VIVE TU SEXUALIDAD

La sexualidad se va construyendo progresivamente, nacemos y morimos como seres sexuados. Es diferente en cada edad, evoluciona gracias a la programación biológica y a las distintas influencias sociales. Es vivida como necesidad de búsqueda del placer. Por lo mismo cuando es negada se vivencia como estados de tensión, rigideces psico-somáticas (afectando tanto al cuerpo como a la mente), frustraciones, búsqueda ansiosa. Podemos decir que la sexualidad es creativa, o al menos debe serla.

Dada la universalidad sobre el sexo sería esperable que supiéramos una cantidad de cosas sobre el tema. Nuestra cultura ha restringido tanto la observación directa de la conducta sexual como el acceso a la información. Seguimos inmersos en una era sexual oscurantista. A pesar de los avances científicos con respecto al papel de las hormonas, a los anticonceptivos y a la prevención de enfermedades de transmisión sexual, no han variado demasiado nuestros prejuicios. La sociedad se muestra más abierta e informada pero igualmente sigue condenando a la homosexualidad y nos escandalizamos frente a temas de educación sexual, aborto y pornografía. Esto nos ha llevado a conocer sobre sexo mucho menos que lo necesario para integrarlo armoniosamente en nuestras vidas.

Diferencia entre sexualidad y genitalidad. conviene erradicar concepciones erróneas; la primera es diferenciar a la sexualidad de sexo-genitalidad-reproducción . Por sexo deben entenderse todas aquellas características anatómicas, fisiológicas y hormonales que son determinadas genéticamente para ubicar a las personas ya sea como varón o como mujer. La genitalidad implica una fase importante del ser humano en la que se encuentra muy preocupado por el área genital. Por supuesto el sexo (hormonas y genitales), tienen un papel sumamente importante en particular para la reproducción, no así para el placer erótico sexual, el cual puede obtenerse de mil y una formas incluso sin que intervengan los genitales. Por sexualidad debemos ent ender una expresión integral, es decir, involucra aspectos biológicos (sexo), aspecto psicoafectivos socioculturales (formas apropiadas de expresar el afecto y el deseo erótico según la cultura de que se trate), del ser sexuado con la intención en la mayoría de las ocasiones de lograr placer (varía en el tiempo y en los espacios geográficos)

Sexualidad no es igual a genitalidad. La sexualidad sólo es una: sexualidad humana.

La sexualidad es un pastel, dividido en tres porciones: sexualidad con genitalidad y sexualidad sin genitalidad y sólo genitalidad.

Los adolescentes buscan el sexo genital fuera de casa, porque no viven la sexualidad dentro de sus casas. Dentro de casa no tienen afecto, y se dan cuenta que sus genitales les da placer, por tanto comienzan una búsqueda del placer temprana a través de los genitales fuera de casa, el problema es sin la información suficiente para desarrollar plenamente su sexualidad.

Somos seres sexuados por naturaleza, capaces de comunicarnos con nosotros mismos y los demás, de reír, de llorar, de gustar y gustarnos, de expresarnos a través de nuestros sentimientos, pensamientos y acciones, de dar y recibir placer por medio de nuestros sentidos, oído, gusto, tacto, olfato; somos capaces de sentir y expresar nuestra sexualidad independientemente de si no nos hace falta un órgano, un sentido, o si hemos perdido la capacidad de caminar, y somos capaces de vivir, porque la sexualidad es inherente a nuestra condición humana.

La sexualidad debe entenderse no sólo desde el punto de vista de los órganos genitales de hombres y mujeres, penetración o coito y reproducción, sino que debe de verse como un conjunto de sensaciones y una condición que va más allá de lo meramente físico.

Es importante que el placer puede sentirse no sólo por penetración , ya que el ser humano está provisto de un órgano llamado piel, a través de la cual pueden experimentarse distintas sensaciones de satisfacción en los puntos que distinguen a cada persona, conocidos como puntos erógenos.

La sexualidad es mucho más amplia de lo que sucede entre dos personas al cerrar la puerta del dormitorio. La sexualidad de las personas va desde como los hombres y mujeres piensan acerca de su feminidad o masculinidad, como transmite su imagen corporal hasta sus hábitos de cuidado adquiridos en la vida.

Una persona sensual es aquella que provoca atracción o reacción en los sentidos de otra, bien sea deseo sexual, excitación, deseo de hacer el amor, etc. Algunas personas son, por naturaleza, muy sensuales y tienen la capacidad de atrapar literalmente a aquellas que desean. En general las personas que poseen un fuerte potencial sexual tienen una sensualidad muy acusada, si bien, en muchos casos ellos mismos no se dan cuenta. El magnetismo personal que se desprende de estas personas es muy envolvente y al entrar en contacto con ellas puede sentirse absorbido.

   La sensualidad que irradia proviene de dos fuentes diferentes; una se encuentra en el interior y la segunda en el exterior.

   Su poder sensual interior proviene de sus pensamientos, de su energía sexual, de sus sentimientos y de su magnetismo personal, en una palabra, de su personalidad.

   El poder sensual exterior proviene de su manera de vestir, de sus actitudes, de su manera de hablar, de su manera de mirar.

   Normalmente se posee uno u otro de esos poderes sensuales pero rara vez ambos. La persona que sabe desarrollar tanto la forma externa como la interna de su sensualidad llegará a magnetizar a los demás.

La sexualidad son muchas cosas: una mercancía, un débito carnal, un objeto de deseo, una forma de relajarse, un estímulo y una fuente placer total.
Pero también puede ser fuente de dolor, puede ocasionar frustraciones, inhibiciones o sufrimientos intolerables y además, sirve para la reproducción de la especie.
En suma, la sexualidad es mucho más que salud, amor o placer. Es un lugar donde confluyen y se expresan la mayoría de las dimensiones humanas.

La sexualidad es atemporal y deja su huella en quien lo experimenta siempre del mismo modo. En cualquier acto y a cualquier edad se siente lo mismo, la forma de explicarlo depende de la sensibilidad y de la cultura del sujeto, pero desde el principio de los tiempos hasta ahora mismo, el sexo es perfectamente comprensible para todo el mundo como lo es el hambre o el miedo.

Además de atemporal , es también ubicua porque tiñe cada acto, cada pensamiento, cada afecto o cada comportamiento concreto, modificando incluso la manera de pensar y de codificar la realidad.

La vida se transforma bajo su poderoso influjo y tiene el poder de convertir un día de lluvia en algo maravilloso o de poner negros nubarrones en el más espléndido día de sol.

Otra de las características del sexo es que es libre y no tiene en cuenta ni el estado civil, ni el género, ni el parentesco. Es capaz de transformarse y adaptarse para cumplir sus objetivos y termina venciendo. Si no se le tiene en cuenta, puede acabar con la salud mental del que se atreve a oponerse a sus poderosos designios.

Tiene dos maneras de presentarse ante nuestros ojos, la simpática y cordial cara de lo conocido y, por ello, fácil y divertido, como un hermoso juego; o la tremenda y brutal de lo desconocido que atrae como un abismo al que, inexorablemente, sabemos que acabaremos precipitándonos.

Es bueno recordar la frase de Dorian Grey, el personaje de Oscar Wilde: "La única manera de resistir a la tentación es caer en ella."

¿Por que no disfrutamos de nuestra sexualidad?

En las primeras etapas de la relación, cuando ambas partes buscan conquistarse y no ven los defectos del otro, la tensión y la excitación se canalizan de manera positiva y se interpretan como un estado placentero, incluso cuando surgen a partir de una riña. Sin embargo, después de varios años juntos, cuando el enamoramiento inicial ha dado paso a las demandas de la vida diaria, la pareja debería ser una especie de puerto en la tormenta y no otra tormenta. No tenemos energía suficiente para soportar, además de las dificultades fuera de casa, los conflictos familiares.

Queremos dar y recibir paz, comodidad y seguridad. Muchas parejas se dan cuenta de que la estimulación de hormonas excitantes, más que ayudar, perjudica la relación. Y otras tantas, en lugar de hacer lo posible por recuperar el atractivo y volver a conquistar a la pareja, reaccionan con enfado y resentimiento, y se fijan más en los defectos del otro.

Puede ser que, más allá de la función que el amor desempeña en la evolución, no hayamos logrado desarrollar la capacidad para amar como quisiéramos. Hoy en día, nuestras parejas soportan más tensiones que en cualquier otra época de la historia. Para empezar, vivimos mucho más tiempo, y exigimos relación mucho más de lo que nuestros antepasados esperaban obtener de las suyas. Estamos rodeados de mensajes culturales que valoran el estatus, más el tener más que el ser, por encima de todo lo demás. Puesto que los vínculos con la familia, el lugar de nacimiento y el trabajo son cada vez más efímeros y reemplazables, tendemos a centrar todo nuestro anhelo en una sola cosa: UNA RELACIÓN SÓLIDA Y APASIONADA. Y, a diferencia, de la mayoría de las culturas anteriores a la nuestra, consideramos el amor como condición indispensable de la pareja, esperando que dure toda la vida y no se transforme, a pesar de que nosotros cambiemos y maduremos. Y, por si fuera poco, la separación resulta hoy en día más fácil que nunca. No es de sorprender que el 50% de los parejas actuales terminen en divorcio.

No obstante, a pesar de esta serie de dificultades y de las numerosas alternativas de la relación, desde la ley del más fuerte de Pitcairn hasta el amor libre de las comunas de Oneida, desde la poligamia de los patriarcas hebreos hasta el celibato de los primeros cristianos, desde los harenes de los antiguos emperadores hasta los amantes del amor cortés del siglo XIII, la unión de un hombre y de una mujer, para bien y para mal, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe sigue siendo una forma realista y sensata de optimizar las relaciones humanas y contribuir a la felicidad, la paz y la estabilidad de la raza humana. Esto no quiere decir que sea infalible, ni que funcione de la misma manera para todos. Si el 50% de las parejas fracasa quiere de cir que el otro 50% prospera. Y, tratándose de la especie humana, que ha sobrevivido a más de tres mil millones de años de traiciones, mentiras y manipulaciones, este hecho es digno de celebrar, y una señal de esperanza.

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