UN BELGA EN DINAMARCA. Por Anders J. Andersen
¿Cómo es para un extranjero que utiliza silla de ruedas trabajar en Dinamarca? ¿ Las normas de la UE sobre la libre circulación de mano de obra se aplican también a los minusválidos en el mundo real? "Handicap-Nyt" ha visitado al parapléjico belga Jan Bliki, que nos relata su experiencia.
Cuando me presento en el antiguo gran piso de Jan en el barrio de embajadas de Østerbro, él está ordenándolo, tras la marcha de sus amigos belgas que regresan a su patria. Jan Bliki tiene 27 años, y sufrió daños en la médula espinal a los 4 años de edad. Es perito en informática, y lleva año y medio trabajando en condiciones normales como experto en informática en la Agencia de Medio Ambiente de la UE en Copenhague. Jan habla sin parar espontáneamente mientras yo paladeo una botella proveniente del país de la cerveza, Bélgica.
El trabajo y los daneses
"Estoy muy contento con mi trabajo y con Dinamarca. Ya era empleado de la Comisión Europea en Bruselas, y solicité el trabajo en la nueva Agencia del Medio Ambiente, porque era interesante", relata Jan con soltura en inglés. "No me disuadía el hecho de que la Agencia tuviera su sede en Copenhague, sino más bien lo contrario. Era un reto establecerse en otro país, y había que probarlo. No sabía absolutamente nada de Dinamarca, pero aprendí a través de la lectura que los daneses eran indiferentes y reservados. Y que era un buen lugar para los minusválidos".
"La realidad ha sido todo lo contrario: Los daneses se han mostrado muy amables y complacientes". Jan relata la historia del automovilista que pasa y se detiene por iniciativa propia para ayudarle a quitar la nieve de los cristales de su coche. De igual manera otra gente se ha ofrecido a ayudarle en las escaleras de las tiendas. "Nunca he visto semejante cosa en Bélgica. Mi impresión es que los daneses se portan de una manera más natural hacia los minusválidos, y que son más maduros que las personas de otras nacionalidades. Se atreven a comunicarse conmigo", explica Jan.
Accesibilidad
En cambio, la accesibilidad ha sido una decepción. Jan cree que esto se debe a que hay más edificios viejos en Copenhague que en Bruselas, pero también en este capítulo Jan se revela como el hombre de acción. Aunque el arrendador estaba en contra, Jan consiguió por propia iniciativa que un familiar suyo le instalase una rampa de subida al piso, de modo que pudiera salvar los pocos escalones para su acceso. Como consecuencia de ello el arrendador se quejó un poco, pero desde entonces Jan no ha oído ningún comentario más al respecto.
"Con la ayuda de mis compañeros de la Agencia, tuve la suerte de encontrar este piso a los cuatro meses de haber obtenido el trabajo. Pasé un mes en un hotel, al igual que todos los recién contratados, con cargo al presupuesto de la Agencia. Durante los otros tres meses se acabó mi preaviso dado que yo seguía en activo en mi antiguo lugar de trabajo. El Municipio de Copenhague no me ayudó en absoluto", comenta Jan taciturno. "En cambio, mi empleador, la Comisión, siempre me ha ayudado. La Agencia del Medio Ambiente en Kongens Nytorv en dos meses y medio realizó los cambios necesarios". Jan continúa su relato, diciendo que "en efecto, la Comisión nunca ha hecho un mundo de mi condición de minusválido en silla de ruedas. Al contrario, siempre me han preguntado ellos mismos qué necesidades tenía y, seguidamente, las han satisfecho".
Jan no tiene la mejor experiencia de las autoridades danesas. Aunque empleaba en Copenhague una versión belga de la placa azul de minusválido, le multaron. Sin embargo, le condonaron la multa cuando Jan se presentó ante la policía en su silla de ruedas.
Se defiende sin ayuda
Jan se defiende sin ayuda en todos los sentidos, pero tiene quien le ayude en la limpieza pagando privadamente. La Comisión ofrece un pequeño complemento al sueldo de los minusválidos para tales gastos extraordinarios y necesarios. Jan está muy satisfecho, aunque el complemento no cubra del todo este gasto adicional.
En Bélgica se puede solicitar cada cinco años una nueva silla de ruedas, pero no de la mejor calidad. Esta necesidad extraordinaria la tiene que pagar uno mismo. Jan viaja bastante en avión a causa de su trabajo, lo que desgasta mucho la silla de ruedas y no sabe qué va a hacer cuando la silla de ruedas esté totalmente desgastada antes de tiempo. Puede que la comisión le compre una nueva silla de ruedas, o quizás tenga que comprársela él mismo de su propio bolsillo.
El coche de minusválido es todo un capítulo a parte. Jan no conoce las normas de renovación para un residente en el extranjero. Su coche es totalmente nuevo, de modo que, por el momento, no hay por qué preocuparse. Los daneses no podemos llevar el coche de minusválido al extranjero, excepto para estancias de pocos meses de duración en relación con vacaciones, cursos de formación o motivos parecidos Semejante regla no existe en Bélgica. Debido al impuesto y al seguro, el vehículo tuvo que someterse a inspección en Dinamarca. Esta norma es de aplicación general, pero debido a la construcción especial con mandos manuales, etc., el vehículo tuvo que ser también aprobado por la Inspección Técnica de Vehículos en Dinamarca. No era suficiente que ya contara con una aprobación belga. El mecanismo fue aprobado.
Todas estas complicadas reglas, sistemas y obstáculos no le preocupan a Jan. Es un buen reto. Él piensa solamente en las posibilidades, y se lanza a todo. "Los problemas ya se resolverán. Han sido superados hasta la fecha. Soy joven, y no tengo compromisos", dice Jan con una sonrisa y un encogimiento de hombros. Ese encogimiento de hombros tiene algo de meridional, pienso yo con mi formalidad escandinava.
Nuevos retos
El tiempo libre lo pasa Jan tocando la guitarra y el teclado de mesa. El pasado marzo dio un concierto clásico con otras 50 personas en su país de origen y también ha encontrado tiempo para lanzarse en paracaídas (tándem).
"Quiero mucho mi trabajo y el especial medio internacional, en el que se mantienen estrechas relaciones entre los compañeros. Prácticamente todos somos extranjeros. Mi contrato con la Agencia tiene cinco años de duración y después, me gustaría pasar a otra institución de la UE en España o Italia. No quiero volver a Bélgica ahora, y si me obligan a volver, abriré probablemente un restaurante. Ya sé que parece una locura, pero ¿por qué no?", dice con una sonrisa, mientras yo tomo el último trago de las excelente cerveza.
Para quien no posea el valor de Jan, la libre circulación dista mucho de ser una realidad en Europa.