Logo Minusval2000   BELLEZA Y DISCAPACIDAD. ¿UN PARADIGMA POSIBLE?
   
  minusval2000 > relaciones>textos>BELLEZA Y DISCAPACIDAD ¿UN PARADIGMA POSIBLE?  
¿Quiere publicar su artículo?
ENVÍELO


Esteban Levin, es Lic. en Psicología, psicoanalista, psicomotricista, profesor de educación física, docente invitado en diferentes universidades nacionales y extranjeras.

Autor de los libros: “La clínica psicomotriz El cuerpo en el lenguaje”, ”La infancia en escena. Constitución subjetiva y desarrollo psicomotor” y “La función del hijo. Espejos y laberintos de la infancia”, todos de editorial Nueva Visión, Argentina.

Currículo

Pag.Web.

CITA: "Experimentar algo como bello significa: experimentarlo necesariamente en forma errónea." Friedrich Nietzsche.

En la cultura de la modernidad, donde la apariencia corporal es testimonio de constante belleza, el niño que porta cierta discapacidad es considerado muchas veces su "contracara", o sea, la discapacidad es tomada como contra – ideal – antiestético.

Si comprendemos la estética tal como la plantea Jorge Luis Borges, como algo que simplemente está insinuado, sugerido, no del todo dicho, ni del todo mirado, entonces cuando los niños son tomados en si mismos como discapacitados, encarnan siniestramente lo antiestético de la modernidad, la organicidad.

El ideal de belleza que la cultura de la modernidad pretende, tiende a equiparar el cuerpo con su modelo, o sea con su imagen. La utopía del cuerpo – imagen – ideal, convierte al propio cuerpo en objeto de placer narcisistico y autoerótico. De éste modo el cuerpo se transforma en objeto de culto para cultivar y cultivarse a sí mismo anónimamente.

En definitiva, la modernidad en su afán consumista, tiende a anular la diferencia entre el cuerpo y la imagen modelo.

La discapacidad encarna y enmarca justamente esa diferencia, que como efecto dramático produce la discriminación y la exclusión.

Cuando a un niño se lo mira, se le habla, se lo ubica, o se le organizan actividades pedagógicas – didácticas desde su discapacidad y no desde su subjetividad, entonces el cuerpo en su organicidad pasa a ser objeto de goce. Goce de órgano que lo transforma en una especie de “mutante” orgánico – discapacitado.

En ésta moderna mutación, la organicidad cumple así "la función del Hijo", nombrándolo desde la identidad anónima del órgano, en esa inaprensible soledad; la belleza se disipa consumiéndose en la corporalidad del niño "androide – mutante"(nota 1).

El niño en su organicidad "androide", cuestiona la imagen corporal, y en ella su funcionamiento genealógico y filiatorio, o sea su función de hijo.

La discapacidad se transforma en objeto antiestético "mutante – androide", cuando es considerada en su promiscuidad banal.

Por ejemplo, a los padres, al nacer su hijo les dan los siguientes diagnósticos:

  • "Tu hijo va a ser un vegetal, se va a alimentar por sonda."
  • "Que viva su hija es un milagro, no espere nada de ella, es un milagro que esté así."
  • "Los que tienen este síndrome no se recuperan nunca, de por vida será un lesionado."

El niño que por diferentes razones está embalsamado en una imagen de organicidad fija y unívoca, está impedido de crear su propia imagen, pues lo inamovible de lo real se encarna en el cuerpo presentificandolo, en la discapacidad del órgano lesionado.

La discapacidad se transforma así en promiscuidad.

Lo promiscuo no es la patología o el problema en el desarrollo, sino ese discurso que sólo ve lo visible del órgano, tornándolo hiper - real, y por lo tanto antiestético para el mercado de belleza moderno.

En ésta cultura de la modernidad, donde la belleza pasa por el ideal de la forma y la armonía del desarrollo corporal (de allí la gran cantidad de cirugía que cada vez abarca más partes del cuerpo, cremas y remedios tendientes a configurar y conservar el modelo corporal), los niños con problemas en el desarrollo o llamados discapacitados desmientes éste ideal y nos convocan a pensar lo bello, no en la superficialidad banal sino como un acto creacionista, donde se pone en escena la emergencia de la subjetividad.

En éste contrapunto de la belleza como modelo puro de la apariencia corporal, o lo bello como acto creacionista, donde se pone en escena un sujeto, se coloca en juego uno de los paradigmas de la modernidad frente a la discapacidad.

Lo bello aparece cuando un niño que no miraba empieza a mirar, o cuando por su espasticidad no caminaba y a través del deseo de moverse comienza a hacerlo, o cuando a partir de la demanda del otro, puede empezar a transformar sus estereotipias en gestos significantes.

En éstos ejemplos, el niño produce un acontecimiento donde se ubica existiendo en la escena más allá de su organicidad , o sea en su propio estilo.

En éstos actos creacionistas, el niño cumple su funcionamiento escénico de hijo y al hacerlo en el escenario simbólico, su organicidad queda representada por una imagen cuya insondable belleza, le posibilitará re - conocerse en su función de Hijo, apropiándose así de su nombre, que nunca será el de su síndrome, el de un androide o el de su organicidad.

El que trabaja con niños, sea educador o terapeuta, tendría que poder arriesgarse a atravesar sus propios modelos y "clichés", para comprender la infancia.

En el ámbito clínico o educativo, no hay terapeutas o docentes ideales. Si se quisiera ubicar a la teoría o a la propia práctica como ideales, el niño las desmiente en sus producciones escénicas, pues nos señala en su esencia, la disarmonia constitutiva de su desarrollo.

El niño en su territorio, por suerte, es disarmónico y no encaja en ningún molde técnico o estadio prefijado.

Sólo soportando el imprevisto, la insertidumbre, el desconocimiento, el niño colocará y descubrirá el suyo en la escena, transformándose en un acontecimiento donde él existe en su hacer.

No todos están dispuestos a arriesgarse o ponerse en escena con el niño, o dejarse inquietar o impresionar por él, para que pueda metamorfosear una habitación en un castillo, en un barco, en un cohete o para que invente de una tijera un pájaro; de un ruido una melodía; de un tenedor con pan, un títere; de una olla, un instrumento de percusión; de una plastilina unos androides; de una espasticidad, una gestualidad o de un grito, una demanda.

Cuando esa escena sucede , en ese efímero instante aparece el bello estilo en un acto subjetivante, y de este modo, su destino no será su discapacidad .

Nota 1 : Estrictamente hablando, conviene precisar la diferencia entre un robot y un androide. Si bien ambos son seres artificiales y podrían ser sinónimos, no lo son.

Al decir de Isaac Asimov, en las muchas historias de robots, que aparecieron en las revistas de ciencia ficción de 1926 en adelante, los robots estaban hechos casi siempre de metal. Como consecuencia de esto, “robot” pasó a designar específicamente, un ser humano artificial, hecho de metal en su mayor parte o en su totalidad. Mientras que todo ser humano artificial hecho de sustancias que se parecen más a los tejidos humanos, conserva el viejo nombre de androide.


Bibliografía:

Asimov, Isaac. "Vocabulario de la ciencia ficción." Editorial Sudamericana. 1982.

Levin, Esteban. "La función del hijo. Espejos y laberintos de la infancia." Editorial Nueva Visión. 2000.

 
 
Principal | Relaciones | Literatura | Ocio | Investigación | Otros | Contacto