Alicia Gil Gómez es directora de la revista "CON LA A". Ver más sobre su currículo.

El artículo aquí reproducido sirvió de introducción para el número 17 de la mencionada revista dedicado a las mujeres con diversidad funcional.

MUJERES CON CAPACIDADES DIFERENTES

Autora: Alicia Gil Gómez

Alicia Gil GómezHace varios años, quizás diez, en un entorno "de cuyo nombre no quiero acordarme" (parafraseando a Cervantes en el Quijote, y salvando las distancias, naturalmente), tuve la fortuna de comenzar a trabajar con personas con discapacidad, configurando lo que di en llamar "Grupo de Investigación, Análisis y Trabajo", nombre que luego se extendió a otros ámbitos de trabajo colectivo. Pero de este GIAT, el primero que se puso en marcha, aprendí muchas cosas: la primera, que todas las personas tenemos diferentes capacidades, el problema es que algunas no lo queremos saber -para eso están los aprendizajes, que nos enseñan a enmascarar nuestros propios límites hasta tal punto que, a veces, "se nos va la olla" (y disculpen la expresión) y nos llegamos a auto-percibir como seres ilimitados-, bien porque nos sumimos en la prepotencia de la superioridad, quizás porque reconocernos seres vulnerables y limitados nos asusta, o bien porque nos auto-presentamos como personas virtuosas señalando los defectos de las otras. Me refiero a esa vieja costumbre que tenemos en este país de hacernos buenas y buenos viendo y señalando sólo los defectos de las y los demás… ¡lo de ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el nuestro! (Vaya, parece que hoy estoy un tanto quijotesca pues me sale hasta el refranero).

Otra cosa que aprendí -aunque en esto tengo que confesar que iba enseñada por aquello de que el sexismo en el lenguaje a las mujeres nos invisibiliza y nos sitúa en un papel de subordinación-, es que hablar de minusvalías, discapacidades, invalideces o apelativos semejantes coloca "el límite" en el absoluto de la falta de valor, incapacitándonos, a quienes presuponemos que no tenemos límites (Ja, ja, ja, qué risa), para identificar los valores, las capacidades, las valideces ocultas por la evidencia de una falta. Así las cosas, borré de mi lenguaje esas palabras e incluí los términos que me fueron indicando las compañeras del GIAT, desechando el uso de "minusvalías, discapacidades, invalideces,…" y sustituyéndolos, primero, por el de "personas con diversidad funcional", para después aligerar la designación, haciéndola más comprensible, cambiándola por la de "personas con capacidades diferentes".

Pero quizás, lo más importante fue tomar conciencia de mi vulnerabilidad al entender que, en cualquier momento, por un accidente, por una enfermedad... yo también podría pasar a formar parte del colectivo de personas con diversidad funcional.

A partir de ahí, desvanecido el desconocimiento, se me abrió un nuevo horizonte: el de las personas que, conscientes de su límite, ponen en juego toda su voluntad, fuerza y coraje para superarse a sí mismas y, lo que es más importante, para desarrollar sus proyectos de vida y dar cumplimiento a sus deseos sobreponiéndose a los prejuicios y a los obstáculos, tangibles e intangibles, que esta sociedad se obstina en atravesar en sus caminos.

También aprendí que las mujeres con capacidades diferentes tienen más problemas que los hombres en su misma situación, pues ellas sufren más violencia -sobre todo sexual- y más discriminación: la que se produce por "no funcionar" como el modelo de ciudadano medio, la que se produce por su condición de mujer y porque en muchas ocasiones no pueden jugar su rol de género femenino, de forma que no pueden ser cuidadoras sino que tienen que ser cuidadas. Otra cosa más que aprendí fue que el entorno de unas y otros es esencial para su desarrollo pleno, a pesar de lo cual muchas y muchos han optado, valientemente, por desarrollar una vida independiente, y que la sociedad, a través de quienes gestionan sus recursos (es decir, el gobierno a través de las administraciones públicas), está obligada a facilitarles los medios para que puedan situarse "en la línea de salida del desarrollo pleno" en condiciones de igualdad, desde el respeto a su diferencia y el reconocimiento de que todos los seres humanos somos diferentes, distintos unos de otros y que esta diversidad es la que nos otorga el rango de Humanidad.         

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