MALETA BLANCA, ESQUELETO NEGRO

Equipaje Japón, pintura de UrculoLlevaba en su maleta blanca
siempre un esqueleto negro;
un collar con tres diamantes
y un prendido para el pelo.

Eran sus ojos las puertas
que registraban al vuelo
el sonido de los mares
y hasta el olor de los cielos.

Se sentaba en una orilla,
alli lloraba sus duelos
y al amanecer danzaba
sobre aquellos riachuelos

Todas las noches paseaba
a puertas del cementerio
y al despertarse cantaba:
"Se durmió el sepulturero."

Gemía cuando la amaban
ferozmente y sin pretexto.
Se acariciaba la piel
crepitando entre su fuego.

Amamantaba a la vida
dejando seco su pecho,
haciéndole renacer
en cada nuevo deseo.

Una tarde se durmió,
camino de su paseo
y al despertar descubrió
que no hallaba lo más bello.

Su blanca maleta, ¿dónde?
¿Dónde su negro esqueleto?
¿Dónde hallar sus tres diamantes
y su prendido del pelo?

Ofuscada se adentró
al fondo del cementerio
y descubrió engalanado,
despierto al sepulturero.

Ya no se sentó a la orilla;
ni pudo llorar su duelo;
ni pudo danzar alegre
sobre aquellos riachuelos.

Su maleta no era suya,
ni suyo el negro esqueleto
tampoco sus tres diamantes
ni su prendido del pelo.

Se fue con su tierra madre,
abrio sus puertas de nuevo
y entre una espesa neblina
se refundió con el tiempo.

Mª Angeles Sierra Hoyos (10-11-06)

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