Artículo que nos envía para su publicación Manuel Martínez Fernández, residente en Sabadell y está moderádamente afectado por secuelas de una parálisis cerebral y es licenciado en derecho ejerciendo como asesor en temas de derechos humanos.

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Manuel Martínez Fernández
Manuel Martínez Fernández

Quizás a lo largo y ancho de mis anteriores artículos publicados el lector crea que todo esto está dirigido exclusivamente a personas con un grado de afectación leve o moderado, es decir, personas que a pasar de tener una lesión cerebral pueden andar, hablar y tener una movilidad aceptable, pero tras mis conocimientos y experiencias vividas puedo decir que ese razonamiento es equivocado, ya que, la observación directa así me lo ha demostrado y confirmado.

En este sentido he visto con mis propios ojos como personas muy afectadas y que sólo controlan el movimiento de la cabeza, sin embargo, gracias a su inteligencia, a su capacidad de superación y a su actitud positiva pueden llegar a tener y desarrollar una vida totalmente normalizada a todos los niveles, ya sea a nivel de familia, amigos, estudios, trabajo, deporte, pareja, independencia con la silla... He presenciado como a pesar de tener también serias dificultades para hablar, sin embargo, con un SI o un No, con una sonrisa, con una mueca de su cara o con una mirada son capaces de decirlo y de controlarlo todo. Como contrapartida, también he visto personas que a pesar de tener unas capacidades y una movilidad muy aceptables, en la práctica son incapaces de realizar actos cotidianos como salir a pasear o desplazarse en transporte público, pues prefieren ir siempre en taxis como si el transporte público fuera algo peligroso y fuera de su alcance. Imagino que esta actitud temerosa no es intencionada, sino que, se debe a miedos o frustraciones pasadas que nadie les ayudo a superar ni a sentirse como una persona normal en su momento, lo cual, es el motivo que en la actualidad les limita la vida a pesar de que la realidad social ya sea otra muy distinta y favorable.

Así pues, creo que el concepto de vida normalizada no es sólo el hecho de comer, dormir y salir a tomar el sol de vez en cuando. Del mismo modo que tampoco debe consistir en el hecho de poder andar con tacones de aguja o tener la voz de un tenor o de una soprano, sino que, en mi opinión el concepto de vida normalizada está en el hecho mismo de poder salir, de tener autonomía, de relacionarte, compartir, decidir, asumir retos aprender de errores y aciertos. En definitiva, vida normal es poder y conseguir llevar a cabo y hacer las mismas cosas que aquellos que todavía no tienen acreditada oficialmente una discapacidad, al margen evidentemente de las ayudas técnicas o soportes humanos que cada cual necesite para ello.

De ahí la importancia del estimulo en la persona y la normalización física y sobre todo mental, estableciendo y proporcionando los recursos y herramientas necesarias para que aprenda a afrontar los obstáculos y poder vencerlos sin ser vencida.

Como animales sociables que somos, todos en alguna ocasión necesitamos de la ayuda de los demás, no sólo para relacionarnos y ser parte del grupo, sino también, para poder alzar la mirada y ver que existen mas posibilidades de las que imaginamos o de las que vemos en un principio, y así, poder aprender paso a paso el camino y la forma de poder interactuar con el resto de la sociedad. En verdad la sociedad no es que rechace con mala fe a lo que le parece diferente, sino que, simplemente desconoce el tema y por eso tratan de evitarlo, pues todo lo desconocido a priori siempre parece malo y el mínimo acercamiento produce hasta miedo. Por ello, y para acabar con este desconocimiento social, cuanto antes se empiece reforzando la autoestima y la verdadera autonomía personal mucho mejor será tanto para el desarrollo e integración de la propia persona afectada como también para el resto de la sociedad, la cual, indiscutiblemente también aprenderá, a la misma vez, a ver esa realidad desde otra perspectiva y sin reparos ni miedos, aprenderá a ver la diversidad funcional desde la aceptación como parte de la realidad social y finalmente desde la plena normalidad.

Ante esta exposición de hechos, presenciados en primera persona, creo que sobra hacer mas comentarios, y sólo cabe deducir y decir sin miedo a equívocos, que la lesión cerebral se puede superar con fuerza de voluntad y buscando los recursos necesarios en cada caso, y decir que es posible hacer una vida normalizada al margen de cual sea el grado de afectación física que esta comporte. Pero esto, paradójicamente, sólo se consigue desde el cerebro, desde la inteligencia, desde la fuerza de voluntad, la coherencia, la constancia, desde el sentido común, desde el desafío, la actitud positiva y reflexiva y, sobre todo, desde el desarrollo y el fomento de una sólida confianza y consciencia tanto personal como familiar que se convertirá progresivamente y de forma natural en consciencia social.

Nunca hay que mirar desde la pena, el miedo, ni la inseguridad, la cual, es la mayor limitación que puede existir y anular a la persona para siempre, Sino que, resultara una mayor garantía de éxito mirar siempre la situación desde la razón, el tesón, la fortaleza, el valor, la decisión y determinación, desde el pensamiento divergente y creativo y desde la objetividad, para así poder encontrar la solución mas adecuada en cada momento de la vida.

Como bien dice el escritor y conferenciante Alex Rovira, trata a un ser humano como lo que es y seguirá siendo lo que es, pero trátalo como lo que puede llegar a ser y se convertirá en aquello en lo que está llamado a ser, es la llamada lógica de la cooperación y de la confianza.

Manuel Martinez Fernandez.

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