Artículo que nos envía para su publicación Manuel Martínez Fernández, residente en Sabadell y está moderádamente afectado por secuelas de una parálisis cerebral y es licenciado en derecho ejerciendo como asesor en temas de derechos humanos.

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LOS MILAGROS E INTEGRACION SOCIAL EXISTEN, PERO SOLO DEPENDEN DE LA ACTITUD PERSONAL.

Autor: Manuel Martínez Fernández

Manuel Martínez Fernández
Manuel Martínez Fernández

Desde siempre he escuchado que para conseguir algo se debe dar el primer paso, sin esperar a que nos den todas las soluciones en la mano porque eso simplemente nunca ocurrirá. Al hilo de esto también escuche una frase que decía, para poder ser ayudado, primero uno debe ayudarse a sí mismo, y esto ya me hizo pensar más.

Desde los 9 años el termino "integración escolar", llego a mi vocabulario; para mi era algo casi mágico que significaba que los niños con dificultades ya podíamos ir a coles normales junto a los hermanos y vecinos, lo cual, en mi visión infantil lo veía como sinónimo de alegría absoluta y de curación. De hecho ya conocía a mis nuevos profesores y sabía que mi clase estaría en la planta baja del edificio para evitar subir escaleras, pero en el último momento la negativa de la administración en poner un profesor de apoyo, exclusivamente para 2 niños, tiró al traste aquella expectativa de integración, la cual, regreso para materializarse unos años mas tarde.

Tras conseguir ir a un "cole" normal, posteriormente fui uno de los 2 primeros estudiantes de Sabadell integrado oficialmente en un instituto público de secundaria, e incluso me hicieron un breve reportaje en la televisión local. Al margen de la parafernalia, y tras esperar casi un mes a que pusieran rampas y barandas por todo el instituto, recuerdo que aquello fue como una inyección de vitaminas y optimismo personal y familiar, ya que, dejé de ser un niño de educación especial y me convertí en un estudiante mas, capaz de estudiar, de aprobar y de decidir sobre mi vida como el resto de estudiantes, y sobre todo, sin estar sometido a informes ni valoraciones de personas que muchas veces ni me conocían.

La parte menos positiva de la historia es que los años de instituto coinciden con la inseguridad por excelencia de la adolescencia y por ello debo reconocer que hice muchos conocidos pero menos amigos de lo que me hubiera gustado. Creo que mi error fue estar demasiado ocupado en pedir apuntes, en estudiar y en intentar adivinar lo que mis compañeros pensaban sobre mi, y por ello, no aprendí a relajarme ni a ser yo mismo para que los demás pudieran conocerme de verdad y yo a ellos. Esa fue mi asignatura pendiente hasta llegar a la universidad donde poco a poco la conseguí aprobar. El hecho de conocer gente más madura me hizo darme cuenta de que, además de la familia y de los amigos de toda la vida, también había más personas que me apreciaban y valoraban como persona sin importarles mis movimientos bruscos ni mi voz. Esto me hizo reflexionar y aprendí que si te sinceras y te muestras tal y como eres, los demás también se relajan y terminan viéndote una persona igual que otra. Sin embargo, si vas con miedos los demás perciben esa inseguridad y entonces por instinto evitaran acercarse demasiado a tí, y se genera así un clima donde difícilmente puede fluir una relación de igual a igual.

Desde mi experiencia creo que no existe la integración absoluta y universal, la integración no es magia, no depende de conferencias, de seminarios ni de la buena voluntad de los demás, sino que, la integración es el resultado de una actitud y un derecho de toda persona y depende de ella el ejercerlo o no.

Considero que la integración es mucho más que ir a colegios normales, la verdadera integración se produce cuando vas solo por la calle, a comprar, al peluquero, cuando pides ayuda para sacar el billete del tren, cuando estudias, cuando lees, cuando sacas tus propias conclusiones, cuando quedas con amigos para tomar un café, cuando das un consejo o te lo dan a ti, cuando defiendes tus derechos y llamas la atención a quien los ha vulnerado, cuando usas el tablero de letras y consigues hacerte entender ante los que aun no están acostumbrados a tu forma de hablar. Todo esto es integración social y lo mejor de todo es que sólo depende de la actitud personal, es decir, para ser aceptados o considerados "personas normales" primero hay que dar ejemplo y comportase como tal, hay que ser uno mismo tomando decisiones, siendo el protagonista de su vida y dejando que los demás se acostumbren a los movimientos algo descontrolados.

Es mas sencillo de lo que parece, aunque entiendo que a veces las cosas sencillas son las más difíciles de ver. Creo que el truco esta en "CONVERTIRSE EN UNA ESPECIE DE PROFESOR" y demostrar día a día y de forma natural que, pese a las dificultades, uno puede comunicarse, pensar, salir, entrar, decidir, tener amigos, pareja y una vida activa aunque se necesiten ciertas ayudas adicionales. Cuando esto se convierte en el día a día de la persona, la sociedad empieza a conocerla y entonces, la parálisis cerebral o cualquier otra discapacidad, pasa a ser anecdótica. Ante la evidencia la gente ya solo puede cambiar sus esquemas y aceptar que una persona con lesión cerebral u otra afectación pueden hacer una vida activa, autónoma e igual que los demás. Seguramente compartirán estas impresiones con sus conocidos y de esta manera iremos tejiendo una sólida red de conocimientos y consciencia social y al final los viejos mitos desaparecerán. Y así, SIN NECESIDAD DE GRITOS NI PANCARTAS, fue como volví a ser yo mismo y sin miedos, así fue como conseguí integrarme de verdad y ser una persona más.

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