MARÍA ANDREA PÉRES

Me arriesgo y voy... él ya sabe que camino con muletas y que mi altura no es normal como consecuencia de una enfermedad congénita que afectó mis huesos... La propuesta era muy seductora “te invito a cenar”, me dijo luego de haber chateado algunas noches bajo el calor sofocante de Bs. As., tecleando a veces sobre arte, sobre nosotros, sobre la discapacidad, etc., etc., etc. Esa noche, luego de su invitación, me acosté pensando. Se agolparon en mi cabeza todas las fantasías y las realidades habidas y por haber sobre el encuentro entre un hombre y una mujer que se conocen por la red y se proponen “encarnar” el encuentro; la diferencia fundamental que se jugaba en mi cabeza era: “yo soy una mujer, pero con una discapacidad notable, no solo a ojos de buen cubero”... ¿ Qué le pasará a él? ¿Le pareceré seductora y piola como me dice cuando estamos detrás de la pantalla? ¿O el impacto de mi imagen borrará todo rastro de aquella mujer, seguramente idealizada por aquel hombre a través de la red?.

Me desperté varias veces durante esa noche, pensando,¿ por qué no ir? Si arriesgarme implicaba conectarme con mi miedo al rechazo,¿ no era eso una buena oportunidad para mí?.Porque no darme la oportunidad y dársela al otro, que en definitiva estaba eligiendo cenar conmigo, guau, pensé, cuántos prejuicios!!. Pero ¿de quién? De golpe me descubro teniendo tantos prejuicios como creo que los otros tienen acerca de la discapacidad y de la sensualidad, LA PUCHA, CARAMBA... mirame a mí!! Borrando casi toda posibilidad que é se acerque a costa de mis propios prejuicios.¿ Pero cómo? ¿No era que esos son prejuicios de los otros?...Ahí estaban todos amontonaditos, pura y exclusivamente en mi cabeza!!, Me volví a dormir; por la mañana me despertó un impulso irrefrenable de llamarlo por teléfono y decir “acepto, voy a cenar”. Lo hice.

Debo confesar que tenía un nudito hecho en mi estómago durante la primera hora del encuentro, que se fue aflojando durante la cena, para transformarse en un “nudo vital”, el encuentro, ese encuentro con el otro sexo, que a veces nos asusta tanto a las mujeres que nos sabemos y nos saben con una “diferencia física”. Ese encuentro vital, erotizado, sensual que a veces creemos que nos está vedado... Cenamos, charlamos, nos seducimos y nos mimamos...

Me quedo ahora pensando, qué hago con mi idea tan arraigada acerca de que los hombres solo eligen mujeres físicamente perfectas para una noche de amor...

ANDREA. Marzo del 2001.

 

 

 

 

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