Oscar Aguila, estudiante de psicología
desde Temuco - Chile

ONCE SENIL por Oscal Águila

Once senil

A las seis de la tarde, cuando se empieza a insinuar el
suave crepúsculo del día que ha pasado,
lentamente y en compañía de la fina vajilla de porcelana,
pasan a la mesa los recuerdos con aroma a veranos añejos.

Un poco de leche, dos cucharadas de azúcar al Parkinson,
Tres tazas de Altzeirmer y una pizca de incoherencia,
son los ingredientes principales
para aliñar el tesito con mandarina
tambaleantemente sostenido por aquellas
artríticas manos maltratadas por los años
que reflejan el sudor del ayer olvidado en
algún lugar entre la menopausia y el patio.

Vestidas con sus trajes de naftalina
y apenas cargando sus alhajas mas preciadas
comienza la sagrada reunión del olvido,
festín blancoamarillento de ajados recuerdos
que al compás del marcapasos celebran otro día más de
aburrida ancianidad...

Bajo este parrón,
anfitrión acogedor que día a día escucha
las débiles palabras de las que sin darse cuenta
esperan la muerte, se desvanecerán las cansadas almas que luego serán
solo cenizas,
cenizas de cambio,
cenizas de muerte,
cenizas desde donde alguna vez
surgió la vida,

cenizas invitadas a tomar once por el viento...

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