Artículo firmado por Odra Rodríguez (Las Palmas de Gran Canaria) y publicado en CANARIAS7.ES el 31 de Julio de 2008-08-01

El milagro se llama Irene

Irene con sus padresMiguel Ángel, que sufre una tetraplejía resultado de un accidente y Carmen, su mujer, deseaban tener un hijo. Tras seis años de intentos y tres de tratamientos de reproducción asistida, llegó Irene. Hoy tiene once meses. La discapacidad de él no ha sido obstáculo para lograr un embarazo. Contaron con el apoyo de la Unidad de Lesionados del Hospital Insular.

Miguel Ángel Padilla, 34 años, sufre una lesión medular que le ha ocasionado una tetraplejía. Sufrió un accidente de moto el 14 de noviembre de 1994. Pasó 14 meses en la Unidad de Parapléjicos de Toledo donde recibió tratamiento. Antes del siniestro era contable en una gasolinera y trabajaba con un arquitecto en Vegueta. Carmen Vega, 38 años, era azafata de vuelo. Conoció a Miguel Ángel tiempo después del accidente, durante un curso de verano de informática al que ambos acudieron. Abandonó su profesión para atenderlo.

Desde ese momento, la pareja inició una vida en común afrontando con ilusión sus proyectos de futuro. La decisión más importante que tomaron fue tener un hijo. Y así fue. Hace once meses la familia creció. El milagro se llama Irene y es el «mejor regalo» que les ha dado la vida, aseguran ambos.

La pareja tenía muy claro que la tetraplejía no podía ser un obstáculo para lograr su sueño de tener descendencia, aunque tuvieron claro que sería «un poco más difícil» que para otras parejas. En la vida hay que ponerse metas. Irene fue la más importante», asegura su madre.

Carmen estuvo seis años intentando quedarse embarazada y otros tres más, en tratamiento en la unidad de infertilidad del Hospital Materno. Al final, y justo cuando la pareja se planteaba la adopción, le comunicaron la buena nueva. «No lo hubiéramos logrado sin el apoyo de Enrique Bárbara», el responsable de fertilidad de la Unidad de Lesionados Medulares del Hospital Insular», puntualiza. «La gente ve como un tabú la sexualidad y se asombran cuando me ven paseando con mi hija en mi regazo por la calle. Hay que desterrar esta forma de pensar», destaca Miguel Ángel.

El centro cuenta con un programa de fertilidad que ayuda a parejas como Carmen y Miguel Ángel a que puedan tener hijos de una forma natural. Enrique Bárbara, responsable de la citada unidad, explica que el gran problema de los hombres parapléjicos o tetrapléjicos es que no pueden eyacular por sus propios medios y además la calidad del semen es mala; cuando practican sexo es para disfrutar, pero no son fértiles.

El especialista destaca que en los primeros meses tras sufrir la lesión medular, el afectado únicamente preocupado por recuperar la movilidad centra todo su esfuerzo en ello. Una vez superado este periodo de tiempo suelen asumir su estado y, entonces, muestran un interés particular por recuperar sus relaciones sexuales y controlar sus esfínteres. «Pero se avergüenzan de hablar sobre sexo y les cuesta acercarse a la unidad», afirma Bárbara.

Miguel Ángel cree que el error que se comete con los lesionados medulares es que «muchas personas llevan la silla de ruedas en la cabeza y no en el culo». «Yo todavía tengo muchas cosas que hacer y quiero hacerlas, siempre que sean viables», añade. Carmen es su apoyo incondicional, se hace cargo de la niña y atiende a su marido.

Según explica Enrique Bárbara, las lesiones medulares suponen para los pacientes varones una alteración de la respuesta eréctil y de la eyaculación, entre otros aspectos que, sin embargo, no son óbice para que puedan plantearse tener una vida sexual relativamente normal e, incluso, para que puedan tener hijos, señala. Carmen y Miguel Ángel es la primera pareja de las 18 que atiende Bárbara que han tenido un hijo. «Hay que estar muy decididos. En la primera reunión se les explica no solo el protocolo, sino también hacerles pensar sobre la decisión de tener un hijo. Siempre es la mujer la que se lleva la peor parte porque es a la que se somete a todo el tratamiento de hormonación y demás», asegura Bárbara. Una vez que la pareja está decidida, se pide al varón que recoja una muestra de semen en su domicilio con la ayuda de un electroestimulador o bien, se le hace una punción en los testículos en el hospital. En el segundo caso hay que derivar al paciente a Tenerife porque «este servicio aún no se ofrece en la unidad de fertilidad del Materno», afirma. Si el semen es bueno se procede a aplicar a la mujer la técnica de reproducción asistida conveniente y a esperar, concluye.

Miguel Ángel trabaja en la empresa Contactel en el servicio de atención telefónica al usuario en su domicilio, «algo que agradece profundamente a la empresa». Sin embargo, su casa no está adaptada a las necesidades de un gran dependiente. Vive en Los Giles en la capital grancanaria en un dúplex que le concedió el Gobierno, a pesar de conocer su grado de su minusvalía. Desde que se mudó Miguel Ángel no ha podido acceder a la planta superior, por lo que la pareja se ha visto obligada a costear de su propio bolsillo las obras de acondicionamiento. Las mejoras han estado encaminadas a ampliar la anchura de las puertas para que pase la silla de ruedas, retirar la bañera del cuarto de baño para poder ducharse, y reubicar el dormitorio, salón y cocina en la primera planta. El matrimonio ha enviado escritos al director general de Vivienda y al presidente del Gobierno para que le autoricen a hacer las reformas que le permitan acceder a toda la casa, como retirar los más 15 peldaños que suben a la segunda planta y poner un ascensor para Miguel Ángel. «Quiero tener los mismos derechos que los demás, por no nos hacen caso», dice.

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