Las cuevas prehistóricas, cavernas, etc.
están
ubicadas en parajes inhóspitos de difícil acceso para los usuarios
de sillas de ruedas. Conozco el exterior de varias como las de Puente Viesgo
en Cantabria o Tito Bustillo en Asturias pero entrar en ellas es diferente a
no ser que alguien esté dispuesto a cargarte como un fardo y adentrarse
contigo que, ya hay quien lo hace.

Vista exterior del Museo
Sin embargo, para bien del mundo de la discapacidad física y para todos
aquellos que adolezcan de una movilidad limitada junto a las originales
Cuevas
de Altamira han hecho un museo, una réplica de gran fidelidad para
que nadie se vea imposibilitado de sentir esa sensación de contacto espiritual
con nuestros ancestros.
En principio, los problemas de conservación de las cuevas crearon el
conflicto. Al parecer, el exceso de público presencial modificaba las
condiciones atmosféricas que habían permitido su conservación
natural en el transcurrir del tiempo y el deterioro de algunas pinturas obligó
a limitar el tiempo de permanencia y el número de visitantes. Además,
era preciso comprobar el estado real de conservación y estudiar detenidamente
los pasos a seguir para mantenerlo, siendo obligado cerrarlas por tiempo indefinido.
No privar a la humanidad de su conocimiento, fue lo que impulsó el proyecto
que hoy es realidad. Las cuevas están cerradas pero una magnífica
réplica de las salas y un
hermoso
museo con aplicaciones didácticas permiten que yo, por ejemplo, discapacitado
físico y usuario de silla de ruedas, relegado por tal circunstancia a
presenciar el singular espectáculo haya podido sentir cada momento, cada
piedra y cada instante intemporal de vida de nuestros antepasados.

Aparcamiento
Efectivamente las instalaciones son accesibles, el entorno magnífico
y el día escogido para la excursión excelente.
De la villa que cobija las Cuevas se dice coloquialmente 'la de las tres mentiras',
porque
Santillana
del Mar, ni es Santa, ni es llana, ni tiene mar pero, eso sí, acaso
sea uno de los pueblos más hermosos de España, mejor conservados
y más visitados.
Santillana del Mar
es, como decíamos, un municipio español situado en Cantabria,
a unos 30 Km. al suroeste de Santander. Su actividad se centra en la agricultura
de cereal, la ganadería vacuna, teniendo una actividad turística
de primer orden. Es una de las poblaciones de más rica historia de la
región, contando además con la famosa cueva prehistórica
de la que se dice 'la Capilla Sixtina del arte cuaternario'. Dentro de su arquitectura
religiosa destaca la iglesia de Regina Coeli, del siglo XVIII hoy museo diocesano
y el monasterio luego colegiata de Santa Juliana (siglo IX). Desde el siglo
XV pasa a los duques del Infantado y se convierte, también, en núcleo
de importantes construcciones civiles: los palacios de Barreda (hoy Parador
de Turismo Gil Blas), el del marqués de Santillana, la torre del Merino
y de don Borja, la casa de los Velarde, de los Hombrones y el ayuntamiento.
Con una población estimada de 4.028 habitantes. (Fuente: "Santillana
del Mar" Enciclopedia
Microsoft®
Encarta® en línea 2002.- © 1997-2002 Microsoft Corporation.
Reservados todos los derechos.)
Llegamos al antiguo museo (cerrado)
La
privilegiada
situación de Santillana del Mar y las buenas comunicaciones de su
entorno hacen de esta villa el punto de partida ideal para excursiones, actividades
deportivas o visitas a la región, además, la cercanía de
la costa del Cantábrico añade un sinfín de posibilidades
de ocio a la oferta propia de la villa que, como decíamos, es sin duda
una de las0 más visitadas del recorrido patrio.
Estas son las distancias, desde Santillana del Mar, a algunos puntos de interés:
Suances = 6 Km.; Torrelavega (2ª ciudad en importancia de Cantabria) =
6 Km.; Comillas = 16 Km.; Santander (Capital de la Comunidad Autónoma)
= 30 Km.; San Vicente de la Barquera (hermosa villa marinera) = 30 Km.; Parque
de Cabárceno = 30 Km.; ó Picos de Europa = 70 Km.
Es un hermoso día y llegamos pronto, como venimos desde Asturias hemos
adquirido las entradas en el Banco de Santander, entidad autorizada para expenderlas,
unos días antes lo que recomendamos sobre todo si asistimos en festivo
como era el caso no sea que nos encontremos con la sorpresa de que estén
agotadas las entradas.

Rampa por la que se accede al Museo
El aparcamiento no tiene plazas señaladas para discapacitados pero es
suficientemente amplio como para que no haya problemas. Como está un
poco alejado de la entrada, los agentes de custodia permiten que nos pasemos
a la silla en el punto más próximo y que nuestro acompañante
lleve el coche al aparcamiento.
Traspasando una explanada con un desnivel fácilmente asumible llegamos
al museo. Se trata de un edificio de líneas rectas, moderno y totalmente
accesible. Sobre la terraza de uno de los laterales dispone de una instalación
hostelera al aire libre dependiente del restaurante interior donde en caso de
hacer buen día podemos comer o tomar un café a cuya zona podemos
acceder mediante una rampa que cumple todos los estándares.
Una vez dentro del edificio, se nos canjean el ticket por unos pases de acceso
para asistir en grupos reducidos con guía.
Al fondo y a la derecha se encuentra la entrada a las auténticas cuevas.
Por fin, tras un leve espacio de espera, traspasamos la puerta tras la cual
se abre un mundo desconocido a nuestros ojos que nos transporta a los confines
del tiempo. Las instalaciones son magníficas y allí donde no podemos
evitar el desnivel mediante rampa, disponen de elevador para sillas. En todo
momento las explicaciones de la guía que dirigía nuestro grupo
fueron sumamente gratificantes, explícitas y profusas permitiendo preguntas
y contra preguntas con gran amabilidad. Una vez transcurrida esta fase, nos
encontramos ya dentro del museo y en él encontramos desde muestras de
piedras milenarias, útiles de las Cuevas de Altamira y otras que intentan
explicar como era la vida de los hombres que habitaron el lugar en la época
a la que nos vemos transportados.
No vamos a describir lo visto por indescriptible y por recomendar encarecidamente
la visita, pero hablaremos del entorno.
A través de un camino adosado podemos acceder al antiguo museo ahora
cerrado y acercarnos a la entrada de las cuevas auténticas lo que también
recomendamos por la hermosura del entorno.

Rampa restaurante
Después de la visita, nos apresuramos a ver la tienda de objetos concernientes
a las cuevas y comer en el restaurante del propio museo que observamos tiene
un menú económico y muy rico y utilizamos los aseos donde podemos
comprobar lo adecuado de las instalaciones y su perfecta adaptabilidad.
Para terminar el día nos acercamos a la Villa donde formando parte de
la conservación, se ha mantenido intacto el adoquín que dificulta
en gran medida el paseo de la silla de ruedas, sin embargo y aunque a la villa
solo pueden acceder en coche los que acrediten ser residentes, a los minusválidos
nos permiten dar un recorrido, sin estacionar, y salir. Antes de alejarnos de
la villa, adquirimos en uno de los portales próximos a la Colegiata,
unos exquisitos bizcochos de leche, típicos de lugar, y una mantecada
cántabra que recomendamos encarecidamente.
Para aprovechar el día, acudimos al
Zoo
de Santillana. El Zoo es de propiedad privada y nació para albergar
a las especies autóctonas, si bien ahora, tiene además otras especies
de origen muy lejano. Vive fundamentalmente de un curioso sistema de
mecenazgo
consistente en que el que lo desee puede pagar la manutención de un animal
o animales determinados, así, por ejemplo, uno pasa por delante de unos
monos y en la jaula se encuentra con un rótulo que dice animal
adoptado
por el Arquitecto tal de tal o Hidroeléctrica
u otra empresa y
también de la
venta
de aves y otros animales que crian.

Nos vamos por donde vinimos
Tiene además animales normales como asnos, vacas, gallinas, patos, cabras,
cerdos, etc.
y muestran a los niños de los colegios las costumbres
que formaron y forman parte de nuestro aprovisionamiento culinario, enseñándoles
como se ordeña una vaca, donde pone la gallina los huevos, como se alimenta
una serpiente y hasta tocarla o ponerla de corbata y, aunque la entrada es un
poco cara recomendamos la asistencia.
Pero atención, si queremos verlo completo hemos de utilizar una buena
silla eléctrica o la ayuda de un compañero fuerte porque los desniveles
que hemos de salvar para el recorrido son importantes.
En general, la experiencia fue hermosa y eso que uno es de la zona y ya lo conocía
(el museo no porque es nuevo) pero si el resto, sin embargo, puedo afirmar que
me sigue sorprendiendo esa luz que tiene Cantabria y lo hermoso de sus lugares.
TICKET'S DE ENTRADA
Hay que decir en detrimento, que Cantabria no es una comunidad con un buen nivel
de accesibilidad a usuarios de sillas de ruedas ni concienciada de esa necesidad
por lo que recomendamos precaución en nuestras visitas. Por ejemplo,
la Villa de Santillana no tiene aseos adaptados, ni el zoo tampoco, si bien
hay un hotel en la zona que si lo está y que aquí facilitamos.
OTROS DATOS DE INTERÉS

La
zona tiene una
buena
oferta hotelera pero poco es accesible o adaptada, no obstante existe el
(Hotel
Zabala: Barrio Vispieres. 46 en Santillana del Mar | Tno. 942 838 400 y Fax.
942 838 330) en el que ofrecen atenciones especiales para personas discapacitadas,
con accesos e instalaciones especialmente adecuadas para disfrutar cómodamente
de su tiempo de ocio. Ofrecen una buena gastronomía local en su restaurante,
con capacidad para cien comensales y una cocina empeñada día a
día en satisfacer los apetitos más exigentes. La cafetería
está preparada para conseguir que su estancia en el (Hotel Zabala.- sea
agradable en todo momento con una atención personal al cliente. Servicio
de fax y aparcamiento propio, y todas las comodidades en instalaciones totalmente
nuevas.