Blanca Abella entrevista a la periodista Elena Díaz Funchal, autora de "EL REFLEJO DE LA MUJER EN EL ESPEJO DE LA DISCAPACIDAD" publicada en CERMI SEMANAL

LAS DISCRIMINACIONES POR RAZÓN DE SEXO Y POR DISCAPACIDAD SE MULTIPLICAN GENERANDO MUCHA MÁS EXCLUSIÓN

El jurado del Premio CERMI Discapacidad y Derechos Humanos recomendó la publicación del trabajo de esta periodista en su colección 'Generosidad' sobre género y discapacidad. Lo que comenzó como un trabajo de fin de máster, ha terminado en la biblioteca del CERMI. Para la autora sólo supone un grano de arena en ese clamor general de las mujeres con discapacidad. "Quieren vivir en un escenario de igualdad, en el que no importe si eres hombre o mujer o si tienes discapacidad", asegura. Y es que según explica Díaz Funchal, la discriminación por sexo y discapacidad no se suma, se multiplica y genera múltiples discriminaciones.

Elena Díaz Funchal Elena Díaz Funchal

Un estudio como el que publica el CERMI tiene un recorrido, ¿cómo ha sido en este caso ese recorrido?, ¿cómo y por qué decidió abordar este trabajo?

Este estudio comenzó siendo el Trabajo Fin de Máster del Máster de Comunicación Social y Accesibilidad de la Universidad Rey Juan Carlos y Servimedia. A medida que iba recopilando información, me daba cuenta de que el campo de trabajo era mucho más amplio de lo que podía haber imaginado cuando comencé el proyecto. La recopilación de datos estadísticos, estudios y testimonios de mujeres con discapacidad se fue transformando en el libro que ahora publica el CERMI. 

Quería investigar desde una perspectiva multidisciplinar una cuestión de la que hasta hace poco no se ha comenzado a hablar: los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres con discapacidad, que siempre han sido un tema tabú, incluso incómodo para algunos, y que parecía no interesar a nadie.

En el texto se mezclan aspecto relativos a la legislación de estos derechos, con declaraciones de expertos en la materia y también con los testimonios en primera persona de personas reales que han tenido la generosidad de compartir conmigo sus experiencias personales como mujeres con discapacidad que se enfrentan a trabas para ejercer derechos como la maternidad y que no quieren ser cuestionadas por ello. 

La idea de explorar los derechos sexuales y reproductivos otorga a la mujer con discapacidad una visibilidad distinta, ¿cómo favorece este tema central de su estudio a esa necesaria visibilidad?  

Es importante dar visibilidad al colectivo, porque si no se conocen sus necesidades, difícilmente podrán resolverse. Tenemos que hablar de inserción laboral de las mujeres con discapacidad para poder acceder a una vida autónoma e independiente, de participación social, de liderazgo y empoderamiento... pero también es importante hablar de cómo esa discriminación en muchos ámbitos de su vida también afecta a los derechos de lo que son en esencia y por encima de su condición de personas con discapacidad: mujeres. 

La esterilización forzosa, el aborto coercitivo o eugenésico son cuestiones que preocupan al colectivo de la discapacidad y que se deben abordar; al igual que es importante acabar con los falsos mitos y estereotipos que pesan sobre la imagen de las mujeres con discapacidad, a quienes hay que dejar de ver como una mercancía dañada y de menor valor, o como a seres insensibles al dolor, e incluso como procreadoras, inevitablemente, de bebés con discapacidad. 

Todos sentimos miedo ante lo que desconocemos y por eso es importante visibilizar una imagen no distorsionada de la mujer con discapacidad en todos los aspectos; también en los que tienen que ver con su sexualidad. Porque, como cualquier otra, creo que las mujeres con discapacidad tienen derecho a ejercerlos con libertad y responsabilidad,  y en igualdad de condiciones.  

¿Cree que la mujer con discapacidad a menudo pierde, ante una parte de la sociedad, su condición de mujer, su naturaleza, por el hecho de tener una discapacidad?

No es que pierdan su condición de mujer, pero ésta queda a veces anulada por su condición de persona con discapacidad. Algunas de las mujeres con las que he hablado me contaban que, a veces, a las mujeres con discapacidad se las "infantiliza" como si nunca dejaran de ser niñas para su entorno más cercano y, por tanto, como si no pudieran ser madres o tener pareja.

Otras comentaban que la gente las miraba con extrañeza cuando decidían ejercer su derecho a ser madres, como si fuera una cuestión que tuviese que decidir la comunidad, en lugar de ser una opción personal.

En estas cuestiones influye, además de la imagen preconcebida del colectivo a la que hemos aludido antes (como seres de menor valor o insensibles y personas dependientes),  el hecho de que muchas veces se suele ejercer una sobreprotección familiar sobre la persona con discapacidad que puede dificultar el desarrollo de una vida en plenitud de derechos y libertades. 

Esto sucede en países como el nuestro, pero lamentablemente la situación de las mujeres con discapacidad en otras partes del mundo es mucho peor: son recluidas en casa por tener una discapacidad, sus maridos pueden devolverlas a sus familias o casarse con otras,  e incluso son abandonadas por sus familias porque el binomio mujer y discapacidad es una deshonra. 

Ser mujer y tener discapacidad puede suponer una doble discriminación, sin embargo asegura que la mujer con discapacidad sufre multidiscriminación, ¿supone eso que ambas condiciones no suman sino que multiplican los riesgos?

Es lo que trato de hacer ver en este trabajo mediante la teoría de la interseccionalidad. Lo que viene a decir es que la convergencia en una persona de la discriminación por razón de sexo y la que genera la incomprensión hacia el mundo de la discapacidad no se suman, podríamos decir que se multiplican generando muchas más discriminaciones, que además están conectadas. 

La confluencia de estos factores en las mujeres y niñas con discapacidad tiene un efecto multiplicador que potencia la discriminación experimentada y genera nuevas y diferentes formas de discriminación. 

Tener peores condiciones sanitarias, educativas o laborales repercute en peores condiciones económicas, menores oportunidades, más empobrecimiento y peor calidad de vida. 

¿Cuáles son las discriminaciones más peligrosas o dañinas para la mujer con discapacidad en una sociedad avanzada como la nuestra, hoy en día?

Como para cualquier otra persona, la discriminación en el derecho a la educación. Solo un 1% de las mujeres con discapacidad de todo el mundo están alfabetizadas y, evidentemente, si no conocen sus derechos, es complicado que los reclamen para mejorar su situación. 

Las mujeres con discapacidad tampoco tienen por qué tener peores condiciones sanitarias que las expongan a una menor calidad de vida. Por ejemplo, apenas existe aparatología ginecológica adaptada a las mujeres con discapacidad y es triste pensar que solo por tener una discapacidad física severa estás más expuesta a sufrir por ejemplo un cáncer de útero, por el simple hecho de que no puedes someterte a revisiones periódicas como el resto de mujeres. 

Pero una de las peores discriminaciones que pueden experimentar es la de la falta de liderazgo, porque eso las condena a una espiral de la que es difícil salir. Si no están en los órganos donde se toman decisiones que pueden hacer que su vida mejore, si su voz no se escucha, se verán condenadas a una situación de desigualdad que puede perpetuarse en el tiempo. 

A menudo, las mujeres con discapacidad argumentan que nunca se han sentido representadas ni por el sector de la discapacidad ni por el de mujer, el de las feministas, ¿cuál es el papel de la mujer con discapacidad en esta sociedad?, ¿qué quiere y que merece?

Es cierto. Hasta ahora ninguno de los dos movimientos asociativos ha puesto a la mujer con discapacidad en el foco prioritario de acción. 

Creo que el papel que debe ejercer la mujer con discapacidad es un papel activo, de reivindicación de sus derechos para avanzar hacia la igualdad de oportunidades. Tienen que hacerse visibles para que, una vez que el resto de la sociedad de la que forman parte tenga conciencia de sus reivindicaciones y necesidades, comiencen a ser escuchadas.

No soy quien para convertirme en portavoz de lo que quieren y merecen las mujeres con discapacidad, pero por lo que me han contado todas aquellas que han compartido sus experiencias conmigo, puedo decir que quieren ejercer sus derechos y libertades sin ser discriminadas, en igualdad de condiciones y oportunidades que el resto de personas. Quieren vivir en un escenario de no discriminación, de igualdad, en el que no importe si eres hombre o mujer o si tienes o no una discapacidad. 

Y creo que lo merecen, al igual que la sociedad de la que forman parte no se merece y no se puede permitir el lujo de renunciar a todo el talento y riqueza que aportan, desde la diversidad, las mujeres con discapacidad. 

Los testimonios de las mujeres con discapacidad que utiliza para este estudio reflejan realidades múltiples, ¿qué hay de común en todos ellos?

Su espíritu de superación para salir adelante frente a las adversidades, frente a los miedos, los tabúes y la incomprensión. Todas ellas son mujeres que trabajan cada día para dar visibilidad al colectivo del que forman parte, ayudando a avanzar hacia esa meta de la igualdad. Siempre digo que cada pequeña conquista individual de cada una de ellas es un gran avance para todas las mujeres con discapacidad.

También su valentía por ejercer sus derechos como mujeres que, en la mayoría de los casos, han decidido ser madres, enfrentándose a sus propios miedos, y que con ello también están ayudando a visibilizar las necesidades de las mujeres con discapacidad. 

Para saber que las mujeres con discapacidad existen y cuentan, a menudo es necesario que nos lo cuenten. Hace falta más conocimiento, más datos, información, darles voz. Como mujer con discapacidad ¿está satisfecha de haber levantado su voz y que sea escuchada?

Me siento muy satisfecha, pero no por mí, sino por todas las mujeres que han formado parte de lo que ahora el CERMI publica en forma de libro. Ellas son las verdaderas protagonistas de una historia de superación personal, que también es la historia de los logros alcanzados hasta ahora por las mujeres con discapacidad y de la que quedan muchas páginas por escribir. En definitiva, sólo he querido aportar un pequeño granito de arena para hacer más visible a un colectivo al que me siento muy orgullosa de pertenecer.

Pero este trabajo no pretende ser otra cosa que el punto de partida para quienes estén interesados y quieran profundizar y abrir nuevas líneas de estudio e investigación sobre el tema. 

Según los testimonios que recoge y todo lo que ha aprendido con este estudio, ¿cree que ser madre y tener una discapacidad, suma?

No soy madre y no creo que ninguna mujer se sienta más mujer por serlo, pero sí creo que las mujeres con discapacidad que ejercen su derecho a ser madres contribuyen a la normalización del binomio mujer y discapacidad ante el resto de la población y ayudan en esa defensa de los derechos reproductivos. 

Las mujeres con las que he hablado pueden ser también un ejemplo inspirador para otras que también tengan discapacidad y deseos de ser madres, pero que no se atreven a dar ese paso. 

Para terminar, ¿qué le parece que su estudio pertenezca a una colección denominada ‘generosidad'?

Para mí es un honor que este estudio vaya a tener difusión publicándose dentro de una colección específica dedicada a abordar cuestiones de género y discapacidad de un organismo tan importante en el movimiento asociativo de la discapacidad en nuestro país como es el CERMI. 

Mi mayor logro sería que este estudio sirviera de base para abrir nuevas vías y líneas de investigación y por eso me alegra su publicación. Si tras leerlo, alguien se conciencia de lo importante y enriquecedor que es contar con todos los talentos que puede aportar la discapacidad y de lo enriquecedora que es la diversidad humana, habré alcanzado con creces el objetivo que me propuse al escribirlo.

Página principal | Relaciones| Literatura | Ocio y Accesibilidad| Investigación| Otros| Contacto
Versión 4.0 | © Reservados derechos | E-mail | Anti Spam