EL SISTEMA EDUCATIVO Y LOS NIÑOS CON DIVERSIDAD FUNCIONAL

La educación, siempre que se entienda como un proceso mucho más amplio que la simple instrucción en las asignaturas que componen el diseño curricular de las etapas de la formación, es el cimiento fundamental en el que se sustenta cualquier movimiento de liberación; es la base para que el entorno en el que vivimos sea acogedor, respetuoso y facilitador del desarrollo de las personas, con y sin diversidad funcional (Término acuñado por el Foro de Vida Independiente para denominar a las personas con discapacidad. Se elige esta nueva terminología por considerarla libre de matices discriminatorios y englobar a la totalidad de las personas diferentes).

Hasta el año 1970 con la Ley General de Educación, que empieza a impulsar la educación del alumnado con necesidades educativas especiales, y hasta la reforma de 1985 cuando el Ministerio Promulga la Orden de 20 de Marzo sobre la planificación de la Educación Especial, los referentes legislativos respecto a la Educación Especial han sido muy escasos.

Por otro lado, la Ley de Integración Social del Minusválido (LISMI) concreta el derecho constitucional de la educación e integración de las personas con diversidad funcional, respaldando los principios de normalización, sectorización e individualización de la enseñanza. Y en los años 1992 y 1993 tiene lugar , un segundo empujón al fenómeno integrador que pretende la generalización de la integración a todos los centros educativos. Es entonces cuando verdaderamente se inicia la construcción de una escuela al servicio de todos.

Hace pues, más de 20 años que se publicó la primera ley de integración escolar y sin embargo, no hay una relación armónica entre lo que se escribe y la realidad del día a día, en un camino esperanzador (las leyes se publican muy completas) pero también, lleno de cargas, pérdidas y retrasos.

En este documento se pretende analizar la influencia de cómo se vive la diversidad en la familia, en la escuela y en los contextos, paralelos y fundamentales en la vida de cualquier niño y su repercusión en la imagen que un niño con diversidad hace de sí mismo.

También, analizar las deficiencias e incumplimientos de la legislación en materia educativa y proponer una serie de medidas que muchas veces no van más allá de la exigencia del cumplimiento de lo legislado, así como alternativas que, según nuestro entender, garantizan la verdadera cobertura de las necesidades que las personas con diversidad funcional tienen en el contexto educativo.

1. Influencia de la familia en las personas con diversidad funcional

Desde siempre, todo lo que rodea a la diversidad funcional, lejos de asumirse como una manera más de ser en la sociedad, ha estado marcado por el “paradigma médico”. La diversidad funcional, sea de la naturaleza que sea, ha sido interpretada y vivida exclusivamente como una enfermedad, y por lo tanto, el tratamiento de las personas con diversidad funcional ha sido el de enfermos, pacientes que se incorporaban automáticamente a una serie de protocolos y actuaciones estandarizadas que tenían el noble objetivo de llevarles a la curación, entendiendo ésta como la única manera de la integración, olvidando que, más allá de una deficiencia física, mental, social….siempre hay una persona única, irrepetible, importante.

No se trata de negarse al progreso en investigaciones que nos hagan conocer más sobre la diversidad, ni olvidamos la importancia de la prevención, el diagnóstico precoz y el tratamiento adecuado para obtener las mejores condiciones de salud y funcionalidad para poder desarrollarse en la vida con el máximo bienestar posible. Sin embargo, este modelo ha traído consigo una serie de lastres que no han permitido un avance igualitario entre las personas con diversidad funcional y las que no la tienen, sobretodo en los primeros y fundamentales años de sus vidas.

Las familias de estos niños-adultos con diversidad funcional también han estado y están en muchos casos, sometidas a este modelo que centra su atención en la búsqueda de una normalidad que se entiende como la ausencia de diversidad exclusivamente, buscando soluciones milagro y viviendo a la persona diversa como enferma, incapaz, infantil desde y para siempre, protegida hasta de la misma vida, negándoseles el derecho a hacer travesuras, a equivocarse, a correr riesgos...

Estas vivencias, este acostumbrarse a lo que la sociedad decida qué son y cómo deben ser las personas con diversidad funcional y lo que se puede esperar de ellas, es lo que ha llevado a ser, a muchos padres a ser personas agradecidas a este sistema que se presenta como protector y que sólo busca el bien de su salud. Este continuo remarcar de la palabra enfermo hace que se nieguen las capacidades y las verdaderas e individuales necesidades de estos niños.

Es necesario que los padres nos emancipemos de este modelo médico asistencial que se ha tejido alrededor de los niños con diversidad funcional y no nos perdamos lo mejor de ellos: ser ellos mismos; que empecemos a descifrar el mensaje particular y no nos dejemos llevar por lo firmemente establecido. Tomemos lo positivo pero avancemos hacia un modelo más justo que garantice el reconocimiento de lo humano por lo humano desde un principio en el que los participantes de este proceso educativo, se dan unos a otros aquello que aún no tienen, para recibirlo de los demás a su vez, como una vía de maduración personal de cada uno de los individuos ya que todos necesitamos ser reconocidos en nuestra cualidad de irrepetibles, sin angustia ni desequilibrio por ser diferentes.

2.Educación: profesores, apoyos, alumnos y padres.

No es una cuestión de los profesores la educación de los niños. La tarea del entorno educativo institucional es bastante desalentadora por lo que se ha dado en llamar crisis de la familia, porque la responsabilidad de la socialización primaria, aquélla que atañe a la conciencia social y moral de los niños, no puede perder su lugar en el seno familiar. El principio de realidad, que implica la capacidad de restringir las propias apetencias personales en vista de las de los demás y aplazar o atemperar la satisfacción inmediata por objetivos logrados a largo plazo, parece que últimamente no están de moda, que recuerda demasiado a mensajes de otras épocas de la enseñanza ya superadas.

Es preciso que los niños lleguen a la escuela con el sustrato abonado convenientemente, y sembrado inicialmente para poder continuar con el proceso cuyo objetivo es el de convertirse en personas tolerantes, respetuosas y válidas, sean cuales sean sus características personales. Tanto los niños con diversidad como los niños sin ella, deben llegar a la escuela con unos principios de respeto y visión abierta a lo habitual y a lo menos habitual, pero difícilmente se consigue si los padres cada vez más, dejamos de cumplir con la tarea de padres y sólo nos convertimos en exigentes reclamadores de unas respuestas estatales cada vez más paternalistas.

Por otro lado, la legislación en materia de educación, que tanto colorido progresista ha venido destilando, parece quedarse solamente en el papel.

Si no hay un cumplimiento por falta de operatividad económica real y ausencia de respuesta operativa por parte de las Administraciones de Educación, los profesores ven como irrealizable la integración o normalización de las personas con diversidad funcional.

O la vivencian como una penosa carga de tal manera que, como casi todo lo que atañe a los que son diferentes, sigue estando en manos de la buena voluntad e implicación personal de algunos profesores, pero sin ser una sistemática ni disponer de dotación seria al inicio de cada curso.

En el fondo se esconde un mensaje no escrito en la puesta en práctica, un punto negro que se cumple a rajatabla en los planes educativos: integrar o incluir, en la generalidad, es “recoger” a niños con necesidades educativas especiales en colegios pero sin el soporte necesario para que su escolarización sea una realidad.

Sabemos que el profesor implicado, el que tiene en su clase a niños con necesidades educativas especiales, en una filosofía homogeneizadora, debe encargarse de su curso y, además, de hacer lo que no hace el recurso educativo que no llega. Sabemos que esto no debe ser así y esperamos también que el profesorado actúe para reclamar lo que viene estipulado para que su trabajo pueda hacerse en las mejores condiciones para ellos y los niños. Lo que no queremos es que siga existiendo ese doble mensaje en el que se sigue viendo a los niños con necesidades especiales (o menos habituales que las de los demás) como problemas, más que como niños, con mensaje bastante directo en algunos casos, de que esos niños no pueden estar en una escuela como los niños sin diversidad.

Los alumnos con diversidad funcional, del tipo que sea, recogen en esta actitud una percepción irreconciliable de su deficiencia, la pérdida de autoestima y el fracaso en su formación que, desde ese momento, les lleva a afianzar su discriminación, no ya con respecto a sus compañeros y en el momento educativo, sino también, la discriminación como la de cualquier ciudadano a acceder a una formación que les permita la capacitación laboral adecuada y suficiente para ser adultos independientes, aunque en su autonomía personal necesiten los apoyos necesarios en cada caso.

3. Deficiencias e incumplimiento de la Ley Orgánica de Educación.

Actualmente, el sistema educativo plantea alternativas para que todo el alumnado alcance el máximo desarrollo personal, intelectual, social y emocional, estableciendo objetivos de carácter general que se recogen en la Ley Orgánica , 'Título II: Equidad en la Educación , Capítulo I: Principios'. En el texto de esta ley se afirma que:

“las Administraciones Educativas se asegurarán de proporcionar los recursos y procedimientos precisos tanto para la detección como la puesta en marcha de los recursos necesarios para conseguir este objetivo en el sistema ordinario, así como la orientación hacia aulas especiales e los casos que así lo requieran”.

El Título I, Equidad en la Educación , Capítulo I, Alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo, Capítulos del 71 al 75, prevé también los recursos adecuados,

(Artículo 72) “…tanto de profesorado con las especialidades correspondientes y otros profesionales cualificados así como medios y materiales precisos y la formación al profesorado y otros profesionales relacionados con la intervención hacia ese alumnado con necesidades específicas de apoyo educativo

Sin embargo, los alumnos y padres, nos encontramos con:

  1. Tardanza en la valoración y elaboración del currículo adaptado o dictamen de escolarización correspondiente. Falta de supervisión e incumplimiento de la puesta en marcha de los recursos acordados en dicho dictamen.
  2. Demora en la aplicación de recursos como personal de apoyo, indispensable para poder acceder y mantener la permanencia en el curso.
  3. Ayudantes Técnicos Educativos (ATE): escasez de número de efectivos y contratos por horas que no cubren las necesidades de apoyo o asistencia de estos alumnos durante toda la jornada (comedor escolar, actividades extraescolares..)
  4. ATE: Funciones exclusivas de atención a las actividades básicas de la vida diaria como acompañamiento dentro del colegio exclusivamente (ir al baño, entre clase y clase…) pero sin formar parte del proceso en el que estos alumnos están inmersos y por tanto sin dar respuesta a esas otras necesidades que son tan importantes, como las habilidades en comunicación, interpretación o de relación y participación social con el resto de la clase. Este aspecto es importante, sobretodo en los casos de niños usuarios de aulas especificas ubicadas en centros ordinarios: hoy por hoy, esa integración consiste en meter al niño con diversidad funcional en el aula ordinaria unas horas y sin el apoyo necesario que garantice su verdadera inclusión.
  5. Ausencia/demora injustificable por parte de las administraciones ante las peticiones justificadas de adaptación de puesto de estudio y ayudas técnicas.
  6. Falta de formación e información por parte del profesorado para dar respuesta a las necesidades de este alumnado.
  7. Salvo honrosas excepciones, ausencia de motivación entre el profesorado para cumplir con lo que está escrito en sus obligaciones educativas ante estos alumnos de manera que, en gran parte de las ocasiones, los alumnos con necesidades educativas especiales quedan “aparcados” en un rincón con la carga extra de ser además “culpable” de retrasar al resto de la clase.
  8. Profesorado especializado o profesionales que intervienen de forma específica en la formación de estos alumnos, a los que podríamos llamar “supermanes” pues, según recoge la ley, deben atender a TODOS los alumnos con necesidades especiales , sea cual sea su diversidad , sin un criterio de adecuación a las características de cada diversidad.
  9. Infravaloración de la función de los profesores de apoyo, y por tanto del objetivo por el cual forman parte del proceso educativo, al ser , a menudo, utilizados para cubrir bajas de otros profesores y en muchas ocasiones, contratados meses después de haber empezado el curso.

4. Propuestas para la mejora del sistema y el cumplimiento de la Ley Orgánica de Educación.

Ante este panorama nada estimulante, los padres proponemos varias cosas:

  1. Previsión y anticipación suficiente de las respuestas que estos alumnos van a necesitar, y evitar que se empiece a pensar en hacer algo (contrataciones, adaptaciones, etc.) cuando el niño ya ha empezado el curso.
  2. Implicación real de las Administraciones educativas proporcionando y promoviendo los recursos que prometen en sus instrucciones para tratar a los alumnos con necesidades educativas especiales.
  3. Formación en didáctica y pedagogía general, así como en necesidades educativas especiales de todo el profesorado, sin olvidar la educación Secundaria, porque las actitudes ante los alumnos con n.e.e., a expensas de la formación meramente instrumental, son la verdadera llave para la inclusión de estos alumnos en clase.
  4. Inclusión de los ATE (con formación previa) como personal para-educativo, con horarios y permanencias que respondan a las necesidades particulares de cada alumno con diversidad, de manera que su colaboración con el profesorado en los aspectos tanto básicos como de participación social, esté garantizada en la atención a la diversidad.
  5. Profesores y otros profesionales especializados en diversidad con tareas y horarios que realmente sean eficaces para la atención de estos alumnos. En niños que tienen gravemente afectada la comunicación y las capacidades sociales (que normalmente están en aulas específicas de centros ordinarios), es fundamental que exista una logopeda a horario completo, que pueda atender a estos niños a diario además de todos los problemas que puedan tener los niños del aula de apoyo a la integración. Con respecto al aspecto social, es imposible trabajarlo dentro del aula específica, por lo que estos niños deben acudir al aula ordinaria, siempre apoyados por una persona (ATE preparado en esas cuestiones y que siga las pautas adecuadas con cada niño) que sea quien lo guíe dentro de ese aula porque, integrar a un niño con problemas en las relaciones sociales sin apoyo externo, es llevarlo a un aislamiento aún mayor. Las figuras del fisioterapeuta (incluido en el equipo multidisciplinar de apoyo a los alumnos con n.e.e.) y la del Terapeuta Ocupacional (que aparece como profesional consultivo ante adaptaciones personalizadas de ayudas técnicas y material relacionado con el posicionamiento y el acceso a nuevas tecnologías), las consideramos necesarias en las aulas específicas en los que haya escolarizados niños gravemente afectados a nivel físico, sin embargo, muchas veces el psicopedagogo (orientador) es quien cubre la mayoría de las horas, dándose el caso de que es la única persona que realmente no trabaja directamente con los niños.
  6. Incluir como objetivo pedagógico trabajar la diversidad y su significado en todos los alumnos y no sectorizar, hacer intervenciones conjuntas donde los alumnos sin diversidad aprendan con la diversidad y la asuman con el mismo valor que la manera más de estar de todos los demás.
  7. Inclusión de los padres en el proceso educativo de sus hijos como fuentes a tener muy en cuenta.
  8. Respeto de las ratios en cada caso, y revisión de las mismas:
    • Ratios elevadas en aulas ordinarias, teniendo en cuenta que en ellas pueden permanecer alumnos con necesidades educativas especiales (n.e.e.). En un aula ordinaria puede haber tres niños de n.e.e, por lo que lo lógico es que las ratios de esas aulas donde permanecen niños con n.e.e. se rebajaran, puesto que las necesidades a cubrir no son la mismas en ese aula que las de una que tenga 25 alumnos y ninguno de ellos con n.e.e. Esta situación lleva al desbordamiento por parte del profesor y en consecuencia a la desatención hacia estos niños.
    • Ratios elevadas de alumnos de integración dentro de cada aula ordinaria (puede haber tres alumnos con n.e.e. en cada aula sin tener en cuenta el tipo de diversidad funcional que presenten).
    • Ratios elevadas en las U.A.I. (unidad de apoyo a la integración), en la mayoría de los casos llegan a más de 20 por unidad, es decir, falta de apoyo para los niños de integración, dentro de las aulas ordinarias, en edades tempranas, porque hablamos de los años fundamentales para el aprendizaje de cualquier niño, por lo cual, es necesario que, cada niño con diversidad funcional integrado en un aula ordinaria, tenga el apoyo y acompañamiento de una persona externa, ajustado a sus necesidades particulares, de manera que estos años sean aprovechados al máximo.

Mariola Rueda y María Jesús Moreno

Página principal | Relaciones| Literatura | Ocio y Accesibilidad| Investigación| Otros| Contacto
Versión 4.0 | © Reservados derechos | E-mail | Anti Spam