Entrevista originariamente publicada en el Diario Avisos


JAIME FERRER

Único canario de la compañía El Circo del Sol

Jaime Ferrer es un caso único entre los miles de empleados que tiene el Circo del Sol por todo el mundo. No hay más canarios que él en la compañía y, además, desde unos años convive con la dura enfermedad del ELA. Esta semana pasó por los micrófonos de Teide Radio para hablar de su singular experiencia. Reproducimos aquí la entrevista que le realizó Marlene Meneses.

Jaime Ferrer Jaime Ferrer

¿Cómo se siente representando a Canarias entre 25 nacionalidades diferentes?

Es un orgullo enorme y así se lo trasmito siempre a mis compañeros. Les digo que, si tienen la oportunidad, no duden en viajar a las Islas a conocerlas. En mi caso, empecé en el Circo del Sol en diciembre de 1999 y, básicamente, es un ambiente muy familiar. Ahora mismo hay 18 espectáculos girando por el mundo, cada uno de ellos con unas 120 personas. Es una empresa muy grande y comunicando siempre mucha magia.

¿Cómo fue su incorporación?

En aquel momento estaba estudiando un máster de aguas fecales, ya que yo hice Biología Medioambiental y necesitaba un trabajo por las tardes. Y empecé a trabajar, precisamente, para el espectáculo Quidam en Barcelona, de mozo de almacén. Me llevaba muy bien con mis supervisores y uno de ellos me comentó que le iban a dar un ascenso y que si yo quería participar en una entrevista para convertirme en supervisor de almacén. Me salió bien y, 15 años más tarde, aquí continúo. He trabajado para siete espectáculos distintos en tres continentes.

¿Cuál es su función actual?

Ahora soy gerente de todo el tema de ventas y estoy en Londres, pero en total he hecho nueve o diez trabajos distintos, siempre de cara al cliente.

¿Cómo es trabajar para una compañía de circo tan importante?

Trabajar para un espectáculo en carpa, que es lo que siempre he hecho, es como hacerlo en una gran familia, donde tienes al tío segundo que casi no conoces, al primo con el que no te llevas bien y gente con la que estás de maravilla durante 24 horas al día. Lo ideal es llevarte bien con todo el mundo. De lo contrario, puedes ser muy infeliz.

¿Hay tiempo para la vida personal con tanto viaje?

Es difícil la vida en pareja, pero yo he tenido suerte. En 2002, en Amsterdam, conocí a la que hoy es mi mujer y pasamos una etapa en la que tuvimos que aceptar la distancia. Finalmente, ella consiguió un trabajo en el circo y ya llevamos nueve años viajando juntos.

La suya, además, es una historia marcada por la superación personal. No debe ser fácil sobreponerse a un diagnóstico médico como el de la esclerosis lateral amiotrófica (ELA)

Hace cuatro años me tomé un año sabático y estuve trabajando como director de escena en un show en Holanda. Durante ese tiempo empecé a notar que me fallaba una pierna y me volví al circo, en abril de 2011. Pero la pierna cada vez me iba a peor y, tras unas pruebas médicas, me diagnosticaron el ELA, una enfermedad degenerativa y que va a peor. He pasado a usar muletas y a estar en silla de ruedas. Pero, a nivel laboral, me ha afectado poco. El circo se ha preocupado mucho por mis necesidades y, en estos momentos, puedo realizar la mayoría de los trabajos, salvo los montajes y desmontajes, que son bastante intensos. Al final, todo es mentalidad. Hoy por hoy me considero una persona afortunada y, de momento, consigo adaptarme.

¿Cómo fue el momento en que te diagnosticaron la enfermedad?

En un primer momento no lo llegué a asimilar del todo. Es una enfermedad en la que no puedes hacer nada y tienes que verlo desde ese punto de vista, intentar vivir la vida de la mejor manera posible. Intento comer algo más sano, salir todos los días, hacer una vida lo más normal posible.

¿Y cómo fue la reacción sus compañeros?

Me han apoyado siempre. Muchos se sumaron a la campaña del agua helada de solidaridad con los enfermos de ELA y, por citar otro ejemplo de la familia que formamos en El Circo del Sol, también recaudaron fondos para que yo fuese a Japón, una ilusión que tenía. Me pagaron el viaje para que fuese durante dos semanas con un amigo, ya que mi mujer no podía ir, y pude así cumplir un sueño que tenía desde niño.

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