Entrevista realizada a María Luisa Ruiz-Jarabo, presidenta de Solcom, realizada por Curra Luengo para EUROXPRESS y publicada el 16 de Mayo de 2011


CUALQUIER DIA NOS LANZAMOS A VOLAR

Mª Luis Ruiz Járabo con niños camboyanos
Mª Luis Ruiz Járabo con niños camboyanos

El Foro Justicia y Discapacidad del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) entrega este jueves el  "premio a la trayectoria personal" a María Luisa Ruiz-Jarabo, por considerar que «desde el anonimato ha capitalizado su discapacidad para mejorar la vida de los demás». Más de 600 millones de personas padecen algún tipo de discapacidad, esto significa casi un 10 por ciento de la población mundial.

María Luisa Ruiz-Jarabo, tetrapléjica desde 1997, cuando sufrió un accidente de esquí, es impulsora de la Fundación Investigación en Regeneración del Sistema Nervioso, dedicada al estudio científico de lesiones medulares y preside Solcom, una asociación de defensa jurídica de personas discriminadas por su discapacidad. En verano viaja a Camboya para ayudar a personas que han sufrido amputaciones por explosiones de minas antipersonas.

Como le ha ocurrido a muchas personas, en tu vida hay un antes y un después del accidente. Te llevaron al hospital de tetrapléjicos de Toledo… Un nombre que da mucho respeto.

Tuve la suerte de compartir habitación durante 3 meses con dos señoras estupendas de pueblo; sanotas, simpáticas, dicharacheras… una más mayor con un marido adorable que se ocupaba de nosotras, la otra más joven, de unos 50 años muy optimista. Ellas me ayudaron a aceptar mi nueva situación.

Y no has parado desde entonces…

Empecé apoyando a una investigadora muy válida en regeneración medular. Nunca soñé en volver a andar, éste nunca ha sido mi sueño ni mi meta -estoy muy bien en mi silla- me encuentro cómoda, muy en mi sitio. Pero creía que si una persona podía encontrar una terapia había que apoyarla. Por eso impulsé la "Fundación Investigación en regeneración del sistema nervioso". Luego empecé a formar parte del Foro de Vida Independiente, un grupo de personas de toda España, y de otros países, que organizamos un foro de reflexión filosófica y de lucha por los derechos de las personas con diversidad funcional. La participación de todos los miembros es directa y en igualdad de condiciones. 

No somos una asociación al uso: no existe una presidencia ni una junta directiva, ni siquiera disponemos de identificación fiscal y nuestro presupuesto es de 0 €. Nuestra sede «virtual» está en Internet, donde día a día tratamos de las cuestiones que nos tocan de cerca.

En Europa, unos 50 millones de personas presentan alguna discapacidad... y mucha discriminación. Desde Solcom, lucháis por los derechos humanos de estas personas.¿Cuántos recursos jurídicos habéis interpuesto por la violación de esos derechos?

SOLCOM , nació en 2010 con la voluntad firme de defender los derechos humanos de las personas con diversidad funcional... Desde entonces hemos apoyado directamente a más de 100 personas, de cuyos casos han llegado a los tribunales unos 20. En sólo dos años hemos consumido bastantes recursos humanos y económicos para la defensa jurídica de personas discriminadas por su diversidad funcional. Tenemos apoyos en varios ámbitos: universidades, abogados, notarios, fiscales, magistrados, voluntarios y equipo directivo.. y por supuesto los socios con su colaboración económica. Curiosamente, los recursos económicos han sido y siguen siendo muy escasos porque no existen en España entidades privadas dispuestas a colaborar en una lucha por los derechos humanos en nuestro país. Por lo tanto, la financiación proviene exclusivamente de donaciones privadas de particulares (socios) o utilizando vías innovadoras como Crowd fundind (financiación de masas).

Derechos humanos.... ahora, en época de crisis no están precisamente de moda...

Entendemos la crisis como una oportunidad para el desarrollo de la convención y de los derechos humanos en España, ya que proponemos mecanismos de apoyo que resultan más económicos que los dedicados tradicionalmente al sector. Por ejemplo, se ha demostrado en España que vivir en el entorno propio con el apoyo de un asistente personal resulta un 30% más económico que vivir en una residencia. Por ello entendemos que la aplicación de la convención debería dar lugar a nuevas libertades y derechos ahorrando costes a toda la sociedad.

Hablamos por ejemplo del derecho al trabajo, vivienda digna, educación, atención sanitaria gratuita...

Somos un país privilegiado, a pesar de la cantidad de personas sin trabajo en estos momentos. Todos los españoles deberíamos aprovechar este momento para ir cambiando lo que hacíamos mal y seguir haciendo lo que sí hacíamos bien. Los gestores públicos deberían plantearse que el despilfarro a que nos ha llevado a esta situación (aeropuertos, velódromos, etc.) se podría haber invertido en derechos, y nos encontraríamos en otra situación infinitamente mejor. Aunque hay que batallar mucho, con los abogados hemos conseguido algunos resultados muy importantes para nosotros, como por ejemplo, que una niña a la que habían rechazado por su diversidad funcional, ingresará en una escuela «normal». Sus padres se negaban a llevarla a un colegio especial y llegaron a denunciarlos por no estar escolarizada. Al final, después de años de lucha el juez le dió la razón a los padres. Fue muy triste y duro, pero lo conseguimos.

En el mundo más de 600 millones de personas padecen algún tipo de discapacidad. Más de las dos terceras partes de estas personas viven en países en desarrollo y sólo el 2% de los niños con discapacidad tienen acceso a algún tipo de educación o rehabilitación. Tú desde hace 8 años «veraneas» en Camboya.... ¿cómo surgió esta idea, esta experiencia...?

Hace unos 13 años conocí a Kike Figaredo, entonces misionero jesuita en Camboya, me habló de la labor que hacían allí. Me quedé prendada de todo lo que me contaba, las fotos que me enseñaba… Le dije que algún día iría a verle. Después de tres veranos de viajes-aventura a Nepal, Tanzania, Ecuador, y otro más tranquilo por Europa decidí que ya era hora de pasar a conocer el trabajo del Kike en Camboya. Me enamoré de la forma de vivir, de la vida sencilla de los camboyanos, siempre con una sonrisa. Y yo también soy feliz, puede que mi felicidad unida a la alegría interior tengan que ver con que la vida tenga sentido.

Imagino que allí lo que menos haces es descansar... . Tú tienes muchos problemas de movilidad ¿cómo haces tantas cosas?

El ritmo de Kike es no parar, yo voy a otro ritmo. Me han adaptado un vehículo y puedo ir a los hospitales. En cada habitación duermen 10 personas con muy pocas condiciones de salubridad. Yo les visito, estoy con ellos, les llevó la comida. Es la tarea que me asignan. Paso mucho tiempo en el Centro Arrupe para niños y jóvenes con diversidad funcional. Hay muchos amputados por minas antipersona, polio, etc. A pesar de las vidas durísimas que han tenido reflejan una alegría y te regalan unas sonrisas fenomenales. A veces voy a algún pueblo a recoger a una persona a la que le están haciendo una silla de ruedas.

Me gusta visitar a personas en los hospitales, llevar a niños a rehabilitación… También me dedico a recibir visitas que pasan por la Prefectura para enseñarles todo. Me gusta también pasar las tardes en Tahen, el pueblo en el que vive Kike, es una maravilla está lleno de niños por todos lados. Me encanta participar en todas las actividades que hacen. Hago un poco de todo.

Si en Occidente los derechos humanos de los discapacitados no se tienen muchas veces en cuenta suponemos que en lugares como Camboya, mucho menos....

Allí desde luego son los pobres entre los pobres, la mayoría viven gracias a la mendicidad. Pero curiosamente no hay problema para que un niño con diversidad funcional estudie en un colegio público normal y corriente… Sin embargo, aquí en España los mandan a colegios segregados, es decir guetos, llamados colegios de educación especial. Pero lo que se dice leyes que defienden sus derechos no creo que tengan muchas. Aunque aquí las tenemos todas pero no se cumplen…

Antes de la entrevista hemos hablado de la película «Intocable»...es una película entretenida, bien hecha... pero ¿creíble?

Tendrá sus exageraciones pero yo la veo muy real. Antes de ver la película había oído hablar de Philippe por amigos comunes. Me han entrado muchísimas ganas de hacer parapente desde que la he visto, y a mi asistente personal lo mismo. Cualquier día nos lanzamos a volar.

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