Un reportaje de Rebeca Hortigüela publicado en el núm. 1951 de la revista Interviú de fecha 16 de setiembre de 2013.

ASISTENCIA SEXUAL: Échame una mano

Soledad ArnauSoledad Arnau

Los discapacitados reclaman la legalización de expertos que les ayuden a vivir su sexualidad. No se consideran discapacitados ni minusválidos. Tampoco quieren diferencias entre "ellos y nosotros". Son personas con diversidad funcional que apuestan por una vida independiente. Y por esa independencia hacen pública la necesidad de legalizar la figura de un asistente sexual que les ayude a conocerse y a descubrir las necesidades que a muchos les es imposible satisfacer.

"Nosotros no tenemos la facilidad de ir a un bar, tomar una copa y ligar. Por desgracia los cánones de belleza son los que son y nosotros no estamos dentro del prototipo de buenos amantes", cuenta Soledad Arnau. Utiliza silla de ruedas desde que nació, pero eso no le impide llevar una vida completamente independiente y valerse por sí misma. Antes vivía con sus padres, después en una residencia en la que "reconocerse como una persona que puede hacer una vida normal era tarea difícil".

Ahora reside en una habitación de un colegio mayor en la Plaza de Castilla (Madrid) muy bien adaptado y lucha por los derechos humanos en sexualidad y reproducción, además de ser becaria e investigadora en el departamento de filosofía de la UNED.

Debido a la vida tan activa que Soledad ha decidido llevar, dispone de cien horas semanales de asistentes personales que le ayudan a comer, cenar, maquillarse, ir al baño y dormir, pero... ¿qué pasa con el sexo?

Este es el debate incipiente en España, que ha llegado de la mano de Silvina Peirano y la organización Sex Asistent Cataluña, con la que Soledad colabora. Reivindican la necesidad de legislar esta figura como una opción sexual y piden que las necesidades afectivas y sexuales de este colectivo dejen de ser un tabú.

En países como Dinamarca, Holanda, Suiza, Bélgica o Alemania la asistencia sexual se considera un servicio de salud y como tal está subvencionado desde hace más de veinte años. En Francia el debate lleva abierto mucho tiempo pero las diferencias de opiniones entre los colectivos de discapacitados, feministas y conservadores impiden avanzar en el asunto. Aquí no ha hecho nada más que empezar.

"La sexualidad es un rasgo vital de identidad y privar a las personas de su biografía sexual es quitarle parte de su personalidad", afirma Silvina Peirano desde Argentina. Empezó a investigar la función de esta figura cuando todavía vivía en su país natal, pero lo abandonó porque lo veía inviable en la Argentina de entonces. Cuando se instaló en Barcelona, donde ha vivido diez años, se dijo a ella misma: "Este es el momento".

Silvina PeiranoSilvina Peirano

MIRAR HACIA OTRO LADO

De ahí surgió Sex Asistent, que argumenta a este respecto que "una persona con discapacidad física grave o amputaciones, que no puede tocar sus genitales con independencia, es bañado, cambiado de ropa y alimentado, pero si tiene una erección, sus cuidadores miran hacia otro lado".

En numerosas ocasiones son los padres los que se ven como la única alternativa para ayudar a aliviar las necesidades sexuales de sus hijos, con las graves consecuencias que esto puede acarrear para ambos.

Por eso, el colectivo de discapacitados reivindica la necesidad de distinguir entre asistencia personal y asistencia sexual. Ambas igualmente dignas de ser regularizadas y legisladas.

Montse Neira es precursora en este debate, ya que desde 1989 es una de las pocas prostitutas en España que ha atendido a clientes discapacitados. Reconoce que en muchos casos son los padres del cliente quienes han solicitado sus servicios. "El verdadero problema viene de muchas familias que no entienden que sus hijos o hijas tienen estas necesidades y tratan el tema de la sexualidad, la masturbación y los juegos sexuales desde un punto de vista negativo. Como si fuera malo querer descubrirse a sí mismo o tener curiosidad por saber lo que se siente", se sincera Montse.

Es en este punto en el que coinciden la mayor parte de las personas que padecen un alto porcentaje de discapacidad. Si desde que son niños tratan el tema de la sexualidad como un tabú, creen que el sexo no es para ellos y toman conciencia de que ese mundo de placeres nunca lo podrán disfrutar. "Lo anulas, lo evitas. Creces pensando que esto del sexo es para otros, para ellos", reconoce Rafael Reoyo, discapacitado y coordinador de Sex Asistent en Barcelona. De ahí la necesidad de formación tanto para los asistentes como para los discapacitados. Los asistentes tienen que ser educados siempre desde el punto de vista de los derechos humanos, la discapacidad y la sexualidad. Tienen que saber cómo estimular a clientes que no tienen sensibilidad genital con caricias y besos en otros puntos erógenos y entender qué es lo que quiere alguien, por ejemplo con parálisis cerebral, que no puede hablar.

"Las mayores dificultades que me he encontrado han sido con pacientes que no pueden expresar qué es lo que necesitan. Llaman sus padres o familiares para contratar mis servicios, pero una vez en la cama no sabes por dónde tienes que empezar, ni cómo les puedes estimular", cuenta Montse Neira a interviú.

Montse NeiraMontse Neira

Ella fue autodidacta, nadie la enseñó cómo tenía que enfrentarse a ese tipo de situaciones. La experiencia y el trato con los clientes han sido la clave de su éxito con este colectivo. Empezó en 1989 en casas de citas con otras compañeras, pero ella nunca estableció diferencia entre discapacitados y no discapacitados. "Tenía compañeras que se negaban. Les daba asco porque tenían otro aspecto, otras limitaciones", continúa Montse. "Yo desde el principio tuve relaciones con este tipo de clientes y seguiré teniéndolas".

FORMACIÓN OBLIGATORIA

Hasta ahora, la única alternativa para las personas con diversidad funcional había sido la prostitución, pero el nuevo planteamiento rechaza a las profesionales del sexo para institucionalizar una nueva figura autogestionada, formada y regulada que realice acompañamientos eróticos, sensuales y sexuales.

"El ritmo es más lento y a veces se necesitan varias sesiones o citas previas a un acercamiento corporal", explica Soledad. Hablar y coger confianza antes de cualquier contacto sexual es una máxima para algunos. Otros, simplemente necesitan acariciar y ser tocados, contacto corporal o disfrutar de un masaje. Y otros muchos prefieren directamente el placer de la penetración, los juegos eróticos o la excitación sexual. También se podría acudir a un asistente para que te facilite tener relaciones sexuales con tu pareja si no puedes lograrlo sin ayuda.

"Por eso es importante que los asistentes estén formados y el discapacitado tome la iniciativa de la cita en todo momento. Nosotros elegimos el qué, dónde, el cuándo, el cómo y el por qué", afirma Rafael Reoyo. "Esta es la gran diferencia entre la asistencia y la prostitución. Muchas casas de citas y prostíbulos llevan haciendo esto mucho tiempo, pero vete a saber cómo lo hacen", sigue Rafa.

M.S.C. y Rafael Reoyo M.S.C. y Rafael Reoyo

M.S.C. no quiere dar a conocer su identidad. Tiene 56 años y es terapeuta, pero de joven trabajó como prostituta en Holanda y en España. Conoció a Rafael Reoyo en unas jornadas de "sexualidad, diversidad funcional y la figura del asistente sexual", organizadas en Barcelona por la Asociación de Parapléjicos y Grandes discapacitados físicos de Cataluña. En estas charlas se presentaba al asistente sexual como un acompañamiento destinado a hombres, mujeres o parejas con algún tipo de diversidad funcional, mayores de edad, que independientemente de su género o elección sexual deciden optar por esta posibilidad.

En estas jornadas vio la posibilidad de unir los dos campos en los que ha trabajado, la terapia y el sexo. "Si la sociedad fuera realmente humana, estas personas no tendrían que recurrir a un asistente para tener sexo, pero como vivimos de manera tan cruel, la legalización de esta figura es necesaria porque se sienten constantemente rechazados", cuenta.

"Además, el contacto humano y sentirnos queridos cura más que cualquier medicina. El sexo es lo que menos importa. Prevalece la caricia, el afecto, el cariño, que no se sientan juzgados", afirma desde la experiencia que tuvo con personas discapacitadas cuando era prostituta.

EXCLUSIÓN ECONÓMICA

A las necesidades afectivas y sexuales, se suman las necesidades económicas a las que están atadas las personas con diversidad funcional. "Si no accedemos al mercado laboral debido a nuestra discapacidad, tenemos una pensión no contributiva de 300 euros al mes. Vivimos al borde de la exclusión", se indigna Rafael Reoyo. "Se nos considera a las personas discapacitadas como niños eternos y debemos acabar con ese prejuicio".

Silvina está de acuerdo con Rafael: "El derecho a la sexualidad de las personas con diversidad funcional ha sido encubierto de mitos y tabúes, de ángeles y demonios, de pecados y delitos. Es tiempo de protagonizar el cambio, aun a riesgo de errores o críticas. La sexualidad es una condición de vida, y no de supervivencia. Cualquier día el discapacitado puedes ser tú", concluye.

"Ellos y nosotros somos iguales. Puede que estas personas tengan problemas físicos, pero todos estamos tocados interiormente", finaliza M.S.C, haciendo referencia a un poema de Enric Casasses: "La gente me pregunta por qué voy con jorobados, por qué voy con tullidos y yo contesto: porque mi alma también está así".

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