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Es
la primera persona con Síndrome de Down que consigue un título
superior en una universidad ordinaria. No contento con ello, está
cursando su segunda carrrera, Psicopedagogía, que compagina con su
trabajo en el ayuntamiento de Málaga. Sin embargo, para llegar hasta
ahí no todo ha sido un camino de rosas, ya que ha tenido que romper
muchos prejuicios que existen en relación con el Síndrome
de Down. Para Pablo Pineda, esta discapacidad no es una enfermedad, sino
"una característica más de la persona"
¿Está siendo muy dura para usted la
experiencia en la universidad?
Sí, ha sido muy duro ya que he tenido que romper muchos prejuicios
que existen en relación con el Síndrome de Down. Además,
se ha juntado la dificultad propia del estudio ya que sacarse una carrera
no es fácil, pero estas complicaciones lo hacen aún más
gratificante.
¿Cuáles son estos prejuicios que existen
sobre el Síndrome de Down?
Primeramente discrepo del hecho de que se considere al Síndrome de
Down como una enfermedad. Para mí es una característica más
de la persona. Por ejemplo yo estoy muy bien y muy sano. No se nos puede
tratar como a un enfermo. Además existen muchos otros prejuicios.
Se podría escribir un libro con todos ellos. Desde las reacciones
lastimeras, pasando por las concepciones de falta de inteligencia... una
larga lista tanto en temas sociales como morales. Afortunadamente poco a
poco se van superando y aquí estoy yo para aportar mi granito de
arena en esta lucha continua demostrando que puedo ser tan competente como
cualquiera.
¿Sabe si la situación de las personas que sufren Síndrome
de Down es mejor en otros países?
A nivel europeo, el único país en el que sé que las
cosas funcionan mejor que aquí es Italia. Se trata del reflejo de
la tradición democrática de cada país. Italia lleva
muchos años con un gobierno democrático y ya hace mucho que
se tratan estos temas. Evidentemente España en este sentido es más
joven. La verdad que teniendo una visión general aquí no estamos
mal. Podemos decir, siendo bastante fieles a la realidad, que España
e Italia son los países punteros en este aspecto. Tengo la sensación
que cada día estamos mejor y eso es bueno, pero aún queda
mucho por hacer.
¿Cómo es la relación con sus
compañeros y profesores?
Superada la sorpresa, nadie espera tener como compañero a una persona
con Síndrome de Down, el trato con los estudiantes es normal. De
hecho, cuando llevaba poco tiempo en las aulas ya tenía amigos en
todas las clases. Ahora, en las clases de Psicopedagogía me encuentro
con compañeros de Magisterio y resulta muy agradable. En lo que se
refiere a los profesores también soy uno más. No necesito
nada especial. Ellos dan la lección y yo tomo mis notas.
¿Qué es lo que más te gusta de
la universidad?
No hay duda, lo que más me gusta es el sentimiento de compañerismo
y de estar metido en ese ambiente. Me encanta la sensación de independencia.
Cualquiera que haya estado en la universidad sabe muy bien que allí
cada uno hace lo que quiere, no hay control. El cambio en relación
con el instituto es brutal y eso acentúa la sensación de libertad.
¿Qué quiere hacer en el futuro?
Me gustaría trabajar. Dónde ya lo veremos. Evidentemente,
como a todo el mundo me gustaría trabajar en lo que he estudiado,
o sea en el mundo de la enseñanza.
¿Qué mensaje mandaría a la sociedad?
Quiero convertirme en un ejemplo. Quiero demostrar que si uno pone todo
lo que está a su alcance puede hacer lo que quiera. Pero, además
de lo que he hecho yo me gustaría que la sociedad pusiera de su parte.
No quiero que se quede en un esfuerzo unidireccional. Espero que mi experiencia
no se quede en una anécdota, quiero que la sociedad vea que podemos
ser tan competentes como cualquiera. Si uno mismo no se pone barreras, acaba
demoliendo las que existen en su entorno. Pero, es fundamental que el entorno
lo perciba.
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