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Disability Rights Advocates
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September 2001

TÍTULO ORIGINAL:
Forgotten Crimes.
THE HOLOCAUST AND PEOPLE WITH DISABILITIES

  TRADUCCIÓN REALIZADA POR:
Javier Romañach Cabrero
Foro de Vida Independiente y Divertad

Junio de 2013

También disponible en formato PDF (292 KB)

LOS CRÍMENES OLVIDADOS: El Holocausto y las personas con diversidad funcional (discapacidad)

"En el mundo de la posguerra, Auschwitz se ha convertido en el símbolo del genocidio que tuvo lugar en el siglo XX. Pero Auschwitz era sólo el último y más perfecto centro nazi de exterminio. La empresa entera de exterminio empezó en enero de 1940 con el asesinato de los seres humanos más indefensos, los pacientes con discapacidad institucionalizados...": Henry Friedlander, "The Origins of Nazi Genocide: from Euthanasia to the Final Solution"

Portada del libro originalEl programa nazi de esterilización y eutanasia fue el resultado de aplicar opiniones prevalentes en la sociedad alemana. Muchos alemanes creían que una deformidad física o mental era un signo innato del demonio y de las tendencias criminales. Las personas discriminadas por su diversidad funcional también eran vistas como seres con incapacidad de tener sentimientos humanos, simples "cáscaras humanas vacías". También se creía que una persona debe ganarse, más que dar por sentado, el derecho a vivir .

En de julio de 1933, sólo meses después de que los nazis alcanzaron el poder, promulgaron la Ley para la Prevención de Descendencia Genéticamente Defectuosa. La ley se amplió en 1935 para "permitir" (de hecho, requerir) abortos a mujeres que estaban catalogadas como genéticamente "no aptas" -

Los mecanismos nazis de exterminación masiva de víctimas judías, como el envenenamiento por monóxido de carbono en "duchas", fueron desarrollados primero, y perfeccionados después, con el programa de exterminio diversidad funcional

En total, nada menos que un millón de personas con diversidad funcional probablemente fueron asesinados, esterilizados o explotados durante el Holocausto

El sufrimiento de las personas con diversidad funcional durante el holocausto se ha ido sin ser reconocido ni compensado. A causa de la negligencia de los historiadores y de la falta de poder político y económico de las personas con diversidad funcional, no existe ningún centro memorial ni museo específico para los supervivientes con diversidad funcional en el mundo

"Olvidar el exterminio es parte del propio exterminio" Jean Baudrillard

La discriminación de las personas con diversidad funcional no se acabó con el holocausto. A día de hoy, las personas con diversidad funcional de todo el mundo están sujetas a los mismos mitos y estereotipos deshumanizantes y falsos, que hicieron posible su esterilización, explotación y exterminio durante el periodo nazi.

Salud y divertad,
Javier Romañach

TABLA DE CONTENIDO: Índice

AGRADECIMIENTOS

INTRODUCCIÓN: los hombres y las mujeres con diversidad funcional (discapacidad) fueron uno de los mayores grupos explotados y perseguidos en el Holocausto; todavía no se conoce el alcance completo de su victimización.

La política nazi se derivó de las extremas teorías eugenésicas que legitimaron el asesinato y la explotación de personas con diversidad funcional, que eran consideradas como "una carga económica" e "inferiores".

Esterilización: los nazis implementaron sistemáticamente su objetivo de la prevención de la descendencia de los "inferiores", y forzaron a cientos de miles de personas con diversidad funcional a no tener hijos.

Exterminación: la persecución nazi de las personas con diversidad funcional incluyó el asesinato generalizado y sistemático de personas con diversidad funcional como "consumidores inútiles".

El papel de Suiza: las discriminatorias leyes de inmigración y las políticas nacionales " eugenésicas" contribuyeron de manera significativa al sufrimiento de las personas con diversidad funcional.

Los beneficios de Suiza y Alemania: la maquinaria de guerra nazi, la industria alemana y entidades suizas se beneficiaron sustancialmente de la persecución y explotación de personas con diversidad funcional.

Tumbas sin nombre: no ha habido ningún tipo de memorial o recuerdo ni reparación para el sufrimiento infligido a las personas con diversidad funcional.

Conclusión: recordar el pasado, afrontar el presente, construir el futuro.

NOTAS 32


Introducción: los hombres y las mujeres con diversidad funcional (discapacidad)(A) fueron uno de los mayores grupos explotados y perseguidos en el Holocausto; todavía no se conoce el alcance completo de su victimización.

A pesar del gran interés que ha habido alrededor del Holocausto en los últimos años, el silencio ha rodeado las atrocidades en masa que se infligieron a hombres, mujeres y niños con diversidad funcional durante el régimen nazi. La persecución sistemática de las personas discriminadas por su diversidad funcional durante la era nazi se ha pasado por alto y ha sido fuertemente subestimada en la investigación histórica y la memoria colectiva del Holocausto.

El resultado es una amplia ignorancia del público sobre estos horrores, una ignorancia perpetuada a menudo por la indiferencia de los políticos, académicos y los medios de comunicación. Además, las medidas de restitución han sido virtualmente inexistentes.

Algunas personas creen erróneamente que el número de víctimas con diversidad funcional es muy pequeño. Sin embargo, una amplia evidencia muestra que las personas con diversidad funcional fueron sometidas a la esclavitud, fueron robadas, saqueadas y explotadas tanto dentro de Alemania como en los territorios conquistados por los nazis. De igual manera que otras víctimas, como los judíos, sufrieron y perdieron, las personas con diversidad funcional sufrieron y perdieron.

No obstante, puede que nunca llegue a conocerse plenamente la amplitud de las atrocidades sufridas por las personas con diversidad funcional (B). Hasta hace muy poco, se ha dirigido muy poca investigación histórica hacia las víctimas con diversidad funcional del Holocausto. Incluso hoy, sólo un puñado de académicos han empezado a dirigir su atención a esta tarea.

Además, incluso la recopilación del material necesario para investigar los temas del Holocausto relacionados con la diversidad funcional sigue siendo muy difícil. Los repositorios de información sobre el Holocausto han excluido virtualmente a las personas con diversidad funcional, sin tratarlas como un grupo distinto. Además, no existe financiación para esa investigación. Además, estas limitaciones se tienen que contemplar en el contexto de registros que se han guardado en secreto, documentos que han sido alterados o destruidos, y explotaciones que nunca fueron registradas(1). Finalmente, la esterilización forzosa en masa de los nazis ha dejado a muchas de esas víctimas sin hijos para poder contar sus historias.

No obstante, la incapacidad de documentar plenamente los crímenes horribles cometidos contra mujeres, hombres y niños con diversidad funcional no puede borrar lo que ocurrió. La persecución y explotación nazi de las personas con diversidad funcional fue asombrosa. Incluyó el saqueo y el robo, el asesinato en masa, experimentos médicos de barbarie sin precedente, esclavitud y trabajo forzoso, esclavización forzosa de masas, incineración en los campos de concentración y otras formas horribles de degradación y explotación. El gobierno alemán, ayudado por la profesión médica alemana al completo, sacrificó sistemáticamente a cientos de miles de personas con diversidad funcional y esterilizó forzosamente a cientos de miles de ellas. Las personas con diversidad funcional fueron acarreadas como ganado a los centros de exterminio, residencias de tercera edad y campos de concentración. Fueron obligadas a trabajar hasta la muerte para las empresas alemanas en grupos de trabajo forzoso. Fueron objeto de horribles experimentos médicos. Los académicos concluyen actualmente que la persecución de los nazis de las personas con diversidad funcional puede ser definida de manera más ajustada en términos de genocidio: la eliminación sistemática de un grupo de víctimas biológicamente definido(2).

Este grupo de víctimas incluía personas con cualquier tipo de diversidad funcional. En lugar de aceptar la diversidad funcional como un aspecto de la vida en todas las sociedades, la ideología alemana consideraba la diversidad funcional como un signo de degeneración y contemplaba a casi todas las personas con diversidad funcional como una "vida que no merece la pena ser vivida". Personas con cualquier tipo de diversidad funcional - depresión, retrasos, parálisis cerebral, distrofia muscular, cáncer, movilidad diferente, "personas que aprenden despacio", sordera y ceguera - se etiquetaban como "comedores inútiles". Las personas con diversidad funcional fueron las primeras víctimas de los esfuerzos de Hitler para crear una raza superior; la eliminación de personas con diversidad funcional fue un componente central del plan nazi para purificar la raza aria(C). Las personas con diversidad funcional fueron también las últimas víctimas, y continuaron siendo asesinadas incluso después de que la maquinaria de guerra alemana se colapsara.

La estrategia de Hitler progresó en fases. Primero vino la esterilización. La esterilización obligatoria para personas con diversidad funcional se convirtió en ley en Alemania en 1933. Más de 400.000 personas con diversidad funcional fueron esterilizadas de manera forzosa; en el procedimiento algunas veces se quitaban las gónadas masculinas o se sometía a radiación el área genital, causando quemaduras terribles. A continuación empezó la operación oficial de asesinatos, conocida como el programa Aktion T-4. El programa fue diseñado específicamente para personas con diversidad funcional. Los mecanismos nazis de exterminación masiva de víctimas judías, como el envenenamiento por monóxido de carbono en "duchas", fueron desarrollados primero, y perfeccionados después, con el programa de exterminio de la diversidad funcional. Como resultado, más de 275.000 personas con diversidad funcional fueron asesinadas en el programa Aktion T-4, sin contar a todos aquéllos que perdieron la vida en los campos de concentración, y los que la perdieron después de que la fase formal del programa T-4 terminara.

Durante el curso de la guerra, no se sabe cuántos fueron asesinados en las áreas ocupadas e invadidas por los nazis. A medida que los nazis ampliaron su esfera de dominación, se asesinó sin piedad a hombres, mujeres y niños con diversidad funcional independientemente de su raza, religión, o filiación política. Con la extensión de la Segunda Guerra Mundial, las unidades asesinas de las SS empezaron a matar a decenas de miles de personas que vivían en residencias en las áreas anexadas de Polonia, Pomerania y Prusia Occidental.

La historia es importante. El recuerdo de la barbarie masiva del Holocausto para personas con diversidad funcional es fundamental para comprender hoy (a) por qué y cómo las personas discriminadas por su diversidad funcional siguen siendo marginadas y (b) las actitudes y fallos morales que permitieron que el Holocausto ocurriera. Hasta que no se haya contado, y se recuerde, toda la historia de la pesadilla nazi, todos estamos en peligro.

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La política nazi se derivó de las extremas teorías eugenésicas que legitimaron el asesinato y la explotación de personas con diversidad funcional, que eran consideradas como "una carga económica" e "inferiores".

El programa nazi de esterilización y eutanasia fue el resultado de aplicar opiniones prevalentes en la sociedad alemana(D). Muchos alemanes creían que una deformidad física o mental era un signo innato del demonio y de las tendencias criminales (3). A las personas discriminadas por su diversidad funcional también se las veía como seres con incapacidad de tener sentimientos humanos, simples "cáscaras humanas vacías"(4). Asimismo, se creía que una persona debe ganarse el derecho a vivir, en lugar de darlo por sentado(5). Cuando Hitler llegó al poder en 1933, era frecuente la participación voluntaria en los programas nazis de esterilización, explotación y posterior exterminio de las personas discriminadas por su diversidad funcional. "Al final de los años 30, los elementos propagandísticos habían inculcado ese miedo y odio a los diversos mentales... y la eliminación de esas personas parecía lógica, o incluso una medida humanitaria"(6). La eugenesia nazi y las valoraciones económicas de la vida humana fueron imbuidas en la opinión y cultura públicas. "La eliminación de niños deformes y pacientes mentales no era tanto una reacción fóbica a su presencia, como el resultado de la cultura de la creencia de que las enfermedades genéticas eran una carga para la nación"(7).

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Esterilización: los nazis implementaron sistemáticamente su objetivo de la prevención de la descendencia de los "inferiores", y forzaron a cientos de miles de personas con diversidad funcional a no tener hijos.

El 14 de julio de 1933, sólo meses después de que los nazis alcanzaran el poder, promulgaron la Ley para la Prevención de Descendencia Genéticamente Defectuosa. Esa ley establecía que "cualquier persona que tuviera una enfermedad hereditaria debía llegar a ser incapaz de tener hijos a través de una operación quirúrgica (esterilización)..."(E) Los nazis establecieron y elaboraron burocracia para implementar esta política (8). Se pidió a los doctores que registraran los casos de enfermedades genéticas, y recomendaron la esterilización de los pacientes (9). Se crearon 181 juzgados genéticos y cortes de apelación con el fin de reforzar la ley de esterilización y decidir quién era "apto para reproducirse" (10). Los pacientes que se negaban se arriesgaban a ser enviados a campos de concentración (11). Una vez que se había tomado la decisión, la esterilización podía llevarse a cabo "contra la voluntad" de la víctima (12). Un superviviente, que fue entrevistado por la organización Disability Rights Avocates, describió el caso de un niño con diversidad funcional en su colegio que se negó a acudir a esta operación. Se le practicó una vasectomía sin anestesia. Otros supervivientes han descrito sus experiencias de ser atados a las mesas de operaciones y ver sus propias esterilizaciones en un espejo (13). Un número abrumador de casos de los "juzgados de la salud" dieron como resultado la esterilización forzosa. De 84.604 casos judiciales que se presentaron el primer año, el 92,8% dieron como resultado la esterilización forzosa (14). En septiembre de 1939 los nazis tenían registros que mostraban que al menos 375.000 personas habían sido imposibilitadas para tener descendencia (15). Es muy posible que la cifra final supere los 400.000 (F).

La esterilización era dolorosa y peligrosa en muchos casos. Aunque las técnicas más comunes fueron la ligadura de trompas o la vasectomía, también se utilizaron frecuentemente otros métodos más brutales. Un estudio descubrió que el 12% de las esterilizaciones se realizaron con rayos X, que dieron como resultado quemaduras graves y dolorosas. Se sentaba a las víctimas en las mesas y se les decía que rellenaran los cuestionarios. Un equipo radiológico oculto debajo de las mesas dirigía los rayos X a los genitales; como resultado se generaban extensas quemaduras y la esterilización inmediata. Otra técnica brutal era la escarificación de las trompas de Falopio provocada por inyecciones de dióxido de carbono. Muchas personas murieron como resultado de estos procedimientos (16).

Aquéllos que sobrevivieron a estas esterilizaciones dolorosas, forzosas y masivas, sufrieron la carga del "problema de la violación irreversible de la integridad física" (17). Décadas después, aproximadamente la mitad de los supervivientes esterilizados todavía sufrían dolor físico, y más de las tres cuartas partes tenían todavía el trauma psicológico resultante de los procedimientos (18). La esterilización forzosa también acabó con muchos matrimonios. Además, casi una cuarta parte de aquéllos que fueron entrevistados confesaron que la esterilización forzosa fue la causa de que no se casaran (19). Como consecuencia, experimentaron "ansiedad por haber envejecido sin el apoyo del amor de los hijos, y un futuro incierto, solitario y aislado" (20). Muchos vivieron interiormente y en secreto la sensación de vergüenza e inferioridad derivadas de su esterilización forzosa (21).

Finalmente, al ser esterilizadas forzosamente, las personas con diversidad funcional no sólo perdieron la valiosa capacidad de tener hijos, sino que se perdió la oportunidad de traer nuevos seres a la floreciente cultura de la diversidad.

Por ejemplo, a principios de los años 30 del siglo XX, Alemania había desarrollado bastante la cultura sorda que había florecido en instituciones educativas para sordos, publicaciones y residencias. Los nazis destruyeron casi completamente la comunidad sorda, e impidieron, con la esterilización forzosa y las muertes en trabajos forzosos, que las personas sordas perpetuaran una herencia cultural rica a través de sus hijos. La comunidad sorda de Alemania todavía no se ha recuperado completamente de su aniquilación durante el régimen nazi.

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Exterminación: la persecución nazi de las personas con diversidad funcional incluyó el asesinato generalizado y sistemático de personas con diversidad funcional como "consumidores inútiles".

Aktion T-4: un gran número de personas perdió su vida en un plan organizado de asesinatos masivos, diseñado específicamente para el exterminio de mujeres y hombres con diversidad funcional.

La esterilización se convirtió rápidamente en asesinatos. Y pronto se inició un plan de exterminio masivo de hombres y mujeres con diversidad funcional. Ya en 1933, el Ministerio de Justicia propuso una ley que autorizaba a los médicos a "acabar con las torturas de los pacientes incurables, bajo petición, en interés de la verdadera humanidad". Hitler quería eliminar a las personas con diversidad física y mental de la nación (22).

Aunque estos objetivos nunca cristalizaron en una legislación formal, se llevaron a cabo de manera efectiva por medio del programa de eutanasia conocido como Aktion T-4 (G). En septiembre de 1939 Hitler firmó un memorándum secreto por el que encargaba a Philip Bouhler y a su médico personal, el Dr. Karl Brandt, la responsabilidad de autorizar a los médicos para que garantizaran la "muerte por compasión" a los pacientes "enfermos" incurables (H).

Sin embargo, la masiva organización del programa T-4 y las descripciones de aquéllos que iban a morir, nunca tuvo la única intención de limitarse a las "muertes por compasión" para los enfermos terminales (23).

El programa Aktion T-4 evolucionó hacia un esquema cruel en el que "la ejecución clínica de los indefensos y las personas enfermas crónicas se convirtió en una parte normal de la rutina médica y de la vida en comunidad" (24). La definición del gobierno alemán de la "eutanasia" fue cambiando y se aplicó a un amplio rango de diversidades mentales y físicas, como la ceguera, la epilepsia, el autismo, la depresión, el desorden bipolar, la diversidad de movilidad o la deformidad física. Su motivación no era la calidad de vida, sino la limpieza racial y el ahorro económico (25). Aunque el gobierno y la comunidad médica intentaron dar una imagen del programa como eugenésico, en lugar de punitivo y "eliminatorio", los términos como "eutanasia", "asistencia médica final", y "muerte por compasión" no eran más que eufemismos para la aniquilación sistemática y amplia de personas con diversidad funcional (26). Para conseguir su objetivo de la eliminación de grandes poblaciones, los nazis experimentaron con las personas con diversidad funcional con el objetivo de determinar los métodos más eficientes para matarlas, tanto a ellas como a otros grupos identificables (27). Las personas con diversidad funcional fueron las víctimas de la primera cámara de gas experimental en Brandenburgo, en el invierno de 1939-1940. Durante un "ensayo de gaseado", que tuvo lugar en enero de 1940, varios pacientes con enfermedad mental fueron gaseados hasta la muerte para demostrar la eficiencia del gas venenoso en relación con muertes más lentas que resultaban por el uso de las inyecciones de morfina y escopolamina (28).

En los centros de eutanasia del programa T-4 se desarrollaron las técnicas para camuflar las cámaras de gas con alcachofas de ducha, el alicatado y las tuberías falsas, etc., que servían para engañar y tranquilizar a las víctimas (29).

Existen pruebas contundentes de que las intenciones del programa Aktion T-4 eran obvias para el público. Muchos ciudadanos participaran activamente en el exterminio de las personas con diversidad funcional (I). Los programas requerían una red de trabajadores para conducir las furgonetas, cavar las tumbas, hacer funcionar los incineradores, limpiar las salas de los hospitales y hacer los documentos administrativos. Incluso se consideraba glamuroso y beneficioso económicamente trabajar para el programa "secreto" T-4. A los empleados se les ofrecía higiene dental a precios reducidos, con programas en los que se utilizaba oro reciclado proveniente de las personas con diversidad funcional que habían sido asesinadas (30). Los miembros de la plantilla del programa T-4 y sus familias disfrutaban de frecuentes vacaciones gratis en sitios de su elección en Austria, además de pensiones, bonos y otras ventajas. La tasa de abandono laboral de los empleados por el programa T-4 era llamativamente baja (31).

La comunidad médica y las universidades también estaban implicadas directamente. Los médicos de toda Alemania rellenaban cuestionarios para todos los pacientes crónicos de hospitales, sanatorios y asilos. Los cuestionarios incluían preguntas sobre la capacidad de trabajar del paciente e información para determinar si el paciente "era merecedor de la vida". Estos funcionarios los enviaban a otros comités de valoración de médicos, que eran quienes determinaban qué pacientes debían ser asesinados. Al principio, la sentencia de muerte requería unanimidad, pero a medida que el programa fue evolucionando, la mayoría simple era suficiente (32). Los residentes que iban a ser asesinados, eran transferidos de los centros de rehabilitación, instituciones mentales, residencias y hospitales, a "instituciones de observación". Estas instituciones servían como lugares en los que reunir a las víctimas antes de ser enviadas a uno de los seis principales centros de exterminio de personas con diversidad funcional. Estos centros fueron los lugares en los que tuvieron lugar la mayor parte de los asesinatos de personas con diversidad funcional durante la primera fase del programa de exterminio de adultos, aproximadamente desde 1939 a 1941.

Por ejemplo, el extermino de personas con diversidad funcional en Hadamar (uno de los seis principales centros de exterminio) transcurría con una eficiencia y regularidad burocráticas. Mantener la moral alta era esencial para suavizar la operación. Para mantener el alto nivel de "eficiencia" y el ánimo de los trabajadores del hospital, los administradores del hospital subrayaban reiteradamente la importancia del programa de exterminio. Por ejemplo, durante el verano de 1941 se celebró una ceremonia en el ala derecha del vestíbulo de Hadamar que marcó un hito en el programa de exterminio. Todos los trabajadores del hospital acudieron a la celebración, en la que se sirvió vino y cerveza. Tras los festejos iniciales, todos los participantes bajaron al sótano para ser testigos de la cremación de la víctima número 10.000. Se adornó el cuerpo con flores frescas arregladas de modo atractivo y se pusieron alrededor pequeñas banderas con la esvástica nazi. Uno de los médicos ofreció a los trabajadores unas pocas palabras inspiradoras sobre la importancia del trabajo de Hadamar. Luego se empujó el cuerpo al horno. En ese momento, varios de los participantes hicieron un elogio burlesco de la víctima, que los demás disfrutaron, y luego pusieron la música de una banda local de polkas (33).

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El "Programa Infantil": bajo un programa nazi especial, incontables niños y bebés con diversidad funcional fueron asesinados.

Además del programa Aktion T-4, los nazis desarrollaron un programa específico dirigido a los más vulnerables: los niños con diversidad funcional. El asesinato de los recién nacidos era una de las máximas prioridades para prevenir una nueva generación de personas con diversidad funcional (34). Para ello, se creó el Comité para la investigación científica de enfermedades graves de origen hereditario y protónico, con el fin de llevar a cabo el programa de "eutanasia" de los niños. El 18 de agosto 1939, el Comité emitió un decreto que requería informar de todos los recién nacidos y niños de menos de tres años que fueran sospechosos de tener "enfermedades hereditarias graves". Estas "enfermedades" incluían el síndrome de Down, deformidades, parálisis, sordera, ceguera, y muchas más. Aunque los médicos ya habían matado bebés "no aptos para vivir" de manera extraoficial, al menos desde 1933, la creación de este comité autorizó oficialmente esos asesinatos.

El doctor Karl Brandt explicó el objetivo: "El objetivo era tomar posesión de estos abortos y destruirlos tan pronto como fuera posible después de haber llegado al mundo". Se preparó un cuestionario en el que el médico facilitaba un historial detallado (35). Los doctores también hacían predicciones sobre la futura calidad de vida del bebé. Los cuestionarios se enviaban a un comité de médicos que determinaban si le ponían al niño una marca "+", que recomendaba su exterminio. Los niños con diversidad funcional seleccionados para ser eliminados eran transferidos a uno de los 28 centros oficiales de eliminación. Uno de esos "departamentos de niños" consistía en 640 camas en la institución austriaca Am Steinhof; el "departamento" era un centro activo de eliminación de niños (36).

El método más común de exterminación para los niños considerados "no aptos" para vivir era una inyección letal masiva directamente al corazón, pero con frecuencia eran asesinados de una manera que deliberadamente les provocaba una muerte prolongada y dolorosa. En muchos casos se les administraba veneno de manera lenta durante varios días o semanas de manera que la muerte se pudiera atribuir a la neumonía u otras complicaciones. Otros médicos preferían el método más doloroso: dejarlos morir de hambre. El Dr. Hermann Pfannmuller quería que sus pacientes murieran de "causas naturales". Se ha descrito que, al dar una vuelta por el hospital, el Dr. Pfannmuller mostraba un niño, sujetándolo como a un conejo muerto y declarando con una sonrisa: "Con éste, por ejemplo, todavía llevará dos o tres días más" (37).

El círculo de asesinatos se expandió rápidamente. El 12 de junio de 1941 se pidió a todo el personal médico que registrarse a cualquier menor con diversidad funcional. En el otoño de 1941, el programa de exterminio de niños se amplió para incluir niños que tuvieran edades de hasta 17 años. Simultáneamente, se terminaron las prestaciones financieras estatales para niños con diversidad funcional (38). Dado que los registros no están disponibles y fueron destruidos, es imposible determinar cuántos niños con diversidad funcional encontraron la muerte en el programa de eliminación de niños (39).

Además, al igual que en el programa de esterilización, el programa de eutanasia de los niños no sólo privó a las familias de sus hijos, sino que además impidió que muchos padres con diversidad funcional perpetuaran la cultura de la diversidad funcional a través de su descendencia.

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Los campos de concentración: las personas con diversidad funcional fueron exterminadas a millares.

Las personas con diversidad funcional también fueron encerradas en campos de concentración. En los campos, el programa de eutanasia tomó el nombre "14 f 13", y se utilizó para exterminar a los prisioneros con diversidad funcional que no podían trabajar. Los prisioneros que se seleccionaban para asesinados eran enviados a una institución de exterminio, donde eran exterminados con gas venenoso (40). Muchos de los trabajadores del programa T-4 fueron los responsables de transferir a los reclusos "14 f 13" desde los campos de concentración hacia las instituciones de eutanasia (41).

Entre las señales que se usaban para identificar a los reclusos en los campos de concentración había un brazalete que tenía la palabra alemana Blod, que indicaban qué prisioneros eran los "débiles mentales". A estas personas a veces se les obligaba a llevar un cartel alrededor de sus cuellos, que tenía escrito: "Soy un Idiota" (42).

Los prisioneros sordos, y tal como contó la historia a Disabilty Rights Advocates uno de los supervivientes sordos, llevaban un pin de metal con forma de un triángulo rojo invertido que llevaba grabada la palabra Taubstummen, "Sordo y tonto".

Dado que esa diversidad funcional no le impedía trabajar, Este superviviente sufrió durante una marcha brutal que duró casi dos semanas. Su historia relata el sufrimiento de estar a punto de ser liquidado en un gueto, y de ver a los soldados separar a los que podían caminar de los que no podían. Los que no podían caminar fueron considerados demasiado onerosos para el transporte y, o bien fueron disparados hasta matarlos, o quemados vivos.

Los asesinatos continuaron en los países ocupados. En octubre de 1939, grupos grandes de pacientes de Pomerania fueron transportados a un lugar cerca de Danzig y les dispararon hasta matarlos (43). En el otoño de 1940, por ejemplo, 1558 pacientes mentales de Prusia del Este y aproximadamente de 250 a 500 personas con diversidad funcional de Polonia fueron exterminadas. En la Unión Soviética, "Todos los pacientes de hospitales psiquiátricos sin excepción fueron asesinados por los nazis inmediatamente después de la invasión" (44). En Bohemia y Moravia los pacientes alemanas fueron trasladados al Sudentenland para ser esterilizados y exterminados. La retirada de 700 alemanes étnicos del estado títere independiente de Eslovaquia dio lugar a los rumores de que habían sido "convertidos en jabón" (45). Uno de los más notorios hospitales de exterminio fue el Meseritz-Obrawalde de Prusia, donde se produjo el exterminio de pacientes con diversidad funcional de 26 ciudades alemanas (46). Los trabajadores del Meseritz-Obrawalde seleccionaron a los "pacientes que daban trabajo extra a las enfermeras, los que eran sordomudos, enfermos, obstructivos, o indisciplinados, y cualquier otro que simplemente resultara molesto". En esta institución, los métodos preferidos de asesinato eran las sobredosis de drogas o las inyecciones letales (47).

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Eutanasia salvaje: los asesinatos de la diversidad funcional continuaron después de que el programa de "eutanasia" fuese oficialmente detenido, incluso después de que la Segunda Guerra Mundial acabara.

Aunque el programa de eutanasia Aktion T-4 fue "oficialmente" detenido en agosto de 1941, los exterminios continuaron. La orden de suspensión se aplicó sólo a los centros oficiales de exterminio alemanes y para el uso de gas venenoso. El asesinato en masa de personas con diversidad funcional continuó en otras instituciones y por otros medios, y la tasa de asesinatos aumentó. Además, la orden de suspensión no se aplicó a programas de exterminio de los niños o para la llamada investigación médica sobre niños con diversidad funcional (48). Por lo tanto, un sistema descentralizado de eutanasia "salvaje", continuó hasta el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945 (49). Las enfermeras y los médicos con frecuencia "desinfectaban" a los pacientes por medio de veneno, hambre e inyecciones letales. En el Hospital Estatal Gugging los pacientes fueron asesinados con dolorosos tratamientos de electroshock (50). Los médicos también asesinaron a sus pacientes con diversidad funcional siguiendo sus propios estándares personales, que incluían la disponibilidad de camas, mantas, y otros suministros. "A pesar de que el control sobre el asesinato con eutanasia localizada carecía de la precisión de la fase de la matanza anterior, la Oficina Central del programa T-4 continuó reclutando y dirigiendo ... El programaT-4 amplió el grupo de posibles víctimas; las personas que tenían enfermedades relacionadas con el envejecimiento fueron incluidas dentro del T-4, peinando residencias de ancianos y asilos...". Friedlander, Origins of Nazi Genozide, p. 159.

La matanza continuó incluso después de la caída del régimen nazi. Tres meses después de que la guerra hubiera terminado, un médico alemán, al volver a casa desde el frente, descubrió que los psiquiatras en una institución local seguían matando sistemáticamente a sus pacientes. El 29 de mayo de 1945, junto a las tropas estadounidenses y sin que éstas se dieran cuenta, el niño de cuatro años Richard Jenne se convirtió en la última víctima de un asesinato nazi en hospital de Kaufbenren, a menos de media milla de distancia. Fue asesinado por el personal de la sala de niños, a las 1:10 de la tarde; la causa "oficial" de la muerte aparece como "tifus". Cuando los estadounidenses finalmente investigaron Kaufbenren al mes siguiente, se quedaron estupefactos al descubrir una "planta de exterminio al por mayor" en condiciones deplorables. Los investigadores se encontraron "sarna, piojos y otros parásitos en todas partes, las sábanas estaban sucias y no había medidas de cuarentena (51).

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El papel de Suiza: las discriminatorias leyes de inmigración y las políticas nacionales "eugenésicas" contribuyeron de manera significativa al sufrimiento de las personas con diversidad funcional.

Fronteras cerradas: las personas con diversidad funcional eran devueltas en las fronteras suizas.

Con la esperanza de evitar la masacre del programa Aktion T-4, muchas personas con diversidad funcional, al igual que otros objetivos del odio nazi, buscaron refugio en Suiza. Su acción era comprensible; Suiza había conseguido el estatus casi mitológico de paraíso internacional. Sin embargo, después de la Primera Guerra Mundial, la xenofobia y el miedo de las personas con diversidad funcional se habían extendido en Suiza. La "higiene racial" pronto alcanzó el estatus de concepto "autoevidente".

La "calidad" de un ser humano (en términos darwinistas) era el único criterio para una política demográfica sólida (52). De hecho, como resultado de las éticas de ahorro en diferentes cantones durante los años 20, muchos ciudadanos con diversidad funcional fueron enviados a Alemania para ser tratados. La mayor parte de ellos fueron asesinados después en instituciones de eutanasia (53).

Además, en 1933 los oficiales suizos a nivel federal (eidgenossische Behorde) crearon dos categorías distintas de refugiados civiles (Zivilfluchtlinge). A los refugiados políticos (politische Fluchtlinge) se les dio asilo de hospedaje, aunque sólo temporal. Se restringió la admisión al resto de refugiados (gewonhnliche Fluchtlinge). La preocupación sobre un potencial diluvio de refugiados (Überfremdung) llevó a Suiza a mantener fuera del país a los "indeseables". De hecho, en 1938 el gobierno suizo urgió a los oficiales alemanes a marcar los pasaportes con un símbolo particular que indicara el pasado de una persona (54). Como resultado, un número indeterminado de refugiados fueron devueltos a los tormentos nazis (J).

El número de personas con diversidad funcional devueltas por Suiza incluye por lo tanto (a) el 15-20% de los judíos refugiados que tenían diversidad funcional y (b) los que eran objetivo directo de los nazis por causa de su diversidad funcional.

La supervisión de la política de refugiados era llevada a cabo por el Bundesrat Federal, que establecía la política, y la Grenzpolizei, que patrullaba las calles y los caminos de las fronteras. Entre ambas hicieron grandes esfuerzos para limitar la inmigración, y las restricciones fueron constantemente aplicadas de forma rigurosa. Por primera vez, los suizos añadieron un requisito de visado obligatorio. El artículo nueve de la Ley Federal del 7 octubre 1939 permitía la expulsión forzosa de todas las víctimas de persecución, por entrar en Suiza ilegalmente. Menos de tres años después, el 13 de agosto de 1942, el Bundesrat decretó que las personas que buscasen entrar en Suiza sin un visado válido debían ser devueltas a su país de origen. Finalmente, las fronteras suizas se cerraron completamente durante el invierno de 1942-43 (55). Sólo los refugiados políticos y los desertores del ejército permanecieron exentos de esta política.

El 12 de marzo de 1943 el gobierno suizo incrementó su red de campos de internamiento. Estos campos se utilizaron para contener refugiados que habían entrado después de agosto de 1942 y no habían sido repatriados. Muchos de los que tenían diversidad física o mental fueron puestos en cuarentena en varios hospitales y sanatorios (56). Otros fueron obligados a trabajar duramente. Por ejemplo, un refugiado que estuvo en el campo de Gyrenbad fue obligado a realizar trabajos forzosos, fue alimentado con poca comida y obligado a dormir sobre paja. Posteriormente fue enviado a trabajar a una granja aislada. El hecho de que tuviera polio y llevara hierros en su pierna deformada no tuvo relevancia (57).

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La eugenesia suiza: a las personas con diversidad funcional se les denegaba el matrimonio y fueron sujetas a esterilización forzosa en Suiza en el período 1933-1945.

Ya en 1925 el Código Civil suizo prohibía el matrimonio si al menos una de las partes era considerada un débil mental o un loco. Decretaba que: "las personas que tienen una mente defectuosa son incapaces de casarse". Además, un comentario en las notas del Código ponía: "los comentadores están de acuerdo en que esta prohibición está pensada para una aplicación amplia; si no, no se habría añadido el primer párrafo; para prima facie el primer párrafo parece ser suficiente para excluir a personas que sufran cualquier tipo de locura" (58). La regla fue, en efecto, interpretada en sentido amplio. Por ejemplo, bajo ese código una persona podía ser considerada completamente competente para realizar una transacción financiera y, sin embargo ser considerado "mentalmente enferma" y tener prohibido el matrimonio (59). La ley consiguió el impacto que se pretendía para las personas con diversidad funcional. El profesor Hans Ulrich Jost, de la Universidad de Lausanne, averiguó que muchas personas con diversidad funcional fueron víctimas de la ley de esterilización de 1928, siendo las mujeres nueve de cada diez víctimas. Sin embargo, debido en parte a que la esterilización se realizaba durante otra operación, resulta difícil estimar el número total de personas que fueron esterilizadas forzosamente. Con todo, existe una sustancial evidencia anecdótica. Un documento emitido por la Universidad Policlínica de Zurich, fechado en 1994, cuenta la historia de una mujer a quien, cuando estaba embarazada de dos meses, se le recomendó la esterilización porque era "débil mental, moralmente débil, idiota y promiscua". "Hitler pidió copias de las leyes que permitían esterilizar a "idiotas promiscuos"; Shadow of Race Hygiene Lengthens" The Herald (Glasgow) 28 August 1997, p. 11.

Suiza no se detuvo en las políticas matrimoniales; también desarrolló políticas de reproducción. Con la creencia de que las personas con diversidad funcional eran "no aptas" para reproducirse, en 1928 el cantón de Vaud, al este de Suiza, autorizó la esterilización forzosa de personas con diversidad funcional. Esa ley, una de las primeras de este tipo en el mundo, fue ensalzada y admirada por Hitler. De hecho, Hitler pidió a los gobiernos de Vaud y Berna copias de las leyes que requerían o permitían la esterilización de "idiotas promiscuos". Apoyó activamente la ley suiza y la utilizó como base para las políticas de esterilización nazi.

Las políticas eugenésicas y las actitudes discriminatorias siguieron degradando y victimizando a las personas con diversidad funcional en Suiza. Según describe el profesor Jacques Voneche, especialista en psicología infantil y de la adolescencia de la Universidad de Ginebra: "Obviamente, estas esterilizaciones todavía se practican en Suiza, pero no abiertamente". Sugiere que las esterilizaciones forzosas están apoyadas por los padres, los médicos y los directores de las instituciones (60). Las autoridades han negado estas alegaciones, y el gobierno suizo ha evadido la responsabilidad aduciendo que cada uno de los 26 cantones suizos es responsable de sus propias decisiones sobre la salud pública (61).

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Los beneficios de Suiza y Alemania: la maquinaria de guerra nazi, la industria alemana y entidades suizas se beneficiaron sustancialmente de la persecución y explotación de personas con diversidad funcional.

"Los aspectos económicos de la eutanasia de los diversos funcionales crónicos se discutieron ampliamente. Eran tiempos de guerra, los presupuestos eran muy altos, los déficits eran extraordinarios, los recursos sanitarios eran limitados. Se argumentaba que los gastos del cuidado de larga duración de los pacientes, que podrían no volver a ser nunca ciudadanos productivos, tenían muy poco sentido en términos de coste/beneficio, comparados con los programas de salud pública para mantener sanos a los capaces. Había que racionalizar los escasos recursos sanitarios". Hugh Gallagher, Black Bird Fly Away: Disabled in an Able-bodied World, p. 227 (K)

La creencia de que las personas con diversidad funcional eran categóricamente improductivas y pobres es falsa. Muchas personas con diversidad funcional llevaban vidas normales con sus familias, hogares, propiedades y negocios (L). El expolio nazi de las personas con diversidad funcional contribuyó de múltiples maneras al esfuerzo bélico nazi y enriqueció al régimen nazi. Relojes de oro, monturas de gafas, y otros bienes personales fueron saqueados de las víctimas; sus cuerpos fueron utilizados para investigación médica. Los familiares de las víctimas fueron forzados a pagar gastos fraudulentamente; y los ahorros derivados de asesinar, en lugar de apoyar y cuidar a las personas con diversidad funcional, fueron contabilizados. Las personas con diversidad funcional fueron obligadas a trabajar en el período nazi en instituciones, en campos de concentración y en industrias locales que trabajaban para la industria militar del gobierno alemán. Todas estas atrocidades tuvieron el apoyo y la colaboración de las instituciones suizas.

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Explotación y saqueo: los nazis saquearon las propiedades y los bienes de las personas con diversidad funcional.

Un ejemplo particularmente macabro del saqueo de las personas con diversidad funcional fue la amplia extracción de piezas dentales de oro, y el robo de joyería, anillos, relojes y otros bienes de los cadáveres en Hadamar y otros centros de exterminio. Después de asesinar a los pacientes con diversidad funcional en el programa T-4, los trabajadores extraían sistemáticamente las piezas dentales de oro y saqueaban los efectos personales y otros bienes, que luego fueron utilizados para el esfuerzo bélico. Todos los pacientes con implantes dentales eran identificados con cruces en sus espaldas. Los cuerpos que tenían estas cruces se recogían después de su muerte, y se les extraían los dientes de oro. El oro era transportado a la oficina central del centro de exterminio, donde se almacenaba en una caja de cartón. Cuando se había recogido una cantidad significativa de oro, se enviaba a la oficina central del programa T-4 en Berlín (62). Tal como se describe a continuación, mucho de este oro acabó en Suiza.

Además de la extracción sistemática de los objetos valiosos de los diversos funcionales asesinados, los trabajadores de los centros de exterminio mataban a menudo a pacientes con el único objetivo de robarle sus bienes. "Algunas veces los trabajadores de los centros simplemente querían poder tener acceso a un reloj, un traje bonito o un buen par de zapatos que pertenecían al paciente, y para satisfacer su codicia lo asesinaban" (63). En Auschwitz, los diversos funcionales "novatos" eran asesinados y "los especialistas extraían y cortaban... el pelo de su cuerpo... y sus empastes de oro" (64).

Los métodos de saqueo desarrollados en los centros de eutanasia se utilizaron después en los campos de concentración, en los que también hubo personas con diversidad funcional (65). "El sistema de robo de dientes de oro y empastes de oro de los cuerpos de las víctimas asesinadas, fue introducido por primera vez en los centros de exterminio del programa de "eutanasia" y luego copiado en los campos de exterminio de la Operación Reinhard" (66). En las instituciones de la "eutanasia" de la diversidad funcional también se desarrolló la idea de los crematorios incorporados, completados con cintas transportadoras a los hornos, de manera que se podía hacer desaparecer grandes cantidades de cuerpos. En 24 horas, un centro de exterminio podía "procesar" a una persona con diversidad funcional y convertirla en cenizas a través de un método de asesinato denominado eufemísticamente "desinfección" (67). El énfasis en la eficiencia se extendió a los métodos desarrollados para la susrracción de los efectos personales, monturas de gafas, oro u otros objetos de valor de las víctimas, ya fuera antes o después de su asesinato (M). Además, los nazis también se beneficiaron de los programas de asesinato de las personas con diversidad funcional mediante el cobro a las familias de las víctimas de los costes de institucionalización, y de las "muertes misericordiosas." Las familias pagaron (por lo menos hasta el día de la muerte de la víctima) por la comida, el alojamiento y los gastos "sanitarios".

En muchos casos, las familias tuvieron que pagar más allá del día de la muerte, para lo que se usaron certificados de defunción falsificados. Las instituciones, a menudo falsamente, añadieron varios meses en la vida de los pacientes, recaudando entre 200 y 3.000 marcos adicionales por paciente (68). Además, estos pacientes murieron de inanición y abandonados en sus últimos días, incurriendo en poco o ningún costo real para las instituciones. El desarrollo de los asesinatos por hambre permitió que Alemania se beneficiara económicamente, quitando el alimento literalmente de la boca a personas indefensas.

Con la eliminación de las "molestias sociales" se ahorraron millones de marcos al gobierno y a la maquinaria de guerra alemanes (N). En total, los nazis esperaban ahorrar 885.439.800 marcos hasta el 1 de septiembre de 1951 (69). Incluso en los libros de texto se pedía a los alumnos que calcularan el coste de mantener a personas con diversidad funcional. Uno de esos "problemas" que se presentaba en un libro de texto decía así: "La construcción de un asilo para enfermos requiere 6 millones de marcos. ¿Cuántas casas de 15.000 marcos cada una pueden ser construidas con el dinero que se gasta en un asilo de enfermos?" (70). La finalización de las prestaciones estatales para los niños con diversidad funcional en 1941 se convirtió en otra fuente de ganancia financiera (71). Suiza también obtuvo beneficios directos y sustanciales de la persecución y explotación nazi de las personas con diversidad funcional. Los oficiales alemanes blanquearon el dinero robado a través de bancos suizos ofreciendo los bienes expoliados a bajos precios a cambio de depósitos seguros (72). Con el fin de financiar las operaciones de inteligencia, el Ministerio de Asuntos Exteriores alemán también depositó en bancos suizos fondos resultados de la extorsión de la Gestapo y beneficios de la venta de diamantes y oro saqueados (73). Esencialmente, Suiza guardó los beneficios derivados de la esclavitud y de las grandes cantidades de dinero que los nazis habían expoliados a sus víctimas (O).

Este apoyo consciente al régimen nazi por parte de los suizos prolongó el sufrimiento de incontables personas con diversidad funcional.

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Experimentación médica: Alemania y las compañías alemanas sacaron beneficio del uso forzoso de personas con diversidad funcional en experimentos médicos inhumanos, tanto antes como después de su muerte.

Muchas personas con diversidad funcional fueron sujetos de experimentación médica tanto antes como después de su muerte, y fueron utilizadas para enriquecer, en términos de prestigio, a las instituciones médicas, a los doctores a y las universidades e investigadores alemanes y austríacos. Los cadáveres de pacientes que habían sido marcados antes de ser gaseados como de potencial "interés científico", fueron separados y enviados a una sala de autopsias cercana. Los jóvenes médicos alemanes realizaban las autopsias de esos cuerpos para ganar crédito académico (74). Se recuperaron muchos órganos de las víctimas asesinadas, especialmente cerebros, para su estudio en las instituciones médicas. Los investigadores enviaron listas de solicitudes a los centros de exterminio, pidiendo cerebros de personas de talla baja y de personas que sufrían "idiotez" y anomalías neurológicas raras, presumiblemente en la creencia de que esas diversidades funcionales serían científicamente interesantes (75).

Aunque se recogieron todo tipo de órganos, los cerebros fueron los más utilizados. Algunas de las instituciones más prestigiosas de Alemania se beneficiaron de este uso macabro de partes del cuerpo, incluidas las universidades de Breslau y Heidelberg, y las escuelas médicas y los departamentos psiquiátricos de Bonn, Colonia, Berlín y Leipzig (76).

En octubre de 1942 el profesor Schneider, de la Universidad de Heidelberg, escribió sobre los "Muchos y bellos tipos de idiotas" que había visto en el laboratorio del profesor Dr. August Hirt en Estrasburgo. En enero de 1943 solicitó los cerebros de los niños asesinados en el asilo de Eichberg (77). El 9 de marzo de 1944, el profesor Hallervorden del Instituto Kaiser Wilhelm de investigación del cerebro de Berlín, acusó recibo de 697 cerebros extraídos de víctimas con diversidad funcional asesinadas en Brandenburg Gorden (78). Un poco más adelante, en el mismo año, el profesor Schneider se quejó de que Eichberg no le enviaban más cerebros y sugirió que, a fin de "incrementar el material", había llegado "el turno" de los niños con diversidad funcional del Instituto Herten (79). Además, los historiadores han revelado que la investigación del neurólogo nazi Heinrich Gross se basó en "los cerebros conservados de niños asesinados porque eran considerados como discapacitados o antisociales" (80). Los médicos acusados de los asesinatos de niños con diversidad funcional durante el período nazi utilizaron los restos de las víctimas para la investigación hasta mediados de los años 1960 (81).

Las personas con diversidad funcional también fueron objeto de horribles experimentos médicos cuando aún estaban vivas (P). Paul Nitsche, una figura clave en los programas de eutanasia, escribió el 18 y el 20 de septiembre de 1941 que el asilo de Gorden era adecuado para el estudio de los débiles mentales y los epilépticos antes de su "desinfección" (la palabra clave para el gaseado) (82). También se llevaron a cabo experimentos macabros con las personas con diversidad funcional que estaban en los campos de concentración. En el campo de concentración de Ravensbruck "se eligió a unos cuantos prisioneros anormales (enfermos mentales) y fueron llevados a la mesa de operaciones, y se llevaron a cabo amputaciones de la pierna completa (a la altura de la cadera)... amputaciones del brazo completo (con el omóplato). Después, las víctimas (si todavía vivían) eran asesinadas por medio de inyecciones de evipan, y la pierna o el brazo eran llevados a Hohenlyschen para ser usados en investigación" (83).

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Trabajos forzosos: las personas con diversidad funcional fueron sometidas a trabajos forzosos en instituciones, y las personas con diversidad funcional que no estaban institucionalizadas fueron sometidas a trabajos forzosos en los territorios ocupados por los nazis y en otros lugares.

Contrariamente a lo establecido por la propaganda nazi, que presentaban a las personas con diversidad funcional como no productivas y una carga para la sociedad, un número importante de personas con diversidad funcional fueron obligadas a trabajar y fueron explotadas, tal como se describe a continuación. De hecho, a los prisioneros con diversidad funcional se les asignaban rutinariamente a trabajos especiales en los campos de concentración, como el zurcido de calcetines y el almacén de madera (84). Actualmente resulta imposible saber cuántos supervivientes con diversidad funcional hay en el mundo que fueron sometidos a trabajos forzosos, a excepción de la certidumbre de que constituían un porcentaje significativo de la población (Q). Los miembros de Disability Rights Advocates y su plantilla han investigado este asunto durante casi dos años. Sin embargo, los archivos principales de los supervivientes del Holocausto, como los que mantienen Yad Vashem, el Simon Wiesenthal Center y la Shoah Foundation, no utilizan la diversidad funcional como índice de búsqueda. Los registros orientados a la diversidad funcional son prácticamente inexistentes, y (como se ha indicado previamente) los investigadores han ignorado este tema. Además, la esterilización forzosa de personas con diversidad funcional dictada por Hitler evitó una generación entera de herederos, y la vergüenza percibida e interiorizada por aquéllos que fueron esterilizados ha impedido que las víctimas den un paso adelante. Además, los trabajadores de algunas plantas, como I.G. Farber, tuvieron una esperanza de vida de dos o tres meses. Weiss, Ideology of Death, p. 349.

De hecho, el punto hasta el que una persona con diversidad funcional era capaz de trabajar fue a menudo un factor crucial que determinó si la persona vivía o moría. La mayor parte de las personas con diversidad funcional eran capaces de llevar a cabo, al menos, algún tipo de trabajo manual y, como muchos judíos, fueron mantenidas con vida y explotadas laboralmente antes de ser asesinadas. "En diciembre de 1941, cuando empezó el primer gaseado en masa, equipos de médicos itinerantes ayudaron a seleccionar quiénes podían trabajar o debían ser asesinados inmediatamente. Algunos médicos estaban más que deseosos y los miembros de las SS tuvieron que decirles que no condenaran a demasiados, ya que alguien tenía que hacer el trabajo" (85).

El operador de la prensa mecánica que tenía sólo un brazo, que aparece como trabajador de la película "La lista de Schindler", es un símbolo contemporáneo poderoso de todos los hombres y mujeres con diversidad funcional cuyo trabajo fue explotado durante el período nazi. Las personas con diversidad funcional eran consideradas una buena fuente de trabajo porque muchas de ellas estaban encerradas en instituciones (podían ser identificadas y localizadas a través de las instituciones en las que estaban encerrados) y podían ser agrupadas rápidamente en grupos tanto grandes como pequeños, para realizar trabajos industriales o de otro tipo. Por ejemplo, en 1941 y 1942 el Hospital Meseritz-Obrawalde en la provincia prusa de Pomerania, recibió pacientes con diversidad funcional en transportes desde no menos de 26 ciudades alemanas. Los trabajadores asesinaron sólo a aquellos pacientes que no podían trabajar (además de a los pacientes que eran "problemáticos") (86). Además, los trabajadores esclavos se importaban a menudo desde el Este, y luego eran asesinados una vez que la enfermedad o la diversidad funcional llegaba a un punto que les impedía trabajar. Como resultado de las deplorables condiciones de vida y laborales, muchos Ostarbeiter (trabajadores forzosos importados de Polonia y la Unión Soviética) contrajeron tuberculosis y no fueron capaces de trabajar. Estas personas fueron etiquetadas como "mentalmente enfermas" y fueron enviadas a las instituciones de exterminio donde, según llegaban, les ponían inyecciones letales (87).

Además, tanto antes como después de la creación del programa de eutanasia Aktion T-4, la utilización de pacientes institucionalizados como mano de obra forzosa, era una práctica ampliamente aceptada, a menudo bajo la rúbrica de "terapia". Por toda Alemania, en docenas de instituciones diferentes, las personas con diversidad funcional eran rutinariamente sometidas a trabajos forzosos. A juzgar por los informes anuales de los asilos, a mediados de 1930, una gran mayoría de pacientes eran dedicados a trabajos prácticamente impagados, un hecho que contradecía totalmente la proclama constante de que los "camaradas nacionales" sanos tenían que arrimar el hombro para soportar la carga de mantener las improductivas "existencias lastre", en los que eran denominados asilos de lujo" (88). Cuando empezaron los asesinatos en masa de personas con diversidad funcional, el personal del programa T-4 demandó el trabajo productivo de los pacientes que quedaban (89), y la decisión de asesinar a los pacientes con diversidad funcional se basó, en gran medida, en su capacidad de trabajar (90). A los médicos les mandaban un cuestionario en el que se les pedía específicamente que clasificaran a sus pacientes con diversidad funcional en función de su capacidad de trabajar (91). Las políticas del programa T-4 solicitaban a los médicos que informaran si los pacientes con características determinadas no eran capaces de trabajar en una institución o hacer trabajos rutinarios (92).

Como resultado de esas políticas, las personas con diversidad funcional institucionalizadas se dividían en tres categorías: 1) incurables pero todavía capaces de trabajar, 2) capaces de trabajar como parte del "tratamiento", y 3) incurables y ya no capaces de trabajar (93). El "trabajo" se definía de manera amplia. Incluía "trabajo mecánico simple", que incluía "pelar patatas y hortalizas, construcción de cajas de cartón sencillas, bolsas de papel y esteras, etcétera..." (94). Dado que la capacidad de trabajar era el criterio individual más importante de selección sobre quién debía vivir y morir, los pacientes productivos escaparon del programa T-4, al menos durante un tiempo, de manera que su trabajo podía ser utilizado para alimentar la maquinaria de guerra alemana (95).

Por ejemplo, más del 80% de los pacientes de Kaufbeuren-Irsee realizaban parte del trabajo a cambio de dulces, material de fumar, o pequeñas cantidades de dinero de bolsillo. Además, el trabajo no pagado de las personas con diversidad funcional permitía a las instituciones ahorrar dinero en trabajadores asalariados y en los gastos en calmantes, ya que los hombres y mujeres cuando están agotados físicamente tienden a no ser rebeldes. No sólo muchas instituciones ahorraron dinero, sino que se aprovecharon de este trabajo forzoso. Por ejemplo, Eglfing-Haar tenía 458.691 hectáreas de terreno cultivado. Las instituciones también subcontrataban el trabajo de las industrias locales, como, por ejemplo, las fábricas de puros (96).

Las instituciones de la eutanasia eran muy similares a los campos de concentración en objetivos y condiciones. Después de la guerra, una persona que estuvo en la institución Eigberg testificó que las experiencias que tuvo en Eigberg fueron tan terribles como su encarcelamiento en los campos (97). Tanto las instituciones de personas con diversidad funcional como los campos de concentración tenían trabajos forzosos, crematorios incluidos, cámaras de gas disfrazadas como duchas, experimentos médicos horribles y salas de hambre. Ambos estaban diseñados para los asesinatos en masa con el fin de "purificar" la raza alemana. Por estas similitudes, el estrés que experimentaron los pacientes no se diferenciaba mucho del de los prisioneros de los campos. Por ejemplo, Selmar S., un paciente de 18 años del centro de exterminio de Hadamar, se escapó de su grupo de trabajo mientras trabajaba en el estado de Schnepfenhausen. Trabajó más de un año antes de sus intentos repetidos de escapar. Sus amenazas de "contar cosas sobre el asilo" le llevaron a ser asesinado en 1943 (98). Minna H., una mujer alemana "aterrorizada hasta la médula por los ataques aéreos", fue enviada de manera forzosa a una institución mental donde cosía los bordes de las mantas. En marzo de 1944 fue asesinada tras haber sido etiquetada como "conflictiva" por pedir dedales para ella y otras trabajadoras, cuyos dedos sangraban de tanto coser (99).

Disability Rights Advocates también ha entrevistado a hombres y mujeres con diversidad funcional que todavía viven, y que fueron obligados a trabajar en fábricas bajo el régimen nazi. Las personas sordas fueron especialmente explotadas, presumiblemente porque su falta de oído no disminuía su capacidad para realizar incluso los trabajos más exigentes físicamente. En algunos casos, los trabajadores sordos eran considerados especialmente deseables por su capacidad de funcionar en instalaciones militares o industriales ruidosas. A algunos, como el superviviente Fred Fedrid (ya fallecido), se les mantuvo con vida para trabajar como obreros especializados. El Sr. Fedrid había sido entrenado como sastre y fue utilizado por los nazis para alterar los uniformes de los soldados nazis muertos para los nuevos reclutas. Debido a su valor como trabajador especializado, el señor Fedrid consiguió sobrevivir a reclusiones en Auschwitz y Dachau. Además, Rose Feld-Rosman, otra clienta de DRA, es una persona con diversidad auditiva que fue forzada a coser uniformes en una fábrica. En esa fábrica, y como todos los trabajadores sabían, una trabajadora que rompiera cinco agujas era enviada a un campo de concentración para ser asesinada. Tras romper cuatro agujas, la señora Rosman fue obligada a seguir cosiendo durante meses bajo una presión insoportable.

Los reclusos con diversidad funcional de los campos de concentración no estuvieron exentos de trabajos forzosos. "En teoría, tener una buena salud era un prerrequisito fundamental; en la práctica, esta condición era una farsa. A veces los oficiales médicos de los campos examinaban hasta 1.100 prisioneros en dos horas - en otras palabras a un ritmo de 10 por minuto -, eximiendo sólo a un par de docenas como no aptos para viajar, a pesar de que cientos de ellos sufrían, como mínimo, malnutrición crónica." Kogon, Nazi Mass Murder, pp. 98-99. Del mismo modo, en el centro de exterminio de Auschwitz, el personal de las SS "identificaba y seleccionaba a los que aún podían trabajar, para poder explotar su trabajo antes de matarlos". Friedlander, Origins of Nazi Genocide, p. 300. Esta práctica ya había sido utilizada por los asesinos del programa de "eutanasia", que pospusieron la muerte de los pacientes con diversidad funcional que todavía podían trabajar. United States Military Tribunal, transcript of the proceedings in Case 1, pp.2506, 2510, 2515-16. De hecho, había ciertos tipos de trabajos en los campos que eran llevados a cabo principalmente por personas con diversidad funcional. Kogon, Nazi Mass Murder, p. 88. The Encyclopedia of the Holocaust, p. 451.

Finalmente, las personas con diversidad funcional, junto con otras, fueron también enviadas a los campos de concentración para ser parte de la mano de obra esclava que trabajó para la industria alemana (R). Por ejemplo, en el campo de concentración de Auschwitz I.G. Farben dirigía una planta de trabajos forzosos en la que trabajaron hasta 83.000 personas en su momento álgido, en 1944. Sólo una empresa -Siemens- utilizó a casi 100.000 hombres y mujeres en este programa de trabajo forzosos entre 1939 y 1945. Siemens conseguía su mano de obra de los prisioneros de, al menos, veinte campos de la muerte establecidos por los nazis, incluyendo Auschwitz, Flossenberg y Gross Rosen , y en todos había personas con diversidad funcional (S).

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Tumbas sin nombre: no ha habido ningún tipo de memorial o recuerdo ni reparación para el sufrimiento infligido a las personas con diversidad funcional.

El sufrimiento de las personas con diversidad funcional durante el Holocausto se ha olvidado sin ser reconocido ni compensado. A causa de la negligencia de los historiadores y de la falta de poder político y económico de las personas con diversidad funcional, no existe ningún centro memorial ni museo específico para los supervivientes con diversidad funcional en el mundo. Las personas con diversidad funcional tienen derecho a ese centro de recuerdo, - uno que refleje su propia cultura, sufrimiento, obstáculos, penas y triunfos. Un centro de la memoria adecuado recogería las historias y el contexto del que surgieron los terribles hechos. Como un académico prominente ha observado: "[los memoriales] reflejan tanto las experiencias pasadas como las vidas actuales de sus comunidades, así como la memoria del propio estado" (100). Al no haber ningún memorial dedicado a las personas con diversidad funcional, no hay ningún recordatorio de los horrores infligidos a personas discriminadas por su diversidad funcional durante el Holocausto. Y sin esos recuerdos, el fantasma de la repetición de esta masacre, digna de una pesadilla, sigue vivo.

Además, aunque hay literalmente cientos de memoriales dedicados al Holocausto a nivel internacional (T), es muy raro que alguna de ellos tenga algo más que una ligera referencia a las personas con diversidad funcional. La mayor parte de ellos ni siquiera mencionan los horrores infligidos a las personas con diversidad funcional durante el Holocausto. En Yad Vashem en Israel, entre dos acres de memoriales y las decenas de miles de páginas de texto, sólo hay una breve reseña (y completamente inexacta) al exterminio de las personas con diversidad funcional. Tal como dijo uno de los directores del Yad Vashem: "Un museo es siempre sobre su propia temática, su propio público. Sí, los nazis también mataron a los gentiles, los gitanos, homosexuales y presos políticos. Pero ésa no es la historia en Yad Vashem. Aquí está la historia judía en el Estado judío" (101). De igual manera, cuando el personal de Disability Rights Advocates, visitó el Museo de la Tolerancia Simon Wiesenthal de Los Angeles, comprobó que no disponía ni siquiera de una exhibición que tuviera que ver con las personas con diversidad funcional entre las muchas pantallas caras de alta tecnología.

Las personas con diversidad funcional tampoco han recibido prácticamente ninguna reparación; esta injusticia ha sido recientemente resumida con exactitud:

Después de la guerra, las víctimas con diversidad funcional no fueron reconocidas como personas perseguidas por el régimen nazi. Los supervivientes no recibieron ninguna restitución por el tiempo pasado en las instituciones de exterminio, ni tampoco recibieron restitución por la esterilización forzosa. Aunque la ley de esterilización fue declarada nula por los aliados, el Estado alemán de posguerra no reconoció la ley de esterilización de la época nazi como persecución racial, y los tribunales alemanes de la posguerra sostuvieron que la esterilización obligatoria había sido conforme a la ley, y habían seguido los procedimientos adecuados.

Las personas con diversidad funcional que cuestionaron esas resoluciones perdieron sus casos en los tribunales, al no poder demostrar que la resolución que les llevó a su esterilización había sido médicamente errónea. El recurso de una persona sorda esterilizada fue rechazado en 1950 después de que dos médicos certificaran ante los tribunales que el informe original de sordera congénita había sido correcto. En 1964 el recurso de restitución de una persona esterilizada, que durante el período nazi había sido estudiante en la antigua Institución Israelita para Sordos de Berlín, fue denegado.

El tribunal alemán de posguerra encontró que mientras que la parte apeladora, como judío, pertenecía a un grupo reconocido como perseguido bajo la ley de restitución, pero su esterilización como persona sorda no constituía un delito de persecución nazi. A día de hoy, el Estado alemán no ha reconocido plenamente ni ha compensado a las personas con diversidad funcional, incluidas las personas sordas, por su persecución durante el período nazi (102).

Una Corte de reparación declaró que las víctimas con diversidad funcional eran "personas por debajo del nivel de cifras". Otra Corte no quiso castigar a los que actuaron en el programa de eutanasia, porque la eutanasia había tenido sus partidarios antes del régimen nazi y, por lo tanto, el acto no era punible como un crimen específicamente nazi (103). De vez en cuando se hacen esfuerzos para expandir las directrices de una ley de 1953 para apoyar a aquéllos que fueron víctimas de las políticas de esterilización y eutanasia. Todos ellos han fracasado (104).

La negación continúa hasta el presente. Las personas con diversidad funcional fueron designadas como uno de los cinco grupos de víctimas, pero fueron completamente ignoradas en el proceso de notificación de "In re: Holocaust Victim Assets; Weisshaus, et al. v. Union Bank of Switzerland, et al.". La notificación en el litigio Holocaust Victim Assets puede haber sido la más amplia y extensiva que se haya hecho jamás. Los administradores de notificaciones anticiparon que se gastarían 2,3 millones de dólares en notificaciones sólo para organizaciones judías. Otro medio millón de dólares fue asignado para llegar a las organizaciones romaníes y los medios de comunicación. Sin embargo, no se asignó ni un solo dólar para notificar a organizaciones que estuvieron al servicio de personas con diversidad funcional. Además, no se hizo ninguna provisión de fondos para notificaciones en Braille, TTY, diskettes, letras grandes para personas con diversidad visual, o tecnología informática accesible para personas con diversidad funcional. El Plan también indica que los Administradores de Notificaciones tenían intención de contactar con 6.000 organizaciones judías de todo el mundo, y quizá hasta 500 organizaciones romaníes. Sin embargo, ninguna organización de personas con diversidad funcional fue jamás consultada o informada sobre los procedimientos de notificación.

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Conclusión: recordar el pasado, afrontar el presente, construir el futuro.

"Olvidar el exterminio es parte del propio exterminio", Jean Baudrillard

La discriminación de las personas con diversidad funcional no se acabó con el Holocausto. A día de hoy, las personas con diversidad funcional de todo el mundo están sujetas a los mismos mitos y estereotipos deshumanizantes y falsos, que hicieron posible su esterilización, explotación y exterminio durante el periodo nazi. Los daños que se les infligieron son todavía más reseñables porque, a pesar de que las personas con diversidad funcional constituyen una minoría vergonzosamente negada en prácticamente todos los países del mundo, constituyen un grupo muy grande. Se estima que un mínimo de 16% de cualquier población nacional tiene una o más diversidades funcionales, y en muchos países ese porcentaje pasa del 20%. Sin embargo, las personas con diversidad funcional todavía afrontan situaciones horribles que van desde el desempleo masivo hasta las condiciones casi carcelarias en las instituciones. A menudo se abusa de ellas y no reciben atención (U). Como consecuencia, tienen que seguir batallando por su dignidad y sus derechos humanos más básicos.

Esto sigue siendo cierto en la Alemania contemporánea, en la que a muchas personas con diversidad funcional se las trata como ciudadanos de segunda clase, y se las ve como cargas e inconvenientes. Las actitudes discriminatorias han dado lugar a actos de violencia que incluyen insultos públicos, acosos, ataques, palizas y asesinatos. Los neonazis ("skinheads") han liderado el abuso. Los informes prueban que los neonazis han pegado a un hombre ciego hasta matarlo, dado una paliza a cinco niños sordos, arrojado a un hombre en silla de ruedas escaleras abajo en el metro y han gritado pullas tales como "En Dachau han debido olvidarse de ti" y "Con Hitler habrías sido gaseado" (105). El Journal of the British Council of Organizations of Disabled People informa de que 1.000 alemanes con diversidad funcional han sido acusados verbal o físicamente en un solo año (106). Además, la policía alemana no siempre documenta los crímenes de odio o no refuerza el cumplimiento de leyes que aseguren el empleo de personas con diversidad funcional. Como resultado de esta discriminación, algunas personas con diversidad funcional tienen miedo de salir de sus casas.

Algunas de estas actitudes dañinas no están limitadas a Alemania. En todo el mundo las personas con diversidad funcional son marginadas y están en peligro. Afrontan múltiples barreras y actitudes sociales discriminatorias. Por ejemplo, en la Europa central y del Este, en las que tuvieron lugar las atrocidades nazis, el uso del transporte público es inaccesible para las personas con diversidad física y casi no existe transporte alternativo. Se han hecho muy pocas adaptaciones para personas sordas o ciegas. Los botones de ascensores en Braille, o las señales auditivas en los semáforos apenas existen. En Europa del Este, se estima que el 20% de las personas que necesitan sillas de ruedas no las tienen. Y la mayoría de aquéllos que tienen la suerte de tenerlas, descubren que son caras, no adecuadas, inapropiadas (por ejemplo demasiado pesadas) y difíciles de reparar.

Resumiendo, los programas llevados a cabo por los nazis para exterminar y explotar a las personas con diversidad funcional, son parte de un legado de discriminación hacia las personas con diversidad funcional que sigue existiendo e invadiendo la sociedad hoy. Por lo tanto, el Holocausto de las personas con diversidad funcional debe ser observado en un contexto más amplio que enlaza realidades pasadas y presentes, y futuras soluciones.

El Holocausto fue una catástrofe moral y del mal que sigue siendo una llamada al recuerdo. El recuerdo de un pleno reconocimiento de la persecución a sangre fría de cientos de miles de víctimas con diversidad funcional aniquilados por la pesadilla nazi. El mal infligido durante el Holocausto no fue sólo físico y financiero; fue un esfuerzo de eliminar un tipo de seres humanos basándose sólo en su diversidad funcional. Las personas con diversidad funcional que durante el Holocausto fueron esterilizadas, se las avergonzó para siempre; aquellas que fueron exterminadas, fueron silenciadas para siempre. Y todas ellas merecen el recuerdo y el reconocimiento. El Holocausto, que es ahora parte de la historia compartida de las personas con diversidad funcional, debe servir como advertencia tanto a las personas con diversidad funcional como a todos aquéllos que se preocupan por la libertad, la justicia, la igualdad y la resolución de los dilemas sociales, éticos y morales, que surgen inevitablemente cuando las naciones, sociedades, comunidades y barrios no consiguen reconocer que la naturaleza de la humanidad está presente en todos los seres humanos.

Las personas con diversidad funcional quieren las mismas cosas y sueñan los mismos sueños que los demás. Esperan una buena educación, una oportunidad laboral, y una oportunidad de participar en la vida de su comunidad. Quieren ser - y a menudo son - padres, artistas, profesionales como consumidores, profesores, hombres y mujeres de negocios, y contribuyentes a la hacienda pública. Las barreras más grandes, tanto físicas como de actitud, que afrontan las personas con diversidad funcional, no surgen de la diversidad funcional individual, sino de construcciones sociales arbitrarias que pueden y deben ser cambiadas para dar cabida al espectro completo de capacidades humanas.

Además, promover la plena participación de las personas con diversidad funcional es algo que conviene a toda la sociedad. Los hombres y mujeres con diversidad funcional pueden contribuir de manera significativa en todas las áreas de la vida contemporánea. Cualquier nación que ignora o rechaza este recurso, lo hace con riesgo para sí misma. Las estimaciones de Naciones Unidas son que el 25% de las familias de todo el mundo están afectadas por la diversidad funcional. Cualquier política pública que ignora o marginaliza a un grupo tan grande y heterogéneo no puede ser considerada sólida.

Por último, el sufrimiento de la comunidad de personas con diversidad funcional no debe ser nunca excluido o minimizado a la hora de contar la "historia" del Holocausto. Tal como la comunidad judía reconoce desde hace mucho tiempo la clave para el "Nunca más" está en no olvidar nunca. Reconocer plenamente las atrocidades cometidas contra hombres mujeres y niños con diversidad funcional, no resta valor a la agonía y sufrimiento de otras incontables víctimas del Holocausto (V). Hay suficiente dolor para todos. El mundo nunca ha sufrido una pérdida tan devastadora como la causada por el Holocausto. Sin embargo, mientras la historia no reconozca la persecución de las personas con diversidad funcional, no podemos asegurar que no se repetirá.

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(A) N. T. En este texto la palabra inglesa "disability" se traduce como "diversidad funcional", en lugar de "discapacidad". Esta nueva terminología, sustentada en el "Modelo de la diversidad" (Palacios. Romañach 2006), pretende huir de la negatividad de las palabras a la hora de describir a un colectivo de personas tradicionalmente minusvalorado y discriminado. También pretende alejarse del "capacitismo" social y acercarse a la dignidad humana.

(B) En el programa oficial de eutanasia en Alemania, los investigadores estiman que al menos 275.000 personas murieron únicamente por causa de su diversidad funcional (discapacidad). Black Bird Fly Away: Disabled in an Able-Bodied World , (Arlington, Virginia, 1998), p. 225. John Weiss, Ideology of Death: Why the Holocaust Happened in Germany (Chicago, Illinois, 1996 ) , p. 335. Sin embargo, la mayoría de las estimaciones no incluyen (a) los gaseados o asesinados cuando se convirtieron en personas con diversidad funcional, (b) muchos de los que eran tanto judíos como personas con diversidad funcional, (c) las personas con diversidad funcional que murieron en los países ocupados, y (d) muchos de los asesinados tras el final de los programas de exterminio "oficiales". Se estima que, en total, un millón de personas con diversidad funcional fueron asesinadas, esterilizadas o explotadas durante el Holocausto.

(C)Sin embargo, la genética no era el único factor en los esquemas nazis. Como se describe más adelante, el programa de exterminación también tenía un aspecto de beneficio económico del que se beneficiaron tanto a Alemania como a sus colaboradores suizos.

(D) En los años 20 del siglo pasado, el eminente psiquiatra Alfred Hoeche y el académico legal Karl Binding publicaron el libro The Permission to Destroy Life Unworthy of Life , en el que se argumentaba que los diversos mentales y otras personas con diversidad funcional deberían ser exterminados para conseguir la "higiene" racial. El científico social Ernst Haeckel defendía la ejecución de personas con diversidad funcional como "redención del mal", Gallagher, By Trust Betrayed , p. 56. El profesor Heinrich Ziegler afirmó: "la mayor parte de los asesinos eran débiles mentales o epilépticos" y, a la inversa, la mayoría de los alcohólicos y criminales eran personas con diversidad funcional. Gallagher, By Trust Betrayed , p. 57.

(E) La ley se amplió en 1935 para "permitir" (de hecho, requerir) abortos a mujeres que estaban catalogadas como genéticamente "no aptas". Ver Proctor. p.108.

(F) En su afán de eliminar de la sociedad los "consumidores inútiles", el régimen incluso fue mucho más allá del amplio mandato de las leyes de esterilización. Por ejemplo, un hombre que había perdido una pierna en un accidente, aunque no tenía ningún tipo de enfermedad genética, fue esterilizado contra su voluntad. Gallagher, By Trust Betrayed, p. 24. De hecho, "el servicio de la salud pública y la profesión médica favorecieron la esterilización incluso cuando los juzgados de salud hereditaria desestimaba sus solicitudes." Friedlander, The Origins of Nazi Genocide, p. 33.

(G) T-4 era el nombre en clave del programa de "eutanasia" y se deriva de la dirección de sus oficinas centrales que estaban en Berlín en el número 4 de la Tiergarten Strasse.

(H) La comunidad médica alemana desempeñó un papel vital en la persecución de las personas discriminadas por su diversidad funcional. "El mundo ha ignorado casi completamente lo que los médicos alemanes hicieron a sus pacientes durante la Segunda Guerra Mundial. Después de la guerra, la profesión médica alemana simplemente volvió a abrir para hacer negocios, como si nada hubiera pasado". Hugh Gregory Gallagher, By Trust Betrayed, p. xv.) De hecho, la clase médica participó plenamente en la implementación de la gestión del programa T-4. A ningún médico o enfermera se le obligó a participar. Lo hicieron voluntariamente y, a veces, con entusiasmo. Hasta donde se sabe, nadie fue enviado a un campo de concentración o fue castigado por negarse a colaborar en los asesinatos. Kogon, Nazi Mass Murder, p. 17.

(I) Las furgonetas que transportaban pacientes a los centros de exterminio constituían una imagen cotidiana. Cuando pasaban a través de la ciudad, los niños solían decir: "Ahí van de nuevo a ser gaseados". Gallagher, 168. En los pueblos se rumoreaba que la cabeza, y otras partes del cuerpo, se arrancaban para la investigación anatómica. El humo espeso del crematorio que estaba junto a la institución de exterminio de Hadamar era visible cada día en la ciudad. Las autoridades enviaban numerosas notificaciones de muerte después del exterminio. Al día siguiente, los periódicos se llenaban de esquelas citando el mismo sitio y fecha de la muerte. Ver id. : No todos los ciudadanos alemanes apoyaban estas prácticas. En particular el obispo católico de Munster criticaba duramente los asesinatos: "Si establecemos y aplicamos el principio de que se puede matar a seres humanos "improductivos", ¡ay de nosotros cuando nos hagamos viejos y frágiles!, ¡ay de los soldados que vuelvan a casa discapacitados, inválidos, tullidos, si se acepta que tenemos derecho a matar a los seres humanos "improductivos"!” The United States Holocaust Memorial Museum, Handicapped–Victims of the Nazi Era 1933-1945.

(J) Alfred Hasler, Das Boot ist Voll: Die Schweiz und die Fluchtlinge 1933-1945 (Zurich, Stuttgart, 1967). "Nadie sabe el número preciso de personas que fueron devueltas. No se registraron las devoluciones hasta el 13 de agosto de 1942. Además, es altamente probable que las autoridades civiles y militares destruyeran esas listas después de la guerra. El Neue Zurcher Zeitung del 5 diciembre de 1996, indicó que esas listas fueron "ampliamente" destruidas". Ziegler, The Swiss, the Gold and the Dead, p. 208. Cristoph Graf, director del Archivo General Suizo publicó un informe titulado "Die Schweiz und die fluchtlinge 1933-1945" ("Suiza y los refugiados 1933-1945"). Basándose en sus 45.000 archivos, algunos estudios estiman que más de 100.000 refugiados fueron devueltos en la frontera. Ver Id. 208-09. Un informe reciente realizado por un panel de historiadores descubrió que Suiza devolvió al menos a 24.500 judíos. En el informe no se mencionan las personas con diversidad funcional que fueron devueltas por Suiza.

(K) Las discusiones actuales sobre la necesidad de "controlar el coste" y racionar y priorizar la salud pública basándose en criterios económicos, en lugar de médicos (especialmente si van acompañados de debate sobre el suicidio asistido para las personas con diversidad funcional), tienen hoy en día una escalofriante resonancia para las personas con diversidad funcional.

(L) Por ejemplo, Willy Elder era un zapatero ciego de 35 años antes de ser enviado a una institución en julio de 1939 y posteriormente transferido a un centro de exterminio en febrero de 1940. Enrich Sterlow un fabricante de cigarros sordo, y el doctor Hermann Wirsting, un dentista de 57 años, fueron víctimas de la "eutanasia" en 1940. Friedlander, The Origins of Nazi Genocide, p. 173. Además, Fred Fedrid sobrevivió al gheto de Lodtz, pero su familia perdió todas sus posesiones en favor de los nazis, incluida una valiosa colección de sellos. La historia del señor Fedrid es una de muchas historias similares documentadas por Disability Rights Advocates.

(M) "La Oficina de Administración Fiduciaria del Este mantuvo sucursales en casi todos los ghettos. Al igual que el otro de oro saqueado, lo que recogieron fue transportado a Berlín, depositado en el Reichsbank, y después fundido. Aunque las cifras exactas no están disponibles, la mayoría del oro fue enviado a Suiza... Los objetos de valor saqueados también fueron enviados a cajas de seguridad de alquiler..., sobre todo en los bancos privados suizos ". Ziegler, The Swiss, The Dead, the Gold, p. 123.

(N) Por ejemplo, se calcula que cada paciente asesinado habría consumido 700g de mermelada al mes, y cada kilo de mermelada costaba 120 marcos. A partir de este dato, se llegó a la conclusión de que el programa de exterminio ahorró 5.902.920 kg. de mermelada y 7.083.504 marcos durante más de diez años. Los ahorros también tuvieron en cuenta los gastos previstos en el queso (1.054.080 marcos), pan (20.857.026 marcos), carne (36.429.588 marcos) y otros productos.

(O) Además, los suizos facilitaron préstamos para construir y reforzar las instituciones nazis. Cuando la Alemania nazi había gastado todo su capital extranjero, el gobierno suizo acordó facilitarles préstamos masivos. Hacia el final de 1942 Alemania había pedido prestados 850 millones de francos suizos, para comprar armas fabricadas por Suiza que sirvieron para luchar en la guerra. Se estima que en el pico de la Segunda Guerra Mundial, las inversiones suizas en Alemania alcanzaron los 200.000 millones de dólares. También hay informaciones sobre las actividades pronazis que tuvieron lugar en Davos, un lugar de vacaciones alpino. En ese lugar de vacaciones, numerosos bancos suizos y al menos tres sanatorios católicos fueron identificados como centros de espionaje y repositorio de cuantiosas sumas enviadas por los diplomáticos alemanes y los líderes nazis.

(P) "Los médicos e investigadores que realizaron experimentos en prisioneros vivos eran asesinos, por supuesto, y usaron con frecuencia torturas terriblemente dolorosas en nombre de la ciencia, asesinando o mutilando a miles de personas. Más de 500 de sus experimentos tuvieron lugar sólo en Dachau, y los informes eran enviados irregularmente a las universidades". Weiss, Ideology of Death, p. 358.

(Q) Por ejemplo "J.G. Farben destruyó los registros de su campo de concentración en 1944 justo antes de que los rusos llegaran a Auschwitz". Ideology of Death p. 391.

(R) En diciembre de 1941, cuando empezaron los primeros gaseados en masa, había comités médicos itinerantes que ayudaban a seleccionar a aquéllos que podían trabajar, y a los que debían ser asesinados inmediatamente. Algunos de los médicos se tomaban su trabajo con mucho entusiasmo; y los hombres de las SS tenían que decirles que no condenaran a tantos, ya que alguien tenía que hacer el trabajo.

(S) "Krupp empleaba a unos 100.000 esclavos en grupos en diferentes plantas y proyectos de trabajo; Siemens, AEG, Flick, Telefunken, Daimler-Benz, y Rheinmetall utilizaban trabajadores esclavos de Dachau, Buchenwald, y Mauthausen; otros miles trabajaron como esclavos para Messerschmidt, Junkers, Heinkel, Brabag, y diversas empresas constructoras de Austria y Alemania… en la planta de I.G. Farben en Auschwitz, murieron 30.000 trabajadores en tres años; un 20% de ellos realizaban trabajos pesados y morían cada mes". Weiss, Ideology of Death, p. 349. Proctor, Racial Hygiene, p. 221; Ferencz, Less Than Slaves, p. 95

(T)Una búsqueda superficial en Internet de los centros del Holocausto y sus organizaciones da como resultado más de 200 de estas entidades solamente en los Estados Unidos.

(U) Las personas con diversidad funcional no se pueden sentir seguras cuando, en 1999, se le concedió a Peter Singer la plaza de profesor en la Universidad de Princeton. El señor Singer argumenta que en algunas circunstancias no hay ningún problema ético para matar a niños con diversidad funcional, tales como las personas con síndrome de Down o espina bífida. Ha escrito frases como: "Matar a un bebé defectuoso no es moralmente equivalente a matar una persona", "Algunas veces ni siquiera es algo malo". Life and Death at Princeton, Newsweek at 80, Sept. 13, 1999.

(V) El número de supervivientes del holocausto de la diversidad funcional es muy difícil de estimar, y siempre es subestimado. Los supervivientes de la Europa central y del este están tan aislados, dispersos e institucionalizados y son muy difíciles de contactar, especialmente con los recursos limitados que de los que dispone la comunidad de la diversidad funcional. Los intentos de localizarlos son también muy difíciles, en el contexto de acontecimientos que tuvieron lugar hace más de 50 años y han sido casi completamente olvidados debido a una extraordinaria negligencia de los historiadores a la hora de recopilar los horrores infligidos por la Alemania nazi a la población con diversidad funcional. Además, numerosos registros han sido destruidos o alterados, y muchas víctimas no han vivido para contar sus historias. Los bancos de datos actuales sobre el holocausto y sus instituciones no resultan útiles por qué dichas instituciones no han indexado o categorizado por diversidad funcional.

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