Entrevista publicada en LA VANGUARDIA el 25/03/2008

LA DISCAPACIDAD NO ES NINGÚN FRENO PARA AFRONTAR LA VIDA

Isidre Esteve saliendo del hospitalIsidre Esteve se ha convertido, sin buscarlo ni quererlo, en un ejemplo de sacrifico y superación, en una lección de vida para todos aquellos, entre los cuales me incluyo, que con frecuencia nos ahogamos en un simple vaso de agua. Hace ya un año de aquel fatídico accidente que el piloto sufrió en un rally de Almería y que le dejó en silla de ruedas. Con la ayuda de su familia y de los muchos amigos que tiene, Isidre no sólo ha logrado superar las principales secuelas de ese accidente, sino que ahora se muestra al mundo como un hombre feliz. Lo reconoce en el libro que acaba de publicar, La sort del meu destí (Ara llibres) , donde el piloto de Oliana narra en primera persona algunas de las experiencias vitales más conmovedoras de su vida privada y profesional. Isidre vuelve a competir-ahora en categoría de coches-, dirige el circuito de motocross de Bellpuig y colabora con la organización Wings For Life que da su apoyo a la investigación clínica en el campo del sistema nervioso central. Pero lo más importante es que vuelve a sonreír, y yo puedo dar fe de ello.

-Leyendo su libro uno saca una conclusión. A pesar de todo lo que le ha pasado, que no es poco, usted es un tío con suerte…

-Sí, claro. Es evidente que lo que me ha pasado es un revés en mi vida, lo que no se puede hacer es pasar por alto algo que es tan cierto. A partir de aquí, hay todavía muchas cosas por hacer. Que un accidente me haya dejado en silla de ruedas no quiere decir que mi vida se haya acabado, simplemente hay otros caminos que debo coger. Pueden ser igual de bonitos y pueden pasar tantas cosas como pasaban antes.

-Ahora sortea otro tipo de dunas…

-Ahora estoy en un momento de adaptación a un nuevo medio. Una fase en la que todavía crees que puedes hacer algunas cosas y ves que no es así. Creo que cuando haya pasado un cierto tiempo, no sé cuánto porque en cada persona es distinto, empezaré a asimilar que hay cosas que no puedo hacer y que no podré ser nunca completamente independiente. Y ahora estoy en esta fase de asimilación (sonríe).

-¿Cómo va de ánimo?

-Muy bien, estoy muy contento porque llegó un momento que estaba tan mal, que ahora todo lo que venga desde ese punto será mejor seguro.

-A veces se necesita tocar fondo para volver a subir…

-Evidentemente. Había un momento en mi vida en que no había nada, ni posibilidades ni salidas de ningún tipo. Hay una cosa que es cierta y es que tanto yo como las personas que están en sillas de ruedas o son tetrapléjicos estamos lesionados pero no tenemos ninguna enfermedad. Desde el día que se ha producido la lesión lo único que puedes hacer es evolucionar. Una enfermedad es lo contrario, puede ser que siempre vaya a peor.

-Si, pero también tienen algo en común, y es que siempre tendimos a pensar que eso no nos pasará nunca a nosotros. Es como los accidentes de tráfico que usted comenta en su libro. ¿Lo más complicado de este largo proceso es precisamente aceptar que eso te ha pasado a ti?

-Es cierto que nunca pensamos que nos puede pasar a nosotros, pero tampoco quiere decir que porque le haya pasado a alguien próximo tengas que estar todo el día pensando en eso. Simplemente tienes que tomar tus precauciones en todo lo que haces, y punto. Por otra parte, es cierto que lo más cuesta es aceptar esta nueva situación. Yo no sé si es porque vengo del mundo del deporte o porque he vivido muchos accidentes, pero cuando sufrí el accidente sabía perfectamente lo que tenía. Tuve unos días muy malos en el hospital pero ahora eso ya se ha acabado. Tengo lo que tengo y hago todo para ser feliz. La felicidad son momentos, así que hay momentos de todo, es inevitable.

-Es uno de los más puntos más intensos del libro, cuando usted describe el momento de la caída en Almería. Lo define como una puñalada en la espalda y como si usted fuera consciente de que se le había acabado correr en moto…

-Recuerdo estar en el suelo consciente y sin sentirme mi propio cuerpo, sólo podía mover la mano derecha. Así que sabía perfectamente lo que había pasado, lo que no sabía es que pasaría en un mes, pero en ese momento, lo tuve muy claro.

-En el libro cuenta como en ese momento usted probó otro de los sabores amargos que a veces nos reserva la vida. Pasaron dos pilotos por su lado y ni siquiera pararon a socorrerle. ¿Qué le pasó en aquel momento por la cabeza?

-Puedes imaginarte. Pero te voy a contar algo. Si hablo de este tema en el libro es porque estoy completamente seguro de que gracias a ello toda la gente que tenga acceso a este libro, el día que vea un accidente parará. Muchas veces el hecho de que te pares o no, puede hacer que salves una vida. Uno no sabe nunca lo que tiene una persona que se ha caído y que no se puede mover, es imposible. Y puede ser realmente importante que te pares a socorrer.

-Usted fue un ejemplo como piloto y ahora se ha convertido en un ejemplo de lucha por la vida….

-Ha sido algo que no he buscado y que no pretendo porque creo que nadie tiene derecho a decir que es un referente de nada. Si mi forma de pensar y de ver las cosas ayuda a alguien, mucho mejor. Pero al final yo soy así y así me expreso.


-A mí me dio una lección. Recuerdo su rueda de prensa ante los medios, cuando todo el mundo esperaba ver a un chico abatido y descompuesto, y apareció usted en su silla de ruedas para pronunciar una frase que conmocionó a todos los presentes: "La vida continua, ahora sólo tendréis que mirar un poco más abajo para hablar conmigo". Fue una lección, amic Isidre…

-Conozco y estoy en contacto con mucha gente lesionada. Son personas que, en algunos casos, tiene una agenda de actividad superior a gente que está completamente bien. No creo que la discapacidad sea un freno para afrontar la vida. Simplemente es un problema para afrontar la vida en algún sentido, pero te quedan muchos otros.

-En un primer momento usted era bastante contrario a escribir este libro, ¿por qué?

-Porque me lo propusieron cuando todavía estaba demasiado cerca de la experiencia del accidente y creo que fue un acierto que me dieran tanto tiempo para tomar la decisión y para buscar quien colaborara en la escritura del mismo, en este caso Manolo Franco, ya que sin él no habría sido posible.

- No había pasado ni un año desde el accidente y usted ya había vuelto a respirar aire africano. ¿Qué sensación le invadió en ese momento?

-Volví el mes de noviembre del año pasado en una zona que conocía muy bien porque cada año entrenaba allí para correr el Dakar. Pero si me preguntas si sentí algo especial, pues no, simplemente me gustó. No soy de los que por haberme hecho daño con la moto ahora odia todas las motos o todo lo que ha hecho. Disfruté diecisiete años de lo que más me gustaba y me he quedado parapléjico, esta es la suerte de mi destino (sonríe).

-¿Qué tiene África que seduzca tanto a todos los pilotos?

-Es un continente que está muy cerca pero, a su vez, es muy desconocido porque en gran parte de su territorio el acceso está muy complicado. Lo que tiene África y que gracias a la carrera yo pude sentir es que durante quince días conviví con una gente y un continente que no pensaba que fuera así, que ves los problemas que tienen a nivel de sanidad y de supervivencia. Que hoy en día todavía haya gente que se muera de hambre es muy triste. Aunque la gente lo vea por televisión es una experiencia que hay que vivir en primera persona y es cuando piensas en la suerte que has tenido por haber nacido donde has nacido. Esto sí que es una lección de vida.

-Con todo esto que me cuenta ganar la carrera pasa a ser algo secundario…

-Hay una parte de la carrera que es profesional y que va al Dakar para ganar, está claro. Pero te diría que esto es un 10% de los pilotos. Los demás, van a vivir la aventura de su vida. El objetivo es vivir esa experiencia y poder acabar la carrera, que es lo que me pasó a mí el primer año. En los años posteriores, la carrera ya se convirtió para mí en una pura competición que estaba preparado para ganar.

-No sólo hay que estar preparado para ganar. Usted ha vivido algunos momentos críticos en ese continente, como ver la muerte en el rostro de algunos compañeros…

-Se tiene que ir con mucho cuidado. Fabrizio Meoni sufrió el accidente a solo diez metros de mí, los instrumentos de navegación le impactaron en la cara y se desnucó. Estuve allí con él junto con Marc Coma hasta que llegaron otros compañeros y nosotros pudimos seguir. Fue muy duro.

-Isidre Esteve volverá al Dakar y lo hará en la categoría de coches. ¿Le vuelvo a repetir que es usted una lección de superación?

(Sonríe). No hace falta. Tengo un proyecto muy bonito para los próximos tres años con Ssang Yong, que me ha dado esta oportunidad cuya finalidad es correr el Dakar y que durante la temporada me permitirá correr el campeonato de España de rallys todo terreno. Será volver a la competición con una especialidad que ya conocía y poder estar con toda esa gente con la que he compartido diecisiete años de mi carrera deportiva. Es fantástico. Como ves, estoy bien jodido, pero sigo aquí. ¿Qué problema hay?

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