Francisco Cabello Santamaría es Director del Instituto Andaluz de Sexología

INTERVENCIÓN SOBRE LA SEXUALIDAD EN LAS MINUSVALÍAS FÍSICAS

El presente artículo revisa someramente los diferentes niveles de intervenciones que la rehabilitación sexual puede proporcionar a personas discapacitadas y reporta trabajo institucional que realiza al respecto.

Son muchos los mitos existentes sobre sexualidad, uno de ellos es sin duda, la creencia generalizada de que las personas con minusvalías, de la misma forma que niños y ancianos, carecen de sexualidad.

Entendemos por minusválidos físicos a quienes presentan alguna lesión orgánica que les incapacita para ciertas habilidades. Al mismo tiempo, definimos la sexualidad como la característica inherente a la persona, que sirve para la reproducción, la comunicación y el placer. Como el comunicarse y el obtener placer son posibilidades superiores donde lo cognitivo y afectivo es más importante que lo estrictamente físico, no parece en principio, que un minusválido físico tenga que rehusar a comunicarse o percibir sensaciones placenteras de tipo sensual.

Un estudio reciente (Kennedy S. 1990) donde se compara la respuesta sexual de lesionados medulares y no lesionados, frente a películas y textos eróticos, demuestra que si bien la respuesta genital es distinta dependiendo del nivel medular de la lesión, los autorregistros que tratan de medir la respuesta subjetiva de cada individuo son similares en ambos grupos.

No obstante poca atención se le ha prestado hasta ahora a la sexualidad de los hombres con minusvalías, y aún menos, a las mujeres con idéntico problema. Para comprobarlo solo hay que repasar bibliografía anterior a cinco años y encontramos exhaustivos tratados sobre las características de las distintas lesiones, pero la sexualidad brilla por su ausencia. Podemos localizar algo sobre las posibles interferencias de la patología lesional en la reproducción pero nada o casi nada sobre otros aspectos de la sexualidad (comunicación y placer).

Afortunadamente hoy parece surgir de repente una mayor preocupación por el tema. Tal vez por el reconocimiento actual de la sexualidad como un derecho natural, por las propias reivindicaciones de minusválidos organizados, y en parte, debido a un creciente interés profesional, hemos llegado a considerar los siguientes derechos sexuales del discapacitado (E.Chigier, 1972):

  1. Derecho A recibir información sobre sexualidad.
  2. Derecho a recibir educación sexual.
  3. Derecho a expresarse sexualmente.
  4. Derecho a la maternidad/paternidad.

Sin embargo, todavía en noviembre de 1989 se publicaba un trabajo de H. Aarse sobre la calidad de vida de los afectados por esclerosis múltiple, donde se explicita que la mayoría de los pacientes se queja de escaso asesoramiento en el ámbito sexual que reciben. Protesta similar manifiestan adolescentes malagueños víctimas de la mielodisplasia (Cabello, Giles, Zameza, Mígueles, 1992)

Pero ¿Cómo es la sexualidad del minusválido?, desde un punto de vista físico, será similar a la del no minusválido, variando respecto a este, según el tipo de lesión discapacitante que presente. Sin embargo, para analizar la sexualidad de cualquier persona tenemos que mirar, como apunta Bancroft, a través de una ventana física, una ventana cognitiva y una ventana afectiva.

Dejando de lado los importantísimos factores físicos incidentes de múltiples formas sobre la respuesta sexual, voy a detenerme en los aspectos cognitivos y afectivos.

Sabemos que las expectativas que un individuo presenta con respecto a su propia eficacia personal, son de gran relevancia en la conducta sexual (Platagenet Whyite, C.Bermejo, 1990). En nuestra cultura la sexualidad está emparentada con la juventud, el vigor y el atractivo físico, lo que puede suponer una carga pesada para el minusválido que se tendrá que enfrentar a la imagen de sí mismo y su autovaloración, además de estar siempre atento a las reacciones de su pareja que suele mostrar conductas peculiares.

Así, se entiende que el minusválido pueda caer con frecuencia en estados depresivos, ansiedad, pérdida de autoestima y sentimientos de culpabilidad tal como sugieren Kilodny y Master. Suele preocuparle además, una posible falta de resistencia física, el considerar su actividad sexual engorrosa y el temor a la reacción del compañero.

Se hace imprescindible por tanto, un acercamiento a la pareja del minusválido, siendo su asesoramiento de vital importancia a la hora de optimizar la sexualidad global del discapacitado, tampoco este aspecto ha sido estudiado suficientemente. De hecho, un 85% de los minusválidos de España, están en edad de tener o formar pareja. En una revisión del censo que he realizado (marzo 1993), solo en Andalucía, existen 153.565 mujeres con discapacidades derivadas del aparato locomotor que están casadas. Así mismo, 183.757 hombres con la misma deficiencia se encuentran en la misma situación civil.

Es importante diferenciar entre parejas anteriores y posteriores a la aparición de la discapacidad, ya que, en el primer caso no suele existir ningún problema y la sexualidad generalmente se manifiesta por los cauces habituales al haber sido una relación voluntaria; pero en el segundo caso, la respuesta de la pareja depende fundamentalmente de la propia reacción del afectado. Es habitual que quien sufre la limitación manifieste miedo al compañero, a su posible falta de resistencia, a la 'complejidad' de su desenvolvimiento sexual y un intenso temor a no sentirse deseado, facilitando todo ello la aparición de los habituales procesos psicológicos   que suelen acompañar a las discapacidades físicas, tales como estados depresivos, disminución de la autoestima, crisis de ansiedad generalizada, sensación de culpabilidad, adopción de conductas dependientes e incluso celotipias.

Con esta parafernalia sintomática, se hace verdaderamente difícil la convivencia en pareja. Hay además que añadir otros problemas comunes que concurren ante una situación de estas características, a saber:

También surgen una serie de problemas por parte de la pareja del afectado, que están provocados por el propio estrés desencadenado a raíz de la aparición de la situación, las más o menos largas separaciones hospitalarias, el temor por la vida del compañero, la reorganización vital que supone la nueva situación viéndose en la necesidad de suplir funciones y emprender el cuidado del afectado.

A consecuencia de todo esto suele disminuir el nivel de comunicación aparecen conductas evitantes y disminuye el deseo sexual. En algunos casos se alcanzan importantes niveles de inadaptación. No obstante, observamos menos separaciones en parejas de minusválidos que en la población general, salvo en parejas recién constituidas, en las cuales la iniciativa de separación suele correr a cargo del afectado, al contrario de lo que cabría esperar.

De lo visto podría deducirse que las relaciones sexuales entre personas con limitaciones físicas son escasas; sin embargo nada es más ajeno a la realidad. Parece, según datos aportados por Pawdaroski (citado por Ruano, 1992) que tienen relaciones sexuales el 35% de los hospitalizados por alguna minusvalía, el 25% de ellos con otros internos, con pareja externa el 5% y con visitantes a la institución el 5%. Aquellos que no mantienen ningún tipo de relación sexual (65%), lo atribuyen a falta de posibilidades, tales como no encontrar a nadie disponible o bien al aislamiento subsecuente a la inadaptación psicológica (40%).

Después de repasar de forma sucinta el estado psicológico del afectado y su pareja, podemos comentar resumidamente, las medidas disponibles en la actualidad para optimizar su sexualidad.

En primer lugar hemos de proceder a una exhaustiva evaluación de sus posibilidades haciendo uso de las siguientes herramientas:

Una vez realizado el diagnóstico, desde la medicina han surgido distintas posibilidades terapéuticas. De forma sucinta, en caso de disfunción eréctil, podemos aplicar inyecciones intracavernosas, entre las cuales está dando mejores resultados la prostaglandina El (Virag, R., 1983; Stackl, W., Hassun, R, Marberger, M., 1988; Sarosdy, m.F., Hundall, C.H., Erickson, D.R., 1989), cuya utilización se ha facilitado con la comercialización de los lápices de autoinyección (Kromann-Anderson, 1988). En esta línea se está investigando la implantación abdominal de depósitos de papaverina y la colocación de estimuladores de raíces sacras (Windale, Vidal, 1992).

También podemos emplear aparatos succionadores de pene, que han demostrado una eficacia considerable independientemente de que el sistema utilizado sea el Erecaid o Sinergist. Si ninguno de estos métodos resultan satisfactorios para el paciente, se puede implantar una prótesis peneana.

Cuando el problema radica en la anorgasmia y ausencia de eyaculación, se puede administrar Fenilpropanolamina y cisproheptadina. Más autoestimulación. De no obtener resultados, se procedería al uso de vibradores que suelen provocar la eyaculación en algunos tipos de lesión medular incompleta. Ante la imposibilidad de obtener el eyaculado por los métodos descritos, se inyectaría en el ámbito subcutáneo fisostigmina o bien se procedería a la electroestimulación anal, para como última opción, hacer una retirada quirúrgica de espermatozoides si el paciente pretende procrear.

Más limitaciones existen para el tratamiento de las disfunciones sexuales de la mujer discapacitada. Para la anorgasmia, no disponemos de estrategias médico-quirúrgicas. Para los vaginismos producidos por espasticidad, podemos intentar el uso de lubricantes y mío relajantes que suelen servir de poco. Si no hay respuesta pasamos a una ampliación quirúrgica.

Una vez repasados los aspectos médicos del tratamiento, no debemos olvidar que el nivel de adaptación del afectado y el grado de asunción del nuevo esquema corporal, son más importantes para la adaptación sexual en pareja, que la propia respuesta genital, por tanto, desde la Sicología y la Sexología debemos intervenir de forma contundente y precoz.

En líneas generales, lo primero será conseguir que la persona afectada por una discapacidad no se convierta en víctima de si misma, que conozca y asuma sus limitaciones sin caer en los mecanismos antes citados. Si no tiene pareja procederemos a instaurar alguna de las terapias para disfunciones sexuales a nivel individual, al estilo propuesto por Reynols (1990).

Cuando exista convivencia con otra persona la pareja del discapacitado debe contribuir a que el afectado no sufra un proceso de inadaptación al nuevo esquema.

Una regla de oro, quizá la más importante, radica en mantener un buen nivel de comunicación en todo momento. De hecho, los mayores problemas surgen a partir de las inferencias sobre los estados afectivos del otro, que hacen ambos miembros de la pareja.

De todas formas la mejor estrategia, sin duda, será apoyar e insistir al afectado para que se integre en un programa de rehabilitación en el que participarán de forma activa ambos. En algunos países como Suecia e Israel, existen centros de rehabilitación sexual donde personas con minusvalías leves, junto con otros profesionales, enseñan y ayudan a mantener relaciones sexuales a discapacitados que no pueden por sí mismos.

En este sentido, durante el Congreso organizado por la Sociedad Israelí de Rehabilitación en Tel Avid (1992), R. Alón, sexóloga que trabaja con personas incapacitadas, destacaba la eficacia de la 'Sexual Surrogate Therapy' en personas con minusvalías.

También es muy importante la creación de grupos de apoyo y redes sociales para la mejor adaptación del discapacitado, facilitando el encuentro y contacto con otras personas. Con este objetivo, funciona el programa inglés 'The Outsiders club'; Club social de discapacitados, donde pueden hacer amistades e incluso formar parejas.

En el Instituto Andaluz de Sexología realizamos un programa integral de rehabilitación sexual, que si bien no es ahora el momento más adecuado para precisarlo, de forma abreviada consta de los siguientes niveles:

  1. Ejercicios y tareas encaminadas para asumir el nuevo esquema corporal, a nivel individual.
  2. Trabajo del esquema corporal de grupo.
  3. Técnicas de relajación.
  4. Ejercicios para incrementar la capacidad de abandono.
  5. Gimnasia sexual (técnicas de acoplamiento)
  6. Autosensibilización, sensibilización y ampliación sensorial.
  7. Habilidades sociales para la intercomunicación y la seducción.

Después de cuatro años de aplicación hemos podido constatar que este programa de intervención ayuda realmente a optimizar la sexualidad del minusválido.


BIBLIOGRAFIA

AARS, II., Bruusgaard (1989).- Chronic Disease and sexuality An interview study on sexual dysfuntion in patiens with multiple sclerosis.

CABELLO, F, Zameza, Miguelez, (1992) Sexualidad y Mielodisplasia, Autovaloración por jóvenes afectados. Comunicación presentada al I. Congreso Español de Espina Bífica, Malaga España.

CARDENAL, F. (1993), Sexualidad y Paternidad en personas con Lesión Medular.

CHIGIER, E. (1992), Taller Sobre sexualidad y discapacidad.

Página principal | Relaciones| Literatura | Ocio y Accesibilidad| Investigación| Otros| Contacto
Versión 4.0 | © Reservados derechos | E-mail | Anti Spam