Entrevista realizada por Irene Montero y publicada el 28 de diciembre de 2013 en DESNIVEL


Miguel Ángel Gavilán.- ALPINISTA CON UN MANO AMPUTADA

Miguel Ángel GaviláMiguel Ángel Gavilán en la “Ignatius” de El Yelmo, La Pedriza del Manzanares.

Fundador de la asociación Montañeros Sin Barreras, hablamos con este alpinista amputado de una mano sobre cómo le afecta su discapacidad a la hora de subir las montañas y escalar, de sus objetivos y esperanzas, y de cómo consigue transmitirle a la gente que una discapacidad no tiene por qué impedirte hacer aquello que más te llene.

Miguel Ángel Gavilán es un alpinista amputado de una mano con no pocos picos escalados en su currículo: Mont Blanc, Kilimanjaro, Elbrus, Aconcagua, McKinley... Todos ellos tras el accidente que le supuso la amputación. También intentó el Cho Oyu, aunque “solo” alcanzara los 7.300 metros de este ochomil del Himalaya. Su última actividad en montaña os la contábamos hace poco en Desnivel, cuando logró hacer cima este verano en la Aguille du Midi, escalando los 200 metros de la clásica vía Rebuffat.

A principios de mes ha ejercido de coordinador e impulsor de la Semana Internacional de la Montaña “Villa de Guadarrama”, donde participó además con una conferencia propia sobre la discapacidad en la montaña junto a Urko Carmona –Miguel Ángel en lo referente al alpinismo, y Urko a la escalada deportiva–. Aparte de con las conferencias, Miguel Ángel también aporta a la sociedad con su asociación Montañeros Sin Barreras, cuyo objetivo no es otro que la integración deportivo-social de los discapacitados al mundo de la montaña, labor que gracias a estos deportistas se hace cada vez más patente.

Hablamos con él de todo esto y más: sus motivaciones, proyectos, esperanzas... Sobre cómo consigue hacer todo lo que hace con una mano menos, y del ejemplo que supone para el resto de discapacitados y sus familias mostrándoles que la integración es posible, sea cual sea la actividad que practiques. Él mismo afirma haber conseguido ser un alpinista más en la montaña, tanto para sí mismo como a los ojos de los demás.

Defínete brevemente a ti mismo...

Soy Miguel Ángel Gavilán. Procuro ser un alpinista sin complejos. Un alpinista discapacitado pero que quiere escalar y subir montañas altas, e intentar tocar el cielo pero con los pies en la tierra.

¿Cómo perdiste la mano?

Sobrevine un accidente laboral brutal, y creía que ya no iba a volver a la montaña. Ahora, sin embargo, estoy haciendo actividades que antes, con dos manos, no hacía. Solo en estos siete últimos años he hecho 14 expediciones...

Y después del accidente, ¿cómo volviste a la montaña?

Después de que me pasara el accidente estuve ocho años sin volver a la montaña… Yo ya lo había dado por imposible, daba por hecho que ya no iba a volver a escalar. Entonces hará unos 9 años me junté con Valentín Ruiz. A él le falta la mano derecha y a mi me falta la mano izquierda. Empezamos a escalar juntos, e iniciamos el proyecto Montañeros Sin Barreras. Luego, por unos temas personales –él tenía una visión más individual y yo más de grupo– cada uno siguió su camino, su rumbo. Pero a mí Valentín me inspiró, me enseñó, y me potenció muchísimo. No he conocido a un escalador con más cualidades que él. El caso es que a raíz de estar con Valentín empecé a encontrarme cada vez mejor en altura.

¿Por qué las montañas, qué te lleva a ellas?

Lo que me mueve para ir a la montaña es la libertad que encuentro en ella. Esa libertad no la encuentro en ningún sitio. Quizás donde me encuentre menos discapacitado sea en la montaña. Por el amor que le tengo, por el cariño, porque forma parte de mi vida y por cómo me siento yo mismo en ella. Esa sensación de libertad, con los colegas, con los compañeros, con los amigos sobre todo... La montaña me hace sentir como uno más, y la propia gente me ve como uno más. Es el sitio donde mejor he estado integrado.

¿Hay límites?

Claro que hay limites cuando tienes cualquier problema físico como es mi caso, no cabe duda. Pero yo, por supuesto, seguiré buscando esos limites. Esa búsqueda me hace meterme en terrenos con muchísima libertad y donde estoy teniendo unas vivencias increíbles, que me están ayudando mucho.

Tu última actividad ha sido escalar la Aguille du Midi en los Alpes franceses, en concreto la mítica vía Rebuffat. ¿Cómo te adaptaste al tema de escalar con una sola mano?

Mi escuela de escalada desde pequeño ha sido La Pedriza. ¿Por qué digo esto? Porque en La Pedriza, al escalar en placa y adherencia, desarrollas una técnica de pies muy muy completa. Esto me ayudó a la hora de seguir escalando con una mano amputada. Hay una grandísima diferencia, evidentemente, entre escalar en adherencia a escalar en una pared vertical, pero insisto, al ser pedricero partes con la ventaja de tener una técnica de pies muy desarrollada.

Y en el caso de la caliza, de vías alpinas de varios largos, como puede ser la Aguille du Midi, ¿cómo te las arreglas?

Bueno, no cabe duda de que el hecho de que me falte la mano izquierda es un hándicap bastante grande. Conforme la pared va teniendo más verticalidad sufres muchísimo más, llega un momento en el que físicamente no puedes avanzar, a pesar de estar fuerte… ¿Por qué? Pues porque la exigencia de brazos es muy grande, aunque la suplas con una técnica depurada de pies. Entonces depende de cada paso. A mí que me falta la mano izquierda, me cuesta más avanzar dependiendo de si tengo que tirar para un lado o para el otro, y esto en ocasiones me hace recurrir a los estribos. Hay veces que sacas los estribos en un V+ y hay veces que en un 6a+, depende mucho del paso. Pero vamos, en vías clásicas, hasta ahora, suelo ir bien en libre hasta el 6a. Lo vamos viendo, y si surge algún problema lo saco en artificial y ya está.

En esta escalada al Midi, ¿qué fue para ti lo más complicado?

Lo que me pasa es que, cuando son vías de varios largos, el brazo se me pone completamente rígido porque aunque, modestia aparte, tengas técnica de pies, al final vas tirando de brazo. Entonces para esta vía pensé en la ley del mínimo esfuerzo, y por lo tanto tirar de estribos prácticamente desde el segundo o tercer largo, donde está la chicha de la vía con una dificultad de 6a y 6a+ me parece recordar. Ahí forcé tres o cuatro pasos con estribos con el objetivo de llegar a la reunión. Mi obsesión con las vías largas es llevar el brazo lo más relajado posible. Y al final, de hecho, conseguimos sacar bien los nueve largos.

Porque al final, tú lo que utilizas realmente en una escalada es un brazo, ¿no?

No, no, cada vez utilizo más el otro brazo también, porque tengo juego de muñeca. Menos mal que en su momento no consentí que me amputasen también la muñeca... Perdí todos los dedos en este accidente laboral, y para meterme una prótesis mioeléctrica me quisieron volver a operar y amputarme por encima de la muñeca. En su momento decidí que no, y ahora me alegraré toda mi vida, porque llevo unos 13 años disfrutando de la escalada gracias al juego de muñeca. Esto fue muy, muy importante, ya que no es lo mismo una amputación por encima de la muñeca que por debajo. De esta manera me puedo agarrar bastante más que con el muñón. Al mover la muñeca puedes hacer mucha más palanca, es otra historia… Y yo me agarro bastante más de lo que puede parecer a simple vista. Al final no te deja de faltar una mano, pero buscando los recursos técnicos, empotrando por ejemplo, vas consiguiendo escalar. No me quejo porque yo creía que no iba a poder volver a hacerlo.

¿Y tus planes personales más próximos cuáles son?

Tengo muchísima ilusión, muchísimas ganas de seguir con mis proyectos, eso es lo que me mantiene y me hace entrenar... Mis proyectos a corto plazo son irme al Khan Tengri, y luego en el posmonzón hacer una ruta lo más técnica posible, buscando un siete mil en el Himalaya.

Cuéntanos un poco en qué consiste ese proyecto que iniciasteis Valentín y tú, Montañeros Sin Barreras...

El proyecto de Montañeros Sin Barreras supuso hace 8 años el comienzo. Es un proyecto integrador, un proyecto con el cual pretendemos acercar el mundo de la montaña y la naturaleza a todo tipo de discapacitados, ya sean sensoriales, intelectuales o físicos, sobre todo a los niños. Pretendemos conseguir esa integración haciendo actividades con ellos. Hice además un equipo de alta montaña, y hace un año y pico que ya cumplimos el objetivo, que no es otro, claro, que la integración. Por este objetivo más de 15 deportistas discapacitados subieron desde al McKinley, Aconcagua, Cho Oyu, Elbrus, Naranjo de Bulnes, a la Aguille du Midi... Yo, por ejemplo, ya voy a hacer actividad de alta montaña y de altura como un alpinista más, independiente.

Dices que ya se han cumplido los objetivos... ¿Ahora qué le queda a Montañeros Sin Barreras?

Montañeros Sin Barreras sigue funcionando y seguirá, porque está concebido y hecho precisamente con un objetivo social, el acercamiento al mundo de la montaña con actividades muy simples pero muy gratificantes para los discapacitados y su familia. Y yo insisto: yo ya voy como un alpinista más, no como discapacitado.

¿Cuál crees que es el siguiente paso en el alpinismo para discapacitados?

Aquí lo que hay que poner es a un discapacitado físico con sentido común en un ochomil técnico. Es decir, dejar un camino para gente potente y con otra edad como Urko Carmona o Juan Antonio Bellido. Que esta gente coja el relevo a lo que iniciamos Valen y yo en el aspecto alpino, porque hasta ahora la ONCE también hacía actividades, pero menos técnicas y comprometidas. La ONCE hace una labor increíble, y supuso mis orígenes como deportista y como guía acompañante de montaña titulado de la ONCE… pero nunca se ha querido mojar porque no ha querido accidentes, así de claro (ahora no te voy a contar que en montaña, 'si no te mojas el culo no vas a pescar'). Lo que iniciamos Valen y yo, y que yo he continuado desde hace cuatro años con Montañeros Sin Barreras, es eso, la escalada en alpino pero de dificultad y con altitud. Y yo creo que nos falta la guinda: un ochomil, pero no por una normal, sino un ochomil que sea sensato, y acorde con nuestras posibilidades evidentemente. Estoy detrás de ello para marcar un camino, que el relevo lo tiene que coger esta gente que ya está apretando y que vamos, ya nos han pasado por encima. Y yo encantado por ello.

¿Y qué impresión crees que le causas a la gente?

Hay gente que te llama y te dice, “Oye, mándame una carta para animar a toda mi gente”. Soy una referencia más, y la gente se está animando con mi referencia, con la de Valentín, con la paraescalada de Urko, de este, del otro... Somos referencias. Trabajo con las asociaciones, me escriben, las saco a la montaña... Todos los meses saco a lo mejor a 60 ó 70 chavales con discapacidad. Mis escaladas, las de Urko, las de Juan Antonio Bellido, las de Valentín... todas llegan bastante más a la gente de lo que se cree. Esto es así. Cada uno aporta su granito, que al final deja su poso. O cuando te llaman y te dicen “Ven a Sevilla y pones tu peli del McKinley o del Cho Oyu”. No te puedes imaginar la cantidad de gente que viene luego y te dice, “Yo que tenía a mi hijo aquí escondido, que hasta me daba vergüenza...”.

Hace poco, de hecho, has dado una conferencia conjunta en Guadarrama sobre la discapacidad en la montaña con Urko Carmona...

Su presentación me dejó boquiabierto… Creo que es increíble, es un grandísimo escalador, una grandísima persona y creo que hay que ayudarle. No podemos tener el lujo de tener a este grandísimo campeón sin ayudas. Entonces vamos a luchar por el. Vamos a auparle, porque merece muchísimo la pena.

¿Y qué mensaje te gustaría transmitirle a la gente con tus actividades y conferencias?

Es importante aportar entre todos para que la gente, cuando tengan un familiar con una discapacidad vea que hay muchas posibilidades. Somos una referencia más. No todo el mundo tiene por qué ser alpinista, pero es una faena que porque te falte una mano, un pie o lo que sea dejes de hacer cosas. Entre unos y otros les estamos mostrando a las personas la cantidad de gente, posibilidades y caminos que hay para que salir adelante. Y cuanta más difusión mejor. Yo no busco medallas ni reconocimientos, a mí la notoriedad me la trae al pairo. Pero hay mucha gente a la que esto le viene genial. Yo lo veo así, vamos.

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