Autor: Ana Maria Martínez es la presidenta de la
Asociación Discapacitados Colón

ROCINANTE

Rocinante

I

La sombra gris del caballo blanco
se recorta ahora en tierras extrañas
y erguido espera el lento paso
del tiempo ido que lo acompaña.

Ya no cabalga de frente al viento
por esos campos de toda España,
ya los molinos del pensamiento
no se le enfrentan como montañas.

Lame la húmeda tierra desnuda
mientras procura el alimento
mas con su hocico huele basura
y será ése todo el sustento.

Su crin revuelta con abrojillos
extraña el peso del caballero,
de la armadura, los ojos fijos
del que cabalga detrás de un sueño.

Y en el paisaje todo el espanto
de la miseria y sus dolores
¿quien hará suyo aquel quebranto
y soñará con tiempos mejores?

Y, a su costado como la sombra
del leal amigo que lo amparaba,
rebuzna apenas y con zozobra
el burro viejo de Sancho Panza.

Quizás esperen toda la noche,
toda la Vida si es necesario,
que alguien de nuevo llegue y los monte
y los libere al trote rápido.

Mas Dulcinea está muy lejos
y su Amor es una Utopía,
los dos al lado del cementerio
mientras se muere la luz del día.

II

De un lado del arroyo, la miseria;
la triste pobreza de mi Pueblo;
la basura, que, lenta, se quema
y el humo que se eleva, recto.

Y del otro, la esperanza muerta
entre inmóviles cruces blancas
donde ya nada se rebela
porque el silencio mata.

De este lado del arroyo, la tierra
árida, gris y tibia
por el sol que, a la siesta,
calienta, penetra y lastima.

Y del otro, bajo la arboleda
ese extraño verdor oscuro
que florece en las luces de las velas
a la hora del crepúsculo.

En cualquiera de las dos orillas
el viejo caballo de los sueños
vandea hacia el cementerio o la villa
manso, loco y hambriento.

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