diseño útil a cualquier tipo de usuario, que se adapte a las capacidades, que transmite de forma clara la información, cómodo y de bajo esfuerzo físico, y la posibilidad de acercamiento, alcance, manipulación y uso del dispositivo independientemente de la talla, postura o movilidad del usuario) son la clave para la realización de un auténtico producto cultural accesible. En el Museo de Villajoyosa todas las maquetas son tocables, hemos rebajado de 160 cm (la habitual en museografía) a 135 cm la altura media de los textos (siempre en macrotipo) y hemos creado un modelo de vitrina accesible en colaboración con la empresa Riobe, S.L. La voluntad y el respaldo políticos han marcado, desde hace años, una línea a favor de la accesibilidad en los museos municipales, como la casa de la Barbera o el proyecto de nuevo museo arqueológico. No es necesario ser un museo grande para ofrecer un producto accesible, no es una cuestión de dinero.

Por último , se trata de que la persona con discapacidad pueda aproximarse lo más posible (la total accesibilidad es casi una utopía) a los valores culturales del patrimonio que el museo oferta, aunque necesite ayuda. Una fórmula aceptable sería que existieran recursos a su alcance físico e intelectual para un tiempo de visita equivalente al de una persona no discapacitada (no menos de una hora). Vitrinas y mobiliario adaptados, maquetas tocables, láminas Fuser, algunos originales o reproducciones tocables, audiovisuales subtitulados, etc. pueden ayudar a conseguir este objetivo. No olvidemos consultar siempre durante la fase de diseño a especialistas o representantes de cada colectivo o a organismos y asociaciones especializados (ver un artículo en colaboración con Diana Guijarro, apartado “documentos”). Con no mucho esfuerzo, utilizando los medios adecuados, podemos entre todos contribuir a crear una auténtica museografía accesible.

 
 
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