El autor de este artículo es Scott Rains
Director de
Programas/Servicios SeniorNet
Commendation for Commitment to Principles of Cultural Diversity from Santa Clara University
y Editor de
The Rolling Rains Report
publicado en POLIBEA

UNA TENDENCIA EN EL HORIZONTE

La meta del Diseño Universal consiste en crear todos los productos y recursos tan usables como sea posible por tantas personas como sea posible, independientemente de su edad, capacidad o situación.

Soy tetrapléjico y tengo un sueño.

Es un sueño tan noble como la fuerza que empuja a realizar el Camino de Santiago, tan insistente como la llamada de La Meca para el Hayyi, tan profundo como el deseo de viajar a Jerusalén, tan vital como la atracción de Kumba Mela en India. Es el sueño de viajar.

Viajar, incluso el sueño de viajar, le habla a la imaginación. El año pasado ha puesto de manifiesto, una vez más, que la imaginación mueve los engranajes del comercio en la misma medida que alimenta el espíritu de peregrinos, artistas y diseñadores. El viaje, un sueño largamente pospuesto para las personas con discapacidad, recibe ahora atención global a un nivel que promete convertirlo en económicamente sostenible. Una redescubierta filosofía del diseño está haciendo posible esta transformación.

El Jeque Mohammed ha anunciado que la meta de su país, Dubai, es atraer a tres millones de viajeros con alguna discapacidad, mientras Japón ha convertido la ciudad de Takayama en un destino sin barreras que conserva el atractivo de una ciudad impregnada por la tradición. Tasmania contempló el lanzamiento de un circuito de alojamientos completamente accesibles a lo largo de toda la isla, conocido como “Devil's Playground” (“Patio de recreo del diablo”). Muchas han sido las novedades y actuaciones en este sentido, incluso en sistemas como el “time-sharing”.

A lo largo del año pasado, mientras la industria se hacía eco del sueño de viajar sin barreras y ponía en marcha un renacimiento del diseño, he seguido una especie de peregrinación a destinos que, aunque no fueran de mi propia elección, han probado ser profundamente satisfactorios y beneficiosos.

Congresos sobre viaje y discapacidad han brotado simultáneamente durante los últimos doce meses en todos los continentes excepto en la Antártida. De hecho, la popularidad del tema propició varios dilemas en el itinerario de mi periplo, que pueden resultar familiares al viajero habitual.

Al elegir trabajar con los alumnos de la Rhode Island School of Design (Escuela de Diseño de Rhode Island) con objeto de evaluar su diseño para un eco-centro turístico accesible para usuarios de silla de ruedas en el Caribe, no pude aceptar la invitación para tomar parte como ponente en el primer Congreso sobre Turismo Accesible en Brasil, en Porto Alegre. Asistir al lanzamiento de Liga Asia-Pacífico para el Viaje Accesible en el "Primer Congreso sobre Viajes Accesibles" en Taipei, Taiwán, me impidió acudir tanto al Congreso de la Unión Europea sobre Información de Viajes universalmente usable, patrocinada por OSSATE (One-Stop Shop for Accessible Tourism in Europe) en Londres, como al congreso "Cultura para Todos" de Berlín. Mientras México albergaba un congreso nacional sobre Turismo sin Barreras en Mazatlán, yo estaba programado como miembro del jurado de Viajes y Diseño Universal en el "Tercer Congreso Internacional Paz a través del Turismo", en Pattaya, Tahilandia.

Es este último concepto –Diseño Universal- el que fluye como mayor protagonista a lo largo de esta puesta en escena global del turismo sin barreras como objetivo comercial. Los empresarios han redescubierto una utilidad oculta del Diseño Universal como guía de la participación social a lo largo de la vida por parte de niños, personas con discapacidad y personas de la tercera edad. Crea, en igual medida que satisface, un nuevo segmento de clientes, potenciando modelos de negocio que son, a la vez, económicamente sostenibles y socialmente beneficiosos.

El Diseño Universal es un compendio de siete principios producidos desde un sueño compartido en una época anterior. Durante los movimientos pro-derechos ciudadanos de los ‘50, ‘60 y '70, el concepto de Diseño Universal evolucionó hasta expresar los legítimos objetivos políticos de las personas con discapacidad en los ámbitos del diseño, fabricación de productos y construcción.

Arquitectos, diseñadores, educadores y otros profesionales, muchos de ellos con alguna discapacidad, enumeraron los siguientes principios con el fin de pautar el proceso de creación de lugares, productos y políticas, que, respetando el papel de la imaginación en el diseño, respondieran al criterio de “diseño a la medida humana”:

  1. Uso equitativo: el diseño no produce desventajas ni estigmatiza a ningún grupo de usuarios.
  2. Flexibilidad en el uso : el diseño se ajusta a las preferencias y habilidades individuales de un amplio abanico de usuarios.
  3. Uso simple e intuitivo: uso del diseño fácil de comprender, independientemente de la experiencia del usuario, sus conocimientos, habilidades lingüísticas o nivel de concentración habitual.
  4. Información perceptible: el diseño comunica con eficacia la información necesaria para el usuario, sin importar las condiciones ambientales ni las capacidades sensoriales del usuario.
  5. Tolerancia al error: el diseño minimiza los peligros y las consecuencias adversas de acciones accidentales o no intencionadas.
  6. Bajo esfuerzo físico: el diseño debe poder ser usado de manera eficaz y cómoda con un mínimo de fatiga.
  7. Tamaño y Espacio para Aproximación y Uso: se debe proveer un espacio y tamaño adecuados para la aproximación, alcance, manipulación y uso, independientemente del tamaño del cuerpo el usuario, su posición y/o movilidad.

La meta del Diseño Universal consiste en crear todos los productos y recursos tan usables como sea posible por tantas personas como sea posible, independientemente de su edad, capacidad o situación. El Diseño Universal es el punto de vista, proporcionado por la comunidad de personas con alguna discapacidad, que sustenta diversas soluciones parciales propuestas en legislaciones nacionales en todo el mundo. Hace una generación, las personas con discapacidad adelantaban tímidamente una petición: “¿Puede usted hacer este lugar/producto accesible?” El Diseño Universal se presenta como un reto ante la industria mundial: “dado el caso comercial de atender este mercado y conociendo la efectividad de múltiples modelos de negocio, además de soluciones técnicas para poder llevarlo a cabo, ¿cómo se puede justificar el limitar intencionadamente la base de clientes por no poner en práctica el Diseño Universal?”

La industria de viajes y turismo necesita aplicar el Diseño Universal si pretende hacerse con la clientela que representan ese 15-20% de la población que tiene alguna discapacidad; debe, además, reaccionar con rapidez para estar preparada ante el aumento de este porcentaje que, inevitablemente, se producirá a medida que se vayan jubilando los “Baby-Boomers” –una generación que experimentará aumentos en su discapacidad año tras año, pero que se resiste a reconocerse como “discapacitada”. El respeto a esta aversión generacional para identificarse uno mismo como persona con discapacidad es factor clave que dividirá los productos turísticos/de viajes entre aquellos que generan beneficios y otros insostenibles.

Aquellos de nosotros que contamos con una experiencia de décadas a la hora de franquear sistemas de exclusión física y/o social hemos desarrollado estrategias para afrontarlo con éxito, además de depósitos de paciencia que no están disponibles de inmediato para aquellas personas cuya discapacidad es reciente. Por el contrario, aquellas personas que han llevado vidas satisfactorias y plenas usando el repertorio completo de capacidades cognitivas, sentidos y talla, no van a renunciar fácilmente al status que anteriormente disfrutaron. En otras palabras, los hijos del Baby-Boom que no han tenido una discapacidad previa y que, además, han acumulado más riqueza y más poder que sus predecesores (que lucharon por el reconocimiento de los derechos de las personas con discapacidad en los últimos cincuenta años) exigirán la plena inclusión como derecho natural, con todo el ardor que nace del privilegio –y si no, se irán con sus caudales a la competencia, en calidad de clientes sofisticados.

Existe otro factor implicado en el éxito para quienes intenten hacerse con el nicho de mercado que suponen las personas con discapacidad y las personas de la tercera edad. Observadores próximos al Diseño Universal y al mercado de la tercera edad identifican la diferencia entre productos puramente accesibles y productos de diseño universal con la diferencia entre “estéril” y “estilo”. Lo estéril puede ser eficaz en un laboratorio o en un hospital, pero el “estilo” gana en el mercado. La idea de Diseño Universal pone patas arriba la definición de “normal” en el mundo entero. Los abogados explican que las personas con discapacidad constituyen el “grupo minoritario” más grande del mundo; un grupo que seguirá creciendo a medida que los individuos vivan más tiempo y que, en aquellos países donde la legislación ha permitido a las personas con discapacidad acceder al empleo, forman una comunidad con un poder adquisitivo tan significativo como su deseo de viajar.

Esta no es la idea de “negocios, como siempre” sino que ofrece a quienes se preparen la promesa de “un negocio como nunca”.

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