Reportaje publicado en CERMI SEMANAL el 17 de Abril de 2013

ELLAS EMPRENDEN.- Emprendedoras con discapacidad

Llevan como aval sus ganas de trabajar, su empuje y su entusiasmo, pero eso no parece ser suficiente para muchos, como para los bancos, que aún se resisten a confiar en las capacidades de algunas personas, como ocurre con estas mujeres con discapacidad. Sin apenas respaldo por parte de instituciones públicas o financieras, han sacado adelante proyectos laborales que implican esfuerzo, ilusión, dinero y muchas capacidades. Algunas han conseguido así un trabajo, pero no un sueldo.

Gema
Gema

Gema  era pensionista cuando todavía era una adolescente, "para mí ser pensionista ha sido un trauma toda la vida". Tampoco le gustaba quedarse en casa, ni de adolescente ni ahora, con 45 años. Sin embargo con el tiempo supo asumir su condición y aprovechó los ratos libres: "como he estado tanto tiempo de hospitales y me han gustado mucho las labores, de cría ya hacía mis cositas". Tiene una discapacidad física y hace 8 años decidió probar suerte en el mundo laboral dando clases de patchwork en las asociaciones de mujeres de la comarca. Ella vive en Caspe, Zaragoza, y la experiencia le gustó tanto que con el tiempo se atrevió un poco más y hace un año inició su propio negocio, una  tienda-taller de punto, ganchillo, patchwork ...

"En estos tiempos, los negocios no funcionan porque nos están crujiendo a palos, pero todo el mundo necesita un escape de algo, en casa no puedes estar, y el balance en un año es positivo, el negocio me ha ido bien pero yo no tengo sueldo, porque los pagos son una pasada", cuenta Gema.

Una aventura así no es posible para todos, pero Gema sigue en ella porque no quiere quedarse en casa y es una persona activa y positiva, aunque asegura que se informó bien antes de iniciar el negocio y le dijeron que no contaba con ninguna ayuda o subvención: "Los IVAS te matan, te crujen; yo no pago un 21 por ciento de IVA, pago un recargo de equivalencia que sube a un 26,2 por ciento de IVA; la única ventaja que tengo es que pago de autónomos la mitad, y eso no es nada. Yo cobro una pensión de 300 euros, y estoy limitada para trabajar en muchos sitios, ahora dime si una persona puede ser autónoma con esa pensión".
Página en facebook: "Gema patchwork".

Datos de mujer

Muņeca facturada por Gema
Muñeca facturada por Gema

Según un informe reciente del CERMI, la principal característica de la población femenina con discapacidad es que se trata de un grupo muy heterogéneo, pero que comparte la especificidad de sufrir un alto índice de discriminación múltiple.

Las mujeres con discapacidad tienen un mayor índice de analfabetismo, niveles educativos más bajos, menor actividad laboral y/o con puestos de trabajo de menor responsabilidad y peor remunerados, mayor aislamiento social, más baja autoestima, mayor dependencia económica respecto de la familia y/o personas responsables de apoyarlas, mayor dependencia socioafectiva y emocional, mayor posibilidad de sufrir todo tipo de violencia, menor desarrollo personal y social, gran desconocimiento de la sexualidad y numerosos y catastróficos mitos al respecto, mayor desprotección sociosanitaria y baja autovaloración de la imagen corporal...

A pesar de ser mayoría entre la población con discapacidad, la mujer con discapacidad presenta mayor índice de paro que el hombre con discapacidad.

Según la Encuesta de Discapacidad, Autonomía personal y situaciones de Dependencia (EDAD) de 2008 del INE, 3,85 millones de personas mayores de seis años tienen discapacidad en España. El 60% de las personas con discapacidad son mujeres. Laboralmente, lo más destacable de las personas con discapacidad es su baja participación, con una tasa de actividad del 36,2%, casi 40 puntos inferior a la de la población sin discapacidad. En 2011, la tasa de actividad de las mujeres se sitúa en el 33,3%, a 6,6 puntos de diferencia de la de los hombres, 39,6%.El 59,4% del total de hombres con discapacidad están ocupados, frente al 40,6% de mujeres con discapacidad.

Mucha fuerza y valentía

Juliana
Juliana

Entre estos datos se encuentran las historias reales de mujeres que han contado con todas sus capacidades pero con escasos apoyos, salvo el de sus familias. Ellas nos cuentan sus ganas de salir de casa, de trabajar, de sentirse útiles... su lucha por participar en el mundo laboral aunque sea a costa de su propia inversión monetaria y emocional. A costa de mucho esfuerzo, ilusión y desgaste.

Juliana  tiene discapacidad visual y hace ya 20 años que puso una floristería. Se mantiene a duras penas, con estos tiempos que corren, "me gustaría seguir trabajando mucho tiempo, porque me gusta, pero no puedo decir cuánto, hay días que me enfado y digo, hasta aquí hemos llegado, y otros días pienso, vamos para adelante; pero hace falta mucha fuerza, cada vez más".

Tiene una floristería y tienda de regalos porque le gusta el contacto con la gente y porque "yo no era una mujer para quedarme en casa y por eso puse la tienda; quería trabajar para mí, cerca de mi casa y estar con mis hijos, pero ahora estamos pasando la crisis del siglo".

En su momento no contó con ayudas, porque tampoco sabía dónde buscarlas "no sabía dónde moverme", asegura. La ONCE si le ayudó en los inicios con las adaptaciones que necesitó. Pero su discapacidad empeora y las dificultades económicas le pesan cada vez más y hacen más difícil el día a día. La  floristería Alver, en Fuenlabrada, se mantiene firme, pero no sabe hasta cuándo.

Elter Salud
Elter Salud

Teresa y Elena  son hermanas y ambas tienen discapacidad y son fisioterapeutas. Con la ayuda de sus padres y de la ONCE montaron una clínica hace ya 14 años. Las cosas han ido bien, a veces mal, pero se decidieron hace cuatro años a ampliar el negocio, "porque soy muy valiente", explica Teresa. Ella tuvo que darse de alta como autónoma y nunca ha recibido ayuda ni subvención ni rebaja en los pagos que debe afrontar, que son muchos puesto que el negocio incluye personal contratado.

Teresa cree que la discapacidad debería tenerse en cuenta a la hora de ofrecer ayudas o algún tipo de respaldo, porque "la discapacidad en sí ya te obliga a hacer frente a problemas, por ejemplo yo no estoy familiarizada con el ordenador y me resulta poco accesible y siempre necesito ayuda, pero como es algo que tengo desde los 8 años, cuentas con eso". Cuenta con eso, con su empuje, su ilusión, su esfuerzo, o sobreesfuerzo, y sigue tirando hacia delante.

Sentirse útil

Esperanza  tiene una discapacidad física y es la propietaria de una panadería en un pueblo cercano a Segovia. "Con la edad que tenía veía un poco difícil volver a trabajar por cuenta ajena y no quería estar parada, lo estuve casi seis años por la enfermedad, y quería hacer algo, aparte de que me hiciera falta, quería volver otra vez a sentirme útil".

Y de nuevo nos encontramos ante una historia de familia, de superación, sobreesfuerzo e ilusión: "Me ayudó mi familia, me han ayudado mucho cuando he querido superar cosas, a pesar de las trabas que he tenido; mi marido ha sido y es un gran apoyo constante; económicamente entre todos, mis hijos y mi marido: empecé la aventura con mucho miedo de que no saliera bien, pero ya llevo más de un año y voy bien, hay que tirar mucho de la imaginación y buscar recursos, los bancos no ayudan en estos tiempos y es muy difícil mantenerse, pero no estoy descontenta".

Asegura que los bancos y la administración podían dar más facilidades y no poner tantas trabas: "Yo no tenía ningún aval, sólo mis ganas de luchar para seguir adelante y eso en la sociedad que vivimos no se valora para nada y es un error, porque cuando la gente tiene ganas de trabajar es capaz de hacer cualquier cosa; a mí, por ser mujer con discapacidad que vive en el medio rural, todo me resulta más complicado y dependo de alguien que me pueda ayudar, pero no me considero diferente a otras personas que no tengan discapacidad, porque hay personas que no tienen discapacidad y sin embargo tienen más miedo que yo para emprender esta aventura. Hoy por hoy a los emprendedores en general, la sociedad no les valora, y realmente creo que es un porcentaje muy alto de la economía, pero no te apoyo nadie, es muy difícil".

Y sigue adelante, con ganas incluso de ampliar el negocio, porque hay demanda, los clientes lo piden, pero ella necesitaría alguna ayuda más para dar ese paso, incluso contratar a alguien. Quizás lo consiga, poniendo como siempre todo de su parte, igual que hizo al plantearse el negocio, calculando las posibilidades que tenía: "Elegí la panadería por asegurarme un mínimo diario. La sostenibilidad de cualquier negocio exige un mínimo diario, y eso te lo puede proporcionar un producto de primera necesidad, como es el pan".

Dificultades

Cristina
Cristina

Cristina  tiene discapacidad visual y hace tan solo unos meses ha creado su propia empresa,  Psicobaby : "Soy psicóloga y ofrezco mis servicios a dos escuelas infantiles. En ellas me encargo de la evaluación psicopedagógica de  los niños con edades comprendidas entre 0 y 3 años. También me encargo del asesoramiento individualizado a los padres y trimestralmente de las Escuelas de Padres, y también ofrezco un servicio de Estimulación Temprana a niños tanto de dentro de la escuela como de fuera, en el caso de que sufran algún retraso en el desarrollo como retrasos del lenguaje, retrasos psicomotores, etc".

Por el tipo de trabajo que realiza y al hacerlo en dependencias de las escuelas infantiles, no ha requerido ningún tipo de inversión ni ninguna ayuda económica, pero sí ha solicitado a la ONCE la adaptación al puesto de trabajo, ya que necesita un ampliador de caracteres para poder utilizar el ordenador. "El tema de la discapacidad sí que dificulta porque he visitado muchas escuelas y en algunas me han dado la impresión de que pensaban que con mi discapacidad tendría bastante dificultades para desempeñar este tipo de trabajo", y desde luego asegura que las mujeres con discapacidad deberían contar con ayudas para emprender, entiende que es una cuestión de justicia.

 

 

Eliminar barreras

Captura Ideal Vent
Captura Ideal Vent

Y finalmente,  Mariana  es el último ejemplo de tantos que habrá en nuestro país, de mujeres con discapacidad que quieren trabajar, que pueden hacerlo, pero que sólo con su esfuerzo y el de algunos familiares y asociaciones lo logran. Ella tiene discapacidad auditiva severa de nacimiento y lleva audífonos en ambos oídos desde los 6 meses de edad. También lleva solo unos meses al frente de su negocio, una empresa de organización de eventos Ideal Event.

La historia de Mariana está en sus inicios y por ahora lo único que encontramos es mucha ilusión y ganas de trabajar, pero pocas ayudas (o ninguna, como asegura ella misma) o respaldos laborales. Su empresa ofrece servicios de organización integral o parcial de cualquier evento ya sea familiar, social o corporativo. Además, asesora a cualquier persona que en medio del proceso pueda tener dudas sobre qué servicios escoger o cómo organizarse. Y por supuesto incluye la posibilidad de adaptar cualquiera de esos eventos a cualquier tipo de discapacidad: "Mi objetivo es eliminar todas las barreras para que cualquier persona con discapacidad pueda disfrutar del evento al igual que el resto de los invitados".

Su discapacidad no se lo ha puesto fácil, todo lo contrario, pero solo lleva tres meses y sigue entusiasmada, poniendo de su parte todo lo que necesita para cubrir las carencias en otros frentes. Como en todas las demás mujeres de este reportaje, la dosis de ilusión, esfuerzo y superación es una sobredosis: "Reconozco que a veces me resulta complicado el trabajo por tener que estar en contacto con mucha gente, asistir a reuniones, estar muy pendiente del teléfono, pero a lo largo de mi vida he ido superando todos los obstáculos y ahora sigo superándome".

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