Artículo que nos envía para su publicación Manuel Martínez Fernández, residente en Sabadell y está moderádamente afectado por secuelas de una parálisis cerebral y es licenciado en derecho ejerciendo como asesor en temas de derechos humanos.

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LA SILLA DE RUEDAS ELÉCTRICA ES UN VEHÍCULO, UN COCHE ADAPTADO EN TODA REGLA.

Autor: Manuel Martínez Fernández

Manuel Martínez Fernández
Manuel Martínez Fernández

En casa a veces aun se comenta como fueron mis primeras andaduras con el caminador, de como tenían que ponerme la almohada de la cuna alrededor del tronco para que sostuviera el tronco del cuerpo derechito, y de cómo yo empujaba el andador hacia atrás y no hacia delante, como lo hicieron el resto de mis hermanos en su día.

Todos dicen que a mis 14 meses de edad, Era un bebe gordito, grandote y aparentemente muy sanote, pero también muy llorón y casi sin fuerzas para sostenerme solito. Me cuentan como lloraba cuando se me caían los brazos del reposabrazos de la sillita infantil y no paraba de llorar hasta que me los subían de nuevo.

Ante esta situación mis padres veían que algo no era normal del todo y me llevaron a un medico privado que una vecina les recomendó. Era un pediatra que enseguida descubrió todo el pastel, explicándoles a mis padres que yo tenia dificultad en todos los movimientos, y que por ello, yo andaría solito pero ya de mas grande y que me valdría, mas o menos, por mi mismo con el tiempo y muy poco a poco. Eso si, sólo si seguían al pie de la letra sus indicaciones.

Efectivamente, desde ese instante y tras incontables sesiones de fisioterapia, ejercicios en piscina y acudir posteriormente al "cole" especial para discapacitados físicos, empecé a caminar solito sobre los 5 o casi 6 años de edad, lo cual, sólo fue el principio de muchos paseos caminando de la mano con mis hermanas y de pequeños logros casi diarios, aunque en verdad prefería sacarme la bici a la calle, lo cual, era mas divertido y menos cansado que ir andando.

Con acentuada inestabilidad y continuos aterrizajes forzosos al suelo, aprendí a andar, a jugar al fútbol, tanto en el colegio como también con mis vecinos y mi sobrino mayor en la calle, a coger solo el autobús para ir al colegio, al instituto, al cine y también para ir de "copichuelas" y de fiesta con los amigos.., aunque a menudo me cogía del brazo de algún amigo para poder seguir el ritmo de todos ellos e ir mas deprisa, mas descansado y manteniendo así, mejor el equilibrio.

Ya en plena carrera universitaria, para ganar mas autonomía, decidí intentar sacarme el carné de conducir, lo cual no parecía tan difícil mientras circulaba por un amplio y casi deshabitado polígono industrial, pero…, pronto vi que además de darle al acelerador y de mover el volante con un pomo acoplado, a modo de camionero, también tenia que hacer otras operaciones simultaneas como poner y quitar intermitentes, las diferentes clases de luces, controlar el que va delante, el que viene detrás, el que viene de enfrente o de lado, mirar retrovisores, semáforos y señales, calcular las distancias y los espacios etc., etc, en fin, toda una misión imposible para mi, y supongo que también, para la mayoría de los afectados de parálisis cerebral.

Desde entonces, imagine que mi único medio de desplazamiento seria usando el bus, únicamente dentro de la ciudad claro.

Así pasaron los años, que no pasan en vano, y los kilos que también pesan lo suyo y pasan factura, pues no es lo mismo lidiar el toro con 40 o 50 kilos que hacerlo con 70 kilos o mas…, así pues, mis salidas se reducían a salir de casa e ir derecho a la parada del bus para ir a cualquier sitio por muy cercano que fuera… Hasta que, cosas de la vida, un amigo de la universidad me presento a gente con parálisis cerebral que usan silla eléctrica. Desde ese momento mi vida estaba a punto de dar otro gran cambio, VI LA LUZ, pues pude comprobar con mis propios ojos la gran autonomía que proporciona la silla de ruedas eléctrica, no sólo para pasear en familia sino también para coger el bus, el tren, e ir de una localidad a otra y poder quedar con los amigos sin pensar en cuanta distancia debes recorrer, y sobre todo, poder hacerlo sin cansarte ni temer por una inoportuna perdida del equilibrio y la posterior caida al suelo.

La verdad es que desde muy pequeño he tenido amigos en silla pero nunca pensé en la independencia y la calidad de vida que ésta supone, sin embargo ahora si lo vi muy claro y, a mis 32 años, no dudé en dar los pasos necesarios para adquirir una y tener mi propio coche al fin.

No miento al decir que cada día que pasa y compruebo la gran autonomía y libertad que tengo con mi silla de ruedas eléctrica, estoy mas y mas convencido de que, lejos de perjuicios y lamentos compasivos de antaño, la realidad actual y la paulatina pero evidente accesibilidad y adaptación del entorno me llevan al convencimiento personal de que la silla de ruedas eléctrica, ha dejado de ser un símbolo de impedimento físico para convertirse en todo UN VEHICULO ADAPTADO, UN COCHE EN TODA REGLA, QUE PROPORCIONA A SU OCUPANTE, CONFORT, SEGURIDAD, AUTONOMIA E INDEPENDENCIA. IGUAL QUE CUALQUIER OTRO COCHE MODERNO.

Sin necesidad de mirar estadísticas sólo hay que salir a dar un paseo para ver que cada vez son mas las personas que utilizan este medio para desplazarse por la ciudad. El perfil también ha cambiado y ya son sobre todo personas adultas, aparentemente normales, quienes por causas variadas como, un accidente o por algún problema mecánico provocado por una artritis o artrosis o simplemente por la edad, ven restablecida su autonomía y su vida normal gracias a la silla de ruedas eléctrica, las cuales, cada vez gozan de unas prestaciones mas y mas altas.

Ahora soy yo quien debe ir al paso de los demás cuando voy acompañado de familia o amigos, ahora son ellos los que me piden que afloje el paso e ir mas despacio para poderme seguir el ritmo, jejeje.

Aunque parezcan realidades antagónicas, además de seguir andado por casa también he encontrado el modo perfecto de hacer compatible el uso de la silla con el hecho de seguir caminando por la calle. Me explico, Cuando el tiempo, las ganas y las circunstancias acompañan, o sea de vez en cuando, quito el freno de mano de la silla y la pongo en modo manual, posteriormente me pongo detrás y la voy empujando como si fuera un andador, de esta manera, además de ir motorizado, no pierdo la costumbre, el equilibrio ni el habito de andar, cosa que indiscutiblemente es muy importante para TODOS.

De esta forma, además de desplazarme con libertad y rapidez con la silla, también he vuelto a poder recorrer andando distancias considerables cosa que hacia años que ya no las recorría. Eso si, el terreno debe ser liso o con ligera pendiente hacia abajo, pues como todos los coches, éste también pesa lo suyo a la hora de empujarlo.

Cuando empecé los tramites para solicitar la silla, me dijeron que la silla de ruedas eléctrica me cambiaria la vida y razón tenían. Ahora salgo de casa sin pensar en las distancias que debo recorrer, sin cansarme, sin caerme, mirando todo lo que hay a mi alrededor. La gente ya no me confunde con un borracho, un deficiente o sabe Dios que…, y los niños ya no miran asombrados ni imitan mis movimientos, Ahora todos me miran y me hablan con absoluta normalidad. Me he convertido en un tío mas que usa y conduce su cochecito, como todos, para desplazarse de forma rápida, segura y eficaz.

En la vida nadie lo sabe todo, son las experiencias propias y ajenas las que nos hacen pensar, aprender y decidir, por eso creo en esta publicación web, como un medio ideal para plasmar e intercambiar experiencias de interés y que nos sirvan a todos para ir mejorando nuestras vidas. Pues muchas veces la solución a los problemas esta en nosotros mismos y no en los demás. Ser paralítica cerebral no es estar enfermo, simplemente es una alteración de determinados movimientos y posturas, y como todo el mundo, debemos servirnos de las nuevas tecnológicas que nos permitan llevar una vida cómoda y normalizada. Los medios ya están ahí, pero creo que falta lo más difícil, es decir, nos falta ser conscientes y saber utilizarlos correctamente y en plenitud de sus posibilidades.

A todo aquel que, con el tiempo, vea limitada su autonomía, decirles que soliciten o adquieran directamente la silla sin dudarlo más. Pues No hay ninguna razón para quedarse en casa o esperar a que los demás tengan que ir a buscarlo siempre. En el momento en que se renuncie a salir de paseo o de compras, en el momento que dependas del bus para realizar cualquier gestión o cuando las caídas sean cada vez mas peligrosas, entonces será el momento perfecto, idóneo y adecuado para dar un gran salto adelante y solicitar una silla, es decir, un monoplaza descapotable y adaptado, para poder seguir dando pasos firmes hacia adelante en la vida.

Manuel Martínez Fernández
Licenciado en Derecho.

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