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Viernes, 24 de julio de 1998
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EL MADRID DE LOS CURIOSOS


La catedral de Justo, monumento al esfuerzo de un solo hombre

Desde hace 37 años Justo Gallego levanta con el único esfuerzo de sus manos una catedral. Carente de planos y de licencia de construcción, nada parece preocupar a este vecino de Mejorada del Campo

ALFREDO MERINO
ESPECIAL PARA EL MUNDO


MEJORADA.- El sol rabioso de las tres y media de la tarde aplasta con su luz hasta el último rincón de este edificio. Encaramado, sobre una torre levantada a fuerza de juntar trozos de ladrillos, Justo Gallego suelda unos tubos metálicos indiferente a cualquier otra cosa. Para llegar a la diminuta cubierta, ha tenido que cruzar por encima de la techumbre de uralita y recorrer un inestable tablón, que está simplemente apoyado en unos trozos de hierro, a 25 metros de altura. Viste un raído guardapolvo gris. El pantalón atado con una cuerda y los zapatos hechos trizas, sin cordones, desvencijados por el talón; como si fueran dos ajados cartones tal vez pegados a sus pies. La única licencia que se permite este mejoreño de 72 años es un sombrero de paja, que se cala hasta las cejas.

Colgado de este nido de golondrinas, Justo contempla su obra. Una catedral que hace 37 años comprendió que debía levantar. Al principio nadie le tomó en serio. Hoy aquellos tímidos alineamientos de columnas, se han convertido en un complejo edificio, en el que incluso se ha oficiado una misa.

VOCACION TARDIA.- Corrían los años 50 cuando una vocación tardía le llevó tras los muros del Convento de Santa María de Huerta, en Soria, allí estuvo siete años hasta que enfermó de tuberculosis. Por miedo al contagio, aquellos hombres justos decidieron expulsarle de la comunidad, cayendo Gallego en una profunda depresión. Hasta que una iluminación le hizo ver el sentido de su vida y el 12 de octubre de 1961, colocó la primera piedra de un templo que consagraría a la Virgen del Pilar. Primero con el producto de vender sus posesiones, luego con aportaciones voluntarias. Desde entonces no ha hecho otra cosa que poner orden a cuanto cascote, deshechos de obras, restos de fundiciones y demás desperdicios de construcción han caído entre sus manos.

Arquitecto e ingeniero autodidacta, Justo también ostenta con pleno derecho el título de maestro en el arte del reciclaje. El encofrado de las columnas sale de exóticos bidones de productos químicos venidos de la China. La forma de los arcos ha sido lograda con el empleo de gastados neumáticos de camiones. Colgada de una esquina de la techumbre, pende una rueda de bicicleta que hace mucho se convirtió en la polea con la que Justo eleva hasta las alturas el material que moldea. Así han surgido galerías irregulares, capillas que parecen tartas gigantescas, escaleras de caracol que trepan hacia el cielo entre montañas de escombros misteriosamente pegados entre sí.

Monumento a la recuperación total, el templo en su conjunto tiene algo de excepcional. Curiosamente, abre sus puertas en la calle Antonio Gaudí. Casualidades de la vida. La inmensa cúpula, de más de 11 metros de diámetro, ya aguarda sobre la nave central la llegada de las cristaleras. Las torres han cumplido su primera etapa y todo el templo muestra la cubierta colocada. En un lateral se abre una compleja capilla en la que no tienen cabida ni la plomada, ni la simetría. Aquí se trabaja como en las catedrales del Medievo.
  Durante el verano, con las primeras luces del alba, Justo se dirige a su catedral. A las ocho ya está trabajando. Seguirá hasta las seis de la tarde. «Sólo paro un rato para comerme medio melón y echar un trago de agua, no necesito más», relata sin apartar los ojos de la soldadura. Son casi las cuatro de la tarde y este hombre se detiene para comer. Por festín, un melocotón. Y así día tras día, mes tras mes. Ahora que hace bueno, se afana en las cubiertas. Cuando llueve, desciende a los sótanos. Trabajo le sobra.

Conserva Justo Gallego un mural donde aparecen algunos recortes que hablan de él. París Mach, Time, The Independent o The New York Times se alternan con prensa japonesa, alemana y de otros lugares del mundo. Sus entrevistas han salido de la norteamericana CNN a la RAI de Italia, por no citar los medios de comunicación españoles. A medida que los vecinos han visto como el sueño de Justo ha ido adueñándose del horizonte mejoreño, se han dado cuenta de que esto es más que el juego de un desocupado.

SIMBOLO.- Si el pueblo hoy día es conocido por algo, lo es por la catedral de Justo. Nadie lo duda. El problema es qué hacer con el edificio. Carente de cualquier proyecto certificado y sin licencia de obras, nadie se atreve a legalizarlo. Pero tampoco quieren demolerlo. «Se ha convertido en un símbolo y ya forma parte del paisaje urbano. Merece la pena conservarlo, pero tenemos miedo», señala Fernando Peñaranda, concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Mejorada, de IU. De forma unánime, todos los grupos municipales acordaron el pasado mayo pedir ayuda al presidente del Gobierno, al presidente de la CAM, al Colegio de Arquitectos y a la Conferencia Episcopal. De momento sólo les ha contestado ésta última, señalando que el templo no está bajo su tutela. Mientras llega una solución, Justo sigue con su trabajo de hormiga, levantando este pasmo de vecinos y objeto de culto de turistas venidos de todo el mundo.