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SITUACIONES PREOCUPANTES Por: Francisco J. Sardón Peláez |
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Francisco J. Sardón Peláez |
Cuando desde diferentes foros, desde dispares ámbitos, ciertos análisis sobre una misma controversia coinciden en sus conclusiones podemos hablar de verdades contundentes y avaladas, y podemos estar hablando, también, de situaciones preocupantes, cuando no, alarmantes. La catedrática de Ética Adela Cortina, en su artículo “Educar para una ciudadanía activa” alerta sobre los riesgos de la partidización de la vida política que está padeciendo nuestro país, una partidización que se está extendiendo por toda la sociedad como si de una incorpórea plaga se tratara. Esta dinámica, generada principalmente por los partidos políticos y, por extensión, por los medios de comunicación como vía para amarrar votos y oyentes, está engullendo a buena parte de la ciudadanía con avidez. Eso sí, a una parte de la ciudadanía acomodadiza, que opta por simplificar sus argumentos e incluso prefiere que “otros” piensen por ellos y oficialicen sus posturas. El catedrático de Historia Contemporánea Pedro Carasa, en su artículo “La Historia de Castilla y León: entre la memoria profesional y la colectiva” hace hincapié sobre el riesgo que están corriendo una parte de los historiadores que pueden dejarse llevar, a la hora de divulgar la historia, por la pura demanda social o historiar bajo la presión de la polarización política que permanentemente está poniendo a prueba lo que para Pedro Carasa es el motor de la historia: “la conquista de la igualdad, la búsqueda de la libertad y el principio de la solidaridad”. Cada vez es más difícil y violento poner en práctica la sana actividad de comentar en público tal o cual noticia que se ha escuchado en uno u otro medio de comunicación sin que no haya nadie que te sitúe a la derecha o a la izquierda del espectro político. Qué decir, si a un inocente sujeto se le ocurre opinar en contra o a favor de las declaraciones de un político o de la puesta en marcha de una determinada ley. Parece ser que hay que alienarse, perder o ganar, seguir determinada corriente sin necesidad de remar o tener la habilidad de una mariposa que salta de flor en flor con destreza y decoro. Uno puede estar virado hacia un lado o hacia otro o hacia el “desconocido” centro sin tener que sentir ningún tipo de pudor, por ideología, por convicción, por principios incluso pero nunca por presión o por querer seguir una dudosa moda. Estamos abocados a que en ninguna ocasión nos sintamos victoriosos todos. Hay políticas o cuestiones es las que parece razonable llegar a puntos de encuentro con facilidad, con el único interés de buscar el bien común y sin caer en la impura tentación de arañar adeptos. Todos podemos mencionar más de una, a mí se me ocurre, por ejemplo, las cuestiones sociales, aquellas que pretenden optimizar la vida de los grupos menos favorecidos. A otros se les pueden ocurrir cuestiones que tienen que ver con inocuas reivindicaciones que cuestan vidas humanas. Las asociaciones que trabajamos para mejorar la vida de las personas golpeadas por el infortunio y denunciamos situaciones que a todas luces son discriminatorias parecíamos estar al margen de la radicalización política. Poner encima de la mesa del responsable político de turno problemas de inserción laboral, de asistencia sanitaria, de apoyos a las familias, de integración social o de eliminación de barreras nos daba la libertad y la desenvoltura suficiente para poder hablar y opinar sin correr el riesgo de que te amojonaran a un lado o a otro. Reivindicar el cumplimiento de ciertos derechos constitucionales que no se cumplen o no podemos desarrollar parecía un sobrado argumento para poner de acuerdo a todos. Pero estas cuestiones, que no son rojas ni azules ni tienen color cada vez oyen más de cerca el zumbido del aspirador de la polarización y de la partidización política. Saber caminar por el filo, convertirse en un equilibrista son acciones que deben dominar con pericia las personas que trabajan en las O.N.G. Pero son acciones que desgastan, que desilusionan, que distorsionan los objetivos, que no son otros, que los de contribuir a construir una sociedad mejor. En ocasiones, una acción útil para un colectivo desamparado debe ir acompañada de otra acción políticamente correcta que no siempre es útil. En ocasiones, uno tiene la sensación de que ser un ciudadano activo incomoda. En ocasiones, la toma de decisiones sufre los condicionamientos de los partidos que están y de los que quieren estar. En ocasiones, las formaciones políticas se olvidan de pisar el acelerador del motor de la historia, que no es otro, no lo olvidemos, que la conquista de la igualdad, la búsqueda de la libertad y el principio de la solidaridad y esto cada vez enoja más a los ciudadanos que pretenden tener una posición ética libre y una participación activa e independiente. |
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