MÁLAGA, HÚMEDA E INCÓMODA

Interior del recinto del Castillo de Gibralfaro

Acaso no fuera buena idea dedicar mis días libres de Navidad a conocer esta hermosa ciudad del sur de España pues, aunque también por otras razones, pero principalmente por lo inclemente del tiempo, apenas logramos disfrutar de ella. Llegamos el miércoles 23 lloviendo y hasta que el domingo 27 que iniciamos la vuelta a casa no vimos de nuevo el sol. En cambio, sufrimos todo lo demás, viento, lluvia y también alguna inoportuna medida de orden social que igualmente incomodó la estancia, sin embargo no hacía frio al menos no para los que habitualmente residimos en el norte más húmedo y frío.

Dando por entendido que el 24 es un día que la tradición señala para el recogimiento familiar y que pocos sitios encontraríamos disponibles de ser visitados, lo dedicamos a un viejo amigo posponiendo cualquiera otra actividad turística y, al día siguiente, festividad de Navidad, pertrechados con paraguas y ropa adecuada por si la lluvia se presentaba de nuevo pusimos manos a la obra.

Vista desde el Castillo de Gibralfaro

Como primer plato nos propusimos visitar el Castillo de Gibralfaro sitio recomendado desde donde obtendríamos excelentes vistas de la ciudad. Y aquí me gustaría anticipar que los responsables del área de turismo de la ciudad deberían considerar la negatividad de mantener cerrado en festivo aquellos destinos que pueden ser reclamo para foráneos pues con su actitud y ayudados por las inclemencias lograron amargarnos las jornadas y acaso las ganas de volver a Málaga.

Una vez en el castillo comprobamos que hay que pagar y que para hacerlo hemos de utilizar una máquina expendedora automática no accesible para usuarios de silla de ruedas que expida el preceptivo ticket que franquea el paso, cosa incomprensible cuando en taquilla había tres personas ociosas y entretenidas en coloquios personales. Además, podemos asegurar que los espacios son accesibles a la silla solo en un 30 ó 40 % y entre los posibles de visitar se encuentra el centro de interpretación, sin más dificultad que un escalón de 7 cms.

Otro escalón hemos de salvar igualmente para acceder a los aseos ubicados junto a cafetería que permanecía cerrada. La cabina destinada al aseo de señoras, suficientemente amplia y espaciosa, ha sido dotada de barras de ayuda en sanitarios por lo que lo podemos dar como adaptado para personas con movilidad reducida.

Junto a la estatua de PICASSO

El resto de los tránsitos no están exentos de dificultades para el discurrir de sillas de ruedas como consecuencia de un piso empedrado con importantes pendientes y que las excelentes vistas de la ciudad, su puerto y bahía tampoco son fáciles para alguien que lo hace sentado debido a la altura de la muralla. Quien me lea dirá que son imponderables por las características monumentales de la edificación y las pocas posibilidades de intervención arquitectónica, no obstante, y aunque por lo general no nos gustan las medidas normalmente reconocidas como de ‘discriminación positiva', de menos agrado aún resulta pagar doble entrada, la mía y la de mi asistente personal para disfrutar de la visita un 50% menos que el resto de la ciudadanía, cobrar dos euros a un usuario de silla de ruedas + otros dos por la persona que lo acompaña para que apenas pueda disfrutar de la visita es una vergonzosa vulneración de los derechos de las personas con diversidad funcional física (discapacidad).

Pero, no solo estaba cerrada la cafetería, ya a la entrada fuimos informados de que la Alcazaba tampoco abriría ese día ni el siguiente, así que en vista del éxito y como quiera que al poco tiempo comenzó de nuevo a llover, dimos por concluida la visita para dirigirnos a patear la ciudad en la esperanza que escamparía a ratos cosa que no ocurrió. No ocurrió eso ni encontrar algo abierto ya que los museos y la mayoría de los restaurantes tampoco lo hicieron, así que decidimos volver al hotel esperando mejores oportunidades.

Vista desde la Plaza de la Merced

El sábado, habíamos quedado con unos amigos para resolver un asunto inaplazable que nos entretuvo hasta el mediodía y a las dos de la tarde después de dejar el coche en el parking de La Alcazaba, accesible y dotado de aseos adaptados y ascensor, dimos unas vueltas por el casco histórico para terminar en el Museo Picasso donde además pretendíamos calmar el hambre.

Para evitar las escaleras de la entrada principal del Museo disponen de una puerta alternativa con timbre. Tras unos minutos alguien acude a abrir y acompaña a los usuarios de sillas de ruedas y sus asistentes hasta la recepción donde después de dejar las pertenencias, cámaras, bolsos, etc., en consigna y pagar seguir el itinerario marcado. Es un museo pequeño con pocas obras y de escaso interés según nuestro criterio, por lo que nos pareció caro, si bien, en el momento de la visita mostraban también una exposición itinerante de la obra de Sophie Taeuber-Arp realmente interesante. El caso que, aun haciéndolo detenidamente, la visita terminó en hora y media, transcurrida la cual intentamos proceder a una frugal deglución en cafetería y entonces saltó la sorpresa porque tanto ésta como la tienda son inaccesibles para usuarios de silla de ruedas al tener que salvar seis escalones sin itinerario alternativo.

Fachada Picatostes

Algo funciona mal en esta sociedad cuando sus ciudadanos se sienten capaces de vulnerar los derechos de una minoría por el nimio importe de una plataforma salva escaleras frente a la tremenda inversión realizada en la adecuación del edificio. De hecho vamos a denunciar como allí mismo advertimos, ante la Oficina Permanente Especializada del consejo Nacional de la discapacidad dependiente del gobierno, dicha irregularidad.

Como el domingo abandonábamos la ciudad, eran las cuatro de la tarde y no habíamos comido, estaba claro que poco más íbamos a ver por lo que nos lo tomamos con calma y nos dispusimos a encontrar un lugar que dejara buen sabor de boca lo que al final conseguimos. Paramos en PICATOSTES un bar de tapas accesible y con aseos adaptados ubicado en la calle Sánchez Pastor en el que comimos unas tostas de morcilla de arroz y puré de cebolla confitada y ventresca con pimientos, todo ello bañado con un vino de rioja que entonó el cuerpo y redimió nuestras necesidades culinarias por poco dinero y en un ambiente agradable y concurrido.

Unos breves paseos más por el casco antiguo y, nosotros somos los primeros en lamentar, que sea esto lo poco que podemos contar agradable o menos agradable de nuestra estancia en Málaga.

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